Fermín Toro “el último venezolano”

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista

Fermín Toro, políti­co, diplomáti­co, peri­odista y escritor, entre otras fac­etas, a quien Juan Vicente González llamó “el últi­mo vene­zolano”, por su ard­ua labor por el país, vino al mun­do el 14 de julio de 1806, en El Valle, una bucóli­ca local­i­dad de Caracas

Sus padres Anto­nio Rodríguez del Toro y Bar­ba y Mer­cedes Blan­co, eran hacen­da­dos de ori­gen canario. Las primeras letras las recibió del pres­bítero Ben­i­to Chacín. A los 10 años de edad, se trasla­da con su famil­ia a Cara­cas a causa de la lucha inde­pen­den­tista e ini­cia su for­ma­ción auto­di­dac­ta en la res­i­den­cia de su pari­ente, el mar­qués del Toro. 

Con ape­nas 22 años, Toro ya ocu­pa­ba car­gos adu­a­nales en La Guaira, esta­do Var­gas. Pos­te­ri­or­mente se mudó a Mar­gari­ta para tra­ba­jar como admin­istrador de rentas en Pampatar.

Para 1831, fue elec­to diputa­do al Con­gre­so Con­sti­tuyente, donde se con­sagró como orador recor­dan­do la egre­gia figu­ra de Simón Bolí­var, jus­to cuan­do el nom­bre del Lib­er­ta­dor esta­ba a pun­to de olvi­darse por todos.

Se destacó tam­bién como escritor en el Diario El Lib­er­al, a par­tir de 1837, con los seudón­i­mos de Emiro Kas­tos o de Jocosías. Pos­te­ri­or­mente, escribió en El Correo de Cara­cas. En tér­mi­nos gen­erales, los temas de sus escritos fueron lit­er­ar­ios, políti­cos y didác­ti­cos, tales como Europa y Améri­ca, Cuestión de imprenta y Los estu­dios filosó­fi­cos en Venezuela. 

Más tarde via­jó a Lon­dres como sec­re­tario de la mis­ión diplomáti­ca, la cual era pre­si­di­da por Ale­jo For­tique. Luego ocupó el Min­is­te­rio Plenipo­ten­cia­rio en Nue­va Grana­da, con el obje­ti­vo de con­seguir un acuer­do con respec­to a los prob­le­mas de límite entre ambas naciones.

En 1842 pub­licó por entre­gas la nov­ela Los Már­tires, con­sid­er­a­da como la primera nov­ela pro­duci­da en el país; además de la mis­ma escribió La viu­dad de Cor­in­tio y La Sibi­la de los Andes. Este mis­mo año pre­sidió la comisión encar­ga­da de preparar en Cara­cas las hon­ras fúne­bres al Lib­er­ta­dor, con moti­vo del trasla­do de sus restos des­de Colom­bia, con­vir­tién­dose además en el cro­nista que nar­ró el acon­tec­imien­to al escribir la Descrip­ción de los hon­ores fúne­bres con­sagra­dos a los restos del Lib­er­ta­dor Simón Bolí­var.

No se prostituyó

Cuan­do se pro­duce el asalto al Con­gre­so orde­na­do, aus­pi­ci­a­do o tol­er­a­do por José Tadeo Mon­a­gas el 24 de enero de 1848, Fer­mín Toro era diputa­do por Cara­cas. Unos días después, el Con­gre­so se volvió a insta­lar y se con­vir­tió en un instru­men­to dócil de la dic­tadu­ra. Para lograr que el Par­la­men­to volviera a “fun­cionar”, el gen­er­al Mon­a­gas envió emis­ar­ios a bus­car a los diputa­dos y solic­i­tar­les que regre­saran a sus curules. Muchos lo hicieron, otros pocos se negaron. Entre estos últi­mos desta­ca Fer­mín Toro, quien ante el requer­im­ien­to de los emis­ar­ios del dic­ta­dor con­testó lo sigu­iente: “Dígan­le ust­edes al gen­er­al Mon­a­gas que mi cadáver lo lle­varán, pero que Fer­mín Toro no se prostituye…”.

Tras regre­sar a Venezuela en 1858, decidió reti­rarse de la políti­ca para dedi­carse a inves­ti­ga­ciones botáni­cas y además al estu­dia de las lenguas étni­cas vene­zolanas y tam­bién a la edu­cación, puesto a que tam­bién ejer­ció como docente. Gra­cias a todo su esfuer­zo por el país, diver­sas insti­tu­ciones a niv­el nacional lle­van su nombre.

Fer­mín Toro fal­l­e­ció el 23 de diciem­bre de 1865, a la edad de 58 años pro­duc­to de una enfer­medad. Sus restos fueron traslada­dos al Pan­teón Nacional el 23 de abril de 1876.

Ima­gen desta­ca­da: Don Fer­mín Toro traza­do por Anto­nio Her­rera Toro en 1897

CorreodeLara

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