El magnicidio de Los Próceres: Quasimodo dinamitado

 

Luis Heraclio Medina Canelón
Historiador

El 24 de junio de 1960 tuvo lugar uno de los sucesos más impactantes de la historia político-criminal de Venezuela: El atentado explosivo contra Rómulo Betancourt con motivo del desfile en la Avenida Los Próceres


Días antes, provenientes de República Dominicana, habían llegado a la hacienda “La Uriosa” del estado Guárico en un avión de la línea Rutas Aéreas Nacionales (RANSA) un grupo de conspiradores entre quienes estaban Luis Cabrera Sifontes, Manuel Vicente Yanes Bustamante y José Morales Hernández.  Formaban parte de un intento de golpe de estado y magnicidio en el que estaban implicados militares activos y retirados y civiles, impulsados, apoyados, equipados y financiados por el dictador de ese país, Rafael Leonidas Trujillo, conocido como “Chapita Trujillo” por su manía de exhibir sus condecoraciones.

Trujillo tenía viejas rencillas contra Betancourt y se dice que ya en dos oportunidades anteriores había tratado de asesinarlo, sin éxito. Esta vez potenció el intento a niveles que no había llegado antes. En Santo Domingo Trujillo dotó a los conspiradores de un ultramoderno equipo de comunicaciones por microondas, 65 kilos explosivos de alto poder (TNT), y un lote de 44 ametralladoras Thompson calibre 45, fusiles, granadas y veinte mil proyectiles, para equipar a unos 200 insurgentes que encenderían la llama del golpe de estado que estaba planeado. La cabeza venezolana del complot era el doctor Juan Manuel Sanoja Hernández.  Entre los militares era el capitán de navío (R) Eduardo Morales Luengo y su hermano.

En la República Dominicana se había hecho un ensayo con el moderno equipo electrónico y con explosivos semejantes a los entregados a los conspiradores y los resultados fueron altamente satisfactorios. Cabrera Sifontes, que era técnico en radio fue entrenado en la isla en el uso del aparato que permitiría hacer la explosión a control remoto. Los explosivistas dominicanos le ofrecieron a los venezolanos termita y otros elementos para hacer mas devastadora la explosión, pero los criollos rehusaron la oferta ya que consideraron suficiente con el material entregado.

El avión de RANSA, que había declarado itinerarios falsos a las autoridades aeroportuarias venezolanas, aterrizó en Maiquetía con su carga mortal y de allí Cabrera Sifontes y Yanes Bustamante la llevaron en dos maletas a un apartamento en La California. De allí hubo reuniones con varios conspiradores para ultimar detalles. Entre estos la versión oficial menciona al sindicalista Hermann Escarrá Quintana, Ernesto Rhan y Luis Álvarez Veitía, que posiblemente era el enlace con militares activos. Esta gente serían los encargados de repartir las armas entre los civiles reclutados para la primera parte del golpe.

El 23 Yanes Bustamante consigue de su concuñado que le preste su viejo automóvil, en el cual introducen en la madrugada del 24 los explosivos con su aparato detonador. A eso de las 6 dejan el vehículo en un lugar donde suponen que obligatoriamente debe pasar la comitiva presidencial.  Yanes y Cabrera, en lugares distintos esperan a que pase la caravana. En el momento justo en que el Cadilac presidencial pasa junto al automóvil abandonado Cabrera Sifontes acciona el detonador remoto.

La explosión es descomunal.  El enorme automóvil presidencial convertido en una antorcha salta por los aires, da dos vueltas y cae junto a la isla que detiene su danza macabra. Adentro están el presidente Betancourt, el ministro de la defensa Gral. Josué López Henríquez y su señora, el jefe de la Casa Militar Cnel. Ramón Armas Pérez y el conductor Asael Valero. 

En los primeros momentos las puertas están trabadas y les cuesta salir a los pasajeros que empiezan a asarse en el vehículo incandescente. Betancourt y López se queman las manos tratando de abrir las puertas de algún modo.  Los primeros escoltas en llegar lograr sacar a los cuatro chamuscados cuerpos del retorcido vehículo y son trasladados al Hospital Clínico Universitario.  Los que iban en el asiento delantero, con las ventanas abiertas sufren las peores heridas. El Cnel. Armas muere y el chofer Valero sufre graves quemaduras. También los otros sufren heridas, pero de menor consideración.

Betancourt sufre quemaduras en las manos y en la cara.  Tiene un derrame en uno de los ojos y un tímpano fracturado, quedando temporalmente medio sordo. Un joven estudiante ajeno a todo que se dirigía a ver el desfile resulta muerto por la onda expansiva y la metralla. También resultan heridos uno de los motorizados y otros miembros de la comitiva que viajaban en otros vehículos.

A los pocos minutos Radio Dominicana transmite desde Santo Domingo:

Muerto el tirano de Venezuela Rómulo Betancourt en un golpe de Estado¡ El pueblo sale a celebrar a las calles

Mientras tanto en Venezuela, Betancourt apenas cuando puede medio hablar ordena que se celebre el desfile como estaba previsto. Ningún militar sale corriendo. Todos en correcta formación cumplen con el protocolo. Betancourt y los demás heridos son llevados al Hospital Universitario donde recibe las curas de rigor. A mediodía se informa a la nación que ha ocurrido un atentado, pero que el presidente ha sobrevivido. En la noche, desde Miraflores Betancourt se dirige al país explicando lo ocurrido. Como es y será costumbre salen a sentenciar los opinadores de oficio:

Esa no es la voz de Betancourt. El presidente está muerto

otro dice: 

Es tipo un actor, ese no es Betancourt.  Nos están mintiendo

Al saberse que el presidente está vivo, no se produce alzamiento alguno. La Policía Técnica Judicial empieza a hilar fino.  El carro-bomba da las primeras pistas. La Radio Dominicana con su prematura falsa noticia señala por donde vienen los tiros. Se hayan el aparato emisor de microondas, las armas y muchos explosivos que no se llegaron a utilizar. Los conspiradores tratan de escapar, pero van siendo capturados uno por uno.

A nivel internacional la noticia causa conmoción y todas las naciones civilizadas del mundo se solidarizan con el gobierno de Venezuela. Se reciben innumerables telegramas y mensajes de jefes de estado de todo el mundo incluyendo al Papa, indignados y preocupados por lo que ha ocurrido. Nuestra cancillería denuncia a la dictadura dominicana en la OEA, invocando el Tratado de Río. 

Luego de crudos debates de la Organización de Estados Americanos el ente internacional designó una comisión que investigaría el asunto, la cual vino a Venezuela y se entrevistó en privado, sin presencia de ninguna autoridad venezolana con los detenidos, quienes confesaron el hecho. Luego de los debates de rigor se aplicaron sanciones internacionales al gobierno de Trujillo.

Epílogo

Menos de un año después, en el palacio presidencial, un hombre fumaba su pipa y sonreía en silencio mientras escuchaba la noticia del día:

“Muere acribillado en un atentado el dictador de Dominicana Rafael Leonidas Trujillo”. Será que las cosas que se hacen se devuelven.

Pasaron los años.  Luis Cabrera Sifontes cumplía su larga pena por los graves delitos cometidos (magnicidio, homicidio, lesiones, rebelión, etc.), mientras sufría de un cáncer, ya en etapa terminal.  Llegó a la presidencia Rafael Caldera y un buen día decidió indultar a Cabrera, el magnicida frustrado.  Fue la primera vez que Caldera indultaba a un magnicida frustrado…pero no sería la única; luego en su segunda presidencia repetiría este tipo de indultos…

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