Los buques de la libertad de Eleazar López Contreras

 

En el gobierno del general Eleazar López Contreras llegaron a las costas venezolanas dos buques procedentes de Alemania. Esto ocurrió en 1939, en pleno apogeo del nazismo. Ambas naves recalaron en La Guaira y en Puerto Cabello con 251 judíos que huían del totalitarismo y genocidio nazi.

El nazismo señaló al judaísmo como “enemigo”, al que pretendía aniquilar mediante una persecución cruel y criminal, registrada con tinte indeleble en las páginas de la historia del horror.

Los barcos Caribia y Königstein trataron de desembarcar infructuosamente en Trinidad, Barbados, Curazao y Guayana inglesa, lo que los llevó a las costas de Venezuela.

En ese momento, el general López Contreras no vaciló en dar la bienvenida a los pasajeros que un juego del destino había traído a nuestro país. Así quedó sellado uno de los mejores capítulos de la historia de Venezuela y del judaísmo, el cual marca una relación consolidada al correr del tiempo.

En el Instituto Cultural Venezolano-Israelí se conmemoró este fundamental hecho, el pasado 10 de junio, y se honró la memoria del General Eleazar López Contreras por haber abierto “las puertas de Venezuela a 251 judíos que huían de la persecución nazi en Europa”, como reza la invitación para el acto.

El Caribia y el Königstein trataron de desembarcar infructuosamente en Trinidad, Barbados, Curazao y Guayana inglesa, lo que los llevó a las costas de Venezuela

El evento contó con la participación como Orador de Orden del historiador Edgardo Mondolfi, quien pronunció un excelente y emotivo discurso para destacar las circunstancias históricas y políticas que rodearon la decisión de López Contreras. Conviene leer este valioso texto que mueve a la reflexión y resalta el espíritu hospitalario del venezolano con los migrantes que por distintas razones venían a nuestro país.

Especialmente cuando Venezuela recibía también a otro grupo de europeos: los republicanos españoles, forzados a dejar España por las consecuencias de la Guerra Civil.

La solidaridad de Venezuela con los perseguidos políticos quedó sellada a perpetuidad. Una vez muerto el general Juan Vicente Gómez cundió el pánico ante la amenaza de que el poder pudiera caer en manos de su primo, el cruel Eustoquio Gómez.

Pero el ministro de Guerra y Marina, general Eleazar López Contreras, amparado en el artículo 97 de la Constitución —y en sus habilidades políticas y en su coraje— tomó rápidamente el control de la situación para iniciar un proceso de transición. Su política, basada en su lema “calma y cordura”, le permitió al delgado general alcanzar altos niveles de popularidad.

López Contreras llamó a la unidad del país en su discurso del 26 de diciembre de 1935, al ser elegido presidente por el Congreso. Su mensaje fue claro y rotundo: “les invito a venir a rodear al Gobierno en esta hora de reconstrucción y de acatamiento al Derecho, a la Libertad y al Deber magnificados y guiados por la Justicia”. Sinceras palabras para invitar al diálogo y la unidad necesarios para calmar los ánimos de esos agitados días.

En el ambiente señalado ocurre la multitudinaria marcha del 14 de febrero de 1936, hasta el Palacio de Miraflores, encabezada por el Rector de la Universidad Central de Venezuela, Francisco Antonio Risquez.

Los pedimentos de los manifestantes fueron atendidos y López Contreras da un paso adelante al sustituir en el gobierno a los gomecistas que entorpecían el proceso de apertura política. El General de Tres Soles tuvo la opción de mantener el control dictatorial o liderar el camino hacia la libertad; optó por lo segundo. Así se abrió un período de transición y esperanza.

Venezuela salía de 37 años de dictaduras, personificadas en Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. La crueldad de lo vivido está plasmada en la obra de José Rafael Pocaterra, Memorias de un venezolano de la decadencia. (Lo reseñado por Pocaterra se queda corto en relación con lo ocurrido tiempo después).

Gracias a la personalidad del general López Contreras, Venezuela acogió a los 251 judíos que escapaban del totalitarismo nazi y de una muerte segura. Estas personas se integraron —con el espíritu emprendedor que caracteriza a los judíos— al país y engrosaron la valiosa comunidad judía que ya existía en Venezuela. La contribución de ellos a las ciencias, literatura, arte, medicina, cultura, ciencias jurídicas y políticas ha sido invalorable.

Las relaciones de Venezuela con Israel, por otra parte, siempre han sido estables y positivas. Los gobiernos de todos los colores desde 1947 no se inmiscuyeron en el conflicto entre Israel y Palestina, sino que, más bien, fueron factor de equilibrio mesurado.

Llegó el diablo

Es conveniente recordar que en 1947 Venezuela votó en las Naciones Unidas a favor de la creación del Estado de Israel. Luego, en 1948, el gobierno venezolano, representado por el canciller Andrés Eloy Blanco, reconoció la independencia del nuevo Estado judío. El reconocimiento y respeto por el Estado de Israel se mantuvo durante todos los gobiernos de Venezuela, desde Marcos Pérez Jimenez hasta el segundo gobierno de Rafael Caldera. Pero un día del año 2009 el diablo vino con un detalle que cambió el destino inesperadamente: Hugo Chávez rompió las relaciones diplomáticas.

De esa manera se acaba con la tradicional posición venezolana de patrocinar una solución pacífica, mediante el reconocimiento de dos Estados: el judío y el palestino.

Cuando vuelva la democracia a Venezuela será el momento para restablecer las relaciones diplomáticas con Israel y rescatar la tradicional política del país con el pueblo judío, cuyo momento de esplendor se vivió con la decisión del general López Contreras al recibir a los 251 judíos que huían del genocidio nazi.

Este hecho demuestra que en la historia de Venezuela existen buenos ejemplos de militares comprometidos con la libertad y el respeto de los derechos humanos. El acto realizado en el Instituto Cultural Venezolano-Israelí, en honor del general Eleazar López Contreras, permite reflexionar sobre todo esto.  

Ramón Escovar León

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