Consejos de belleza de la baronesa Staffe en 1892

 

Omar Garmendia
Escritor e investigador

“El destino de las mujeres es ser bellas” expresaba Ana Teresa Ibarra de Guzmán, esposa del general Antonio Guzmán Blanco, presidente de la República, comentario expresivo de la cultura mantuana de la preocupación de que sus hijas tengan “buen cutis y nariz perfilada” 
(González, 2007)

 

PARA 1892 publicaciones dirigidas a las féminas sirven de guía y norma para la belleza. En el número 1 del 1º de enero de 1892 de El Cojo Ilustrado se obsequia a las bellas lectoras caraqueñas y de toda Venezuela la traducción de los más notables capítulos de un libro de la baronesa Staffe, autora de El Tocador, que trata acerca del arte de conducirse en sociedad. En dichas páginas se expone que la coquetería es permitida hasta ciertos límites, no bastando ser mujer honrada y buena madre para conseguir de su marido la permanencia en el hogar, sino que también ha de ser mujer bonita y agradable.


Las vir­tudes de ser bel­las ‑con­tinúa dicien­do la barone­sa Staffe- se con­siguen con poco esfuer­zo, ya sabi­en­do escoger para el toca­do aque­l­los col­ores que armon­i­cen bien con la cara y las líneas que for­man el ros­tro y el cabel­lo, procu­ran­do que este últi­mo se peine de suerte que la fisonomía adquiera un aire de lán­gui­da can­didez. Se deben usar calza­dos ele­gantes que real­cen la belleza del pie. Los bra­zos pueden servir de segu­ra seducción. 

Se per­mite el uso de man­gas anchas que dejen percibir los con­tornos del bra­zo y aun la mor­bidez del codo. Se debe apri­sion­ar con del­i­cadeza el cin­turón al talle esbel­to y pro­scribir aque­l­los vesti­dos no ceñi­dos o sin for­ma que hagan ver el cuer­po como si fuera de una sola pieza, sin contornos.

Los peligros de ser bella

Pero la coquetería tam­bién tiene sus peli­gros. Para el hom­bre siem­pre habrá otra que podrá pare­cer más bel­la que la esposa, por lo que esta debe saber aprovechar sus dones nat­u­rales y realzar­los con el cuida­do de su per­son­al­i­dad y su toca­do. Una mujer ridícu­la­mente vesti­da y sin gra­cia augu­ra un por­venir des­gra­ci­a­do, aun sien­do muy bel­lo el pre­sente, en el lengua­je de la baronesa. 

…ten­emos el deber de apare­cer con gra­cia y bel­las cosas ante los ojos de nue­stro mari­do que es nues­tra vida; y es por este medio que él nos amará mejor y por más tiem­po. ¿Y no vale esto que le dedique­mos algún esfuer­zo?  Estad seguras que por más dulce y tran­qui­los que le hag­amos el hog­ar, él se dejará fasci­nar, cuan­do menos lo esper­e­mos, por algu­na otra más hábil que nosotras. 

Y si esto no acon­tece, creed que si nos per­manece fiel será el deber que le retiene a nue­stro lado, no el amor, sien­do nece­sario que se deba esto a lo uno y a lo otro, sin que puede él hal­lar desven­ta­jas al com­para­rnos con las demás mujeres (Staffe, 1892: 10).

Rema­ta la barone­sa en su trata­do que es para el com­pañero de la vida de la mujer que se debe reser­var todas las gra­ciosas coqueterías femeni­nas, y es para él que se debe ser bel­la y cuida­dosa, “exha­lan­do siem­pre un hál­i­to de tomillo”.

REFERENCIAS
González, M. (2007). Anto­nio Guzmán Blan­co. Bib­liote­ca Biográ­fi­ca Vene­zolana. El Nacional Caracas.
Staffe, barone­sa de (1892). El Tocador, en El Cojo Ilustra­do. Nº 1, 1º de enero. Cara­cas: Empre­sa El Cojo.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *