Monagas en el siglo XXI

 

Angel Rafael Lombardi Boscán
Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ
@lombardiboscan

 

“Nun­ca nue­stro futuro ha sido más impre­deci­ble, nun­ca hemos depen­di­do tan­to de fuerzas políti­cas en las que no se puede con­fi­ar para seguir las reglas del sen­ti­do común y el interés pro­pio, fuerzas que pare­cen pura locura…”. 

 Han­nah Arendt (1906–1975)

EN VENEZUELA lo que es extraordinario en otros lugares por aquí es “normal”. Somos una sociedad aséptica e indolora a tanto desarreglo social. Dos presidentes, dos tribunales supremos de justicia y tres asambleas nacionales dan la medida de una institucionalidad quebrada cuya Constitución es invisible o en todo caso un subterfugio para los aventureros de la ocasión. Y en esto llevamos décadas desde que el chavismo se encumbró en el poder pretendiendo asumir la hegemonía perfecta. Ojalá fuera sólo esto: en realidad el desarreglo en el ámbito de la política pretendidamente formal tiene como epicentro una sociedad desestructurada y desmontada de los referentes que le dan sentido a la modernidad. El realismo mágico de Gabriel García Márquez (1927–2014) ha sido superado en la realidad venezolana


El tema no es tan sen­cil­lo porque ya es un asun­to de sig­los enteros. Lo cual nos puede lle­var a la con­clusión, algo atre­v­i­da aunque no desca­bel­la­da, que los tiem­pos colo­niales en manos del rey de España fueron los más esta­bles en la His­to­ria de Venezuela. Se me dirá que luego de la muerte de Juan Vicente Gómez (1857–1935) hubo una Gran Venezuela entre los años 1936 y 1989 de la mano de la bonaza petrol­era: cier­to, aunque no lo sufi­ciente con­sis­tente para exor­cizar los demo­ni­os del mil­i­taris­mo que hoy man­da en el país.

Lo suce­di­do en la Asam­blea Nacional éste 5 de enero fue algo pare­ci­do, aunque nun­ca igual, a lo que ocur­rió en el año 1848 cuan­do el líder del Par­tido Lib­er­al y pres­i­dente con­sti­tu­cional por el perío­do (1847–1851), José Tadeo Mon­a­gas (1784–1868), decidió asaltar el Con­gre­so de ese entonces a razón de que su ene­mi­go declar­a­do José Anto­nio Páez (1790–1873), líder del Par­tido Con­ser­vador, inten­tó des­de esa instan­cia abrir­le un juicio políti­co e inten­tar su des­ti­tu­ción. Las tur­bas bajo insti­gación de los par­tidar­ios de Mon­a­gas asaltaron el con­gre­so y fal­l­ecieron cua­tro diputa­dos que perdieron la vida, entre ellos el diplomáti­co y paecista San­tos Miche­le­na (1797–1848). Se dice que San­ti­a­go Mar­iño (1788–1854), desta­ca­do mil­i­tar de nues­tra inde­pen­den­cia, jun­to al pres­i­dente en fun­ciones José Tadeo Mon­a­gas se encar­garon ellos mis­mos a cabal­lo en acabar con el tumul­to. Des­de entonces la frágil división entre los poderes en Venezuela quedó aboli­do. Sólo el Ejec­u­ti­vo con el apoyo de los mil­itares y el uso de la fuerza sin límites se con­vir­tió en el úni­co poder abso­lu­to en una Venezuela de caudil­los que juga­ba a ser una repúbli­ca sin ser­lo en la realidad.

En Venezuela después de la Inde­pen­den­cia (1810–1830) todo acto de fuerza de un par­tido o ejérci­to pri­va­do de algún caudil­lo reden­tor empezó a lla­marse “Rev­olu­ción” pisote­an­do el tér­mi­no y su significado. 

En real­i­dad la “Rev­olu­ción” era un golpe de esta­do o una invasión sobre un orden políti­co pre­cario sólo sostenido por las armas. Esto de las con­sti­tu­ciones y la preva­len­cia del mun­do civ­il nun­ca ha cal­a­do hon­do porque es un asun­to de edu­cación, cul­tura y urban­idad prospera.

Simón Bolí­var (1783–1830) fue par­tidario de la dic­tadu­ra con algunos adornos lib­erales, esto últi­mo como con­ce­sión a la galería inter­na­cional, porque bien sabía que en Venezuela no había ciu­dadanos. La Inde­pen­den­cia acabó con la clase pudi­ente de los man­tu­anos a la que el mis­mo perteneció y el tri­un­fo final sobre los par­tidar­ios de España lo admin­is­traron los caudil­los, todos ellos bár­baros y con ple­na con­cien­cia de que el más bru­to y cru­el ter­mi­naría prevale­cien­do. De hecho Páez des­de el año 1826 rival­izó con­tra Bolí­var y nun­ca más se le sub­or­dinó. Tan­to es así que Bolí­var tiene pro­hibi­ción de entrar en su pro­pio país de nacimien­to. Páez que es el padre de la nación Venezuela es el primer pres­i­dente entre 1831 y 1834 luego de la dis­olu­ción de la Gran Colom­bia (1819–1830). Obvi­a­mente que no iba a renun­ciar por un asun­to legal tenien­do el monop­o­lio de las armas o una bue­na parte de ellas. Así que decide seguir man­dan­do a través de un “favorito” o “váli­do” o “títere” y para ello se escogió el nom­bre del Doc­tor José María Var­gas (1786–1854), Rec­tor de la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Venezuela, un civ­il en un mun­do nega­do a los civiles.

En real­i­dad Var­gas no mand­a­ba sino Páez. Y ante esto hubo la reac­ción mil­i­tar por parte de San­ti­a­go Mar­iño, el lib­er­ta­dor del ori­ente, aunque un tan­to venido a menos pero que no se resignó a vivir en las som­bras. A Mar­iño le acom­pañaron: Diego Ibar­ra, Pedro Briceño Mén­dez, José Lau­ren­cio Sil­va, José María Melo, Blas Bruzual, Luis Perú de Lacroix, Pedro Caru­jo, José Tadeo Mon­a­gas, Rena­to Beluche, Andrés Lev­el de Goda y Estanis­lao Rendón. Todos ellos anti paecis­tas y con un pro­gra­ma pro-boli­var­i­ano. Ya en ese entonces a Bolí­var y su lega­do se le uti­liz­a­ba como pre­tex­to ide­ológi­co patrióti­co cuan­do en real­i­dad lo que se defendían eran intere­ses de per­sonas o de gru­pos por enci­ma del interés nacional como ocurre hoy en día. La his­to­ria en sí es muy abur­ri­da porque es pre­deci­ble y monó­tona en todo lo que pasa.

Caru­jo arrestó y depu­so a Var­gas a través de un golpe de esta­do, prác­ti­ca ésta que ya hemos con­ver­tido en una ruti­na políti­ca nacional sirvien­do a los designios del con­spir­ador may­or de ese entonces: San­ti­a­go Mar­iño. Ha queda­do en el imag­i­nario pop­u­lar el supuesto dial­o­go entre el mil­i­tar patán y el ilustra­do civ­il: “Doc­tor Var­gas, el mun­do es de los valientes…”, diría Caru­jo. “El mun­do es del hom­bre jus­to”, respondió Var­gas. Lo cier­to del caso es que al “hom­bre jus­to” le obligaron irse al exilio hacien­do del atro­pel­lo la prin­ci­pal cortesía en un mun­do bár­baro. Yo me creo que esto del dial­o­go es más un inven­to que algo real pero los mitos son más reales que cualquier inten­to de impon­er la razón. Y en Venezuela nues­tra his­to­ria es mitológ­i­ca. Caru­jo si bien fue un mil­i­tar tam­poco era un anal­fa­be­ta y has­ta hace poco un grupo de sesu­dos his­to­ri­adores reivin­di­ca­ban la necesi­dad de his­to­ri­ar­le más allá de un juicio apresura­do de una his­to­ria ten­den­ciosa. Porque Caru­jo es la fuerza y Var­gas la inteligen­cia: estas dico­tomías evangéli­cas en vez de ayu­dar nos lle­van a una teología de la con­fusión más enrevesa­da. Lo impor­tante es que hubo una lucha por el poder más allá de una legal­i­dad frágil y que los caudil­los del momen­to se enfrentaron en una lucha a muerte. Lo demás, es teatro del absurdo.

La Venezuela del siglo XIX, nun­ca con­va­lidó la gran aspiración luego de la vic­to­ria con­tra España en la inde­pen­den­cia, de asumir un des­ti­no de pros­peri­dad y logros civilis­tas como si fue el caso de los Esta­dos Unidos. Por el con­trario, fue un siglo per­di­do dónde la estruc­tura insti­tu­cional de la colo­nia, un ref­er­ente de orden y pro­gre­so para la época, quedó destru­i­do y susti­tu­i­do por otro de tipo repub­li­cano lib­er­al, filosó­fi­ca­mente pro­gre­sista, aunque anu­la­do por la bota mil­i­tar de nat­u­raleza reac­cionar­ia y prim­i­ti­va. Las hege­monías se repartieron entre Páez, Mon­a­gas, Guzmán Blan­co y Joaquín Cre­spo al frente de par­tidos que en real­i­dad eran ejérci­tos, y no nacionales pre­cisa­mente, sino del caudil­lo hegemóni­co de turno que des­de el abu­so y la arbi­trariedad se hacía inve­stir de una legal­i­dad de bue­nas inten­ciones. Si ha exis­ti­do una con­stante en la His­to­ria Políti­ca de Venezuela es la influ­en­cia deci­si­va como árbi­tro de las fuerzas militares.

Sólo hubo un momen­to, entre 1958 y 1989, que los civiles pudieron man­dar ata­jan­do al sec­tor mil­i­tar bajo premisas legales que las preben­das y priv­i­le­gios que se les otorgó los man­tu­vieron en un letar­go autosat­is­fe­cho. No mand­a­ban direc­ta­mente pero sí influían en la corte de los mila­gros de Acción Democráti­ca y Copei has­ta que el chav­is­mo vuelve asumir al ejérci­to como par­tido arma­do ya sin disimulos.

Doscien­tos años tran­scur­ri­dos des­de que Venezuela se hizo una nación inde­pen­di­ente y los asaltos a los con­gre­sos y la vio­lación reit­er­a­da de nues­tras con­sti­tu­ciones se repiten. El mal banal­iza­do, el deli­to pre­mi­a­do y la ver­dad traiciona­da. Y a pesar de todo el proyec­to civilista, democráti­co y mod­er­no siem­pre reivin­di­ca­do en nues­tras luchas sociales más vivas que nunca. 

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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