Crónica criminal del pasado: Un sádico en el Puerto Cabello del siglo XVIII
Luis Heraclio Medina Canelón Abogado - Historiador
Los pervertidos y malvados han existido en todos los tiempos. Popularmente se llama sádicos a los pederastas y pedófilos, entre otros depravados, aunque el termino no es muy exacto, aclaratoria que hacemos para evitar malos entendidos. Este caso de un pederasta descubierto en plena flagrancia ocurrió en el litoral porteño hace doscientos sesenta años y su expediente se encuentra en los archivos de la Academia Nacional de la Historia, siendo publicado gracias al trabajo de la investigadora Zully Chacón M.
Por aquellos tiempos existía a las afueras de Puerto Cabello un lugar conocido como “la cienaguita de Cangrejal” en la boca del río San Esteban. Cierta tarde del año de 1767 mientras Miguel Antonio Suárez, un pardo libre y otros hombres trabajaban en ese lugar batiendo barro para frisar la casa de Juana Carvajal. Repentinamente se acerca por el camino un joven mulato llamado Francisco Peláez, como de unos doce años. Viene gritando que lo ayuden a rescatar a su compañerito. 
El jovencito les explica a los hombres que él y el otro muchachito estaban jugando, cantando y cortando leña para llevar a su casa, cuando se les apareció un soldado, al principio con mucha amabilidad y luego empezó a acariciarlos, especialmente a él, pero que temeroso se apartó un poco. Luego el otro muchacho le pidió tabaco al soldado y cuando se lo dio, el hombre lo agarró y se lo llevó monte adentro en medio del llanto del chico, no sin antes golpearlo para que no siguiera llorando.
El “mulatico” dice que vio como el soldado lo tumbó y se le echó encima y escuchó los gritos asfixiados del otro muchacho como si tuviera la boca tapada y, entonces corrió hasta la casa de Juana para avisarles a los allí presentes.
Los dos hombres llegaron hasta el sitio y encontraron al soldado que se pone en pie, se sube el pantalón y huye con un cuchillo en la mano.
El jovencito agraviado, llamado Francisco Biloria, corre hasta donde están sus salvadores y llorando les explica que el soldado lo había violado amenazándolo de matarlo con un cuchillo si se rehusaba. El pobre chico casi no podía caminar por el daño que le había causado en sus partes íntimas el depravado.
En el expediente aparece la declaración del teniente de justicia, Don Thomas Pacifico de Berroeta, llamado en el lugar, quien expone que el muchacho, por lo “que le havia hecho por el orificio, estava tan dolorido que no podia mantenerse en pie”. (sic)
Para reconstruir los hechos fue llamado Don Manuel Zumeta, cirujano de la Real Fortificación de puerto Cabello, quien “reconoció a dicho Francisco Viloria a quien según quiere haser memoria hallo el músculo esfínter del ano maltratado”. (sic)
Dos años más tarde, el 23 de octubre de 1767 se reconstruyeron los hechos, pero el soldado llamado Josep Días, un canario de 39 años, de la Compañía Veterana de Puerto Cabello rechazó la acusación declarando que todo era falso y que era inocente de las acusaciones.
El juez Bruno Pascual de Mosquera, comandante del castillo de Puerto Cabello, dictó su sentencia:
Días fue acusado del pecado de sodomía y se le condenó a cinco años en el presidio de castillo de San Juan de Ullua de la Nueva Veracruz, en el actual México, una fortaleza que data del siglo XVI y adicionalmente es expulsado de la milicia.
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