Un accidente fatal sacó a Taormina Guevara del escenario pero nunca del ballet

 

Considerada la más importante balletista de la región centro occidental, si algún calificativo merece la bailarina barquisimetana Taormina Guevara es Pasión por el Ballet y reconocerla como la más dedicada bailarina, coreógrafa y educadora que en su academia abrió las puertas a cientos de niños que aprendieron bajo su tutela el arte del baile en su máxima expresión.


A mi entrañable Yuyi­ta de Chiosonne debo algu­nas anéc­do­tas de su comadre y ami­ga a quien muchas veces apoyó con su piano y la ele­gan­cia y fina eje­cu­ción para las pre­senta­ciones de sus alumnas.

Días atrás mi cole­ga y ami­go Nabor Zam­bra­no me reclamó unas líneas para esta artista bar­quisimetana naci­da el 22 de noviem­bre de 1925, hija de Rafael Gue­vara Núñez y María Tere­sa Álvarez Cor­va­ia, quien a los doce años empezó su car­rera en el bal­let y pron­to se con­vir­tió en nov­el prome­sa del baile clásico.

Taormi­na Gue­vara de 15 meses de edad dis­fraza­da de baila­r­i­na en car­naval (foto: Man­rique) toma­da del libro Taormi­na Gue­vara y su bal­let bar­quisimetano, pro­duci­do por Leonor Saave­dra y Dafne Guer­rero 1985

Luego de cur­sar pri­maria en el Cole­gio  Wohn­siedler se fue a Cara­cas y estudió en los cole­gios Alemán y San­ta María. Al tiem­po que aprendía bal­let en la primera acad­e­mia de dan­zas y bal­let que exis­tió en Venezuela con la pro­fe­so­ra Steffy Sthahl, estu­di­a­ba armonía, teoría y solfeo con los grandes ped­a­go­gos de la Escuela Supe­ri­or de Músi­ca de Caracas.

Estu­di­ante aven­ta­ja­da enseña­ba bal­let en los gru­pos esco­lares más impor­tantes de la cap­i­tal como la Gran Colom­bia, Repúbli­ca de Ecuador y Exper­i­men­tal Venezuela, gra­cias al aprovechamien­to de las enseñan­zas des­cubrien­do además su vocación de educadora.

Por sus méri­tos el Min­is­te­rio de Edu­cación le otorgó una beca y se fue a Nue­va York a estu­di­ar en la pres­ti­giosa acad­e­mia Bal­let Art del Carnegie Hall de la Escuela Amer­i­can Bal­let que le per­mi­tió recibir for­ma­ción de desta­ca­dos mae­stros como Manolo Agul­lo, C. Kar­nakovsky, Miri­an Lan­dré, Vera Netchi­no­va y el recono­ci­do coreó­grafo George Melitonovich Bal­anchivadze, entre otros.

Cuan­do esta­ba en un momen­to este­lar de su for­ma­ción y mejor expre­sión, en una pre­sentación en el Carnegie Hall sufrió un lam­en­ta­ble acci­dente que le afec­tó un menis­co y la imposi­bil­itó seguir bailando.

Pero la fatal­i­dad no la iba a reti­rar del baile y regresó a Venezuela donde cumplió una tem­po­ra­da en Cara­cas para retornar a Bar­quisime­to donde se dedicó en cuer­po y alma a trans­mi­tir sus enseñan­zas en su Acad­e­mia de Dan­za y Bal­let Taormi­na Gue­vara, la primera insti­tu­ción de bal­let clási­co en la región, en su res­i­den­cia frente al Par­que Ayacu­cho, hoy inva­di­da como tan­tas otras vivien­das del sec­tor por seres sin dig­nidad que han acaba­do con el pat­ri­mo­nio alrede­dor de esta monumento.

Taormi­na Gue­vara con su maes­tra Vera Nemte­hi­no­va en el concier­to de exá­men El Hada de Azú­car en Nue­va York 1949

Bajo un rig­uroso plan de estu­dios inte­gral de for­ma­ción cul­tur­al además del bal­let, Taormi­na Gue­vara con­vocó a un grupo de pro­fe­sores espe­cial­is­tas, entre ellos Hec­tor Pel­e­gat­tí, Omar Arrieche, Adri­an Luce­na y la colab­o­ración per­ma­nente del mae­stro de la pin­tu­ra José Reque­na, quienes cada uno en su área imprim­ió a la acad­e­mia un sel­lo de alta cal­i­dad que la con­vir­tió en primerísi­mo pun­to de ref­er­en­cia mostra­do además en giras nacionales e inter­na­cionales de éxi­tos recono­ci­dos por la crítica.

Por una déca­da, entre 1949 y 1959 bajo con­tra­to del gob­ier­no region­al Taormi­na Gue­vara llevó sus enseñan­zas a las escue­las públi­cas de la enti­dad al crear el Depar­ta­men­to de Dan­zas Rít­mi­cas y Folklóricas.

El 11 de Sep­tiem­bre de 1985, los expre­sivos ojos claros de Taormi­na Gue­vara se cer­raron para siem­pre dejan­do a la ciu­dad sum­i­da en una gran tris­teza y hoy la recor­damos porque for­ma parte de los grandes bar­quisimetanos res­i­dentes en el más pro­fun­do olvi­do de sus coterráneos.

POR Juan José Peralta
Periodista

Imá­genes Cortesía de la Fun­dación Fotote­ca de Barquisimeto

En la ima­gen desta­ca­da: Taormi­na Gue­vara durante una de sus pre­senta­ciones en Nue­va York, 1947

 

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