En 1835 Florencio Jiménez atacó y sitió Barquisimeto

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista y escritor
luisalbertoperozopadua@gmail.com
IG/TW: @LuisPerozoPadua

A la memo­ria de nues­tra Enma Jiménez, 
descen­di­ente direc­ta del prócer quiboreño. 
A ella debo la inqui­etud de cono­cer la increíble 
per­son­al­i­dad del general

Corría el con­vul­so año del Señor de 1835 en la Venezuela diez­ma­da y aho­ra gob­er­na­da por un civ­il, el Dr. José María Var­gas, quien tenía en su con­tra más con­spir­adores que adeptos.

Bar­quisime­to era tan solo un pueblo des­o­la­do por la guer­ra de eman­ci­pación; y por sus solar­ie­gas calle­jue­las se rumora­ba que esa plaza sería inva­di­da por el bra­vo gen­er­al José Flo­ren­cio Jiménez San­doval, un recono­ci­do héroe de la Guer­ra de Inde­pen­den­cia, quien se habría alza­do en Quí­bor, su pueblo natal, el 21 de sep­tiem­bre de ese año trein­ta y cin­co en favor de la Rev­olu­ción de las Refor­mas, deponien­do al alcalde del Can­tón Quíbor.

 

 

 


La madru­ga­da del 8 de julio de 1835 para con­sumar el golpe con­tra el pres­i­dente José María Var­gas, una tropa al man­do del gen­er­al Flo­ren­cio Jiménez tomó Barquisimeto

 

 

 

 

Por su parte, el gen­er­al rev­olu­cionario Anto­nio Díaz des­de su hacien­da Cam­po Ale­gre en Curarigua, con dos escuadrones de infan­tería, tomó la población de Caro­ra. Al día sigu­iente, el vet­er­a­no qui­boreño atacó y sitió el gran bastión de Barquisimeto.

El pre­tex­to del movimien­to insur­rec­cional que encabez­a­ba el gen­er­al San­ti­a­go Mar­iño era acabar con el poder autocráti­co encar­na­do por el gen­er­al José Anto­nio Páez y su oligarquía.

El gob­er­nador de la Provin­cia, Juan Eli­zon­do, el jefe políti­co Vicente For­toul y demás emplea­d­os públi­cos se refu­gia­ron en la for­t­aleza denom­i­na­da El Cam­pa­men­to. La ciu­dad esta­ba bajo el con­trol de la insur­rec­ción reformista y numerosos cuer­pos inertes yacían en las veredas de aque­l­la ciu­dad en ruinas.

El auxilio llegó de Cabudare

En vista de la gravedad del esce­nario, el Dr. Juan de Dios Ponte, emi­nente políti­co cabu­dareño, jun­to al coro­nel Juan Fran­cis­co Chiri­nos, coman­dante de la plaza de Bar­quisime­to, lograron reunir una tropa de caballería en Cabu­dare y remon­taron la mese­ta bar­quisimetana para aux­il­iar a los sitiados.

La tropa del gen­er­al Jiménez era en su may­oría bisoños y negros esclavos de las hacien­das enclavadas en Valle de Quí­bor, que no esta­ban aptos para la guerra. 

La debil­i­dad de la fac­ción se nota­ba a leguas. Enclen­ques, tac­i­turnos, difer­ían mucho del sol­da­do ágil y fuerte que otro­ra coman­daría en las cam­pañas neogranad­i­nas y del sur bajo la jefatu­ra direc­ta del mariscal Anto­nio José de Sucre.

Ponte y Chiri­nos al man­do de un lote de com­bat­ientes cabu­dareños fran­quearon El Cam­pa­men­to remon­tan­do por las estriba­ciones de la mese­ta. Atac­aron sin piedad a los despre­venidos reclu­tas del gen­er­al Jiménez.

Se reg­is­tran fogosos com­bat­es alrede­dor del atrincheramien­to de las fuerzas guber­na­men­tales, que tras la avan­za­da de la caballería cabu­dareña, los insur­rec­tos ini­cian la reti­ra­da bajo fuego cruza­do y algunos choques de lan­za y espada.

El gen­er­al Jiménez al estu­di­ar que no tenía posi­bil­i­dades de tri­un­far en vista del poco apoyo de la población, decidió a la sazón ordenar la reti­ra­da, escapan­do al tomar la vía de El Tocuyo, en un inten­to de reunirse con las fuerzas del gen­er­al Díaz, quien luego invadir la plaza de Caro­ra es der­ro­ta­do en un enfrentamien­to sin cuar­tel. Díaz es toma­do pri­sionero y con­duci­do a Bar­quisime­to para ser juzgado.

Por otra parte, el con­tin­gente rebelde de Jiménez se replegó tras una escara­muza vio­len­ta que ter­minó el día 25 de sep­tiem­bre con dece­nas de muer­tos, heri­dos y pri­sioneros del lado de los reformistas.

Dr. Juan de Dios Ponte

La munic­i­pal­i­dad asum­ió entonces como medi­da, asig­nar recur­sos para perseguir a los amoti­na­dos y para ello designó al coro­nel y pres­bítero Andrés Tor­rel­las el cumplim­ien­to de la empresa.

Con­suma­da la der­ro­ta abso­lu­ta de los facinerosos, el gen­er­al Jiménez depu­so las armas y se entregó sin resisten­cia, y su fal­ta le fue per­don­a­da, no así la de var­ios de sus com­pa­tri­o­tas de aven­tu­ra. Apre­sa­do fue con­fi­na­do a la isla de Mar­gari­ta, allí per­maneció por dos años, regre­san­do a Quí­bor el 25 de diciem­bre de 1837, para dedi­carse a la agri­cul­tura y a com­er­ciar víveres hacia Puer­to Cabello.

Regre­sa al rue­do políti­co cuan­do el gen­er­al Jac­in­to Lara, cono­cien­do su hoja de ser­vi­cio de hom­bre hon­esto y servi­dor a la patria, lo des­igna en 1844 jefe políti­co del Can­tón Quí­bor. Por su desta­ca­da actuación, en 1848 José Tadeo Mon­a­gas lo nom­bra gob­er­nador de la Provin­cia de Barquisimeto.

El 20 de agos­to de 1835, Var­gas recu­peró la pres­i­den­cia de la Repúbli­ca. Por su parte, Mar­iño y sus seguidores se refu­gia­ron en el ori­ente del país, pro­te­gi­dos por Monagas.

El patíbu­lo no per­donó la demora

Los con­spir­adores fueron sen­ten­ci­a­dos a la pena cap­i­tal en un juicio sumario. El 28 de diciem­bre de ese año, fueron con­duci­dos al muro sur de la igle­sia frente a la antigua Plaza Alt­a­gra­cia de Bar­quisime­to para ser fusila­dos por traición y sedición.

Eran ocho en total: Los coman­dantes Loren­zo Álvarez Mos­quera, Juan San­ti­a­go Tor­re­al­ba y Pedro Hur­ta­do Anzoátegui; Anto­nio Díaz, Félix Linares, José María Vásquez y los her­manos Már­mol, todos habían servi­do en casi todas las cam­pañas de la Guer­ra de Inde­pen­den­cia suramericana.

Tem­p­lo de Alt­a­gra­cia de Barquisimeto

Loren­zo Álvarez Mos­quera, fue el úni­co bar­quisimetano de los 100 vene­zolanos que vencieron en la batal­la de las Que­seras del Medio en 1819, al man­do de Páez; pero tam­bién fue uno de los jinetes predilec­tos de Simón Bolí­var, por su capaci­dad de evasión, ras­treo del ene­mi­go y cono­ce­dor de caminos, cuan­do había necesi­dad de lle­var correo entre tropas distantes.

En el caso de los her­manos Anto­nio y José Már­mol habían uti­liza­do la activi­dad peri­odís­ti­ca para atacar a var­ios per­son­ajes vin­cu­la­dos al gob­ier­no y, según cuen­ta la tradi­ción oral, que ambos fueron al patíbu­lo can­tan­do una can­ción que habían com­puesto durante su cau­tive­rio, para des­pedirse de sus hijos, de su famil­ia, de sus ami­gos y de la patria que los vio nacer.

El doc­tor Simón Wohn­siedler ‑apun­ta el his­to­ri­ador Sil­va Uzcátegui‑, con­serv­a­ba las calav­eras de los her­manos Már­mol, en las cuales se veían los agu­jeros pro­duci­dos por las balas de aque­l­la ejecución.

Plaza de Alt­a­gra­cia de Barquisimeto

Entre los sac­er­dotes que acom­pañaron a los con­de­na­dos, con­solán­doles has­ta el lugar de la hora final, iba un joven recién lle­ga­do a la ciu­dad: el pres­bítero Doc­tor José María Raldíriz.

El pres­i­dente Var­gas había fir­ma­do, por inter­me­dio de la Corte de Jus­ti­cia, la sus­pen­sión de las eje­cu­ciones para los con­spir­adores, la cual fue aproba­da en Cara­cas el día 26 de diciem­bre, pero debido a la dis­tan­cia, el perdón llegó el 31 de ese mes, cuan­do ya el cas­ti­go había sido per­pe­tra­do. Las cróni­cas ates­tiguan, que este correo había sido retenido en Cabu­dare “por per­son­ajes influyentes de esta ciu­dad” has­ta días pos­te­ri­ores a la ejecución.


Fuente: Eliseo Sotel­do. Ano­ta­ciones históri­c­as de la ciu­dad de Bar­quisime­to. 1801–1854. Tipografía Aguil­era. Bar­quisime­to, 1901.
Rafael Domin­go Sil­va Uzcátegui. Enci­clo­pe­dia Larense. Tomo I. Ter­cera edi­ción. Edi­ciones de la Pres­i­den­cia de la Repúbli­ca. Cara­cas 1981
Ramón Querales. «Flo­ren­cio Jiménez San­doval». En: Boletín de la Acad­e­mia Nacional de la His­to­ria. Cara­cas, núm. 287, julio-sep­tiem­bre, 1989.
Boletín 41 de la Acad­e­mia Nacional de la His­to­ria. pág. 147, año 1958.

CorreodeLara

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