Endrina y los amores de Napoleón Lucena

Compositor fecundo y desde 1915 director de la orquesta Mavare, el 31 de diciembre de 1932, Napoleón Lucena estrenó en el teatro Juares Endrina, pieza recibida de inmediato con gran afecto por el público que habría de traer una escandalosa anécdota en la ciudad, además de descubrir una debilidad amorosa del autor. Lucena enseñaba los secretos de la mandolina a la bella rubia de ojos azules Ana María Hendrina Hage, cuya belleza le alborotó el corazón.

El colega y amigo  Omar Gil Pereira me advirtió sobre el origen de Endrina y me recordó la antigua controversia sobre el conocido bambuco. Me sugirió investigar sobre el tema pues algunos atribuían al músico y compañero de la Mavare, Ángel María Abarca –también tremendo compositor– ser el verdadero autor de la pieza. 

Napoleón Lucena. Foto: Fundación Fototeca de Barquisimeto

Cuentan los chismes de entonces que Napoleón Lucena solicitó al amigo y poeta Juan Manuel Rojas unos versos para hacérselos llegar como suyos a la hermosa catira, versos a los que a última hora puso música en ritmo de bambuco, por otros catalogada como habanera. Quizás el éxito de Endrina trajo a la palestra la osadía de Napoleón y se comentaba que así como eran versos prestados, también lo era la música.

Ángel María Abarca, llamado Sansón por sus amigos, puso fin a la controversia con una carta publicada en la revista Notas del 8 de abril de 1934 donde aclaró que “no será la mano torpe de mi propia insidia, la Dalila sacrílega que me tronche este tesoro, al amparar yo con mi asentimiento, la falsa imputación del delito de fraude artístico con que resultaría manchada la frente luminosa de mi genial amigo, el Profesor Napoleón Lucena, verdadero autor del bambuco Endrina”.

Abarca pronunció gallardas palabras en defensa de Lucena: “A nadie más que a mí puede constarle esta aseveración franca y categórica, porque fui de los factores del conjunto musical de la Orquesta Mavare, que recibimos con entusiasmo y aplauso el libreto de la obra, para su ensayo y ejecución”.

Aunque según Gil Pereira fue un cumplido de amistad de Abarca en defensa de la reputación de Lucena, pese a la carta publicada persiste en algunos la idea de la creación de la pieza por Ángel María.

Orquesta Mavare 1950. Foto: Fundación Fototeca de Barquisimeto

Una agrupación histórica como la Mavare, por supuesto está cargada de muchas y variadas anécdotas, a lo largo de más de un siglo de existencia con la presencia en sus atriles de los más importantes músicos regionales en más de cien años de fecunda y deliciosa existencia.

Muchas de las canciones compuestas por Lucena tienen matiz anecdótico en su origen como el vals Adiós Namur, referido al sector de la carrera trece en Barquisimeto, cerca del cine Rosal del cual fue administrador. Cuentan que ponían música a alto volumen de antesala a las películas mexicanas y cuando sonaba Endrina, se  anunciaba el comienzo de la proyección. ¡Va a empezar el cine! apuraban el paso los cinéfilos del barrio.

Juan José Peralta

ASÍ CANTA LARA

 

Pequeña Mavare en la primera Feria de Barquisimeto.  Foto: Fototeca de Barquisimeto
Juancho Lucena y Juancho Alvarado. Foto: Fototeca de Barquisimeto
Orquesta Mavere en una fotografía de comienzos del siglo XX. Su director Manuel Antonio Guerra, corona una gráfica de Ramón Mavare. Foto: Fundación Fototeca de Barquisimeto

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