La despedida del maestro Eduardo Sanoja y a su patio de enseñanza

 

José Luis Sotillo J.
Cronista parroquial de Agua Viva


Hablar de la veteranía que caracterizó la personalidad de Eduardo Sanoja Capriles, en la constante enseñanza y difusión del juego de garrotes o palo, no solamente es traducir su obra de permanente difusión, valoración y recopilación de este arte de defensa civil, cultivado en la vivencia misma de un pueblo. Un arte de duelo practicado en Venezuela desde tiempos inmemoriales, de la cual fue el orgullo de éste, el cual le ameritó dedicarle una parte de su vida terrenal a registrarlo y compilarlo.


Alimentando también la práctica en sus distintas destrezas. Justo en un espacio institucionalizado de manera dominical, en donde cultivó sus sueños de vida, lo intrínseco de su apacible morada, situada en el sector las Tunas de la parroquia Agua Viva.

Como conocedor y celador de esta disciplina, de vieja práctica tradicional, realizada en diversos puntos de nuestro país, quizás fue su máximo devoto.

En su refugio, prevalecen todavía la sombra divina de árboles que atrapan las ilusiones y atestiguan las destrezas ejecutorias de quienes se consideran sus alumnos; un punto de gratas tertulias entre los practicantes y cultores del juego de garrote. Fraternal sitio, donde confluyeron las ideas de este pensador.

Autor de Filosofadurias, puesto que Eduardo Sanoja, no solamente ofrendó parte de su vida a la investigación por el juego de palo, sino también por desarrollar la poesía y el ensayo, e incluso como articulista en prestigiosos diarios locales y nacionales, siendo testigo de ellos las páginas del diario El Informador.

Con este juglar me unió un profundo respeto como creador, radicado desde hace algunos años en la parroquia Agua Viva, ya que entre sus horas diarias se dedicaba a tallar con tenacidad los garrotes con imponentes figuras y finos detalles, que le glorificaron en diversas exposiciones. Quizás, a decir de él, una de las más simbólicas que especialmente le produjo su satisfacción personal, fue la organizada por el Ateneo de Cabudare.

Sin embargo, según resumen de trabajos expuestos, sus garrotes y bastones formaron parte de la exposición: III Bienal Barro de América – Roberto Guevara en el Museo Alejandro Otero en 1998. Y así otras tantas muestras.

Entre el patrimonio larense

En el año 2003 en razón del primer Censo del Patrimonio Cultural Venezolano, levantado por el IPC; se me asignó la honrada tarea de registrar una porción importante tanto de patrimonios tangibles como intangibles, y con ello, cantidad de personajes que como Eduardo Sanoja pasaron a formar parte de la estructura de patrimonios existentes en el municipio Palavecino, con lo cual se le reconoció su carácter de patrimonio cultural.

Durante la grabación del exitoso programa Ambiente y Conservación, el maestro Sanoja compartiendo con la famosa artista plástico Estonia Martínez

De este particular amigo que nació en Caracas un 11 de octubre del año 1937, en una ocasión me reveló su inclinación por la escritura a sus 16 años de edad, párvulo joven inclinado a redactar sus primeros poemas y prosas rimadas, y sin rimas. Conllevando a combinar sus horas de vida, a dedicárselas a escribir y a enseñar en su patio el juego de palo. Sitio que lleva aún por nombre maestro “Clarencio Sequera”.

En el año 2017, le fue otorgado por el Alcalde de Palavecino la orden:” Ciudad de Cabudare” en su tercera clase, y así que se recuerde, también la orden “Eufracio Escalona”; entregado por el Concejo Municipal de Palavecino en el año 2009.

De él me viene a la mente su grato afecto, incluso en su ineludible compromiso de llamarnos cada año para darnos sus palabras de salutaciones por nuestro cumpleaños; fue así, incluso con el universo de amigos que le rodearon, según sus palabras era” la forma de demostrarle su propio aprecio”.

El maestro Sanoja fue un ensayista y un poeta empedernido

Con él eran interminables los ratos de conversa, un tanto extensas, ya que se dialogaba de política con mucho respeto indistintamente de las ideologías, de sus pasantías por el diario El Nacional, donde logró hacer amistad con Arturo Uslar Pietri; de su marcado apego por las causas justas del pueblo, de la historia venezolana, de su participación en diversas exposiciones, de su afán por su comportamiento enamorado, como un todo un juglar; de su colección literaria. Y cuantas otras cosas me vienen a la mente del corto tiempo que le conocí.

 Lamentablemente el 26 de mayo del año 2018, su espíritu irreverente fue llamado a revolucionar los cielos, y, el universo profundo de letras que deja en lo terrenal, para esculpir en el Cielo un paraje de constantes poemas.

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