Coronel José Joaquín Veroes, un prócer yaracuyano

Mario R. Tovar G
Historiador y escritor
mtovar60@hotmail.com

“(…) De la casa del Sr. Bernabé Planas salió en procesión un suntuoso carro fúnebre llevando las insignias del General en Jefe y Padre de la Patria, el carruaje iba tirado por dos hermosos caballos blancos. Enlutados y conducidos por dos próceres de la Independencia; el coronel Veroes y el comandante Juan Antonio Judas.” Historiador Eliseo Soteldo al describir las honras fúnebres a la memoria del Libertador Simón Bolívar celebradas en Barquisimeto, el 17 de diciembre de 1842, citado por Antonieta Lepore. CorreodeLara (08–01-2021)

Este desta­ca­do prócer vene­zolano nació en San Felipe el 19 de mar­zo de 1789, sien­do su madre Doña Anto­nia Veroes o Beroes; dama descen­di­ente de la etnia africana, quien después de naci­do su hijo, lo entregó al cuida­do del ilus­tre ciu­dadano Agustín Rafael Álvarez de Lugo; abo­ga­do, políti­co y Jus­ti­cia May­or de nue­stro San Felipe colonial.

Cat­e­dral de San Felipe, esta­do Yaracuy

Por tal razón, Veroes pudo asi­s­tir jun­to a los hijos de Álvarez de Lugo a la escuela ele­men­tal de los padres domini­cos y adquirir un cúmu­lo de conocimien­tos que luego le serían útiles en su valiosa trayec­to­ria como mil­i­tar en la ges­ta eman­ci­pado­ra nacional.

Como bien lo expre­sa el his­to­ri­ador Nicolás Per­ra­zo, en su His­to­ria del Esta­do Yaracuy (1982; 99), José Joaquín Veroes se había ausen­ta­do de la ciu­dad a raíz del leg­en­dario inci­dente del Jueves San­to, el 19 de Abril de 1810, cuan­do a las puer­tas de la Igle­sia de Nues­tra Seño­ra de la Pre­sentación, pro­tag­oni­zara un acto: “de osa­da altivez”, en su condi­ción de humilde per­sona de col­or, frente a la sober­bia imper­ti­nente de un hijo del Alférez Real. 

Para el momen­to del alter­ca­do con­ta­ba Veroes con unos 21 años de edad y tra­ba­ja­ba con humanas con­sid­era­ciones, en la admin­is­tración de una fin­ca de Don Rafael María Alvarez de Lugo; empleo que debió dejar, al igual que su ciu­dad natal, con el obje­to de evi­tar las repre­salias que dicha acción le acarrearía.

Tiem­po después ya refu­gia­do en El Tocuyo, tomaría la decisión de alis­tarse en las tropas del Mar­qués del Toro, para ini­ciar así una larga car­rera de sac­ri­fi­cios, penal­i­dades y de glo­ria, que lo lle­varían has­ta el sitio y toma de El Callao, en el lejano Perú, obte­nien­do el gra­do de Coro­nel y la Medal­la del Lib­er­ta­dor, en manos del pro­pio Padre de la Patria, en la recep­ción del 24 de julio de 1826, en La Magdalena.

 

 

 


Coro­nel José Joaquín Veroes

 

 

 

 

 

 

En su desem­peño en la car­rera de las armas, le tocó com­bat­ir en la Cam­paña de Coro, en Pedre­gal, Sabane­ta de Cara­pa, Cañi­zos, San Anto­nio y Chiva­coa. El 1 de junio de 1810, es ascen­di­do a cabo y el 7 de noviem­bre es pro­movi­do a Sar­gen­to. Pos­te­ri­or­mente en el fatídi­co año de 1813, par­ticipó en la lla­ma­da “Guer­ra a Muerte” y tomó parte en los com­bat­es de los Taguanes el 31 de julio; en Bár­bu­la, el 30 de sep­tiem­bre y en las Trincheras, el 3 de octubre de 1813, donde der­ro­taron a las tropas del jefe real­ista Domin­go de Monteverde. 

Luego, el 29 de agos­to de ese año alcanzó el gra­do de Sub­te­niente, por sus méri­tos evi­den­ci­a­dos en el cam­po de batal­la. Has­ta 1814 com­bat­ió bajo el man­do del jefe patri­o­ta Luciano D´Elhuyar en el sitio de Puer­to Cabel­lo y el 14 de mar­zo de ese año le otor­garían el gra­do de Teniente.

Tras caer la lla­ma­da Segun­da Repúbli­ca, emi­gró a ori­ente donde par­ticipó en la Batal­la de Aragua de Barcelona el 17 de agos­to de 1814, así como en las acciones de los Col­orados y Uri­ca, jun­to a los Gen­erales José Félix Ribas y José Fran­cis­co Bermúdez.

Uri­ca, una de las tan­tas batal­las en donde par­ticipó José Joaquín Veroes

El 15 de febrero de 1815 cae pri­sionero, per­manecien­do reclu­i­do en los pre­sidios de Puer­to Cabel­lo y Carta­ge­na de Indias, has­ta el 29 de noviem­bre de 1818, cuan­do logra escapar en una gole­ta ingle­sa. Tal como lo reseña El Dic­cionario Mul­ti­me­dia de His­to­ria de Venezuela (1998), después de vagar por las islas del Caribe, lle­ga a Río Hacha en mayo de 1820 y se incor­po­ra de inmedi­a­to a la división coman­da­da por el Coro­nel Mar­i­ano Mon­til­la, con quien inter­viene en varias acciones de guer­ra. Pos­te­ri­or­mente, en 1821 par­tic­i­pa en el sitio y toma de Carta­ge­na y en la paci­fi­cación de San­ta Mar­ta en 1823.

El 1 de julio 1824 fue trans­feri­do al Perú, donde como ya se reseñó ante­ri­or­mente, tomó parte en el sitio de El Callao a las órdenes del Gen­er­al Bar­tolomé Salom (1825–1826); fecha en la cual ya había obtenido su mere­ci­do ascen­so al ran­go de Teniente Coro­nel. Poco tiem­po después, especí­fi­ca­mente el 24 de julio de 1826, el pro­pio Lib­er­ta­dor le otorgó el despa­cho de Coro­nel Grad­u­a­do. Dis­uelta la gran Colom­bia, el coro­nel Veroes retor­na a su lar nati­vo, donde el gob­ier­no le con­cedió licen­cia con reconocimien­to a sus gra­dos militares.

Veroes y Páez

“El archi­vo es un instru­men­to vivo de la memo­ria: la revuelve, la renue­va y reor­de­na, la dota de nuevas fuentes de inspiración”.

Nel­son Rivera. El Nacional
(02–08-2013; p.3. Edi­ción Aniversaria)

El 29 de sep­tiem­bre de 1831, el coro­nel yaracuyano y prócer de nues­tra Inde­pen­den­cia nacional, José Joaquín Veróes o Veroiz, le envía una car­ta des­de Curazao al gen­er­al José Anto­nio Páez, en su condi­ción de Pres­i­dente de la Repúbli­ca para ese momen­to, solic­i­tan­do per­miso para entrar a Venezuela. 

Den­tro de este con­tex­to, por la impor­tan­cia que reviste dicha epís­to­la para nues­tra his­to­ria local y nacional, a con­tin­uación la tran­scribi­mos tex­tual­mente, respetan­do la redac­ción y ortografía, tal como aparece en el doc­u­men­to orig­i­nal que reposa en el Archi­vo Gen­er­al de Nación, en el Tomo XXXVIII, Folio 114 en la Sec­ción Inte­ri­or y Justicia.

Car­ta de José Joaquín Veroes a José Anto­nio Páez

Exmo. Señor Presidente. 

José Veroiz Coro­nel efec­ti­vo de los Ejérci­tos de Colom­bia nat­ur­al de la Provin­cia de Carabobo a V. E. respetu­osa­mente rep­re­sen­to: que des­de el año de 1834 que salí de mi país nati­vo he esta­do con­stan­te­mente sirvien­do en el ejérci­to de la Repúbli­ca y no he podi­do regre­sar por esta causa al seno de mi familia. 

Actual­mente por con­se­cuen­cia de los acon­tec­imien­tos políti­cos que han cam­bi­a­do la faz de Colom­bia me encuen­tro libre de la obligación que había con­traí­do por mi car­rera, y he lle­ga­do a esta Isla expul­sa­do de la Nue­va Grana­da sin otro deli­to que mi ori­gen vene­zolano y mi fidel­i­dad al gob­ier­no a quien servía. 

Debo seguir a reunirme con mi famil­ia y a habitar el sue­lo en que nací, pero como aquí he sabido que se nece­si­ta para esto obten­er el per­miso del gob­ier­no de Venezuela, me veo en la necesi­dad de molestar la aten­ción de V. E., para supli­car­le se sir­va dispon­er lo combe­niente para que sea admi­ti­do en el Pto a que me diri­ja que será al de Cabel­lo por ser el más inmedi­a­to a mi casa. 

Así lo espero de la bon­dad de V. E. en Curazao a 29 de sep­tiem­bre de 1831. 

Exmo, Sor.

José Veroiz”.

Tal como lo reseña el pro­fe­sor y peri­odista Manuel A. Melén­dez B, en su tex­to de com­pi­lación, tit­u­la­do “Memo­ria del Bicen­te­nario (Mar­zo 1789- Mar­zo 1989)”, de esta car­ta se pueden extraer las sigu­ientes con­clu­siones: defin­i­ti­va­mente que­da despe­ja­do  que el ilus­tre prócer yaracuyano se llam­a­ba José Veroiz y no Veroes, como se le conoce en la actu­al­i­dad; se demues­tra por su propia con­fe­sión que sal­ió des­de 1814 a defend­er la causa inde­pen­den­tista; de acuer­do con la fecha de la car­ta que­da evi­den­ci­a­do que regresó al país entre octubre a diciem­bre de 1829; y final­mente se refuerza la aut­en­ti­ci­dad de esta car­ta, cuan­do él señala que es nati­vo de la Provin­cia de Carabobo, a la cual pertenecía en su may­or parte el ter­ri­to­rio yaracuyano para la fecha, deducién­dose que se iba a diri­gir a San Felipe al indicar que “(…) el Pto.,  a que me diri­ja será el de Cabel­lo por ser el más inmedi­a­to a mi casa”.

Final­mente este ilus­tre repub­li­cano, muere en su lar nati­vo, el 8 de enero de 1855 y sus restos fueron traslada­dos al Pan­teón Nacional, el 16 de diciem­bre de 1942. Su esta­do natal hon­ra su excel­sa memo­ria, dán­dole su nom­bre a un munici­pio, a una plaza (antiguo par­que Junín) y a varias insti­tu­ciones educa­ti­vas en la región, quienes le tienen como su ilus­tre epónimo.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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