Calvarios de #Cabudare: del abandono al olvido

En el calvario de Patrio Grande, en franco
deterioro y atroz olvido, cuentan que cayó mortalmente herido el ayudante del
Libertador
Calvario de Marazul, situado a orilla de carretera

Los calvarios
fueron símbolo de la fe católica y en una época añeja, señal de dominación de
la iglesia.

Edificados a los
cuatro vientos y en las afueras de la ciudad.
Construidos para
alejar las pestes, y en Palavecino fue esa la concepción casi generalizada.
En el eje El
Placer, El Tamarindo, Marazul, El Taque, encontramos un calvario por cada
sitio.
Fantásticas
construcciones de adoboncitos o ladrillo, recubiertos con tierra pisada y por
supuesto, una cruz enclavada en su centro.

El atroz olvido

Los calvarios de
los caseríos de Palavecino, de arquitectura extraordinaria, se encuentran
sepultados en el más despreciable de los olvidos.
Pese a ser
declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto de Patrimonio Cultural de
Venezuela, según Resolución Nº 003-05 de fecha 20 de febrero de 2005, dictamen
que obliga a la autoridad municipal establecer las medidas necesarias para la
protección y permanencia de los bienes, estos monumentos desaparecen por
efectos del tiempo.
El calvario de El
Tamarindo se desmorona paulatinamente, y hasta el rumor de la pintura ha
desaparecido.
Las grietas dan
cuenta del pronto desplome, igual característica exhibe el monolito de Marazul,
despedazado por la indiferencia.

Herido ayudante de
Bolívar

En El Taque,
específicamente en el parcelamiento de Patio Grande, un calvario de más de 170
años se niega desaparecer.
Erguido y digno se
muestra sobresaliendo de entre la maleza este monolito cilíndrico de tres
metros de altura aproximadamente, el cual culmina con una cruz que se levanta
sobre un pedestal de base cuadrada elaborado en ladrillo frisado.
Según la tradición
oral, en el lugar cayó mortalmente herido por mordedura de serpiente, un
ayudante de confianza del Libertador Simón Bolívar, a su paso por Cabudare.
El detrimento de
los patrimonios culturales se debe a la falta de conciencia y el reconocimiento
de su importancia histórica.
A pesar de ser
contemplados como patrimonios tangibles por el IPC, estos han pasado
desapercibidos por las autoridades municipales.
Es preciso que la
Alcaldía de Palavecino, declare a los calvarios en estado de Emergencia, para
así concretar acciones con el Ejecutivo nacional que permitan su rescate del
abominable olvido.

Luis Alberto Perozo
Padua  

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