Lander, embalsamado y en el recibo

Juan José Peralta
Periodista

Treinta y ocho años con cuatro meses estuvo sentado en la sala de su casa el cadáver embalsamado del líder liberal y talentoso fundador del periódico El Venezolano, Tomás Lander, hasta que por orden del presidente, general Antonio Guzmán Blanco, lo llevaron al Panteón Nacional en rocambolesca ceremonia encabezada por él mismo. Era un periodista, valiente,  brillante y agudo, de pluma penetrante y verbo encendido, gran teórico del liberalismo.

En los primeros tiem­pos, los temerosos no se atrevían a pasar por el lugar. Des­de la calle y con miedo algunos atre­v­i­dos curiosos se asoma­ban por la ven­tana para ver al muer­to, con sus gafas pues­tas, enfun­da­do en su tra­je negro y de cor­batín, con su pluma en la mano en pose de escritor de los doc­u­men­tos que le dieron a cono­cer como gran teóri­co del lib­er­al­is­mo amarillo.

La pro­fe­so­ra Migdalia Leza­ma, es auto­ra de una intere­sante reseña de su vida pub­li­ca­da en la Bib­liote­ca Biográ­fi­ca Vene­zolana de El Nacional (2011)

Tam­bién arreglado esta­ba que parecía vivo. Al tiem­po la gente se acos­tum­bró tan­to a ver­lo que ya no les llam­a­ba la aten­ción. Dicen que sus nietos, antes de irse a la escuela y al regre­so, al pasar por la sala le pedían la ben­di­ción al abue­lo momificado. 

La primera referencia 

Mi padre Cesar Per­al­ta me lo había con­ta­do y al prin­ci­pio me parecieron puras exagera­ciones suyas. Más tarde encon­tré las líneas de este ideól­o­go lib­er­al del siglo XIX, pro­mo­tor con sus escritos y ver­bo de la guer­ra fed­er­al, enfrentamien­to mil­i­tar del siglo XIX (1859–1863) entre lib­erales y con­ser­vadores que dejó un país arru­ina­do, mar­ca­do por la san­gri­en­ta huel­la de unos 200 mil vene­zolanos muer­tos, con­flic­to encen­di­do por él que no llegó a ver.

Aque­l­la mañana del  6 de diciem­bre de 1845 a la famil­ia les extrañó no ver­lo lev­an­ta­do tem­pra­no como era su cos­tum­bre. Próx­i­mo a cumplir 58 años, lo hal­laron muer­to en su cama. Había naci­do en Cara­cas el 29 de diciem­bre de 1787.

Al con­statar la defun­ción, de inmedi­a­to los famil­iares lla­maron al médi­co alemán Got­tfried Knoche, espe­cial­ista en momi­ficar cadáveres, lle­ga­do a Venezuela cin­co años antes de la muerte de Lan­der. El cuer­po embal­sama­do del prócer fue colo­ca­do en la sala de la res­i­den­cia famil­iar en Cara­cas, de donde sal­ió el corte­jo con el ataúd estram­bóti­co encar­a­ma­do en una mesa al panteón.

Luego de la capil­la ardi­ente con guardias de hon­or, cien­tos de sol­da­dos des­fi­laron jun­to al féretro al com­pás de las músi­cas tristes y lentas de las ban­das mar­ciales, coman­da­dos por ofi­ciales en uni­forme de gala, sobre briosos cabal­los del ejérci­to liberal.

Entier­ro de película 

Como en una esce­na de Hol­ly­wood, el 5 de abril de 1884 los restos del líder lib­er­al fueron solem­ne­mente con­duci­dos al Pan­teón Nacional en una vis­tosa cer­e­mo­nia de hon­ores. En com­pañía de sus min­istros la encabez­a­ba el pro­pio pres­i­dente, hijo del antiguo com­pañero de luchas del Par­tido Lib­er­al y socio en El Vene­zolano, Anto­nio Leo­ca­dio Guzmán.

Enfun­da­do en su uni­forme de gala, con todas sus con­dec­o­ra­ciones y su gabi­nete de levi­ta y pumpá, sobre un cabal­lo blan­co orna­men­ta­do con el amar­il­lo lib­er­al, Guzmán Blan­co pre­sidió las hon­ras fúne­bres en com­pañía de famil­iares del prócer civ­il, “el más con­spic­uo ideól­o­go del lib­er­al­is­mo vene­zolano”, según el his­to­ri­ador Manuel Pérez Vila.

Enfun­da­dos en rig­uroso luto, los rep­re­sen­tantes de todos los poderes públi­cos estu­vieron en los funerales: los mag­istra­dos de la Alta Corte Fed­er­al y los con­se­jeros fed­erales, los diputa­dos y senadores. El cuer­po diplomáti­co acred­i­ta­do en Cara­cas en pleno, ami­gos y alle­ga­dos tam­bién de gala mar­charon al mau­soleo de los héroes de la patria. Los infalta­bles curiosos se amon­ton­a­ban en las calles ante el corte­jo en medio de los comen­tar­ios sobre el muer­to sen­ta­do en el reci­bo de su casa. En las ven­tanas había ramos de flo­res del amar­il­lo lib­er­al, el mis­mo col­or que adorn­a­ba los uni­formes de las tropas y las caballerías en las cabezas de los animales.

Así como estu­vo 38 años y cua­tro meses sen­ta­do en el reci­bo de la casa lo enter­raron en el Pan­teón Nacional, en un ataúd espe­cial, como lo momi­ficó el doc­tor Knoche, sen­ta­do como si estu­viera vivo escri­bi­en­do sus proclamas.

Simón Alber­to Con­salvi señaló que “Lan­der com­prendió con lucidez los dile­mas vene­zolanos, en espe­cial la con­tradic­ción civil­is­mo-mil­i­taris­mo, cuan­do ape­nas sus desas­tres se vis­lum­bra­ban en el hor­i­zonte” y la pro­fe­so­ra Migdalia Leza­ma, auto­ra de una intere­sante reseña de su vida pub­li­ca­da en la Bib­liote­ca Biográ­fi­ca Vene­zolana de El Nacional (2011) que este hacen­da­do y peri­odista afin­ca­do en los valles del río Tuy, fue “defen­sor de la suprema­cía civ­il en el mane­jo de lo públi­co, rec­hazó el tute­la­je mil­i­tar que jus­ti­fi­ca­ba la per­ma­nen­cia de los héroes de la inde­pen­den­cia en los altos puestos de gob­ier­no, como los úni­cos capac­i­ta­dos para el ejer­ci­cio políti­co. Insis­tió con vehe­men­cia en el respeto a la Con­sti­tu­ción y en el prin­ci­pio de la altern­abil­i­dad política”. 

Ocumare del Tuy es la cap­i­tal del munici­pio del esta­do Miran­da que se hon­ra con su nombre.

CorreodeLara

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