CrónicasHistoria

El servicio exterior del dictador en Washington

Entre 1913 y 1935, los diplomáticos del benemérito Juan Vicente Gómez en Washington garantizaron estabilidad petrolera, confianza financiera y reconocimiento para un régimen autoritario

 

Luis Alber­to Per­o­zo Padua
Peri­odista espe­cial­iza­do en cróni­cas históricas
[email protected]
@LuisPerozoPadua

El 21 de diciem­bre de 1908, ape­nas vein­tic­u­a­tro horas después de la procla­ma que desplazó a Cipri­ano Cas­tro del poder, el Depar­ta­men­to de Esta­do en Wash­ing­ton ya había acti­va­do su maquinar­ia diplomáti­ca. La sola pres­en­cia de Juan Vicente Gómez en el poder gen­eró el reconocimien­to inmedi­a­to del gob­ier­no de William Howard Taft, aunque qued­a­ban muchos asun­tos por resolver entre ambas naciones. La raíz del prob­le­ma tenía con­no­ta­ciones políti­cas domés­ti­cas orig­i­nadas en Venezuela y un impacto direc­to en la relación entre Cas­tro y Roosevelt.

La instruc­ción fue inmedi­a­ta: enviar al alto comi­sion­a­do William Insco Buchanan a Venezuela con amplias fac­ul­tades para restable­cer vín­cu­los for­males y nego­ciar la solu­ción de con­tro­ver­sias. El 27 de diciem­bre, el crucero North Car­oli­na arribó a La Guaira trans­portan­do al envi­a­do especial. 

La diplo­ma­cia naval —tan car­ac­terís­ti­ca de la políti­ca hem­is­féri­ca de la época— acom­paña­ba la ini­cia­ti­va políti­ca. Wash­ing­ton actu­a­ba con rapi­dez porque com­prendía que el nue­vo rég­i­men nece­sita­ba legit­im­i­dad inter­na­cional y esta­bil­i­dad financiera; y porque el rele­vo en Miraflo­res abría una ven­tana estratég­i­ca para redefinir las reglas del juego con Venezuela.

William I. Buchanan

Antes de que comen­zara la gran era petrol­era, el ascen­so de Juan Vicente Gómez ya esta­ba inscrito en un tablero inter­na­cional. El cam­bio de rég­i­men fue simultánea­mente un hecho domés­ti­co y un acon­tec­imien­to diplomático.

Seis años después, el 31 de julio de 1914, comen­zó a pro­ducir el pozo Zumaque I en Mene Grande. Aquel hecho téc­ni­co trans­for­mó la dimen­sión económi­ca de esa relación. Gómez llev­a­ba seis años en el poder y aún gob­ern­a­ba una nación agrí­co­la, endeu­da­da y frag­men­ta­da. En menos de quince años, el petróleo con­ver­tiría a Venezuela en el primer expor­ta­dor mundi­al de crudo. Y el ser­vi­cio exte­ri­or sería pieza clave de esa transformación.

En 1917 la pro­duc­ción ape­nas super­a­ba 1,3 mil­lones de bar­riles anuales. En 1922, tras el reven­tón del Bar­roso II en Cabi­mas, el crec­imien­to fue explo­si­vo. Para 1925 el país pro­ducía más de 60 mil­lones de bar­riles por año. En 1928 alcanzó aprox­i­mada­mente 137 mil­lones de bar­riles anuales, equiv­a­lentes a unos 374.000 bar­riles diar­ios. Ese año Venezuela se con­vir­tió en el primer expor­ta­dor mundi­al y el segun­do pro­duc­tor glob­al, solo detrás de Esta­dos Unidos.

El pozo Zumaque I es el pozo petrolero más antiguo des­cu­bier­to y aún acti­vo en Venezuela

Los ingre­sos fis­cales refle­jan el salto. El pre­supuesto nacional, que rond­a­ba los 30 mil­lones de bolí­vares en 1913, super­a­ba los 200 mil­lones a finales de la déca­da de 1920. Más del 60 % de los ingre­sos ordi­nar­ios del Esta­do provenían del petróleo. El rég­i­men des­cans­a­ba sobre esa renta.

Pero esa renta exigía algo pre­vio: confianza.

La inves­ti­gado­ra Delia Picón, en His­to­ria de la Diplo­ma­cia Vene­zolana, señala que durante el gome­cis­mo el ser­vi­cio exte­ri­or fue ori­en­ta­do a ase­gu­rar reconocimien­to inter­na­cional, cumplim­ien­to de com­pro­misos financieros y cred­i­bil­i­dad del Esta­do vene­zolano. La pri­or­i­dad no era la retóri­ca políti­ca, sino la pre­vis­i­bil­i­dad económica.

En Wash­ing­ton, esa políti­ca tuvo eje­cu­tores concretos.

Carac­ci­o­lo Par­ra Pérez: el jurista prudente

Carac­ci­o­lo Par­ra Pérez fue encar­ga­do de nego­cios en Esta­dos Unidos entre 1913 y 1919, años deci­sivos. Le tocó rep­re­sen­tar a Venezuela durante la Primera Guer­ra Mundi­al y en el momen­to en que Wash­ing­ton comen­z­a­ba a con­sol­i­darse como poten­cia energéti­ca global.

Par­ra Pérez no fue un diplomáti­co impro­visa­do. Era his­to­ri­ador, jurista y hom­bre de for­ma­ción int­elec­tu­al sól­i­da. Su mis­ión fue clara: trans­mi­tir esta­bil­i­dad en una eta­pa en que el mod­e­lo con­ce­sion­ario empez­a­ba a tomar for­ma. Durante su gestión se con­sol­i­daron rela­ciones con empre­sas esta­dounidens­es que más tarde dom­i­narían la explotación petrolera.

No hubo gestos ide­ológi­cos. Hubo dis­cre­ción. Par­ra Pérez ayudó a proyec­tar la ima­gen de un Esta­do que cumplía con­tratos y respeta­ba com­pro­misos. En un Caribe mar­ca­do por inter­ven­ciones esta­dounidens­es, Venezuela ofrecía algo dis­tin­to: previsibilidad.

Los plenipo­ten­cia­r­ios de Gómez: Carac­ci­o­lo Par­ra Pérez, César Zumeta, Este­ban Gil Borges y Pedro Itria­go Chacín

César Zumeta: el int­elec­tu­al del equilibrio

César Zumeta rep­re­sen­tó al rég­i­men en esce­nar­ios diplomáti­cos estratégi­cos y sos­tu­vo una visión prag­máti­ca de la políti­ca exte­ri­or. Ensay­ista, peri­odista y políti­co, entendió que el petróleo había colo­ca­do a Venezuela en una posi­ción del­i­ca­da: atrac­ti­va para la inver­sión, pero vul­ner­a­ble a pre­siones externas.

Zumeta defendió una línea de equi­lib­rio. No pro­movió con­fronta­ciones públi­cas con Wash­ing­ton. Apos­tó por con­sol­i­dar la pres­en­cia vene­zolana en el sis­tema inter­amer­i­cano sin desafi­ar la hege­monía esta­dounidense. Su diplo­ma­cia fue de cál­cu­lo, no de exhibición.

En los años en que Esta­dos Unidos inter­venía mil­i­tar­mente en Nicaragua o Haití, Venezuela no fue obje­to de acciones sim­i­lares. El con­traste no fue casu­al. Fue pro­duc­to de una políti­ca delib­er­a­da de bajo perfil.

Este­ban Gil Borges: el arqui­tec­to de la estabilidad

Este­ban Gil Borges ocupó la Can­cillería en varias eta­pas del gome­cis­mo. Des­de Cara­cas coordinó una políti­ca exte­ri­or ori­en­ta­da a la nor­mal­ización financiera y al for­t­alec­imien­to insti­tu­cional del ser­vi­cio exterior.

Durante su gestión se con­solidó la rep­utación de Venezuela como país sol­vente. El Esta­do pagó com­pro­misos exter­nos, evitó mora­to­rias y sos­tu­vo dis­ci­plina fis­cal. Esa con­duc­ta era obser­va­da con aten­ción en Wash­ing­ton, donde la esta­bil­i­dad con­trac­tu­al era fun­da­men­tal para las com­pañías petroleras.

Gil Borges com­prendió que la legit­im­i­dad inter­na­cional del rég­i­men dependía más de la con­fi­an­za económi­ca que de la ima­gen políti­ca. Bajo su con­duc­ción, la diplo­ma­cia fue téc­ni­ca, sin estridencias.

Pedro Itria­go Chacín: la con­sol­i­dación petrolera

Pedro Itria­go Chacín fue min­istro de Rela­ciones Exte­ri­ores entre 1926 y 1929, en el pun­to más alto del auge petrolero. Su gestión coin­cidió con el momen­to en que Venezuela alcanzó el lid­er­az­go mundi­al en exportación de crudo.

Para entonces, la pro­duc­ción super­a­ba los 300.000 bar­riles diar­ios y las regalías petrol­eras trans­forma­ban el pre­supuesto nacional. Itria­go Chacín tuvo que ges­tionar una diplo­ma­cia acorde con ese nue­vo peso económico.

Su labor con­sis­tió en man­ten­er la esta­bil­i­dad jurídi­ca del sis­tema con­ce­sion­ario y ase­gu­rar que el crec­imien­to ver­tig­i­noso del sec­tor no gener­ara fric­ciones con Esta­dos Unidos. En ple­na expan­sión petrol­era, la pri­or­i­dad fue preser­var la confianza.

No hubo rup­turas diplomáti­cas. No hubo con­flic­tos may­ores. La políti­ca exte­ri­or operó como escu­do del mod­e­lo económico.

Juan Vicente Gómez pagó la deu­da exter­na de Venezuela en su totalidad

El cál­cu­lo del dictador

La esta­bil­i­dad exter­na des­cans­a­ba sobre un rég­i­men autori­tario en lo inter­no. Gómez reprim­ió disiden­cias y con­cen­tró poder. Pero hacia el exte­ri­or evitó aven­turas. Com­prendió que el petróleo era el eje de su permanencia.

Delia Picón sub­raya que el gome­cis­mo priv­i­legió el reconocimien­to inter­na­cional y la esta­bil­i­dad financiera como pilares de su políti­ca exte­ri­or. La diplo­ma­cia fue instru­men­to de con­sol­i­dación económica.

Al morir Gómez en 1935, Venezuela era poten­cia expor­ta­do­ra, tenía reser­vas cre­cientes y man­tenía rela­ciones flu­idas con Wash­ing­ton. El ser­vi­cio exte­ri­or había cumpli­do su fun­ción: blindar el nego­cio petrolero y evi­tar aislamiento.

El con­traste contemporáneo

Des­de 1999, con la lle­ga­da de Hugo Chávez a Miraflo­res, la políti­ca exte­ri­or vene­zolana adop­tó un tono con­fronta­cional agre­si­vo frente a Esta­dos Unidos. Con Nicolás Maduro, la relación fue tan áspera y abra­si­va como su ante­cesor y derivó en san­ciones financieras y petrol­eras que afec­taron direc­ta­mente la capaci­dad expor­ta­do­ra del país.

Hoy, Del­cy Rodríguez, pres­i­den­ta encar­ga­da de Venezuela, enfrenta una parado­ja. Sostiene una nar­ra­ti­va agria y revan­chista frente a Wash­ing­ton, pero al mis­mo tiem­po par­tic­i­pa en nego­cia­ciones que bus­can flex­i­bi­lizar restric­ciones y per­mi­tir may­or flu­jo petrolero hacia mer­ca­dos internacionales.

Hace un siglo, los diplomáti­cos del dic­ta­dor oper­a­ban en silen­cio para pro­te­ger el ingre­so petrolero. Hoy, la diplo­ma­cia vene­zolana oscila entre la con­frontación públi­ca y la nego­ciación reservada.

La his­to­ria plantea una com­para­ción incó­mo­da: cuan­do el petróleo fue ges­tion­a­do con cál­cu­lo diplomáti­co, el flu­jo económi­co fue estable. Cuan­do la relación con Wash­ing­ton se con­vir­tió en cam­po de batal­la retóri­co, las con­se­cuen­cias impactaron direc­ta­mente en la economía.

No se tra­ta de nos­tal­gia ni de absolver autori­taris­mos. Se tra­ta de enten­der que, en la his­to­ria vene­zolana, la diplo­ma­cia petrol­era ha sido decisiva.

La pre­gun­ta sigue abier­ta: ¿qué mod­e­lo pro­tege mejor los intere­ses estratégi­cos del país en un mun­do donde el petróleo sigue sien­do un fac­tor de poder?


Fuentes:
Picón, Delia. His­to­ria de la Diplo­ma­cia Vene­zolana. Uni­ver­si­dad Católi­ca Andrés Bel­lo, Cara­cas, 1999.
Fun­dación Empre­sas Polar. Dic­cionario de his­to­ria de Venezuela (4 vols.). Cara­cas, Venezuela, 1997.
For­eign Rela­tions of the Unit­ed States (FRUS), 1908–1909, vol­u­men sobre Venezuela y Cuba, Depar­ta­men­to de Esta­do de EE. UU.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *