Cuando la luz llegó a los mares de Venezuela

Elvis López
Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

“El Faro de Pun­ta Bra­va” obra de Teodoro Chataing


En 1729 se estable­ció la Com­pañía Guipuz­coana en Puer­to Cabel­lo, con la mis­ión de reg­u­lar el com­er­cio marí­ti­mo. Las primeras flotas en lle­gar al puer­to lo hicieron por el mero empu­je de las velas. Con el tiem­po, flo­re­ció el inter­cam­bio com­er­cial, acom­paña­do de nuevos requer­im­ien­tos. Los viejos gale­ones fueron desplaza­dos por embar­ca­ciones de vapor.

Pero, la trav­es­ía por las costas de Venezuela esta­ba a merced de acci­dentes mari­nos, eleván­dose las prob­a­bil­i­dades col­isión por las noches. En 1842, el Con­ce­jo Munic­i­pal de Puer­to Cabel­lo “en aux­ilio y de util­i­dad para la nave­gación”, man­i­festó al Con­gre­so de la Repúbli­ca su dis­posi­ción para estable­cer un faro en el lugar cono­ci­do como “Pun­ta Bra­va”, amparán­dose en la “Jun­ta Bene­fac­to­ra” de la ciu­dad. Días después, el Con­gre­so decretó la insta­lación del faro. Al año, la “Jun­ta Económi­ca de Hacien­da” del Puer­to acordó invi­tar a los empre­sar­ios en con­tratar la con­struc­ción de la torre; sin lograr nada al respecto.

Faro de Pun­ta Bra­va. Ima­gen colec­ción de Mem­o­ra­bil­ia Porteña

En julio de 1860, fue dero­ga­do el decre­to de 1842. El gob­ier­no de turno decidió sin éxi­to con­stru­ir los faros en Mara­cai­bo, Los Roques, Puer­to Cabel­lo, Bocas del Orinoco y una luz de puer­to en La Guaira. Al cabo de dos años, bajo el manda­to de José Anto­nio Páez, se hacen de los ser­vi­cios de a Teodoro Chataing para edi­ficar dos faros com­puesto de mam­postería, uno en “Roque Grande” y otro en la isla de “Alca­traz” frente a Puer­to Cabello. 

No obstante, fue bajo el manda­to del pres­i­dente Juan Crisós­to­mo Fal­cón que se finiq­ui­tó la con­struc­ción del faro en Pun­ta Bra­va, pactan­do con Teodoro Chataing encen­der el “Fanal” todas las noches, de seis de la tarde has­ta la sal­i­da del sol, con aceite de Colza o de Kerosene. 

El con­struc­tor del faro en Pun­ta Bra­va, Teodoro Chataing, es uno de los tan­tos per­son­ajes olvi­da­dos por la his­to­ria nacional; aun cuan­do, su logro, debería ten­erse entre los ref­er­entes de la his­to­ria náu­ti­ca, ya que, por primera vez, se ilu­mi­naron los mares en Venezuela.

Chataing, además de inge­niero, fue mil­i­tar y activista políti­co. Tra­ba­jo en varias obras de interés públi­co; sin otorgárse­le la osten­tosi­dad de otros con­struc­tores del siglo XIX. Nació en Cara­cas en 1828, hijo de Ale­jan­dro Chataing Jour­dan, nat­ur­al de Guill­boeuf, Fran­cia y María Manuela De Mon­teverde y Benítez de Lugo.

Faro de Pun­ta Brava

Esta­ba lla­ma­do a ser un agri­men­sor de pro­fe­sión, cursó estu­dios pri­mar­ios en 1841 en el “Cole­gio de la Inde­pen­den­cia” a car­go del mae­stro Feli­ciano Mon­tene­gro Colon. Allí, com­par­tió cát­e­dra con los después cono­ci­dos Cristóbal Rojas, Isaac Sénior y Andrés Narvarte.

En el “Cole­gio de la Inde­pen­den­cia” pre­mi­a­ban el desem­peño de los estu­di­antes y algunos de esos jóvenes eran pro­movi­dos como agri­men­sores a la acad­e­mia mil­i­tar. Chataing; quien ini­cial­mente se había matric­u­la­do en alge­bra y geometría, obtu­vo ese ben­efi­cio. Pero, enro­la­do en el batal­lón Cara­cas, peleo en la acción de “Paquito” el 8 de mar­zo de 1847. 

Durante la guer­ra fed­er­al, con el gra­do de coman­dante de Briga­da, de la colum­na de Cumare­bo, com­bat­ió en la Batal­la de San­ta Inés bajo las órdenes del coman­dante José María Rubín. 

Después de realizar los tra­ba­jos del faro, regresó a Cara­cas, fue activista políti­co. En sep­tiem­bre de 1868 perteneció a la “Sociedad Patrióti­ca” de la par­ro­quia San­ta Ros­alía. Su casa, ubi­ca­da entre la esquina de Velásquez y la Mis­e­ria, muchas veces sirvió como lugar de reunión de los par­tidar­ios a la can­di­datu­ra pres­i­den­cial de José Ruper­to Monagas.

Se casó en Cara­cas abril de 1858 con Dolores Gutiér­rez Cerdeña. De esa unión nacieron Teodoro y Gabriel Chataing. En 1882 se res­i­den­ció en Bar­ran­quil­la con sus hijos.  Iróni­ca­mente demostró su inge­nio edi­f­i­can­do obras para los fed­erales, a cuyos jefes había adver­sa­do en la guer­ra. Según la Memo­ria del Min­is­te­rio Fomen­to se le adju­dicó el con­tra­to para dar alum­bra­do al Faro de Pun­ta Bari­na, obra que aparente­mente no finiquitó.

Ima­gen del Faro de Pun­ta Bra­va pub­li­ca­da por El Cojo Ilustrado

Descrip­ción del faro 

El Faro era de primer orden para la época. Su edi­fi­cio cuad­ran­gu­lar; com­pues­ta de tres pisos, (93 pies de altura), la luz se des­cubría clara y reful­gente a 24 mil­las de dis­tan­cia en el mar. El reflec­tor aumenta­ba 16000 veces la luz cen­tral, y los vidrios colo­ca­dos según el sis­tema de Fres­nel y mejo­ra­do según la inven­ción de Bar­bi­eri. Eso, lo ubicó en un ran­go supe­ri­or a los de Europa. La luz gira­to­ria, blan­ca y roja, alter­nan­do las dos en un min­u­to, sin necesi­dad de eclipse, porque se emplea­ban alter­na­ti­va­mente los dos colores. 

El sis­tema Fres­nel debe su nom­bre al físi­co francés Augustin-Jean Fres­nel, autor de la teoría de la luz, usa­do en casi todos los faros mod­er­nos para ese momen­to. Per­fec­ciona­do por Bar­bi­eri, cien­tí­fi­co de la Acad­e­mia de Cien­cias de Turín. En otras partes del mun­do, se apresuraron en ten­er­lo; Rusia y Fran­cia en ser las primeras en apli­car­lo. En Venezuela se lev­an­tó en Puer­to Cabel­lo, gra­cias a la genial­i­dad de Teodoro Chataing.

Antiguo mapa español (frag­men­to) donde aparece Pun­ta Brava

La inau­gu­ración ofi­cial del faro de Pun­ta Brava 

A las 7 pm del 18 de febrero de 1864, anun­cia­ban con tiro de cañón el encen­di­do del faro, que por primera vez ilu­mina­ba los mares en Venezuela. Según los tes­ti­gos, “fue una sen­sación agrad­able, ver refle­jar en viva luz un destel­lo de esper­an­za como iris de paz”.

Al acto de aper­tu­ra, asistieron var­ios rep­re­sen­tantes de los con­sula­dos europeos, a quienes Chataing, agasajó con ambigú. Las autori­dades munic­i­pales no se presentaron.

A poco de inau­gu­rar la obra, ocur­rió un incen­dio, los fuertes vien­tos, que­braron los cristales del foco, y el fuego hizo lo demás. Debido a eso, hubo otros tra­ba­jos para restable­cer el ser­vi­cio. En esa opor­tu­nidad, Juan Crisós­to­mo Fal­cón, pres­i­dente de Venezuela, en visi­ta a Puer­to Cabel­lo, mandó a recibir la obra. El 8 de agos­to de 1864 se des­ig­naron dos comi­siones ter­restre y marí­ti­ma, la primera para recibir de Teodoro Chataing el faro, y la segun­da para exam­i­nar des­de alta mar la dis­tan­cia que proyecta­ba la luz.

Ese ensayo, se hizo des­de la cubier­ta del vapor Mapararí, observán­dose la luz a trece mil­las náu­ti­cas del faro. La embar­cación media seis pies ingle­ses sobre el niv­el del mar. El faro se des­cubría diez y nueve mil­las náu­ti­cas de dis­tan­cia de sobre la ver­ga del juanete del cita­do vapor, encon­trán­dose su altura a cin­cuen­ta y ocho pies ingle­ses sobre el niv­el del mar. Su luz per­fec­ta y su movimien­to gira­to­rio 40 de inter­va­lo entre luz roja y luz clara. La altura de 85 pies de Bur­gos: su lon­gi­tud de 61º 50º y 10 al occi­dente de Cádiz”.

De acuer­do con la Direc­ción Gen­er­al de Exhibi­ción Vene­zolana, se pro­gramó una exhibi­ción para el 10 de diciem­bre, pero luego fue pospuesto para el 19 abril del sigu­iente año y así dar­le pom­pas con los actos con­mem­o­ra­tivos a la declaración de independencia.

El 4 de enero de 1865, Chataing tra­ba­ja­ba esmer­ada­mente en el faro, pero no recibía los recur­sos pacta­dos. Existía, un sólo fanal por el déficit de pago, (200 pesos) men­su­ales y un policía para el res­guar­do. Requería “reparar techos, dar pin­tu­ra, repon­er algunos útiles, todo indis­pens­able y urgente que el empre­sario ten­ga, sobre todo el aco­pio de cristales”.

El 19 de abril, no se ver­i­fi­co nada. El 2 de noviem­bre de 1865, el Doc­tor Rafael Domínguez apoder­a­do de Chataing y el gen­er­al Jac­in­to Regi­no Pachano, Min­istro de Fomen­to, pusieron fin al com­pro­miso. El gob­ier­no acordó, pagar 2500 pesos adeu­da­dos, y por su parte, Chataing dejó tubos, mechas y repuestos para bien del faro. En la memo­ria del Min­is­te­rio de Fomen­to del año 1866, expre­sa que, el lugar de Teodoro Chataing sería reem­plaza­do por el direc­tor de la Escuela de Náu­ti­ca, fija­da en Pun­ta Brava. 

El ilu­so­rio faro

En mar­zo de 1871 el pres­i­dente de la Repúbli­ca Gral. Guzmán Blan­co, por decre­to, entregó el faro, a la juris­dic­ción e inspec­ción del jefe del Castil­lo Lib­er­ta­dor y estable­ció reglas para el ser­vi­cio que debía prestar. Sim embar­go, el fun­cionamien­to no fue el más idó­neo, y al cabo de dos décadas, fue destru­i­do por un incen­dio, quedan­do úni­ca­mente la parte de la torre, donde esta­ba la lin­ter­na. Des­de entonces, has­ta entra­do el siglo XX, las autori­dades de Puer­to Cabel­lo colo­caron un mástil en la cúspi­de, con el cual iza­ban de noche, a man­era de ban­dera, un farol de kerosene. Pero, esta luz era inútil para los navegantes.

El 3 de diciem­bre del año 1894 se ofi­cial­izó en Gac­eta Ofi­cial “la con­struc­ción de un muelle en el puer­to, un edi­fi­cio para el alo­jamien­to del res­guar­do, y la edi­fi­cación de un faro en Pun­ta Bra­va; orden que no se eje­cutó efec­ti­va­mente. Por eso, pasa­do un lus­tro, las com­pañías navieras de Puer­to Cabel­lo, ele­varon un peti­to­rio al gob­ier­no. Entre sus líneas, se desta­ca “Lo que se lla­ma en la actu­al­i­dad “faro de Pun­ta Bra­va” es mera ilusión.

El viejo faro, ya cen­te­nario, ubi­ca­do en la actu­al­i­dad en Pun­ta Bra­va, sede de la Base Naval de Puer­to Cabel­lo, no cor­re­sponde al orig­i­nal edi­fi­ca­do por Teodoro Chataing. Las impre­ci­siones rela­cionadas a su con­struc­ción y pues­ta en ser­vi­cio, cono­ci­das en algu­nas pub­li­ca­ciones, obe­de­cen a los múlti­ples decre­tos de los gob­ier­nos, por espa­cio de siete décadas.

CorreodeLara

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