Violento fue el asesinato del gobernador Martín María Aguinagalde

 

Jorge Ramos Guerra/Luis Alberto Perozo Padua


A Carlos Guerra Brandt

El 12 de julio de 1854, estaba el gobernador de la Provincia de Barquisimeto cenando con dos amigos en su residencia que para entonces también era la casa del gobierno.

El mandatario revisaba -quizás-, los detalles para finiquitar la inauguración de una escuela para varones en Cabudare, cuando se consumó el asalto a su casa y posterior perverso asesinato a cargo de un grupo de sicarios en nombre de políticos conservadores, contra el gobierno del presidente José Gregorio Monagas.

La casona estaba asentada en la hoy carrera 19 con la calle 22, donde una abandonada placa en la pared, recuerda el funesto episodio del año 54 escenificado por partidarios del general José Antonio Páez.

Esa tarde Aguinagalde y José Parra (Jefe político de Cabudare), compartían el almuerzo cuando escucharon el sonido de un cohete. En la tienda de Basilio Roque, ubicada en el ahora Hotel Príncipe, desde hacía algunos días, se encontraban algunos guerrilleros fraguando la toma de la Gobernación de la provincia. El cohete fue la señal para que los facinerosos salieran a perpetrar el asalto a la casa gubernamental.

Casona propiedad de Martín María Aguinagalde, en donde funcionaba la gobernación, como se acostumbraba entonces, situada en la carrera 19 con la calle 22

Entre otros complotados identificados después como “unos pobres diablos”, figuraron: José María Vásquez, Nemesio López y Torcuato Pérez, quienes con frases soeces entraron a la fuerza al despacho y apuñalaron al mandatario y su acompañante

Hermann Garmendia en una de sus crónicas, destaca basándose en el expediente judicial que se formuló el 9 de setiembre de 1854, que el gobernador Aguinagalde “corrió a refugiarse en su Despacho, abrió las gavetas del escritorio, tomó dos pistolas, dispuesto a enfrentarse con los invasores…” a pesar de esto los criminales le dieron muerte en plena disputa cuando después de una certera puñalada. Otro de los asaltantes, le traspasó el cuello con una daga. Ese fatídico día también fue asesinado José Parra y gravemente herido Pedro Planas con al menos ocho heridas.

Fracasada revolución

Se trataba de una “revolución” contra el “monagato” como supremo interés, pero nunca se supo, quién o quiénes ordenarían el acto criminal contra el gobernador de Barquisimeto, apreciado y admirado por la ciudadanía incluso, por los conspiradores, entre quienes estarían los sacerdotes José Macario Yépez y José María Raldiriz, que nunca llegarían a conocer de aquella locura colectiva, correspondiéndoles darle sepultura aquella misma tarde, en la Iglesia de San Juan.

La revolución fracasaría a los días, dos años después cundiría el cólera y su última víctima sería el presbítero José Macario Yépez. Al gobernador Aguinagalde “le cortaron los brazos, manos, le sacaron los ojos”, de acuerdo al expediente del crimen.

Prócer independentista

Apunta el historiador y periodista Juan José Peralta, que Aguinagalde había nacido en Carora el 12 de noviembre de 1793. Desde muy joven se enlistó en el ejército Libertador, y en 1813 lo encontramos bajo las órdenes de los generales José Félix Ribas y Rafael Urdaneta.

Finalizada la guerra se incorporó a la política y fue diputado y luego senador por la provincia de Barquisimeto para ser elegido después gobernador, cargo en el cual fue asesinado cuando almorzaba con su amigo José Parra, quien corrió con la misma suerte.

Su cuñado Pedro Planas resultó herido y sobrevivió al crimen. Los restos de Martín María Aguinagalde yacen en la capilla del Cristo de la iglesia de San Juan Bautista de Carora, la capital del municipio Torres.

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