Decapitada la Libertad y mutilada estatua de Sucre en el Parque Ayacucho

 

Juan José Peralta
Periodista


Cuanta desidia, cuanta indolencia, cuanto abandono. Aún no se ha comenzado la restauración del monumento del parque Ayacucho luego de sufrir destrozos irreparables conceptuales y materiales contra el patrimonio histórico y físico de la ciudad de Barquisimeto y de costos incalculables para la Nación causados por la voracidad e ignorancia del hampa desatada al mutilar piezas destacadas del monumento del Parque Ayacucho, como la cabeza de la estatua de la libertad y el brazo con la espada del mariscal Antonio José de Sucre, héroe de la batalla de Ayacucho.

Hasta ahora las autoridades nada han dicho de la investigación y localización de los fragmentos del monumento del cual tuvieron conocimiento pues el pasado tres de febrero, cuando fueron a rendir homenaje al mariscal Sucre en su cumpleaños y se encontraron sin cabeza, decapitada de la más grotesca manera, a la mujer que simboliza la libertad y los militares en formación apurados por el hallazgo aprisa recogieron estandartes, banderolas, banderas, toldos y sillas mientras un general con el pecho acorazado de medallas de mil méritos imaginarios llamaba a la gobernadora almirante Carmen Meléndez y suspendieron el acto a toda prisa.

En la cúspide del monumento el mariscal Sucre a caballo mira al este y las cuatro caras laterales son alegorías a la agricultura, la batalla, las leyes y la justicia, y la agricultura, todas dañadas por los vándalos sin que hasta ahora haya respuestas ni responsables de la profanación. Nada se sabe, un gran silencio cómplice ante tal profanación.

En la parte de la batalla al mariscal Sucre le mutilaron el brazo con la espada, al corneta le trozaron el brazo con el instrumento, a los soldados les cortaron los brazos con el armamento y en la parte dedicada a la agricultura despojaron de su azadón y el brazo al agricultor y del tobo al ordeñador de la vaca. Se mutilaron cinco brazos.

Se robaron el escudo y decapitaron a la mujer que representaba la libertad y se acusa a los invasores de las viviendas aledañas al Parque Ayacucho tomadas por ciudadanos aventados a ocuparlas por un grupo de irregulares autodenominados Frente Revolucionario de Ocupantes e Inquilinos, conocido como grupo Frio, quienes se atribuyeron la función de garantizar “que ningún ocupante o inquilino sea desalojado del inmueble donde fije su residencia”, incluso los invasores de propiedades privadas.

Este grupo lo integran simpatizantes del chavismo y militantes del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela, Psuv liderados por Carlos Sievers, una especie de Robin Hood comunista quien ha repartido residencias solitarias a familias sin viviendas: “Decidí articular una red de compañeros para luchar por los derechos que tiene el pueblo de acceder a un casa digna y es eso lo que hemos estado haciendo con apoyo del Manifiesto de Libertad Popular, del Movimiento de Pobladores, la Fundación Nacional Los sin Techo, los Círculos Bolivarianos y los Consejos Comunales”.

Cuando el Parque Ayacucho fue inaugurado en 1933, frente a la Quinta Mayda que un comerciante hizo construir en las afueras de Barquisimeto a una bailarina francesa que vino a bailar en el Teatro Juares de quien se enamoró perdidamente, (vivienda también abandonada e invadida), las familias de recursos comenzaron a construir sus viviendas en los alrededores del parque, hoy invadidas contra la Ley y donde se han alojado personas de mal vivir que convirtieron a la zona en área de alta peligrosidad por robos y asaltos. Mientras hacía las imágenes dos malandros me asaltaron y robaron el teléfono celular.

Una madrugada a fines de 2009, la policía estadal sorprendió a los integrantes del grupo Frío cuando entraban a terrenos privados en el este de la ciudad, para repartirlos a familias sin viviendas y el cabecilla de la banda fue encarcelado pero de inmediato se ordenó su libertad pues se asegura que el ex gobernador comandante Luis Reyes Reyes es su máximo protector, junto a su hijo el actual alcalde de la ciudad Luis Jonás Reyes.

Sucre en Ayacucho

La primera biografía del Mariscal de Ayacucho la escribió su entrañable amigo Simón Bolívar con motivo de los treinta años del héroe y así se lo hizo saber en carta fechada en Lima el 21 de febrero de 1825: “Ahora mismo se está imprimiendo una relación de la vida de usted hecha por mí, en que, cumpliendo con mi conciencia, le doy a usted cuanto merece”.

En el “Resumen sucinto de la vida del General Sucre”, el Libertador lo llama redentor de los hijos del sol y culmina con el reconocimiento a la victoria que marcó la emancipación peruana: “La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuña de Manco – Cápac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada”.

Esta frase final de la biografía de Sucre estaba inscrita en el monumento al héroe en el parque de Barquisimeto, pero la desidia y el desinterés como el descuido permitieron que las letras del texto se las robaran, una a una, sin que a nadie le importara, así como el brazo con la espada del hijo pródigo de Cumaná mutilada al monumento inaugurado el 17 de diciembre de 1933 por el gobernador de Lara, el tirano general Eustoquio Gómez al cumplirse 25 años del gobierno de su primo, el dictador presidente Juan Vicente Gómez.

Fue una fiesta popular con retreta, fuegos artificiales y la algarabía de los barquisimetanos en lo que antes fuera un terreno destinado por el concejo municipal al oeste de la calle del Cuartel Nacional, para establecer allí el parque con motivo del centenario de la Batalla de Ayacucho. Fue decretado por el presidente de Lara, general Rafael María Velazco, para el nueve de diciembre de 1.924, quien colocó la primera piedra para la construcción pero de allí no pasó hasta la llegada de don Eustoquio, como lo llamaban los jalabolas, quien tras la revisión de los planos decretó su construcción el 17 de diciembre de 1.930, obra del arquitecto francés Roland Coultrox y barata mano de obra de los presos “a punta de pico y pala”.

Un militar se robó impunemente los querubines de las fuentes y algunos bancos de mármol de Carrara para su casa, hace tiempo desaparecieron los equipos de sonido y la espada gloriosa que rompiera las cadenas de Perú, como escribió Bolívar, sin que a nadie le importara. 

Vale aclarar que la palabra correcta es cuña, porque se refiere a tradiciones peruanas y Manco – Cápac y su hermana Mama Oclo recibieron de los dioses la cuña de oro y la misión de civilizar a su pueblo y establecerse donde solicitan que el taco dorado se hundiese en la tierra y esto ocurrió en la llanura donde fundaron a Cuzco.

Ubicado entre las carreras 14 y 16, entre calles 41 y 43, primero en Latinoamérica con acceso para automotores que fue la gran novedad, el Parque Ayacucho ocupa cuatro manzanas cercadas –cuatro hectáreas– y en el centro el monumento al mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, rodeado por diversas escenas de la gloriosa batalla que lo inmortalizó en la historia de América.

El bronce

Especialistas consultados, quienes solicitaron anonimato por temor a represalias han explicado que el vaciado del monumento es de bronce italiano de comienzos del siglo XX muy valioso que se llevan a Colombia donde lo compran a cien dólares el kilogramo y lo más doloroso, señalaron que se requieren unos cien mil dólares para recuperarlo y reconstruirlo. Otros dicen que las rejas se hicieron con hierro sobrante de la torre Eiffel de París.

El Parque Ayacucho, luego de su inauguración hace 85 años, se convirtió en el nuevo centro de la ciudad donde se ofrecían retretas y los ciudadanos a pie o en carro iban a pasear, pero en los últimos años, a raíz de las invasiones chavistas se convirtió en lugar de peligro donde ya no se puede caminar por las mañanas o las tardes y los estudiantes de los colegios vecinos han sido hasta desnudados para robarles los uniformes, los zapatos, los celulares y hasta los cuadernos.

Para disponer del cobre se han robado el cableado del alumbrado público y está a oscuras, como refugio de los hampones donde hacen sus francachelas y la indigencia –quienes acabaron con la fauna al comerse las ardillas, las iguanas, las perezas y las palomas– la tiene por dormitorio por la ausencia total de vigilancia policial.

¿Es así como honran los “bolivarianos” la memoria de los héroes que nos dieron patria? ¿Qué dirán en los países vecinos donde se honra con respeto a los padres de la nacionalidad? ¿Qué dirán en los países bolivarianos de esta profanación de los monumentos de la historia? Jamás vi antes o tuve conocimiento de un crimen de tal vileza.

Sería una pena que los turistas cuando vengan a la Serie del Caribe se lleven esas imágenes del abandono del parque Ayacucho. Varias veces lo escribí y advertí, pero los alabarderos de los alcaldes y las autoridades regionales son demasiado ignorantes para entender esto y hasta al propio Alfredo Ramos le dije, como a la alcaldesa temporal que lo sustituyó. Una honda pena por el desastre de un recinto tan emblemático de la ciudad.

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