En Cabudare se conserva una de las bodegas más antiguas

Carlitos Rondón, con su característico sombrero, llegó a Cabudare en la década de los cuarenta, era propietario de la bodega más conocida en la localidad

La bodega de Carlos Rondón, registrada con el número
61, ubicada en la Calle Juan de Dios Ponte con Palavecino, era ampliamente
conocida en Cabudare.

La casona de Carlitos Rondón es patrimonio histórico de Palavecino,

según el Instituto de Patrimonio Cultural de la Nación

Aparte de pulpería, era un centro de abastecimiento de
otras bodegas de esa localidad y otras que situadas en zonas foráneas.
Carmen Rondón, una de los nueve hijos de ‘Carlitos
Rondón’ cuenta que la casa data de finales del siglo XIX.
Originalmente la casona de 800 metros cuadrados, de
ventanas y portones con estilo colonial, techumbre de tejas y caña brava,  paredes de adoboncitos, vigas de madera y
amplio jardín interno, era la casa materna de la familia Pérez-García.
Carlos Rondón llegó de los Andes con un sueño: ser
policía y poco después de alcanzar su anhelo, fue atrapado por las redes de
Cupido, desposándose con Carmen García en el templo San Juan Bautista de esta
ciudad.

Vendía de todo

Carlitos Rondón heredó de Benjamín Pérez, el arte del
comercio y pronto se encargó de la pulpería, logrando conquistar el mercado.
Vecinos de Pueblo Arriba, advierten que el pulpero
“vendía de todo”, desde alfileres, cortes de tela, sombreros, pasando por
escobas de millo, alpargatas, kerosén, platos, cubiertos y hasta medicamentos.
Bisnietos de Carlitos Rondón habitan la casona
Los embutidos y lácteos no faltaban. Tampoco los
panes, huevos ni la carne de cerdo de su propio corral.
En el patio se arrumaban los quintales de café
provenientes de la montaña de Terepaima, que más tarde eran comercializados en
la región.
Su hija subraya que Carlitos Rondón, era propietario
de tres bodegas más: una incluso apostada en Agua Viva.
Carmen recuerda a su padre, vestido con su
característico sombrero, que usó hasta el final de sus días, ocurrido en el año
2006.

Rondón entre crónicas

Américo Cortez, cronista de Cabudare, narra que la
bodega de Carlitos Rondón era una especie de almacén porque las pulperías el la
localidad tenían esa característica, pues surtían a los pueblos circunvecinos
que solo podían hacer compras una vez al mes dado lo difícil de movilizarse en
ese entonces.
El inmueble patrimonial es de tipo colonial
“Existía el abasto La Ceiba con más de tres décadas de
funcionamiento; la bodega de Domingo, frente a la casa de don Felipe Ponte, en
la calle Real o Libertador; el negocio de don Augusto Casamayor; el de Vicente
Palacios, expendios que cumplían una función más como almacen que como
bodegas”, resume Cortez.
En estos expendios se practicaba el sistema del ‘fiao’
o sistema de abono con un crédito abierto.
“La bodega de Rondón era una de las más fundamentales,
instalada en los años 50 por la familia Pérez que luego pasó a ser de
Carlitos”, asegura.
La casona fue construida por Manuel Pérez ‘El
Antillano’ venido de Curazao a Cabudare y padre de  Avelardo Pérez, quien fue general de la
Guerra Federal, reseñado en el Diccionario Histórico y Geográfico del estado
Lara de Telasco McPherson, editado en 1883, que más tarde casó con la
cabudareña Carmen Gutiérrez.
Fue hijo del héroe federal Benjamín Pérez, quien fuera
propietario de la bodega que luego pasaría a Carlos Rondón.

Sociedad de San Rafael Arcángel

‘El Antillano’ trajo de Curazao a Cabudare el culto a
San Rafael Arcángel.
El cronista sostiene que Avelardo Pérez y el doctor
Jesús María Araña, fundaron la Cofradía o Sociedad de San Rafael Arcángel,
fiestas que se comenzaron a realizar en los años veinte y que una década
después Manuel López, en su mocedad, se encargó de la cofradía hasta los años
ochenta.
La primera capilla de San rafael, de 1918
conjuntamente con la casona de Carlos Rondón, eran los centros de atracción de
Pueblo Arriba, en Cabudare.

Luis Alberto Perozo Padua

En Twitter: @LuisPerozoPadua
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