Genaro Salinas: la trágica muerte de un cantante mexicano en Caracas

Efraín Jorge Acevedo 
Twitter: @efrainjorge
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Bien podía haber sido la primera página de una novela negra o la primera escena de un film noir, después de todo es bien sabido que la ficción imita la realidad. Pero no cabía duda de que se trataba de un trágico y sangriento suceso que venía a romper la casi bucólica tranquilidad de una incipiente metrópolis, que en ese momento conocía una época dorada, en cuanto a paz y seguridad se refiere.

En la mañana del domingo 28 de abril de 1957, sorprendidos transeúntes encontraron a un hombre moribundo que yacía en el hombrillo del túnel que comunica la Avenida Victoria con la Urbanización Los Chaguaramos, en la ciudad de Caracas. Las autoridades lo llevaron al Hospital de Coche y falleció horas después. 

 

 


Genaro Salinas

 

 

 

 

 

 

 

El malogrado hombre era nada menos que Genaro Salinas, un famoso cantante mexicano de la época, conocido como el «Tenor de la voz de oro».

Genaro Salinas nació en la ciudad costera de Tampico, en el estado de Tamaulipas, México, el 19 de septiembre de 1918. Su familia era pobre, por lo que siendo adolescente tuvo que trabajar en el puerto de su ciudad y en una venta de ostras. Pero desde pequeño demostró dotes de cantante, y llegó a estudiar en una academia de canto. 

En 1939 debutó en un concurso de cantantes aficionados organizado por una emisora radial; luego se unió al elenco artístico de otra emisora de radio, la XEW, en la que comenzó a ser conocido como “La voz de oro de México”. En 1941, grabó sus primeras canciones para la filial mexicana de la célebre disquera RCA Víctor.

En aquella época estaba de moda en México el bolero moruno, un subgénero del bolero, caracterizado por una especie de “vuelta a los orígenes”, fundamentada en el uso de melodías similares a las usadas en la música andaluza, mostrando un cierto color “aflamencado”.

Genaro Salinas abordó este género, con temas de Agustín Lara, tales como “Silverio”, “Cuerdas de mi Guitarra”, “Flor de Sevilla”, «Granada» y «Valencia», entre otras. El tenor mexicano abordó con relativa facilidad otros géneros, tales como la danza mexicana y el vals. 

Salinas se convirtió en un cantante bastante popular en la Hispanoamérica de aquellos años 40. En una gira por Cuba conoció a una cantante de tangos, de origen chileno, conocida por su nombre artístico, Malena de Toledo, con quien luego contrajo matrimonio. Con ella tuvo dos hijos.

Pero en 1946, viajó a Buenos Aires, Argentina, y dado el éxito que tuvo en ese país decidió quedarse a vivir allí. Y en tierras argentinas sería donde comenzaría a labrarse el camino que lo conduciría a su trágico final en Caracas. 

Camino a la desgracia

En una de sus actuaciones en una emisora radial argentina, Radio “El Mundo”, Salinas conoció a Zoe Ducós, una actriz argentina de cine, teatro, doblaje y televisión. Salinas y Ducós se convirtieron en amantes, y esa relación sentimental arruinó el matrimonio del cantante, que terminó separándose de su esposa. 

La hermosa y jovial Zoe Ducós

Pero en 1952 los amantes se separaron porque Salinas volvió a su México natal, mientras que Ducós se fue a vivir a Venezuela (luego de un paso por España), donde ella continuó su exitosa carrera actoral, entre otras cosas formando junto a Héctor Hernández Vera la primera gran pareja romántica de La Novela Camay de Radio Caracas Televisión. 

Mientras tanto Salinas proseguía su carrera musical en México, grabando boleros y temas chilenos y paraguayos, que había aprendido durante su estancia en Argentina; pero el popular cantante mexicano se convirtió en objeto de intrigas y de maquinaciones por parte de gremios artísticos que defendían intereses económicos relacionados con la producción y el negocio de la música.

A esto se unieron problemas derivados de su separación de su esposa Malena de Toledo (quien se había quedado viviendo en Argentina); al final Salinas se vio empujado a irse de nuevo de México, y en 1957 se marcha a Venezuela, una importante plaza para los artistas de Hispanoamérica en aquellos tiempos. 

Pero a todas estas, la ex-amante de Salinas, la argentina Zoe Ducós, se había casado en Venezuela y su flamante marido era nada menos que Miguel Silvio Sanz, uno de los más poderosos y terribles oficiales de la Seguridad Nacional, la temida policía política de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, encargada de reprimir a la oposición, a través del uso sistemático del encarcelamiento arbitrario, la tortura y el asesinato de opositores.

Zoe Ducós, en su adultez

Miguel Silvio Sanz, alias «El Negro Sanz», era uno de los hombres de confianza de Pedro Estrada, el director de la Seguridad Nacional; su matrimonio con la actriz Zoe Ducós le dio mucha relevancia social, y de hecho la pareja estaba entre las pocas personas frecuentadas por el ex-dictador argentino Juan Domingo Perón durante su exilio en Caracas. 

Y se presume que la pareja también pudo ser la causa de la desgracia de Salinas. Las malas lenguas afirmaban que al llegar a Caracas, el cantante mexicano, sumido en una cierta decadencia, se dedicó a cantar en locales de segunda categoría, en los que se embriagaba con frecuencia, y aparentemente trató de acercarse nuevamente a Zoe Ducós, sin importarle que ahora ella estaba casada con un hombre muy peligroso. Se presume que El Negro Sanz no estuvo dispuesto a tolerar esa ofensa a su orgullo de «macho criollo». 

La versión oficial es que Genaro Salinas había caído del puente hacia el túnel por una borrachera. Pero inmediatamente corrieron otras versiones. 

Se decía que agentes de la Seguridad Nacional, que sabían que el cantante mexicano que trabajaba entonces en Radio Caracas Radio y que pasaba por allí camino a su residencia, lo esperaron para interceptarlo. Cuando los esbirros de la Seguridad Nacional agarraron a Salinas le habrían propinado una brutal paliza; al respecto hay dos variantes de la versión, según una la intención era solamente asustarlo pero a los matones se les pasó la mano en la «advertencia» y terminaron lanzándolo del puente.

Pero según otra variante de la versión del asesinato, los agentes de la Seguridad Nacional tenían la intención deliberada de matarlo, y por eso lo arrojaron desde lo alto del puente de la avenida y ya caído sobre el pavimento de abajo le pasaron un automóvil por encima para rematarlo. Esto habría ocurrido la noche anterior y el cantante agonizó sobre el frío pavimento hasta que unos caraqueños caritativos lo encontraron por la mañana y pidieron ayuda.

El Negro Sanz                                                                               General Marcos Pérez Jiménez

Lo cierto es que Salinas presentaba politraumatismos generalizados y a pesar de los esfuerzos de los médicos en el hospital falleció el mismo día.

La férrea censura del régimen militar hacía imposible que los medios venezolanos investigaran para descubrir la verdad, pero las sospechas corrían de boca en boca. Sin embargo, en su muerte, Salinas recibió la solidaridad de algunos artistas. 

El gran Alfredo Sadel pagó el velorio y “El inquieto Anacobero”, Daniel Santos, se presentó en el sepelio, sacó un puñal de cruz y lo puso encima de su frente, logrando «cerrar los ojos» del difunto. La prensa recogió el suceso por varios días. Salinas tenía 38 años de edad al morir y su esposa (a pesar de estar separada de él) se encargó de repatriar su cuerpo, que reposa en el Cementerio de Tampico.

Por su parte, Zoe Ducós huyó de Venezuela a Argentina cuando Pérez Jiménez fue derrocado, mientras su marido Miguel Silvio Sanz iba a la cárcel en Venezuela por algunos de sus crímenes (juzgado ya en democracia), y estando preso se le detecta una enfermedad terminal, muriendo en soledad, sin que ningún familiar o amigo lo visitara. Zoe Ducós regresó a Venezuela a principios de los años 70s, trabajando como primera actriz en varias telenovelas y casándose de nuevo con el director de cine Carlos Stevani.

Ella murió en Caracas el 11 de noviembre de 2002, y nunca sabremos a ciencia cierta sí ella fue la razón por la que un cantante popular mexicano perdió la vida sobre el pavimento de un túnel, en la ya lejana Caracas perezjimenista, en una historia digna de una novela negra, que mezcla pasión, celos, farándula, política y policías matones y gansteriles.

CorreodeLara

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