Gil Fortoul conoció a Gómez gracias a una yegua

 

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista e historiador


Entre las anécdotas que rodean las crónicas y la historia venezolana, así como los relatos populares quizá perdidos y borrados por el paso del tiempo, destaca cómo fue que “gracias a una yegua” el escritor, historiador, ministro y posterior presidente encargado de Venezuela, José Gil Fortoul logró ganarse la atención y la amistad del dictador Juan Vicente Gómez.


Dr José Gil For­toul, diplomáti­co, his­to­ri­ador y peri­odista de pro­fe­sión abo­ga­do e his­to­ri­ador, pres­i­dente encar­ga­do de Venezuela

Gil For­toul había sido miem­bro del cuer­po diplomáti­co de Cipri­ano Cas­tro en Ale­ma­nia, Fran­cia, Lon­dres y Suiza, por aque­l­los días, había inten­ta­do acer­carse a Gómez, quien recien­te­mente había toma­do el poder en Venezuela, pero la lit­er­atu­ra criol­la pre­cisa que sus múlti­ples inten­tos habían sido infructuosos.

El Gen­er­al Gómez tenía una debil­i­dad: las car­reras de cabal­los, pero en espe­cial por una yegua lla­ma­da “Tacarigua” a la que reg­u­lar­mente apos­ta­ba pero que siem­pre perdía.

Gil For­toul, hom­bre ver­sa­do y cono­ce­dor del entra­ma­do políti­co del dic­ta­dor, se reclinó de esta afi­ción y vien­do que sus títu­los de abo­ga­do, diplomáti­co, escritor, sociól­o­go e his­to­ri­ador no le habían servi­do de mucho para sus fines, un domin­go de abril, se acer­có al hipó­dro­mo y se situó en un estratégi­co lugar: frente y deba­jo del pal­co pres­i­den­cial, o sea, entre la pista y la vista del Benemérito.

Ese día la yegua Tacarigua volvió a caer en des­gra­cia y perdió la car­rera, pero esta vez Gil For­toul armó un escán­da­lo de voz en cuel­lo, gri­tan­do a pleno pul­món que Tacarigua era el mejor ejem­plar de todo el hipó­dro­mo, pero que siem­pre perdía porque nadie la sabía montar.

Al escuchar la gigan­tesca alhara­ca, Gómez pre­gun­tó a uno de sus alle­ga­dos que quién era el caballero de pipa y ele­gante vestir, al enter­arse, lo mandó a bus­car inmedi­ata­mente. La tre­ta de Gil For­toul había fun­ciona­do. Las cróni­cas ates­tiguan que el aserti­vo Gil For­toul le ase­guró al man­damás que si le per­mitía, el domin­go próx­i­mo,  mon­tar y cor­rer la yegua Tacarigua, obten­dría la cod­i­ci­a­da victoria.

Pues el domin­go llegó. Y ante la sor­pren­di­da muchedum­bre, la yegua con José Gil For­toul como su jinete, ganó inex­plic­a­ble­mente aque­l­la car­rera. El asom­bro del gen­er­al era evi­dente y todo el mun­do –sin excepción‑, se pre­gun­tó cómo aquel refi­na­do diplomáti­co e int­elec­tu­al se había con­ver­tido de la noche a la mañana, en un prodi­gioso jinete.

Sobre el increíble asun­to muchos fueron los comen­tar­ios que cor­rieron por los pasil­los del hipó­dro­mo: que había sido un fraude. Que era muy extraño que los demás cabal­los se hubiesen reza­ga­do. En fin, un puña­do de con­je­turas que nun­ca pudieron com­pro­barse, igno­ran­do el pasa­do de aquel bril­lante diplomático.

Gen­er­al Juan Vicente Gómez, dic­ta­dor de Venezuela, con parte de su séquito

Resul­ta que nació en Bar­quisime­to pero cre­ció entre los potreros de la hacien­da de su padre el doc­tor y gen­er­al José Espir­i­tu­san­to Gil, cono­ci­do como el leg­en­dario “Pelón Gil”, un héroe de la Guer­ra Fed­er­al, diputa­do por Bar­quisime­to al Con­gre­so que san­cionó la Con­sti­tu­ción de 1858 en la Con­ven­ción de Valen­cia. Juriscon­sul­to nom­bra­do Gob­er­nador de la Provin­cia de Bar­quisime­to en 1859. Coman­dante de Armas de dicha provin­cia en 1860.

Des­de su nacimien­to, Gil For­toul estu­vo ínti­ma­mente lig­a­do a los que­hac­eres agrí­co­las y por supuesto a las bes­tias, a las que doma­ba con sin­gu­lar maestría, según apuntes del escritor Luis Bel­trán Guer­rero, quien suscribe que pese a su pre­matu­ra  incli­nación por la lec­tura, des­de niño ‑Gil For­toul- gusta­ba pas­tore­ar el gana­do en la hacien­da Hato Arri­ba, perteneciente a su padre, la cual esta­ba enclava­da en el munici­pio Bar­ba­coas que para entonces forma­ba parte del Dis­tri­to Tocuyo, (hoy esta­do Lara) 

Fue tan renom­bra­do el suce­so de la Yegua Tacarigua, que el humorista Leon­cio Martínez ‘Leo’ pub­licó una car­i­catu­ra de aque­l­la anéc­do­ta, con la sigu­iente leyen­da: “Ya lo dijo don José cuya pal­abra es un fal­lo: hay que bus­car a cabal­lo lo que no se encuen­tra a pié”.     

Foto de por­ta­da: el doc­tor José Gil For­toul cam­i­na jun­to a un ejem­plar en el hipó­dro­mo de Cara­cas Cir­ca de 1910

Fuente:
Mar­co Anto­nio Gher­si Gil y José Anto­nio Yepes Azpar­ren. La his­to­ria de la Famil­ia Gil des­de la época colo­nial y su descen­den­cia has­ta hoy. Bar­quisime­to 2013
Rafael María Rodríguez López. La Leyen­da del Pelón Gil. Cara­cas 1945

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *