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William Niehous estuvo secuestrado tres años y sus captores terminaron en el poder

El empresario norteamericano apareció vivo tras más de tres años secuestrado. No fue liberado, escapó. Aunque se pagaron 20 millones de dólares por el rescate, nunca se supo quién los cobró ni a dónde fueron a parar. Varios implicados no solo evadieron la justicia, sino que luego detentaron el poder en Venezuela junto al presidente Hugo Chávez

 

Luis Alber­to Per­o­zo Padua
Peri­odista espe­cial­iza­do en cróni­cas históricas
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@LuisPerozoPadua

Las primeras horas tras la evasión de William Frank Niehous, vicepres­i­dente en Venezuela de la empre­sa esta­dounidense Owens Illi­nois, estu­vieron mar­cadas por la incredul­i­dad. No hubo oper­a­ti­vo, ni nego­ciación final, ni gesto human­i­tario de sus cap­tores. Hubo un des­cui­do. Y él lo aprovechó.

Ocur­rió en una zona rur­al del esta­do Bolí­var, en las cer­canías de Mari­pa, donde llev­a­ba meses con­fi­na­do en el hato El Dividive. En medio de una cade­na de errores de sus vig­i­lantes, Niehous logró salir del encier­ro y deam­bu­lar por la sabana has­ta cruzarse con dos fun­cionar­ios de la Policía Téc­ni­ca Judi­cial que inves­ti­ga­ban un caso de abigeato.

La esce­na quedó graba­da en tes­ti­mo­nios: de entre la veg­etación apare­ció un hom­bre irrecono­ci­ble. Alto, extremada­mente del­ga­do, con el cabel­lo rubio cre­ci­do has­ta los hom­bros, bar­ba des­cuida­da y la ropa col­gán­dole del cuer­po. Cam­ina­ba con tor­peza, como si cada paso fuera un esfuer­zo apren­di­do de nuevo.

Lev­an­tó las manos antes de hablar.

Tenía miedo.

—Soy Niehous. No disparen.

Los fun­cionar­ios tar­daron segun­dos en enten­der lo que tenían enfrente. No era un fugi­ti­vo cualquiera. Era el alto ejec­u­ti­vo de una de las prin­ci­pales empre­sas indus­tri­ales del país, desa­pare­ci­do des­de hacía más de tres años.

Su cuer­po habla­ba: desnu­tri­ción, piel cas­ti­ga­da, mira­da aler­ta. Pero esta­ba vivo.

Y había logra­do lo improb­a­ble: escapar.

William Niehous entre dos de sus captores 

 

El secue­stro que quiso ser político

El 27 de febrero de 1976, siete hom­bres arma­dos irrumpieron en la quin­ta Betchirro, en Pra­dos del Este. El pro­ced­imien­to fue rápi­do y sin mar­gen de error. Neu­tralizaron a Niehous, a su esposa Don­na y a la emplea­da domés­ti­ca con éter. Todo ocur­rió frente a sus hijos.

Al día sigu­iente, la famil­ia aban­donó el país sin respuestas.

El men­saje de los cap­tores llegó pron­to: no se trata­ba —según ellos— de dinero. “No cobraremos rescate. Será eje­cu­ta­do. Lo con­sid­er­amos ene­mi­go de Venezuela”. La eti­que­ta era políti­ca. El empre­sario fue pre­sen­ta­do como agente extran­jero, pre­sun­ta­mente vin­cu­la­do a intere­ses que inter­venían en los asun­tos inter­nos del país.

La acción fue atribui­da al Coman­do Rev­olu­cionario, bra­zo arma­do de la Liga Social­ista, en la lla­ma­da “Operación Argimiro Gabaldón”.

Era la retóri­ca de la época. Pero la real­i­dad sería otra.

El cau­tive­rio fragmentado

Durante más de tres años, Niehous fue movi­do como una pieza en trán­si­to per­ma­nente. No hubo un solo sitio, sino una red de escondites.

En el hato El Dividive, cer­ca de Mari­pa, per­maneció más de un año. Allí vivía en condi­ciones mín­i­mas: espa­cios reduci­dos, vig­i­lan­cia con­stante y una ruti­na mar­ca­da por el ais­lamien­to. Sus cap­tores insistían en dis­cur­sos políti­cos, como si el encier­ro tam­bién bus­cara convencer.

Niehous resis­tió como pudo. Escribía. Llev­a­ba un diario. Ano­ta­ba fechas, pen­samien­tos, frag­men­tos de real­i­dad que le per­mi­tier­an sosten­er la noción del tiem­po. Todo en inglés.

Pero inclu­so ese reg­istro dejó vacíos.

¿Por qué pro­lon­gar el secuestro?
¿Quién decidía?
¿Para qué?

El empre­sario norteam­er­i­cano apare­ció vivo tras más de tres años secuestrado

El nom­bre que conec­ta pasa­do y poder

La inves­ti­gación avanzó con fisuras. La cap­tura de Iván Padil­la Bra­vo abrió una línea de dela­ciones bajo tor­tu­ra que per­mi­tió iden­ti­ficar a var­ios inte­grantes del grupo.

Entre ellos, un nom­bre que hoy resue­na con fuerza: Jorge Anto­nio Rodríguez, diri­gente de la Liga Social­ista y señal­a­do como figu­ra clave en la estruc­tura que eje­cutó el secuestro.

Fue detenido el 23 de julio de 1976.

Dos días después, esta­ba muerto.

Murió bajo cus­to­dia del Esta­do, tras ser someti­do a tor­turas en los cal­abo­zos de la policía políti­ca. La autop­sia con­fir­mó hemor­ra­gias inter­nas pro­duc­to de los golpes. Tres fun­cionar­ios fueron con­de­na­dos por ese hecho.

Pero la his­to­ria no ter­minó allí.

Jorge Rodríguez es el padre de Del­cy Rodríguez, hoy una de las fig­uras cen­trales del poder en Venezuela, y de Jorge Rodríguez, actu­al pres­i­dente de la Asam­blea Nacional

Rodríguez es el padre de Del­cy Rodríguez, hoy una de las fig­uras cen­trales del poder en Venezuela, y de Jorge Rodríguez, actu­al pres­i­dente de la Asam­blea Nacional.

Ese vín­cu­lo no es un detalle biográfico.

Es una línea direc­ta entre aquel episo­dio y el poder contemporáneo.

Los cap­tores de Niehous expuestos en la prensa

Los nom­bres que regresaron

El expe­di­ente del caso no se cer­ró con la fuga de Niehous ni con la muerte de Jorge Rodríguez. Otros nom­bres quedaron reg­istra­dos en inves­ti­ga­ciones, tes­ti­mo­nios y pub­li­ca­ciones posteriores.

Pero esos nom­bres no se dis­olvieron en el tiem­po. Por el con­trario, var­ios de ellos rea­parecieron años después en el corazón del poder, jun­to al pres­i­dente Hugo Chávez Frías.

Los impli­ca­dos y sus car­gos en el poder

  • Fer­nan­do Soto Rojas: señal­a­do como par­tic­i­pante; llegó a ser diputa­do y pres­i­dente de la Asam­blea Nacional.
  • Car­los Lanz Rodríguez: impli­ca­do en el caso; Perteneció al Par­tido de la Rev­olu­ción Vene­zolana (PRV) y las Fuerzas Armadas de Lib­eración Nacional (FALN), gru­pos guer­rilleros de izquier­da vene­zolanos ocupó car­gos estratégi­cos en la admin­is­tración chav­ista y pre­sidió CVG Alcasa. El 8 de agos­to de 2020 desa­pare­ció, fue vis­to por últi­ma vez en su casa en Mara­cay. El 5 de julio de 2022 su esposa, Max­ior­isol «Mayi» Cumare, fue deteni­da por fun­cionar­ios de la Direc­ción Gen­er­al de Con­train­teligen­cia Mil­i­tar (DGCIM), pos­te­ri­or­mente acu­sa­da como auto­ra int­elec­tu­al de su asesinato.
  • David Nieves: vin­cu­la­do al secue­stro; Diputa­do: En 1978 y pos­te­ri­or­mente cón­sul de Venezuela en las Islas Canarias, España
  • Mirelis Pérez Mar­cano: señal­a­da como parte del grupo; ocupó una curul en el Par­la­men­to Latinoamericano.
  • Salom Mesa Espinoza y For­tu­na­to Her­rera: vin­cu­la­dos al caso; ejercieron fun­ciones parlamentarias.

No se tra­ta de trayec­to­rias aisladas.

Es la per­sis­ten­cia de una mis­ma gen­eración políti­ca que tran­sitó de la clan­des­tinidad a las instituciones.

Niehous ya en sue­lo esta­dounidense se reen­con­tró con su esposa

El dinero que nadie explicó

El pun­to más oscuro del caso no está en la eje­cu­ción ni en la fuga.

Está en el dinero.

Con el tiem­po se cono­ció que Owens Illi­nois habría paga­do 20 mil­lones de dólares en el exte­ri­or como parte de un acuer­do para la lib­eración de su vicepresidente.

Ese dinero se cobró.

Pero la lib­eración no ocur­rió por ese acuerdo.

Ocur­rió por la evasión del secuestrado.

La con­tradic­ción per­manece intacta.

¿Quién recibió ese dinero?
¿Dónde ter­minó?
¿Por qué nun­ca se investigó?

No hay respues­tas oficiales.

El poder sin castigo

William Niehous aban­donó Venezuela al día sigu­iente de su apari­ción. Voló a Ohio y se reen­con­tró con su famil­ia. Para él, la his­to­ria ter­minó allí.

Para el país, no.

El caso dejó una estruc­tura al des­cu­bier­to: nom­bres, vín­cu­los, deci­siones que no se diluyeron con el tiem­po. Muchos de los impli­ca­dos no solo evi­taron la jus­ti­cia, sino que ter­mi­naron ocu­pan­do espa­cios den­tro del poder políti­co que, años después, se con­sol­i­daría bajo la rev­olu­ción bolivariana.

No hubo rup­tura visible.

Más bien, una con­tinuidad que fue toman­do for­ma con los años.

El dinero nun­ca apare­ció. Las respon­s­abil­i­dades nun­ca se cerraron.
Y los pro­tag­o­nistas, lejos de desa­pare­cer, encon­traron nuevas posi­ciones des­de donde influir.

Como si aque­l­la operación —con­ce­bi­da en la clan­des­tinidad— no hubiese sido un episo­dio ais­la­do, sino el ini­cio de algo que, con el tiem­po, cam­biaría de for­ma sin cam­biar de fondo.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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