Cuando Venezuela tuvo dos presidentes

 

Elías Pino Iturrieta
Historiador


En Venezuela, las necesidades del personalismo han logrado imponer formas de control político reñidas con el republicanismo, manejos de la administración tras los cuales se encuentra únicamente el interés de los hombres fuertes. Ahora nos aproximaremos a uno de los casos más elocuentes en tal sentido, sucedido entre 1914 y 1922: el régimen bicéfalo de Juan Vicente Gómez y Victorino Márquez Bustillos.

Para man­ten­erse en el poder cuan­do va a ter­mi­nar el lap­so con­sti­tu­cional en el cual se había impuesto después de hablar de una invasión arma­da que jamás exis­tió, de una supues­ta cor­rería del gen­er­al Cipri­ano Cas­tro planea­da des­de el extran­jero que le sirvió para evi­tar can­di­dat­uras ino­por­tu­nas que bus­ca­ban altern­abil­i­dad, el gen­er­al Gómez logra el con­tinuis­mo a través de una refor­ma de la car­ta magna, que se lle­va a cabo en 1914. Debe evi­tar críti­cas por man­ten­erse en las alturas, espe­cial­mente las que ven­gan del extran­jero cuan­do estal­la la Gran Guer­ra y se habla de la necesi­dad de luchar por la democ­ra­cia con­tra los regímenes de fuerza. De allí que ordene a un dócil con­gre­so la redac­ción de un estatu­to que establez­ca un pres­i­den­cial­is­mo rep­re­sen­ta­do en dos fig­uras, curioso exper­i­men­to que fun­ciona sin con­tratiem­pos has­ta 1922. 

Abo­ga­do Vic­tori­no Márquez Bustillos

Venezuela tiene entonces un Pres­i­dente Elec­to y Coman­dante en Jefe del Ejérci­to, Juan Vicente Gómez; y un Pres­i­dente Pro­vi­sion­al con fun­ciones admin­is­tra­ti­vas, el abo­ga­do Vic­tori­no Márquez Bustil­los. La Con­sti­tu­ción tam­bién establece un perío­do pres­i­den­cial de siete años, per­mite la reelec­ción del primer mag­istra­do, sin decir si debería pen­sarse de nue­vo en una pare­ja; elim­i­na el Con­se­jo de Gob­ier­no que se había crea­do para con­tro­lar y com­plac­er caudil­los descon­tentos, y aumen­ta la duración de las penas corporales.

Vic­tori­no Márquez Bustil­los se for­ma bajo el cobi­jo de los gen­erales tru­jil­lanos Juan Bautista Arau­jo y Leopol­do Bap­tista, cabezas de una estirpe con­ser­vado­ra de gran influ­en­cia en la región, y desem­peña fun­ciones par­la­men­tarias con cor­rec­ción como diputa­do y senador por el esta­do Tru­jil­lo. Par­tic­i­pa en la Guer­ra Legal­ista con­tra las pre­ten­siones con­tinuis­tas de su pri­mo, el pres­i­dente Raimun­do Andueza Pala­cio, y el gen­er­al Joaquín Cre­spo lo asciende a Gen­er­al de Briga­da porque le da su regal­a­da gana. Es Gob­er­nador del Dis­tri­to Fed­er­al entre 1911 y 1912, y Min­istro de Guer­ra y Mari­na entre 1913 y 1914, tra­ba­jos en los cuales se desem­peña a sat­is­fac­ción del jefe y de la cúpu­la dom­i­nante. Cuan­do quiere for­mar el dúo pres­i­den­cial, Gómez no duda en seleccionarlo. 

Ha pre­dom­i­na­do la idea de que el dic­ta­dor escoge a un títere, a un fig­urón sin trascen­den­cia, pero el ben­de­ci­do real­iza tar­eas fun­da­men­tales des­de su papel de direc­tor de la alta buro­c­ra­cia. El Pres­i­dente Pro­vi­sion­al, de leal­tad inmac­u­la­da, lle­va a cabo tra­ba­jos de impor­tan­cia mien­tras el Elec­to con­vierte a Mara­cay en for­t­aleza mil­i­tar y se ocu­pa de la mod­ern­ización del ejército.

Edi­fi­cio del Capi­to­lio Fed­er­al 1917

Entre las activi­dades de rel­e­van­cia que se hacen bajo la coor­di­nación de Márquez Bustil­los topamos con los rea­justes pre­supues­tar­ios estable­ci­dos a par­tir de 1915, tras el cometi­do de can­ce­lar la deu­da exter­na. Tam­bién la reor­ga­ni­zación de la Hacien­da bajo la respon­s­abil­i­dad del min­istro Román Cár­de­nas, quien mod­ern­iza el sis­tema de impuestos y establece la unidad del Tesoro. 

La red de car­reteras a través de la cual se logra la dom­i­nación del ter­ri­to­rio, se abre paso debido a las cual­i­dades de inspec­tor dili­gente que ador­nan a don Vic­tori­no. Los nuevos códi­gos de mate­ria crim­i­nal, mer­can­til y proce­sal se redac­tan y aprue­ban entonces. De allí el asen­tamien­to de nor­mas nuevas, de fór­mu­las especí­fi­cas que no existían y que eran nece­sarias para la mod­ern­ización de la sociedad, la fun­dación de reglas homogéneas y de instan­cias con­cer­tadas para toda la nación. Con la ben­di­ción y con la debi­da con­sul­ta del Pres­i­dente Elec­to, Márquez Bustil­los se hace de un gabi­nete efi­caz en cuyo despa­cho desta­can los nom­bres de Román Cár­de­nas, Domin­go Coro­nil, Este­ban Gil Borges, José Ladis­lao Andara y Felipe Gue­vara Rojas, exper­tos en sus fun­ciones e incans­ables en su despa­cho. Es dis­tin­ta la Venezuela que dejan cuan­do salen de los ministerios.

Mien­tras tan­to, Gómez reor­ga­ni­za en Mara­cay los regimien­tos y crea un Coman­do Supe­ri­or del Ejérci­to, encar­ga leyes y reglamen­tos cas­trens­es bajo la super­visión del gen­er­al Eleazar López Con­tr­eras, otro hom­bre de con­fi­an­za; ini­cia los planes para la creación de la Escuela de Aviación Mil­i­tar y hace apro­bar el Códi­go Mil­i­tar de 1923. La Escuela de Aviación se inau­gu­ra en 1920, con vehícu­los e instruc­tores france­ses para la for­ma­ción de los pilo­tos. Venezuela se llena entonces de cuar­te­les y de sol­da­dos entre­na­dos, el bra­zo arma­do de la dic­tadu­ra se despl­ie­ga para impon­er dis­ci­plina, pero tam­bién para der­ro­tar a los caudil­los que todavía bus­can el poder medi­ante alza­mien­tos. Es evi­dente que fun­ciona sin estor­bo el exper­i­men­to bicé­fa­lo de 1914. Debe ter­mi­nar porque el gen­er­al enfer­ma de la prós­ta­ta y los miem­bros del clan se div­i­den pen­san­do en la suce­sión, pugi­la­to que el Pro­vi­sion­al obser­va des­de pru­dente dis­tan­cia sin inter­venir. Con­sid­era que no se debe meter en camisa de once varas, pues las que bor­dó en su sas­tr­ería eran de tal­la adecuada.

Márquez Bustil­los per­manece en las alturas has­ta la muerte de Gómez, como con­se­jero en casos de necesi­dad y como asid­uo de su corte. Parece figu­ra impre­scindible, pues se con­vierte en primer sec­re­tario del pos­gome­cis­mo debido a que el pres­i­dente suce­sor, Eleazar López Con­tr­eras, solici­ta su com­pañía en Miraflo­res en el car­go de may­or con­fi­an­za cer­ca de su ofic­i­na. Debe ale­jar­lo después de un par de meses porque la opinión públi­ca no con­sid­era ade­cua­da su com­pañía en un lap­so que debe ser dis­tin­to, en un perío­do de recla­ma­da aper­tu­ra. O tal vez porque recuerde que fue mule­ta efi­caz del dic­ta­dor, porque tiene pre­sente la trascen­den­cia de su paso cuan­do fue uno de los dos pres­i­dentes que tuvo Venezuela durante ocho años. Lo mejor es des­pedir­lo en silen­cio para que pre­domine una úni­ca ref­er­en­cia en el gobierno.

CorreodeLara

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