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Mariano y Simón

Ulises Dalmau
Cronista - investigador

A finales de siglo XVIII, el tricentenario orden colonial de Venezuela dejaba sus huellas en los escritos de un gran religioso mientras el extraordinario militar que lo rompería estaba por nacer.


La coin­ci­den­cia tem­po­ral entre el obis­po Mar­i­ano Martí, poderoso obis­po de la provin­cia y Simón Bolí­var, quién sería el lib­er­ta­dor de Colom­bia (Venezuela y Nue­va Grana­da) y otros país­es, tiene pecu­liares episodios.

La Negra Hipólita

El 21 de febrero de 1781, don Mar­i­ano recibe hospeda­je y per­noc­ta jun­to a su comi­ti­va en San Mateo, en la casa de don Juan Vicente Bolí­var y Ponte, coro­nel del batal­lón de Mili­cias Regladas de los Valles de Aragua, lo que deno­ta una alian­za amis­tosa entre el obis­po y aquel man­tu­ano rico y pres­ti­gioso que, poco más de dos años después, sería padre del niño Simón.

Allá, es muy posi­ble que la propia  escla­va Hipóli­ta, cuyo des­ti­no era ser envi­a­da a Cara­cas para ama­man­tar al recién naci­do, preparara agua de papelón con limón para refres­car­los al lle­gar del exten­u­ante via­je, y en la noche el infaltable choco­late caliente, bebi­da espe­cial y de alcur­nia, digna de tan ilus­tre visitante.

Jus­ta­mente, 6 días después, el obis­po recor­ría la sabana donde el futuro hijo de su ami­go Juan Vicente  obten­dría la vic­to­ria mil­i­tar deci­si­va en la Guer­ra de Inde­pen­den­cia con­tra España, rep­re­sen­ta­da por el Ejérci­to Expe­di­cionario de Cos­ta Firme.

“…fuimos a una casa situ­a­da en la sabana lla­ma­da Carabovos, y el sitio donde está la dicha casa se lla­ma la Agua­di­ta de Carabovos, bas­tante incó­mo­da dicha casa. Día 27 de dicho mes de febrero de 1781 sal­imos al amanecer de dicho sitio o sabana de Carabovos, pasamos el ter­ri­to­rio o cer­ros de las her­manas, y a las diez de la mañana lleg­amos a este pueblo de Tinaquillo.”

El 24 de julio de 1783, mien­tras Martí habría esta­do dur­mien­do en su aposen­to del Pala­cio Arzo­bis­pal o desve­la­do por el itin­er­ario de sus próx­i­mos des­ti­nos, a unas dos cuadras de allí, a media noche, se escuch­a­ba el llan­to de un recién naci­do en la casa de los Bolí­var Palacios.

El obis­po Mar­i­ano Martí recor­rió casi toda Venezuela

Pero su encuen­tro frente a frente, se daría el 11 de abril de 1790, en la capil­la de la San­tísi­ma Trinidad en la Cat­e­dral de Cara­cas, donde había sido bau­ti­za­do 6 años antes por su pri­mo el pres­bítero Dr. Juan Félix Jerez de Aristeguieta.

Allí, con la mano derecha de su tío y padri­no Este­ban Pala­cios en su hom­bro, Simón recibió de rodil­las la imposi­ción de manos, y luego en su frente la señal de la Cruz y una tenue pal­ma­da en la mejil­la por parte de don Mar­i­ano. Sí, el mis­mo Simón que 16 años después, ya un joven rebelde, se negaría en Roma a besar la cruz en la zap­atil­la del papa Pío VII.

Don Mar­i­ano, inolvid­able obis­po en la his­to­ria vene­zolana, fal­l­e­cería el 20 de febrero de 1792 mien­tras Simón, entre San Mateo y Cara­cas vivía su aris­tocráti­ca niñez, mar­ca­da por la muerte de sus padres.

Luis Medina Canelón

Abogado, escritor e historiador Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

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