Fue asaltado el Congreso Nacional

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista y escritor
luisalbertoperozopadua@gmail.com
IG/TW: @LuisPerozoPadua

A LAS DOS DE LA TARDE del 24 de enero de 1848, llegó el Dr. Tomas Sanabria, Secretario (Ministro) de Relaciones Interiores, a la sede el Congreso Nacional, ubicado en el antiguo Convento de San Francisco, hoy Palacio de las Academias. Traía un pliego contentivo del mensaje del general José Tadeo Monagas, recién elegido presidente de la República para el periodo 1847–1851


Para evi­tar las ya anun­ci­adas alteraciones del orden públi­co, los diputa­dos con­ser­vadores, instruyeron al coro­nel Guiller­mo Smith, para que se encar­gara de la seguri­dad de los par­la­men­tar­ios e insta­la­ciones, pero pese a eso, ocurre lo inevitable.

Una vez pre­sen­ta­do el men­saje, el grupo de diputa­dos con­ser­vadores impi­dieron que Sanabria saliera del recin­to como tam­bién les cer­raron el paso a los sec­re­tar­ios de Hacien­da; Guer­ra y Mari­na; y de Exteriores.

Especulación fatídica

En las afueras del con­ven­to fran­cis­cano, unas mil per­sonas afec­tas al lib­er­al­is­mo, exigieron la inmedi­a­ta lib­eración de los fun­cionar­ios secuestra­dos. Todo fue con­fusión y rumores.


Fed­eri­co Less­mann, Tem­p­lo de San Fran­cis­co, Cara­cas, 1851, Colec­ción siglo XIX, Archi­vo Audio­vi­su­al de la Bib­liote­ca Nacional

 

 

 

 

Y mien­tras los áni­mos de la muchedum­bre se avi­varon, los con­ser­vadores cal­cu­laron que Mon­a­gas dis­olvería el Con­gre­so para evi­tar el juicio que se urdía en su con­tra por traición a la patria y mane­jo doloso.

Entre el force­jeo y los golpes ini­ciales en la puer­ta del con­ven­to, los mili­cianos Pedro Pablo Azpúrua y Juan Mal­don­a­do, defen­sores del Con­gre­so, fal­l­ecieron. Un guardia accionó su arma e hir­ió al capitán Miguel Riverol y luego al sas­tre Juan Maldonado.

Entre las cróni­cas desta­ca que Fer­mín Toro, que era par­la­men­tario, increpó a sus cole­gas: «Detén­ganse, diputa­dos y senadores de Venezuela! Ni huyamos como cobardes. Si hemos de morir ante los des­man­es del déspota, que sea como romanos. Qua cada quien se quede en su sitio»

En el infame  acon­tec­imien­to del 24 de enero de 1848, hubo un fatal desen­lace que reg­istró ocho per­sonas asesinadas, de los cuales, tres diputa­dos con­ser­vadores y uno liberal

Entre el desconcier­to, var­ios diputa­dos lib­erales, saltaron por los bal­cones y ven­tanas, algunos se asi­laron en las lega­ciones diplomáti­cas, otros se embar­caron en La Guaira con des­ti­no a Curazao.

Aque­l­la fatídi­ca tarde, tam­bién fue heri­do por arma blan­ca el coro­nel Smith y mueren apuñal­a­dos los diputa­dos Juan Vicente Salas, Juan Gar­cía y Fran­cis­co Gar­cía Argotte. El tumul­to asesinó a Julián Gar­cía, quien comen­zó a dis­parar entre la mul­ti­tud. Otro que sufrió fatal des­ti­no fue el doc­tor Manuel Alemán.

La Constitución sirve para todo

Cuan­do Mon­a­gas se enteró de lo ocur­ri­do, se aper­sonó a la sede del con­gre­so en donde fue recibido con vítores y aplau­sos de la mul­ti­tud; y luego de con­ver­sar con algunos de sus par­tidar­ios, se trasladó a la legación ingle­sa, para per­suadir a algunos par­la­men­tar­ios de retornar al parlamento. 

Vocif­eró tam­bién a otro emis­ario para que bus­cara al diputa­do Toro, y lo obligara a pre­sen­tarse en la sesión, pero la dig­nidad de este par­la­men­tario estu­vo por enci­ma de los intere­ses per­son­ales y es cuan­do lan­za al déspota la lap­i­daria expre­sión reg­istra­da para la pos­teri­dad: “Dígale a Mon­a­gas, que mi cadáver lo pueden lle­var, pero Fer­mín Toro, no se prostituye”.

Asalto al Con­gre­so o Fusil­amien­to del Con­gre­so de 1848

A con­se­cuen­cia de las heri­das recibidas durante el “Fusil­amien­to del Con­gre­so”, el diputa­do San­tos Miche­le­na, fal­l­e­ció el 12 de mar­zo. Era cono­ci­do como un excep­cional políti­co, econ­o­mista, diplomáti­co. Autor de las pos­i­ti­vas nego­cia­ciones fron­ter­i­zas con Colom­bia, medi­ante el Trata­do Pom­bo- Michelena.

En el infame  acon­tec­imien­to del 24 de enero de 1848, hubo un fatal desen­lace que reg­istró ocho per­sonas asesinadas, de los cuales, tres diputa­dos con­ser­vadores y uno lib­er­al. Inmedi­ata­mente Mon­a­gas y sus tropas restablecieron el orden e impusieron la activi­dad par­la­men­taria, reci­bi­en­do poderes extra­or­di­nar­ios, lo que le ase­guró, a él y a su her­mano José Gre­go­rio, la alter­nación en el poder por once años, peri­o­do cono­ci­do como “el Monagato”.

Aquel Con­gre­so san­cionó la Ley del 14 de mar­zo de 1849, con lo cual el pres­i­dente Mon­a­gas declaró el 24 de enero de cada año, jun­to con el 5 de julio, “grandes días de la Inde­pen­den­cia y de la Lib­er­tad de los vene­zolanos”, y expresó con sar­cas­mo: “La Con­sti­tu­ción sirve para todo”.

Foto de por­ta­da: Hel­mut Neu­mann, Uni­ver­si­dad Cen­tral de Venezuela Cara­cas 1937. Colec­ción Hel­mut Neu­mann. Archi­vo Audio­vi­su­al de la Bib­liote­ca Nacional

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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