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El sincretismo unió sentimientos de indios, negros e hispanos en el tamunangue

 

Juan José Peralta
Periodista


Con la batalla, la esgrima criolla que antecede a los sones, empieza el tamunangue y nos adelantamos a su celebración este jueves 13 de junio, cuando sus danzas y cantos alegrarán una amplia geografía, desde su ancestral raíz en El Tocuyo hasta los estados circunvecinos donde ha llegado en un sentimiento colectivo gracias al sincretismo que supo unir los sentimientos de negros, indios e hispanos.

1979 Sanare 12 de Junio Rompimien­to del Tamu­nangue Estanis­lao Cortés y Bern­abé Alvarado

El tamu­nangue lo com­po­nen siete sones y la batal­la que abre camino a la pro­ce­sión cuan­do la ima­gen es saca­da de la igle­sia en bra­zos de las damas. Es el comien­zo donde dos per­sonas con gar­rotes rep­re­sen­tan la lucha por la vida. Los estu­diosos ase­gu­ran que es la lucha entre el bien y el mal.

Nues­tra suite de dan­zas, como lo llam­a­ba mi padre César Per­al­ta, se cel­e­bra en hon­or a San Anto­nio de Pad­ua, sac­er­dote naci­do en Lis­boa, cap­i­tal de Por­tu­gal en 1195, primero agusti­no, después fran­cis­cano. Pred­i­cador de gran pres­ti­gio, fue misionero en África y sus últi­mos días los pasó en Pad­ua, donde sin cumplir un año de muer­to fue can­on­iza­do por su fama de milagroso.

Sus com­pañeros fran­cis­canos pre­sentes en El Tocuyo le dedi­caron la fies­ta o bailes de negros bau­ti­za­do por el más grande de los tam­bores que mar­ca el rit­mo, el tamu­nan­go. Lo acom­pañan, el cua­tro y una batería de cordó­fonos pari­entes, con varias encor­daduras y difer­entes afi­na­ciones que en su con­jun­to provo­can esa músi­ca sin igual, ale­gre, muy orig­i­nal y sola­mente propia de esta fiesta.

A este Doc­tor de la Igle­sia y teól­o­go notable San Anto­nio de Pad­ua se le reconoce como prodi­gioso hal­lador de cosas extravi­adas, para recu­per­ar la salud y sobre todo, con­seguidor de pare­ja, aunque dicen los con­sigue demasi­a­do par­ran­deros. Muchas damas bailan sus sones pidién­dole novio y dicen no impor­tar­les porque ellas los enderezan. Son ellas quienes sacan la ima­gen del san­to de la igle­sia para la procesión.

Antes de empezar cada son, los bailadores se san­tiguan para rev­er­en­ciar su per­miso, ella con el gar­rote en el ante­bra­zo izquier­do y él en el dere­cho para ini­ciar los giros con gra­cia y ale­gría, dan­do comien­zo a los galanteos. Solis­tas y coros van orde­nan­do qué harán los bailadores, mien­tras pro­mueven el enamoramiento.

Sien­do El Tocuyo el más impor­tante cen­tro de pro­duc­ción en tiem­pos colo­niales para la explotación min­era, siem­bra y recolec­ción como pas­toreo, tra­jeron negros esclavos de África a quienes en cate­quización, como mand­a­ba la coro­na, se les atra­jo a las sociedades reli­giosas de ese tiem­po. Las etnias locales como los negros esclav­iza­dos cel­e­bra­ban a su modo –con sus pro­pios rit­uales– la lle­ga­da del sol­sti­cio de ver­a­no, comien­zo de las cose­chas y mul­ti­pli­cación de las especies ani­males, fer­vor por la tem­po­ra­da aprovecha­da por los cate­quizadores para acer­car a indios y negros a la fe reli­giosa, asig­nan­do san­tos cris­tianos por simil­i­tudes a sus devo­ciones, en lo lla­ma­do sin­cretismo. En la Cofradía de San Anto­nio de Pad­ua de El Tocuyo, con sede en el Con­ven­to de San Fran­cis­co, acep­taron a negros y morenos, libres o esclavos, para hon­rar a San Anto­nio, per­mi­tién­doles man­i­fes­tarse con sus expre­siones propias.

El Tamu­nangue en hon­or a San Anto­nio de Padua

Así nació el tamu­nangue, expre­sión folk­lóri­ca neta­mente larense con­sid­er­a­da la dan­za vene­zolana de may­or riqueza core­ográ­fi­ca, des­de tiem­po colo­nial baila­do en diver­sos pueb­los del esta­do Lara, des­de El Tocuyo, de donde se con­sid­era orig­i­nario a Curarigua, Sanare, Guari­co, Bar­quisime­to, Caro­ra, Quí­bor y pobla­dos cir­cun­ve­ci­nos, dan­do rel­e­van­cia a esta tradi­ción exten­di­da a pobla­ciones de Yaracuy, Por­tugue­sa y Falcón.

Trece martes antes del 13 de junio se hacen rezos al san­to y un nove­nario en días pre­vios al lla­ma­do el Mes de San Anto­nio, tiem­po en que las bailado­ras preparan sus fal­das gen­eral­mente flo­re­adas y las blusas con vola­dos,  porque no está per­mi­ti­do bailar en pan­talones y si algu­na intrusa se metiera, los músi­cos de inmedi­a­to detienen el son. Una flor en la cabeza com­ple­ta el toca­do, además de las alpar­gatas, especie en extin­ción. Tam­bién tejen her­mosas pan­tale­tas por si en los furores del baile se les espon­ja demasi­a­do el camisón. Las mujeres tam­bién se ocu­pan de las flo­res para adornar el altar. Los hom­bres preparan sus tra­jes, a veces liquilique, nue­stro tra­je nacional tam­bién en extin­ción. Ropa blan­ca en gen­er­al. Pan­talones y camisas. Alpar­gatas y som­brero. Se ocu­pan de la músi­ca y de recoger dona­ciones, además de los ingre­di­entes del infaltable san­co­cho o el mon­don­go para los asis­tentes a la fiesta.

Para aclarar la gar­gan­ta los can­ta­dores degus­tan nue­stro cocuy, nues­tra bebi­da tradi­cional durante mucho tiem­po igno­ra­da, pese a for­mar parte de nues­tras cos­tum­bres más ances­trales, heren­cia de nue­stros antepasa­dos, los pobladores de estos ter­ri­to­rios muchísi­mos años, sig­los antes de la lle­ga­da del con­quis­ta­dor  quienes se mar­avil­laron de hal­lar en tier­ras lejanas susti­tu­to a sus bebidas europeas. 

El cocuy, pat­ri­mo­nio arte­sanal del esta­do Lara, luego de sig­los de per­se­cu­ciones y desconocimien­to, para nue­stros aborí­genes fue plan­ta de salud por sus ben­efi­cios med­i­c­i­nales y múlti­ples usos con sus fibras

Los cono­ce­dores esper­an con ansias el poco a poco con sus mar­avil­las teatrales, en una primera parte cuan­do la mujer atiende los calam­bres del hom­bre entre las risas de los pre­sentes y los mimos exager­a­dos del enam­ora­do. El momen­to más emo­cio­nante es cuan­do la mujer doma y domes­ti­ca al hom­bre como a un cabal­lo y lo somete entre risas y aplau­sos para dar paso a la cor­ri­da. En la per­ren­den­ga la mujer mues­tra su dominio del gar­rote para pon­er orden a los ase­dios del galán enam­ora­do que la pre­tende, parte de un picaresco juego.

Devuel­tos los gar­rotes al altar, músi­cos y can­ta­dores desplazan sus acordes en la parte más fes­ti­va y ale­gre del tamu­nangue, el galerón, penúl­ti­mo de los sones que a decir de los cono­ce­dores tiene 48 pasos o fig­uras, aunque en gen­er­al puede hablarse de su gran riqueza core­ográ­fi­ca con la influ­en­cia de antiguas piezas españo­las como con­tradan­zas y cuadrillas tam­bién pre­sentes en el seis fig­uriao. En el galerón la dan­za es colec­ti­va y los bailadores real­izan difer­entes pasos y fig­uras sin orden estable­ci­do con zap­ateo, valseo, pal­mo­teos, giros y otras varia­ciones y se pueden obser­var pare­jas enlazadas, cruzadas o giran­do, mien­tras el baile se ani­ma con los ver­sos ale­gres en cuar­te­tas. El úni­co req­ui­si­to a las damas es respetar el atuen­do, sus fal­das flo­re­adas o estam­padas. En el galerón puede bailar cualquiera que se ani­me y encuen­tre pare­ja. Los pagadores de prome­sas aprovechan para echar un pie toda vez que en el resto de los sones hace fal­ta cono­cer los secre­tos del tamu­nangue. La bel­la es el segun­do son del baile, de dan­za libre entre las pare­jas, en el cual sigue el galanteo mas­culi­no y la dama responde con picardía y coque­teo, ambos con ade­manes sobrios. Hay dos bel­las, la trova­da, menos cono­ci­da y la corrida.

Al seis fig­uriao se le con­sid­era el más rico core­ográ­fi­ca y musi­cal­mente de los sones y en él par­tic­i­pan los más cono­ce­dores de la dan­za. Al final los aplau­sos no se hacen esper­ar, pese a la nos­tal­gia de saber que la fies­ta, con esta dan­za ha con­clu­i­do y sólo que­da la degustación de los platos prepara­dos y el mon­don­go o el san­co­cho para repon­er las energías. El seis fig­uriao, tam­bién lla­ma­do seis flo­re­a­do o seis cor­ri­do lo bailan tres pare­jas muy bien entre­nadas que comien­za con valseo primero de una pare­ja, se incor­po­ra la segun­da y luego la ter­cera, que se van entre­lazan­do en com­ple­jos giros y acciones que exi­gen coor­di­nación y conocimien­to de las 36 fig­uras a realizar. Es el cierre de la suite de danzas.

Panes para el Santo

Una de las tradi­ciones acom­pañantes del tamu­nangue son los panes de San Anto­nio tam­bién lla­ma­dos los panes de los pobres repar­tidos entre par­tic­i­pantes y curiosos. Es una tradi­ción muy antigua y con­ta­ba El Eco Fran­cis­cano que  a una seño­ra muy pia­dosa de Tolón, ciu­dad del sur de Fran­cia, cer­cana a la fron­tera con Italia, a oril­las del Mediter­rá­neo, se le tra­bó la cer­radu­ra de la puer­ta de su panadería. Como resulta­ban infruc­tu­osos los esfuer­zos y movimien­tos a la llave, tra­jeron a un cer­ra­jero quien tam­poco logró abrir­la. La seño­ra prometió un poco de pan a San Anto­nio para sus pobres con tal de no tum­bar­la y entre admiración y ale­gría el portón cedió sin difi­cul­tad. Así nació esta tradi­ción cuan­do la seño­ra con sus ami­gas lo hicieron saber en sus ora­ciones al san­to y la entre­ga de los panes de los pobres. Algu­nas per­sonas lo guardan y otros se lo comen con el san­co­cho o el mon­don­go, pero esos panes son ben­de­ci­dos para el tamunangue.

En algu­nas fes­tivi­dades se acos­tum­bra la salve al comien­zo del tamu­nangue y en otras al final. Lo que sí es oblig­a­to­rio es entonarla en el velo­rio del día ante­ri­or, al invo­car la ben­di­ción de San Antonio.

Des­de El Impul­so salu­damos a tamu­nangueros, can­tantes, músi­cos, bailadores y devo­tos de San Anto­nio, a los gru­pos orga­ni­za­dos que han hecho de esta devo­ción uno de los más impor­tantes val­ores tradi­cionales de la región, al ensam­ble Bar­quiyana, a las Guaragolpes, a Expre­sión Moran­d­i­na, algu­nas de las agru­pa­ciones femeni­nas golperas. Por supuesto a todas. Salu­dos muy espe­ciales a María Mag­dale­na Col­menárez primera reina del folk­lore. Al Grupo Folk­lóri­co Bar­quisime­to y sus eter­nas reinas del folk­lore, Yadi­ra Rodríguez y Anairis Sequera, a Tico Páez y Car­los Romero, almas de dicho grupo. Y no seguimos nom­bran­do para no dejar a nadie por fuera. Que sean muy her­mosas y sen­ti­das las cel­e­bra­ciones de este jueves a San Anto­nio de Pad­ua, hal­lador de obje­tos extravi­a­dos, mejo­rador de la salud y sobre todo, provee­dor de novios a las almas soli­tarias y pidién­dole no los con­si­ga tan par­ran­deros. En todo caso que par­ran­deen con ellas.

 La batal­la con Fran­cis­co Pacheco, Aquiles Báez y Santoral

CorreodeLara

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