Aquiles Nazoa fue un poeta popular de los periódicos, la radio y la televisión

 

Juan José Peralta
Periodista

A Ángel Rivero, quien me enseñó amor por el poeta de las cosas más sencillas

CUANDO EN 1935 el acucioso joven de 15 años Aquiles Nazoa ingresó al diario caraqueño El Universal como empaquetador y archivista de clisés, después en la tarea delicada de tipógrafo y más tarde corrector de pruebas, entendió que sus escritos no se iban a quedar en los cuadernos de la escuela y en algún momento sus textos ocuparían espacios en los periódicos para que los leyera todo el mundo. Quizás allí nació su gran pasión por el periodismo y la investigación


Una doce­na de años iba a cumplir en el poder el dic­ta­dor Juan Vicente Gómez cuan­do en la pop­u­lar bar­ri­a­da El Guarataro, en la par­ro­quia San Juan de la Cara­cas aldeana de ini­cios de la segun­da déca­da del siglo XX, el 17 de mayo de 1920 nació el gran poeta, escritor, ensay­ista, peri­odista , nar­rador, his­to­ri­ador, inves­ti­gador, humorista, estu­dioso del arte, la músi­ca, las cien­cias y otras dis­ci­plinas de interés humano, Aquiles Nazoa, máx­i­mo expo­nente del humor vene­zolano del Siglo XX, por su obra peri­odís­ti­ca, poéti­ca y lit­er­aria, por esta razón todo este año en Venezuela esta­mos cel­e­bran­do a toda madre el Cen­te­nario de su natalicio.

La casa natal de Aquiles fue un hog­ar muy humilde, hijo del jar­dinero Rafael Nazoa y su queri­da Micaela González, de quien se dice siem­pre cul­tivó el humor en sus hijos y de ella provi­no esa vir­tud desar­rol­la­da más tarde por Aquiles.

Su amor por la nar­ración y la poesía nacen en su niñez, de la amis­tad con su abuela y las andan­zas con su padre, “tem­pera­men­to sen­cil­lo y poéti­co, ciclista que ama­ba las excur­siones domini­cales al cam­po a las que yo siem­pre acom­paña­ba” con­tó él mis­mo en “El niño que yo era”.



Pron­to comen­zó sus primeros estu­dios en el cole­gio par­ro­quial “El Buen Con­se­jo”, bajo la guía y primeras lec­ciones del padre Julián Fuentes Figueroa. Urgi­do por las pre­cariedades famil­iares, muy tem­pra­no comen­zó a tra­ba­jar para ayu­dar a la casa, por lo que de man­era auto­di­dac­ta com­pletó su for­ma­ción y entre 1932 y1934 desem­peñó diver­sos ofi­cios como cuen­ta en su auto­bi­ografía “El Ruiseñor de Catuche” (1950): “A los doce años fui apren­diz en una carpin­tería; a los trece, tele­fon­ista y botones del Hotel Majes­tic; y luego domi­ciliero en una bode­ga de la esquina de San Juan, cuan­do esta esquina, que ya no existe, era el foco de la pros­ti­tu­ción más impor­tante de la ciu­dad. Más tarde fui man­dadero y bar­ren­dero del diario El Uni­ver­sal, cicerone de tur­is­tas, pro­fe­sor de inglés, ofi­cial en una pequeña repostería y direc­tor del diario El Ver­bo Democráti­co, de Puer­to Cabello”.

Por aque­l­los tiem­pos del per­iódi­co se interesó en la ide­ología marx­ista y por sus pro­pios medios tam­bién aprendió a leer francés e inglés, lo que le per­mi­tió en 1938 obten­er un puesto como guía en el Museo de Bel­las Artes de su ciu­dad natal donde ini­ció con­tac­to direc­to con el mun­do del arte y la cul­tura en los col­ores de la colec­ción nacional.

A los 18 años, a la muerte de su padre asum­ió la respon­s­abil­i­dad de la famil­ia y de sus her­manos Elba, Aída, Haydee y Aníbal (tam­bién poeta) y se mudan a Puer­to Cabel­lo, donde fue guía ofi­cial de la Ofic­i­na Nacional de Tur­is­mo, cor­re­spon­sal de El Uni­ver­sal y direc­tor del diario El Ver­bo Democráti­co, donde pub­licara sus primeros versos.

Has­ta allí lle­garon sus aven­turas de reportero cuan­do en 1940 estu­vo pre­so por la deman­da inter­pues­ta por el Con­ce­jo Munic­i­pal porteño por difamación e injuria, por una nota en la cual crit­i­ca­ba la indo­len­cia de las autori­dades locales en la lucha con­tra la malar­ia. Esa fue otra lec­ción de que la lib­er­tad de expre­sión es un peli­groso esce­nario de com­bate de los peri­odis­tas por el dere­cho a informar.

Recu­per­a­da su lib­er­tad, Nazoa regresó a la cap­i­tal vene­zolana donde comen­zó otro camino en Radio Trop­i­cal y con­tin­uó en El Uni­ver­sal con su colum­na “Por la mis­ma calle”. En esa época, el 16 de sep­tiem­bre de 1941 Pedro Beroes, Fran­cis­co Kotepa Del­ga­do, Víc­tor Simone de Lima y Vaugh­an Salas Loza­da, alquilaron una casa entre las esquinas de Ibar­ras y Pelota para fun­dar el tabloide Ulti­mas Noti­cias y Aquiles pasó a for­mar parte del equipo del nue­vo diario como cor­rec­tor de prue­bas y reportero tele­fóni­co además de pub­licar sus poe­mas en “A pun­ta de lan­za”, donde comien­za a rev­e­larse el gran humorista bajo el seudón­i­mo Lancero.

Ya Nazoa resalta­ba sus cual­i­dades humorís­ti­cas como Jac­in­to Ven a Veinte, con sus poe­mas “Teatro para leer” en el sem­a­nario satíri­co de gran pop­u­lar­i­dad El Mor­ro­coy Azul, per­iódi­co de humor, chistes y anéc­do­tas de per­son­al­i­dades esti­lo francés, fun­da­do el 30 de abril de 1941por Víc­tor Simone de Lima, Miguel Otero Sil­va, Fran­cis­co Kotepa Del­ga­do y Car­los Irazábal donde en sus pági­nas bril­l­a­ba el tal­en­to de Andrés Eloy Blan­co, Gabriel Bra­cho Mon­tiel, Isaac J. Par­do y Clau­dio Cedeño, entre otros. Las ocho pági­nas de El Mor­ro­coy Azul cir­cu­la­ban los sába­dos con el eslo­gan “Sem­a­nario sur­re­al­ista de intere­ses gen­erales”. De ini­cios modestos llegó a ten­er tiradas entre 35 y 40 mil ejemplares.

En 1943 pub­licó el libro de poesías “Aniver­sario del col­or” y “Méto­do prác­ti­co para apren­der a leer en VII lec­turas musi­cales con acom­pañamien­to de gotas de agua”, una serie de poe­mas infan­tiles en prosa. Ese mis­mo año Miguel Otero Sil­va con­ven­ció a su papá Hen­rique Otero Viz­car­ron­do de hac­er un per­iódi­co y así la primera edi­ción de El Nacional cir­culó el 3 de agos­to con impor­tantes inno­va­ciones como la susti­tu­ción del edi­to­r­i­al por la mancheta, el uso de noto­rios tit­u­lares con grá­fi­cas desta­cadas y la clasi­fi­cación del per­iódi­co por áreas temáti­cas. La primera sede estu­vo entre las esquinas de Mar­cos Par­ra a Pedr­era, en el cen­tro de Cara­cas has­ta 1951. Al recién fun­da­do diario se fue Nazoa y se hizo colaborador.

En 1944 Nazoa via­jó a Colom­bia donde par­ticipó en la revista Sába­do con cier­ta reg­u­lar­i­dad y luego se trasladó a Cuba. A su regre­so a Venezuela pub­licó el libro El transeúnte son­reí­do”; que incluyó dos de sus más recor­da­dos poe­mas, “Bal­a­da pes­imista” “Ano­ta­ciones de un abur­ri­do”. A fines de los ’40, obtu­vo el Pre­mio Nacional de Peri­odis­mo en la espe­cial­i­dad de escritores humorís­ti­cos y costumbristas.

Estu­vo casa­do con Estrel­la Fer­nán­dez-Viña Martí, sob­ri­na nieta del escritor cubano José Martí, quien fal­l­e­cería de tuber­cu­lo­sis poco después del mat­ri­mo­nio y más tarde, en 1949, rein­cidiría con María Laprea con quien pro­creó al humorista y psiquia­tra Clau­dio Nazoa.

Dos años después pub­li­ca sus libros “El Ruiseñor de Catuche” y “Mar­cos Man­au­re, idea para una pelícu­la vene­zolana”, con pról­o­go de Juan Lis­cano. En 1953, El Mor­ro­coy Azul pasa al con­trol de la dic­tadu­ra  perezji­menista lo que obliga a Nazoa y otros peri­odis­tas mar­charse a la revista humorís­ti­ca El Tocador de las seño­ras. En 1955 al arreciar la repre­sión dic­ta­to­r­i­al y la per­se­cu­ción a la disiden­cia y los peri­odis­tas, decidió exi­larse y se fue a Bolivia.

Tras la cobarde fuga de Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, Aquiles retor­na a Cara­cas, colab­o­ra en la revista Domin­gui­to, fun­da­da en febrero de ese año por Bra­cho Mon­tiel y en mar­zo de 1959, crea jun­to a su her­mano Aníbal la pub­li­cación humorís­ti­ca de cor­ta duración Una seño­ra en apuros y en noviem­bre de 1960, El Fós­foro, tan­to ésta últi­ma revista como Domin­gui­to fueron clausuradas por el gob­ier­no a fines de 1960. Ese mis­mo año pub­li­ca en Cara­cas su libro de poe­mas “Cabal­lo de man­te­ca” y a par­tir de entonces su obra poéti­ca, edi­ciones, reed­i­ciones y antologías se hacen más abun­dantes recogi­das en “Humor y amor de Aquiles Nazoa”, com­pi­lación  pub­li­ca­da en 1970.

Además de sus obras poéti­cas pub­licó mono­grafías y estu­dios como “Cuba, de Martí a Fidel Cas­tro” (1961) y por su cua­tri­cen­te­nar­ia ciu­dad natal, “Cara­cas, físi­ca y espir­i­tu­al” (1967), ganado­ra del Pre­mio Munic­i­pal de Lit­er­atu­ra del Dis­tri­to Fed­er­al y tra­ba­jos de críti­ca de arte “Mirar un cuadro”, “Humoris­mo grá­fi­co en Venezuela” así como numerosas con­fer­en­cias de divul­gación cul­tur­al. En 1966 pub­licó una amplia com­pi­lación de “Los humoris­tas de Caracas”.

Durante la déca­da de los 70, además de preparar libros como “La vida pri­va­da de las muñe­cas de trapo”, “Raúl San­tana con un pueblo en el bol­sil­lo” y “Leon­cio Martínez, genial e inge­nioso” (pub­li­cación pós­tu­ma), dic­ta char­las y con­fer­en­cias, mantiene el pro­gra­ma de tele­visión muy sin­toniza­do en la Tele­vi­so­ra Nacional “Las cosas más sen­cil­las” y proyec­ta la for­ma­ción de un grupo actoral que pusiera en prác­ti­ca el “Teatro para leer”.

El domin­go 25 de abril de 1976, a esca­sos días de cumplir 56 años, para tris­teza de los vene­zolanos y luto de la lit­er­atu­ra y el humoris­mo, murió en un acci­dente de trán­si­to en la autopista Cara­cas-Valen­cia, en zona cer­cana a La Vic­to­ria cuan­do esta­ba en su más cre­ati­va eta­pa con muchísi­mos proyec­tos por realizar.

En su memo­ria, se creó por ini­cia­ti­va de Pedro León Zap­a­ta, la cát­e­dra libre de humoris­mo “Aquiles Nazoa”, inau­gu­ra­da el 11 de mar­zo de 1980 en la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Venezuela

La lec­tura de la excep­cional obra humorís­ti­ca de Aquiles Nazoa nos lle­va a un paseo deli­cioso por una lit­er­atu­ra pop­u­lar del imag­i­nario cotid­i­ano  donde se con­ver­sa con la nat­u­raleza, el paisaje de la ciu­dad y sus par­ro­quianos, inclu­i­dos los ani­males en un her­moso como sim­páti­co ideario de cro­nista de imag­i­nación fecun­da y pin­toresca, donde desta­can dos poe­mas de la may­or uni­ver­sal­i­dad, su “Cre­do” y “La Bal­a­da de Hans y Jen­ny”, rev­e­ladores del cul­ti­va­do poeta de las cosas más sen­cil­las. Caraque­ño por los cua­tros costa­dos, nadie dibu­jó mejor la cotid­i­an­idad de sus tiem­pos como este poeta capaz de mostrar en las pági­nas de per­iódi­cos y revis­tas, en la radio y la tele­visión, su vocación de lle­var su obra creado­ra al conocimien­to de un públi­co que supo apre­ciar la belleza de su can­to. Ilus­tración Xulio Formoso

CorreodeLara

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