¿Tucacas fue una colonia holandesa?

Efraín Jorge Acevedo
Historiador

Poco conocida en Venezuela es la historia de que Tucacas fue durante muchos años una colonia holandesa


Hasta el año 1634 la isla de Curazao fue una posesión de España, pero en julio de ese año fue invadida por una flota armada de las Provincias Unidas de los Países Bajos, la República aristocrática y protestante que se había independizado de la Corona española en 1581 y que siglos después se convirtió en el actual Reino de los Países Bajos, al que llamamos coloquialmente Holanda. Entonces Curazao se convirtió en colonia holandesa. 

En 1693 un grupo de judíos de Curazao se trasladaron a Tucacas, en la costa de la entonces Provincia de Venezuela, perteneciente al Reino de España, y fundaron un asentamiento ilegal. El grupo estaba bajo la autoridad de un líder, un hombre llamado Jorge Christian, quien se autodenominaba Marqués de Tucacas; bajo su liderazgo los judíos que se asentaron en Tucacas levantaron una auténtica comunidad, construyendo casas, una fortaleza y una sinagoga, y criando ganado.

Años después la comunidad cambiaría de líder y el nuevo jefe sería Samuel Gradis Gabai (también conocido como Samuel Hebreo) que se autodenominaba Señor de Las Tucacas, y era presidente de la congregación hebrea llamada «Santa Irmandad» (Santa Hermandad).

Los judíos curazoleños eran descendientes de sefardíes, judíos de Portugal y España que habían acabado viviendo en otros Estados europeos como los Países Bajos. El grupo que se trasladó a Tucacas para fundar una colonia ilegal bajo protección militar de las autoridades holandesas de Curazao, buscaban dedicarse al comercio con los prósperos terratenientes y comerciantes de la Venezuela española. Hay que tener en cuenta que aquella Provincia de Venezuela sólo abarcaba el centro y parte del occidente de la actual Venezuela, pues todavía faltaban más de 80 años para que se fundara la Capitanía General de Venezuela.   

Indios warao. Cumaná, Venezuela, 1887. Pinteres

El caso es que los comerciantes judíos de Tucacas se dedicaron al contrabando: compraban cacao y tabaco producido en Venezuela, y también productos de otras provincias españolas vecinas de Venezuela, como plata, oro y esmeraldas provenientes de las lejanas Popayán, Bogotá y Quito, y por otro lado vendían textiles, alimentos exquisitos y otros productos europeos a los habitantes de Venezuela y el resto de las provincias. 

El comercio era intenso, en Tucacas atracaban muchos barcos de hasta 300 toneladas; en el año 1711 se exportaron por su puerto 12.000 fardos de cacao. El cacao era llevado de Tucacas a Curazao donde era procesado y refinado, y después exportado a Europa.

El cacao venezolano contrabandeado vía Tucacas se convirtió en un importante activo en las bolsas de valores o mercados financieros europeos de la época. Incluso se vendía a la propia España, e irónicamente existía una diferencia de precios de 45% entre el cacao importado legalmente a España desde Venezuela y el contrabandeado vía Tucacas. 

Las autoridades españolas en Venezuela tenían una actitud contradictoria pues algunas solían quejarse del contrabando, pero poco podían hacer, mientras otras eran cómplices descarados del contrabando por corrupción. En todo caso la posición de Tucacas en un cayo rodeado por dos ríos, dificultaba su acceso desde el interior. Y desde mar, los barcos de la Armada o Marina de Guerra holandesa siempre defendían el asentamiento.

En 1710 el alcalde de Coro, Juan Jacobo Montero de Espinos, que veía a el asentamiento holandés como una invasión extranjera, atacó Tucacas con la ayuda de 50 indios con arcos y flechas, consiguiendo destruir las casas situadas en tierra firme y matar el ganado, pero no logró llegar a las casas y depósitos situados en el cayo, defendido por 4 barcos holandeses con tripulaciones fuertemente armadas.

En su camino de regreso a Coro confiscó varias recuas de mulas cargadas con granos de cacao que iban hacia Tucacas. Para su sorpresa sus acciones fueron recibidas con frialdad por el Gobernador de Venezuela, Fernando de Rojas y Mendoza, y peor aún el teniente gobernador Nicolás Sánchez atacó los poblados de los indios que participaron en el ataque y los dispersó.

En 1712 el nuevo gobernador, José Francisco Cañas Merino, prohibió bajo pena de muerte el transporte terrestre entre Coro y Tucacas para frenar el contrabando. Poco después una recua de 60 mulas con mercancías fue capturada, y 11 humildes arrieros fueron condenados a muerte y ejecutados

También Cañas Merino cerró los 3 canales navegables que daban acceso a Tucacas, por lo que parte de la población abandonó el lugar, pero cuando Cañas abandonó la gobernación, la medida fue levantada y se produjo una repoblación. 

En 1717 otro gobernador, Marcos Francisco de Bethencourt y Castro, intentó organizar una expedición, pero no lo consiguió por falta de soldados y porque los judíos habían sido alertados por sus amigos españoles.

En 1718 el Virrey de Nueva Granada, Jorge de Villalonga, envió a el juez Pedro José de Olavarriaga, para que acabara con el contrabando y eliminara la colonia ilegal holandesa, y éste reunió una flota de 40 barcos armados y embarcó en ellos unidades especiales del Ejército español para atacar Tucacas.

En noviembre de 1720 el asentamiento holandés de Tucacas fue destruido; la versión de Olavarriaga fue que atacó el asentamiento y lo destruyó.

 

 


Jorge de Villalonga, virrey de Nueva Granada

 

 

 

 

 

Otra versión sostenida por testimonios de varios habitantes de la región en aquella época es que los habitantes de Tucacas, al enterarse de la expedición española que venía para destruirlos, incendiaron sus propias casas y huyeron a Curazao.

Lo cierto es que del asentamiento no quedó nada, y así terminó la única colonia holandesa en suelo venezolano, que había durado 27 años; aunque los judíos de Curazao siguieron contrabandeando a través del lugar en los años siguientes, pero sin establecer un asentamiento permanente.

CorreodeLara

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