General Víctor Rodríguez Párraga: un siquisiqueño universal

Henry Montero
Historiador

En la historia política y militar Venezolana poco se conoce de los aportes de insignes larenses que dieron lo mejor de sí para enaltecer nuestro gentilicio y sentido de pertenencia a nuestro terruño siquisiqueño. Comprender el verdadero sentido y significado de nuestros personajes históricos de la historia venezolana constituye uno de nuestros objetivos


Un per­son­aje históri­co es pre­cisa­mente Víc­tor Rodríguez Pár­ra­ga, quien se con­vierte en un per­son­aje sin­gu­lar con una dimen­sión uni­ver­sal, ya que a pesar de haber naci­do en un caserío ancla­do en la vie­ja ruta com­er­cial Coro, Siquisique, Baragua y Bar­quisime­to se con­vierte en un per­son­aje de alto vue­lo en la palestra públi­ca. Quién se iba a imag­i­nar que un joven campesino se iba a con­ver­tir en min­istro de guer­ra y defen­sa y lle­gar a ser pres­i­dente encar­ga­do de la repúbli­ca en el año de 1899.

El primer larense en ocu­par la mag­i­s­tratu­ra pres­i­den­cial en cal­i­dad de encar­ga­do por nueve meses, peri­o­do cor­to, pero de una gran enver­gadu­ra históri­ca. Además de ello, quién podría pen­sar que este per­son­aje  iba a con­traer nup­cias con una hija del segun­do lib­er­ta­dor de Venezuela, Luisa Mar­iño de Rodríguez, el prócer de la Inde­pen­den­cia Don San­ti­a­go Mar­iño, con­sid­er­a­do en la guer­ra por la eman­ci­pación el Lib­er­ta­dor del ori­ente del país.

El gen­er­al Víc­tor Rodríguez Pár­ra­ga, en dos tomas. Fue par­tic­i­pante acti­vo de la Guer­ra Federal

Nace nue­stro per­son­aje en el caserío URICHE, ancla­do en la ruta de sal Coro-Caro­ra, un 13 de enero de 1836, y fal­l­ece en la ciu­dad cap­i­tal el 16 de febrero de 1918. Hijo de José Rosario Rodríguez y de Jua­na Pár­ra­ga. Se incor­po­ra a la Guer­ra Fed­er­al des­de muy joven. Tenía ape­nas 23 años cuan­do ini­cia sus primeros pasos en el arte de la guer­ra, con osadía y espíritu de guer­rero. Asciende magis­tral­mente en su car­rera mil­i­tar y política.

En su comien­zo conoce al gen­er­al Eze­quiel Zamo­ra, quien le asigna tar­eas orga­ni­za­ti­vas. Ayu­dante de cam­po del gen­er­al León Col­i­na en la batal­la de San­ta Inés, par­tic­i­pa en la escara­muza de Coplé en 1860 en una famosa batal­la lla­ma­da los Chu­cos, cer­ca de Baragua. En la mis­ma se car­ac­ter­izó por su valen­tía y allí es ascen­di­do a coman­dante. Acom­paña a Juan Crisós­to­mo Fal­cón al diál­o­go con José Anto­nio Páez en las sábanas de Carabobo en 1861.

Doña Luisa Mar­iño de Rodríguez, hija del gen­er­al San­ti­a­go Mar­iño. Foto derecha: Luis A Rodríguez Mar­iño, hijo del gen­er­al Víc­tor Rodríguez Párraga

 Sus méri­tos mil­itares son inmen­sos y exten­sos. Su más alta dis­tin­ción fue cuan­do fue des­ig­na­do pres­i­dente encar­ga­do en el año de 1899, tras la huí­da cobarde del pres­i­dente con­sti­tu­cional Igna­cio Andrade. Fue pre­cisa­mente nue­stro siquisiqueño quien le entre­ga el poder al andi­no Cipri­ano Cas­tro, máx­i­mo jefe de la Rev­olu­ción Lib­er­al Restau­rado­ra y con ello empieza el perío­do de los andi­nos en el poder. Después de la lle­ga­da del Cabito al poder, nue­stro per­son­aje dirige las tropas con­tra el Mocho Hernán­dez en diciem­bre del año de 1899.

Pres­i­dente pro­vi­sion­al de los esta­dos Barcelona y Miran­da. Senador por Miran­da y Carabobo. Al lle­gar Gómez al poder en 1908, es nom­bra­do miem­bro suplente y luego prin­ci­pal del Con­se­jo de Esta­do, instan­cia que presidía Juan Vicente Gómez (1913–1914).

Vic­tor Rodríguez Pár­ra­ga fue, es y será un ejem­p­lo de abne­gación, osadía y valen­tía,  demostra­do a través de la his­to­ria. Y sir­va de ejem­p­lo para las futuras gen­era­ciones de siquisiqueños. Un hom­bre universal.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

Un comentario en «General Víctor Rodríguez Párraga: un siquisiqueño universal»

  • el 27 mayo, 2022 a las 10:35 am
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    Las fotos que mues­tran de Víc­tor Rodríguez no cor­re­spon­den a él, igual­mente la de su hijo

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