El golpe del 11 de diciembre de 1946

Luis Heraclio Medina Canelón
Abogado – Historiador

El gobierno de facto de Rómulo Betancourt, sectario y caracterizado por un clima de enfrentamiento y conflictividad social produjo una radical oposición de densos sectores de la sociedad venezolana añorante del clima de paz social, civismo y respeto de los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita, que desencadenó el golpe de estado del 11 de diciembre de 1946


El golpe del 11 de diciem­bre tiene espe­cial sig­nifi­cación para mí, porque fue el últi­mo alza­mien­to en que par­tic­i­paron mi abue­lo Luis Eudoro y el primero (y úni­co) en que se involu­cró mi papá Her­a­clio. Buen tiem­po pre­sos les costó la aventura.

Para 1946 el poder esta­ba en manos de Rómu­lo Betan­court, pres­i­dente de fac­to de la lla­ma­da Jun­ta Rev­olu­cionar­ia de Gob­ier­no (JRG) tras der­ro­car al gob­ier­no con­sti­tu­cional del pres­i­dente Med­i­na Angari­ta, medi­ante un cru­en­to golpe de esta­do que rompió el hilo con­sti­tu­cional, con más de cua­tro­cien­tos muer­tos y miles de heridos. 

El gob­ier­no de Betan­court había toma­do un carác­ter sec­tario y exce­si­va­mente par­tidista, cre­an­do un ambi­ente de división en la sociedad vene­zolana, car­ac­ter­izán­dose por el des­or­den admin­is­tra­ti­vo, por la uti­lización del poder judi­cial para perseguir a los adver­sar­ios políti­cos medi­ante juicios sumar­ios de tri­bunales espe­ciales (los lla­ma­dos “tri­bunales de respon­s­abil­i­dad civ­il y admin­is­tra­ti­va”) y por crear un ambi­ente de vio­len­cia con la uti­lización de colec­tivos arma­dos, lla­ma­dos pop­u­lar­mente “los cabilleros” o “mili­cianos”, el cierre o con­fis­cación de medios de pren­sa que no le eran afines (El Mor­ro­coy Azul, El Tiem­po, Aho­ra, El Her­al­do, etc) ataques a la edu­cación pri­va­da y a la igle­sia católica.

Esta situación pro­du­jo una rad­i­cal oposi­ción de den­sos sec­tores de la sociedad que añora­ban el cli­ma de paz de los gob­ier­nos ante­ri­ores, de Eleazar López Con­tr­eras e Isaías Med­i­na Angari­ta, en los cuales la sociedad vene­zolana avan­z­a­ba a paso firme en un cívi­co pro­ce­so de democ­ra­ti­zación, con insti­tu­ciones nuevas, den­tro de un cli­ma de paz, con respeto abso­lu­to por las lib­er­tades ciu­dadanas, total lib­er­tad de pren­sa, con la legal­ización de todos los par­tidos políti­cos, sin un solo pre­so políti­co o exil­i­a­do y habi­en­do desa­pare­ci­do total­mente de la esce­na nacional la tor­tu­ra y el crimen político. 

Asimis­mo, den­tro de los mil­itares en el gob­ier­no, que habían apoy­a­do el golpe con­tra Med­i­na Angari­ta había un grupo de ofi­ciales que se sen­tían rel­e­ga­dos, descon­tentos y dis­tan­ci­a­dos de la JRG ya que no veían sat­is­fe­chas sus aspira­ciones castrenses.

El golpe

Así las cosas, el 11 de diciem­bre, simultánea­mente en Carabobo, Aragua y Tru­jil­lo se pro­duce un alza­mien­to cívi­co mil­i­tar con­tra el gob­ier­no de la Jun­ta Rev­olu­cionar­ia de Gob­ier­no. En Tru­jil­lo se alzó el viejo caudil­lo Juan Bautista Arau­jo, a quien seguían cie­ga­mente cen­tenares de campesinos armados.

En Valen­cia el com­po­nente civ­il de los golpis­tas esta­ba inte­gra­do por una extra­or­di­nar­ia can­ti­dad de nota­bles per­son­al­i­dades de la ciu­dad: abo­ga­dos, médi­cos, pro­duc­tores agropecuar­ios, com­er­ciantes y has­ta un sac­er­dote hacen fila entre los golpistas.

Nom­bres como Luis F. Wask­i­er, Darío Hoffm­man, Atilio Gal­li, Car­los Enrique y Luis Felipe López, los her­manos. Betan­court y Galin­dez, Bernar­do Anto­nio Here­dia (el cura pár­ro­co de Guacara), Amíl­car Gómez, Arman­do Celis Saune, y como ya señalé Luis Eudoro Med­i­na López y Her­a­clio Med­i­na Mon­tengro, abue­lo y padre de quien esto escribe, entre otros, que salen a la calle jun­to con los mil­itares alza­dos, lid­er­a­dos por el coman­dante de la guar­ni­ción de Valen­cia, el teniente coro­nel Juan Pérez Jiménez, her­mano de Mar­cos (quien al momen­to era Jefe del Esta­do Mayor).

 

Tcnel. Juan Pérez Jiménez, coman­dante de la guar­ni­ción de Valencia

A tem­pranas horas, y aún antes de que los mil­itares alza­dos tomaran sus posi­ciones, los civiles ini­cian las acciones coman­dadas por el sac­er­dote Bernar­do Here­dia, quien metral­leta en mano toma la gob­er­nación y hace pre­sos al gob­er­nador Manuel Gar­cía Gue­vara, al pre­fec­to Fer­nan­do Orte­ga y a medio cen­te­nar de diri­gentes de Acción Democrática.

 

El cuen­to de Oscar Yanes 

“El cura Here­dia a pun­ta de ame­tral­lado­ra obligó a hablar por radio al Gob­er­nador del Esta­do para que anun­cia­ra que el golpe había tri­un­fa­do. La tre­ta del cura ter­minó de sem­brar la con­fusión en la propia ciu­dad de Cara­cas y has­ta en el diario El País, vocero de Acción Democráti­ca, los tra­ba­jadores comen­zaron a comen­tar en voz baja: -¡¡¡Cayó Valencia¡¡¡Esta vaina se jodió.-“ (Yanes, Oscar. “Amores de Ulti­ma Pági­na, p. 316, Edit Plan­e­ta. Colom­bia 1.997).

En horas de la tarde los alza­dos habían logra­do el con­trol total del Esta­do Carabobo sin hac­er un solo tiro y sin der­ra­mamien­to de san­gre. En Mara­cay se alzó el may­or Car­los Mal­don­a­do Peña, subin­spec­tor de la Aviación, en la Base Boca de Río, quien logró que uno o dos aviones sobrevolaran Cara­cas e inter­cam­biaran fuego de ame­tral­lado­ras con las defen­sas anti­aéreas del pala­cio de Miraflo­res, mien­tras tan­to resistía en su base de Mara­cay el ase­dio por tier­ra y aire de las fuerzas del gob­ier­no. En Cara­cas debía alzarse el Jefe de la Guar­ni­ción de la ciu­dad, Teniente Coro­nel Enrique Rincón Cal­caño, pero lo hicieron pre­so antes que se alzara y ame­naza­do de muerte lo obligaron a hablar por la radio anun­cian­do el fra­ca­so de la conspiración.

Ante la imposi­bil­i­dad de la toma del poder en Cara­cas, a las fuerzas alzadas en Valen­cia y Mara­cay no les quedó mas reme­dio que rendirse; los avi­adores de Mara­cay huirían en sus aviones y lle­garían has­ta Colom­bia donde lograron el asi­lo políti­co. Los alza­dos en Tru­jil­lo con­tin­uaron algunos días la resisten­cia, pero al no con­tar con sol­i­dari­dad en otras partes del país, no les quedó mas reme­dio que depon­er las armas.

Hermano contra hermano

Esta inten­tona de golpe de esta­do, repro­duce en lo micro, el macro-dra­ma de las luchas frat­ri­ci­das en Venezuela, aquí se vieron enfrenta­dos dos pares de her­manos: En Valen­cia el líder de los mil­itares (Juan Pérez Jiménez) era her­mano el Jefe del Esta­do May­or del gob­ier­no (Mar­cos Pérez Jiménez), quien diri­giría las opera­ciones con­tra el golpe. 

Le tocó a Juan rendirse ante su her­mano Mar­cos, y por otro lado los Var­gas Cár­de­nas: el capitán Mario Ricar­do, min­istro del inte­ri­or del gob­ier­no y el may­or Julio Cesar aupan­do la con­spir­ación des­de el extran­jero ya que des­de tiem­po antes había man­i­fes­ta­do su oposi­ción al gob­ier­no de Betan­court y la JRG.

La represión

Al tomar el con­trol de la situación las fuerzas del gob­ier­no y los colec­tivos de aque­l­los tiem­pos, los “cabilleros” o “ban­das armadas” de AD emprendieron una gigan­tesca cac­ería en con­tra de todo miem­bro de la oposi­ción que les pareciera golpista. En Valen­cia se llenaron los cal­abo­zos de la policía y de la vie­ja cár­cel de la calle Lib­er­tad. En las deten­ciones e inter­roga­to­rios par­tic­i­paron acti­va­mente los mili­cianos de AD, sin ser fun­cionar­ios poli­ciales. Así lo denun­ció uno de los detenidos, el Dr. Luis Rafael Betan­court y Galín­dez al declarar al tribunal:

En altas horas de la noche muchos de los detenidos fueron lla­ma­dos a declarar ante miem­bros de “Acción Democráti­ca”, Arturo Hidal­go, Her­mes Bar­rios Piñan­go, Augus­to Tarbes, Tomas Pino, José Malpi­ca, Ale­jan­dro Iza­guirre y otros, quienes hacién­dose pasar por fun­cionar­ios de la policía y unas veces con ame­naza y otras con prome­sas de lib­er­tad inter­ro­ga­ban a los detenidos, hacién­doles decir o declarar bajo su anto­jo. Pin­to Pra­da, Rafael Agustín “Admin­is­tración de Jus­ti­cia en Carabobo durante el Trienio1945-1948”

En Cara­cas el antiguo Club Noc­turno “Tro­cadero”, famoso por reunir a lo más selec­to de la políti­ca y la sociedad de Cara­cas en los tiem­pos de Med­i­na, aho­ra era expropi­a­do por los rev­olu­cionar­ios y  con­ver­tido en un mini-cam­po de con­cen­tración a donde se lle­varon a doce­nas de caraque­ños de oposi­ción, pese a que en la cap­i­tal no hubo acciones golpis­tas, entre ellos Jóvi­to Vil­lal­ba, Guiller­mo Negrete, J.M. Domínguez, Hora­cio Guer­rero, Juan Fran­cis­co Miers, Manuel Pelu­carte, entre otros. En Mara­cai­bo pese a que no hubo alza­mien­tos, tam­bién se detu­vo a un buen número de ciu­dadanos sim­pa­ti­zantes de la oposi­ción. 

Muchos de los detenidos de Cara­cas y Valen­cia fueron sal­va­je­mente tor­tu­ra­dos, una prác­ti­ca que los vene­zolanos con­sid­er­a­ban exe­cra­da de nues­tras cárce­les, ya que no se había vis­to des­de los tiem­pos de la dic­tadu­ra de Juan Vicente Gómez. 

Al padre Here­dia le lan­z­a­ban excre­men­tos a su cal­abo­zo y lo pre­sion­a­ban para que fal­sa­mente incul­para al obis­po de la ciu­dad, Mon­señor Adam, acusán­do­lo de estar impli­ca­do en el golpe. Tam­bién lo encer­raron en el cal­abo­zo con unas pros­ti­tu­tas medio desnudas. En el Tro­cadero le aplic­a­ban elec­t­ri­ci­dad a los pre­sos en los testícu­los, opro­biosa prác­ti­ca que jamás antes se había vis­to en Venezuela, ni siquiera en las peo­res dic­taduras de prin­ci­p­ios de siglo. 

Un grupo de damas valen­cianas, entre ellas Car­men Mar­ciano, Luisa de Celis, María de Toro, Isabel Itur­riza y Ceci­na de Gal­li, entre otras, denun­ció las tor­turas a los pre­sos ante la Asam­blea Nacional Con­sti­tuyente, la que nom­bró una comisión espe­cial para inves­ti­gar el caso, pre­si­di­da por el diputa­do Ambro­sio Oropeza, la que com­pro­bó la veraci­dad de los tratos cru­eles inferi­dos a los pre­sos políti­cos. Como es cos­tum­bre, se solic­itó al poder judi­cial que en con­tra de los cul­pa­bles “se aplique todo el peso de la ley y se llegue has­ta las últi­mas consecuencias.” 

Los pre­sos de el “Tro­cadero” fueron lib­er­a­dos a medi­a­dos de Enero. En cuan­to a los pre­sos de Valen­cia, con­tin­uaron detenidos sin juicio alguno y pere­gri­nan­do de cár­cel a cár­cel, has­ta ser indul­ta­dos un año después por el nue­vo pres­i­dente Rómu­lo Gal­le­gos. Así fueron las cosas. 


Fuentes:
Yanes, Oscar. “Amores de Ulti­ma Pági­na, p. 316, Edit Plan­e­ta. Colom­bia 1.997
Cordero Velaza­uez, Luis “Betan­court y la Con­ju­ra Mil­i­tar del 45”, Cara­cas 1.978
Pin­to Pra­da, Rafael “Admin­is­tración de Jus­ti­cia en Carabobo durante el Trienio1945-1948”Ediciones de la Sec­re­taria de la Gob­er­nación del Esta­do Carabobo. Valen­cia. 2009
Rivas Rivas, José. “His­to­ria Grá­fi­ca de Venezuela” Cen­teno Edi­tor C.A. Tomo 3. Edi­ción digital.

Luis Medina Canelón

Abogado, escritor e historiador Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

Un comentario en «El golpe del 11 de diciembre de 1946»

  • el 11 diciembre, 2020 a las 7:51 am
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    Exce­lente reseña históri­ca. Lo felic­i­to. Agrade­ci­do por poder leer esta información.

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