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Tito Domínguez: Crónica de una vocación forjada en la Fe

Desde los caminos polvorientos de Río Tocuyo hasta el corazón de la comunidad de Agua Viva, el diácono Tito Domínguez es una historia llena de profunda vocación de servicio y un amor firme por Cristo y su Iglesia

José Luis Sotillo J.
Cronista parroquial de Agua Viva
@aguavivajose
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Nació un 21 de sep­tiem­bre de 1953, bajo el cielo de su entrañable Río Tocuyo, tier­ra ári­da, donde Tito vino al mun­do en un hog­ar de fe, con­sid­er­a­da el pan de cada día. Su madre, Mar­got Domínguez, era una con­se­cuente cateq­ui­sta; pilar de la igle­sia del pueblo. 

Dueña de la más enraiza­da con­stan­cia, ya que madru­ga­ba cada domin­go para diri­girse por impul­so del espíritu a la primera misa mañan­era. En ella, el niño Tito vio el primer ejem­p­lo vivo de amor y entre­ga, una semi­l­la que se le quedó plan­ta­do en el vivo sen­timien­to de su alma.

Diá­cono Tito Dominguez como orador de orden en su natal Río Tocuyo 1990

 Influ­en­cia de un franciscano

A los seis años, cuan­do otros ape­nas van a la escuela, Tito aprovech­a­ba sus ratos en el altar. Esto para 1959. En la igle­sia de su natal Río Tocuyo, el padre Pedro Man­dak, de la orden fran­cis­cana y de ori­gen croa­ta de acen­to extraño, pero de corazón enal­te­ci­do con la paz de Dios; del que no solo le enseñó el amor inti­mo hacia él Creador; sino que le mostró los más her­mosos anh­e­los de servir a Dios; en amar al próji­mo y cuidar de lo creado. 

Entre incien­so y ora­ciones, el mon­aguil­lo Tito empezó una ruta con­stante de for­ma­ción que sería la base de toda su vida.

La vocación y el llamado

Con la vocación entron­a­da en el pecho, Tito, dejo atrás a su ter­ruño y se marchó a Bar­quisime­to. Allí, jun­to a los cléri­gos Paules, su fe se mold­eo. En la ciu­dad cap­i­tal, su lla­ma­do no se apagó, puesto su lugar esta­ba en la Igle­sia, con el ser­vi­cio a la gente. 

Los años pasaron, y sien­do ya un hom­bre, el padre Car­los Iván Col­i­na vio en él todo interés por ser el mejor servi­dor, y de allí el salto al dia­cona­do. Fue así como lo ani­maría a estu­di­ar, sin saber que ese empu­jón lo lle­varía a una vida con­sagra­da de servicio.

En ple­na misa por el aniver­sario de Agua viva año 2015. jun­to al redac­tor de estas notas

Agua Viva una labor indescriptible 

El 8 de noviem­bre de 1997 es una fecha que quedó mar­ca­da en la comu­nidad. Orde­na­do diá­cono, fue asig­na­do primera­mente en San Vicente, y luego donde su labor fue grat­i­fi­ca­da con el car­iño y el más puro de sus sen­timien­tos; en la Inmac­u­la­da Con­cep­ción de Agua Viva donde encon­tró su ver­dadero alo­jo. Allí sería la casa dónde la colec­tivi­dad de feli­gre­ses lo cobi­jo como a un hijo. 

No lo veían como un orde­nador ecle­siás­ti­co, sino como un pas­tor cer­cano. Su pal­abra, llena de con­vic­ción, traspasó las pare­des de la igle­sia y llegó a todos, creyentes o no. Habla­ba des­de el púl­pi­to, pero tam­bién en los espa­cios del pueblo, siem­pre pidi­en­do por el bien de su par­ro­quia, por la entrañable Agua Viva de sus desvelos.

El sueño de un templo

Al poco tiem­po de estar allí, se pro­pu­so mate­ri­alizar la con­struc­ción de un nue­vo tem­p­lo para la comu­nidad. Con una intre­pi­dez, del cual movía vol­un­tades, así emprendió la tarea gigan­tesca de idear real­i­dades. No esta­ba solo. 

Muchos par­ro­quianos se sumaron, y Dios puso en su camino al arqui­tec­to Philif Staven­h­aguen, quien dis­eñó una capil­la que habla de lo ter­re­nal y lo divi­no. Arte­sanos como Luz Mari­na Gutiér­rez, Coro­mo­to Rodríguez, Bal­more Gutiér­rez, Kar­la Sel­l­anes y Félix Marín, entre otros, le dieron vida con sus manos y talento. 

El sueño se bendi­jo en el año 2000 por Mons. Tulio Manuel Chiriv­el­la. El tem­p­lo quedó en pie como prue­ba de lo que logra una comu­nidad unida.

Al frente de la primera visi­ta de la ima­gen de la Div­ina Pas­to­ra a la par­ro­quia Agua Viva

La inte­gri­dad de un hom­bre de pal­abra y perdón

Pero la obra de Tito no fue solo de cemen­to y ladril­los; fue tam­bién de letras y de espíritu. Por años, sus artícu­los eran pub­li­ca­dos para conocimien­tos de algunos en: “Fe y Acción”, “La Religión” y “El Impul­so”; este últi­mo de gran rel­e­van­cia en la región. Des­de la pren­sa, com­partía la sabiduría de la pal­abra y los santos. 

Hom­bre devo­to de la Vir­gen María y la Eucaristía, su vida tam­bién fue ejem­p­lo de perdón. Supo lle­var, con la frente en alto, los comen­tar­ios bajos y las incom­pren­siones; per­do­nan­do de ver­dad, con el corazón.

El hoy desa­pare­ci­do tem­p­lo que con su áni­mo logró lev­an­tar con el apoyo de sus veci­nos y creyentes

El celador de las almas pese a su lejanía 

Hoy, aunque lejos físi­ca­mente del ter­ruño larense, el diá­cono Tito Domínguez sigue cer­ca. Por senderos de los cuales nos unen las redes sociales, sigue envian­do sus acos­tum­bra­dos devo­cionales, man­te­nien­do viva la fe en quienes lo seguimos des­de lejos. 

En él, hemos vis­to al hom­bre sen­cil­lo que sirve, al ami­go, que nos invi­ta diari­a­mente a sosten­er­nos en la fe hacia Cristo. Su vida habla de la semi­l­la que una madre sem­bró sien­do un párvu­lo niño, del que jamás imag­i­no su impacto en el tiem­po, para quienes lo con­sid­er­amos un fra­ter­nal amigo. 

Es Tito: el ami­go, el guía, un pas­tor del que cui­da a su rebaño con su par­tic­u­lar carác­ter y consejos.

El diá­cono al cen­tro, entre su feligresía

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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