La cultura del sometimiento y pasividad durante la dictadura gomecista

 

Freddy Torrealba Z
Escritor e investigador


Cuando el 19 de diciembre de 1908 Juan Vicente Gómez se hace con el poder político arrebatado a su compadre Cipriano Castro, expectante el pueblo venezolano lo que desea es un cambio de la cultura de la violencia por la cultura de paz, convivencia y democracia liberal. Silenciosamente dejaba entrever la necesidad del cambio en un país atrapado en la parálisis mientras avanzaba el capitalismo mundial.

Había cansancio por los 3 cuartos de siglo anteriores de guerras inútiles y los abusos de caudillos civiles y militares que habían convertido al país en una montonera que impedía el progreso en todos los órdenes.  Era evidente el desgaste causado por la violencia, las promesas incumplidas y los discursos demagógicos de elementos inescrupulosos movidos únicamente por la concepción de la política como ambición, intriga y negociado.

Es por ello que encuentra apoyo en diversos sectores, entre otros los democráticos, que albergan esa esperanza, pero muy pronto terminarán frustrados. Lo de Gómez era otra dictadura de nuevo tipo que rompe con la confesional de los trillados caudillos. Lo suyo es la implementación de un Estado policiaco basado en el terror que dé al traste con las concepciones tiránicas del pasado. Es un dictador del siglo XX que entiende la necesidad de ciertos cambios en el ejercicio del poder. Todo en función de lograr la domesticación de un país con las herramientas de la cultura política del autoritarismo y la violencia en extremo.

Un caudillo feudal 

Pese a su atrofia educativa e intelectual se erige en el caudillo único. Pero el hombre más poderoso de Venezuela, a partir de diciembre de 1908, no es ni siquiera alguien a quien se pueda considerar un autodidacto. Sobre el Benemérito no se sabe con precisión su grado de instrucción educativa que al igual que los caudillos de su tiempo, no cursaron o llegaron a concluir la escuela primaria. Su poca educación es la informal que adquiere por cuenta propia en lugar de la escuela. Estamos ante un ágrafo cuyos gustos y diversiones eran la música del tango y las peleas de gallos.

Juan Vicente Gómez es el típico caudillo feudal con una concepción retrógada del poder político, económico y cultural. Es así como incurre en la nefasta práctica del latifundismo improductivo en contradicción incluso con el capitalismo en nombre del cual irrumpe. Quien mejor lo ha definido es el historiador Carlos Irazábal: “ciego y brutal”.

Gómez no tiene esa visión de estadista para percatarse de la necesidad de esa transformación a gran escala del país. Ciertamente, con él adviene un capitalismo a medias al convertir al país en un exportador de una materia prima como el petróleo e importador de manufacturas del exterior. Pero lo planteado era una industrialización integral como parte de un Proyecto Nacional de nueva Nación que pierde vista. Apenas lo esboza con el combate a los caudillos al centralizar el poder político-administrativo y la creación del Ejercito. Es luego de su deceso cuando se hace realidad en los gobiernos de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita.

Es innegable su natural intuición para la preservación del poder producto de la malicia, capacidad para la maniobra, mentira y el engaño que lo hacen un zorro de la política práctica. Un animal de la política, aunque no un estadista. Pero, se trata de un analfabeto quien está al frente de las riendas del Estado venezolano con una nefasta impasibilidad en el estadio cultural.

Una realidad más compleja

A partir de la segunda década del naciente siglo XX, Venezuela se incorpora al grupo de países privilegiados con energía petrolera en su subsuelo, el nuevo motor de la Revolución Industrial en marcha. De esa manera pasa a ocupar un lugar estratégico en la geopolítica mundial. Por lo que a lo interno se imponía desarrollar otra forma de gobierno que garantice los requerimientos de “paz orden y trabajo”, el lema cultural y político que inspiraba a la proclamada Revolución Rehabilitadora.

Revolución Libertadora

Se trata de una situación más compleja que las anteriores que exige otro tratamiento en lo político, económico, militar y cultural. La solución al problema de seguridad para desarrollar aquella gigantesca industria financiada por EEUU es la implantación de un Estado salvaje. Mientras que en lo cultural se vislumbraban nuevos estilos de vida propios de la Civilización Occidental, pero que colide con el espíritu nacional que será afectado.

En términos culturales el aporte de su gobierno es mínimo para la superación del atraso educativo al no enfrentar a fondo el mal de la pobreza. Otra cosa es el accionar unilateral de los escritores, pintores, historiadores, filósofos, sociólogos, antropólogos, periodistas, educadores, pensadores y otros intelectuales. Son los que individual y levemente enfrentan esa adversa realidad desde el rincón de sus obras a riesgo de provocar la molestia y desaprobación del régimen. El conocimiento en el país de las nuevas expresiones de la literatura y pintura en Europa ocurren desligado del mismo por ignorancia o simplemente no interesarle. Pues es propio de un Estado salvaje las parálisis culturales como ocurre en el transcurso de esos 27 años.

 Violencia institucional

Se trata de un dictador primitivo y cruel por el uso desproporcionado de la violencia para mantenerse en el poder, controlar o eliminar a sus opositores. Eso se lo facilita el monopolio de la violencia del Estado del que dispone en forma absoluta. Su régimen es de inspiración pretoriana que raya en el exacerbado militarismo. La consumación de un estado salvaje profundamente represivo e intervencionista.

Ni corto ni perezoso emprende la creación durante su mandato de un nuevo Ejercito que puso fin al desgastado de las montoneras. De esa forma se asegura del necesario clima de orden y paz para el desarrollo de sus planes como lo es la conversión de Venezuela en una economía mono productora y exportadora de petróleo, pero al alto precio de destruir el sector primario de la agricultura. También la centralización político-administrativa del poder que pone fin a los enfrentamientos entre los caudillos. El pago además de la deuda externa heredada de Cipriano Castro. Es lo que explica el fracaso de todos los intentos de desalojarlo del poder por la fuerza. El de Gómez pasa a ser un Estado policíaco y militar que no se podía derrocar con los viejos métodos de lucha. Esos son los mayores cambios y fortalezas durante su administración.

Junto al cultural el sector de la agricultura acusa las consecuencias negativas de estas acciones del régimen. El mismo se estanca y es desplazado por la monoproducción petrolera en lo que constituye las primeras manifestaciones de la falta de diversificación de la economía nacional. Entre 1920 y 1935 se consolida ese proceso en medio de una prosperidad por el alto ingreso petrolero.

La cultura de lo cotidiano

La cultura es la resultante de la relación del hombre con la realidad. Una relación transformadora en la cual suele crear bienes y valores materiales y espirituales para el dominio de su entorno. Parafraseando a Edward Tylor es una compleja totalidad en la que aprende sobre: arte, moral, leyes, pensamientos, sentimientos, creencias, costumbres, hábitos, gustos, gastronomía, vestimenta, diversiones. El brasileño Darcy Ribeiro la conceptúa como formas de ser y vivir, estilos de vida.  Por ende, en toda sociedad y gobierno siempre existe cultura que también se equipara con civilización, como la Occidental.

Esos procesos están presentes en el régimen, en cuanto a las concepciones más amplias de la cultura. Nos referimos a la cultura sociológica y antropológica que se desarrollan en la sociedad venezolana de entonces. Por lo general los mismos siguen su marcha al margen del sistema sociopolítico existente. Es tal vez una expresión de subcultura que suele ocurrir en todas las sociedades sin que nada las impida o frene. Pues la concepción estética es obra de individualidades y grupos, entre quienes cabe mencionar en la pintura a Armando Reverón y en la literatura a Teresa de la Parra y José Antonio Ramos Sucre, los tres con una excelente obra.

Al pueblo le niega el acceso a lo artístico con su noción de las bellas artes en que las obras son disfrutadas por pocas. Por ende, acentúa también la separación del trabajo artístico, industrial y artesanal que impuso la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII. No favorece además cambios notables en la forma de vida de la mayoría del pueblo venezolano a merced de la pobreza material, la cual no impide que se exprese a través del folclore.

Moral y luces no cuentan

Dr José Gil Fortoul, diplomático, historiador de profesión abogado e historiador, presidente encargado de Venezuela

Un régimen profundamente militarista no le bastaba con sostenerse y apoyarse en las armas del Ejercito para cumplir con sus objetivos. Es su principal punta de lanza cuando se trata de controlar e imponerse en lo cultural, ideológico y político. Sus recursos son los del terror y el miedo en lo sicológico que sirven de advertencia y ablandadores de la conciencia del ciudadano.

También es necesario desarrollar una forma de cultura para dominar a la sociedad venezolana de entonces: la cultura del sometimiento y pasividad. cuyo propósito es el de mantener a raya a la población en la ilusión ideológica de un ambiente de “Unión, orden y trabajo”, su lema, cuando en realidad es un infierno.

Lo cierto es que a Gómez le tiene sin cuidado los asuntos de la educación, cultura y arte. Nunca fueron una prioridad en su gestión a lo largo de casi 3 décadas. El ministerio a cargo de estas actividades era el de Instrucción Pública que en una ocasión ocupa el larense José Gil Fortoul, un insigne humanista nativo de El Tocuyo y autor de la obra Historia Constitucional de Venezuela.

 A Gómez le espantaba todo lo que le supiera a moral y luces, aunque era un furibundo admirador del Libertador Simón Bolívar a quien guardaba permanente culto. Es decir, que el culto a Bolívar forma parte de la cultura gomecista al igual que lo hicieron Eleazar López Contreras, Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez Frías. Cada uno lo entiende a su manera, pero siempre con la intención de sacarle provecho político. Es que el patriotismo en tiranos y corruptos siempre despierta sospechas. Generalmente funciona como un mito por lo intangible para ocultar las peores atrocidades del caudillo mayor.

Las dictaduras empobrecen espiritualmente a los pueblos. Culturalmente con Gómez en el país se registra un estancamiento por la baja inversión en este sector. Su presupuesto era mínimo de apenas un 5 % de las asignaciones totales. lo que explica el altísimo índice de analfabetismo en esos tiempos el cual alcanza más del 80 %. Apenas un 4.5 % de los niños asiste a la escuela. La UCV permanece cerrada por el lapso de 15 años. Ello mientras en Argentina está en marcha la Reforma Universitaria de Córdoba que modifica la educación superior. La culturización del pueblo no era prioridad. Aunque su empírico sistema cultural en cada localidad se mantiene estático sin diseminación alguna. Carmelo Vilda precisa que en 1930 no funcionan en el país escuelas rurales. Laboran apenas 60 maestros titulado. Existen 3 liceos y 15 colegios que forman a 1759 alumnos. Existen 2 universidades: la UCV y la ULA con cupo para 532 estudiantes.

Al tirano no le faltaron recursos económicos para emprender, por ejemplo, una obra aceptable de desarrollo cultural del país. En el año económico 1928-1929 los ingresos fiscales fueron de Bs. 230.415.294,44. Son los mayores durante su gestión provenientes de su relación comercial con EEUU. Por el contrario, se refuerza el subdesarrollo cultural y el atraso educativo que el país arrastraba desde el siglo pasado. Se niega a liarse al progreso que la Revolución Industrial había traído al mundo. Éste se queda a medio camino con el impulso distorsionado de una prospera economía petrolera sin reproducción del capital externo, vale decir diversificación. Entonces priva la acepción de la cultura como un recurso para la contemplación del discurrir monótono y estático de los días en un país al que Germán Carrera Damas define como “un país isla”. 

En lo filosófico estamos ante un seguidor del positivismo que exalta el poder del hombre más fuerte en lo biológico, racial y político. Es la razón por la cual veía como débiles a campesinos e indios que para nada cuentan en su proyecto político. Es Laureano Vallenilla Lanz quien. en su libro Cesarismo Democrático, lo justifica desde la visión del positivismo. Al respecto es muy conocido el capítulo titulado El gendarme necesario. el cual se refiere al origen popular de los caudillos con las excepciones de Bolívar y Guzmán Blanco.

Un sistema político intolerante y falto de pluralidad en lo cultural que recuerda al fascismo alemán, cuando sus oficiales oían la palabra inteligencia sacaban la pistola. En Caracas los merengues del músico Luis Alfonzo Larraín no gustaban al régimen. Por ese motivo estuvo a punto de ser detenido por la policía del establecimiento conocida como los “chacharos” por lo analfabetas y abusadores. Eran tan brutos que seguro creyeron que la canción “Te caigo a tiro” se refería a la dictadura.

La escuela militar de Gómez

La llamada “Revolución Rehabilitadora” es muy poco lo que exhibe en materia cultural. Es la repetición de sus antecesores movimientos caudillistas interesados únicamente en las mieles del poder. La excepción tal vez es Antonio Guzmán Blanco con sus gustos por la cultura francesa.

Pero la de Gómez presenta la diferencia de sujetarse a la primera potencia mundial no sólo en lo económico, político y militar sino también en lo cultural. A la luz del enfoque del centro y la periferia el proceso de transculturización es inevitable. En ese contexto aparece en la sociedad el arte “kistch”, es decir, según Teódulo López Meléndez, una falsificación de la vida en lugar de una aventura para descubrirla culturalmente.

Apenas 2 libros vienen en su auxilio intelectual, a saber: Historia Constitucional de Venezuela escrito por José Gil Fortoul y Cesarismo Democrático de Laureano Vallenilla Lanz. En ambos sus autores se deslizan por los paisajes de la historia desde la perspectiva de la filosofía positivista. En Cesarismo Democrático Vallenilla Lanz justifica a los caudillos en el capítulo titulado El Gendarme necesario. Gómez creía en “los hombre más capaces y mejor dotados” lo cual le funciona en cuanto a la integración de sus gabinetes gubernamentales. Es lo que la historiadora Yolanda Segnini ha llamado “Las luces del gomecismo” que titula uno de sus libros.

Represión y contracultura

Una dictadura es la negación absoluta del derecho a la libertad. En términos culturales representa una merma de lo espiritual y material en la vida del hombre. El cercenamiento en ese sentido no se hace esperar al desaparecer la garantía de una plena relación con la realidad para su transformación. aunque sea desde la subjetiva instancia de la cultura y el arte.

Las dictaduras de cualquier signo sumen a los pueblos en la quietud espiritual. Por lo que la de Gómez no escapa a esa realidad, máxime que es la resultante de 3 cuartos de siglo de violencia política desde 1835 cuando estalla la revolución de las reformas. Lo que implanta en Venezuela es un Estado policial que arremete contra la inteligencia por considerarlo un peligro. Carmelo Vilda (1997) nos refiere en ese sentido lo siguiente:

 “El gomecismo cercenó la libertad de expresión y recelaba de cualquier actividad cultural que aludiera a la política. En la aduana se confiscaba la literatura marxista que llegaba al país.”

La desaparición de la libertad de expresión afecta la creación del artista individual y los colectivos que se sienten amenazados por los rígidos controles estatales. En los pocos grupos impera la inmovilidad, temor y silencio contrarios a la auténtica creación. La inventiva cultural y artística está subordinada a la voluntad del caudillo que decide lo que se hace lo cual termina en la nada, aunque debía ser algo.

La publicación de varios de los libros de Arturo Uslar Pietri y Rómulo Gallegos obedece a iniciativas privadas de los autores. Estos lo hacen por cuenta propia sin contar con el apoyo oficial y, en consecuencia, sin saber su reacción. Aunque a ambos los favoreció sus buenas relaciones con el régimen. Uslar Pietri era hijo de un alto funcionario gubernamental. Mientras Gallegos tenía fama de buena gente ajeno a los asuntos políticos. Ello hizo insospechables sus obras en las cuales describe la barbarie de una sociedad arcaica como la de esa época. Ese clima de hostilidad nos lo expone Arturo Uslar Pietri (1978) cuando se refiere a la revista Válvula:

“Vivíamos en una época caracterizada por una situación política represiva, en la cual las posibilidades de manifestarse eran limitadas y riesgosas. La falta de aire y espacio para moverse originó el nombre obvio, pues era eso: una espita por donde dar salida a aquella serie de inquietudes que todos compartíamos.”

No es algo casual que la publicación de la revista Válvula, de la cual es integrante Uslar Pietri, alcance apenas un solo número para desaparecer de inmediato. No existían condiciones favorables para su circulación.

El régimen permitía las tertulias literarias en que cuidadosamente se discutía sobre las corrientes literarias en boga: criollismo, costumbrismo y el modernismo. Los vanguardistas como José Antonio Ramos Sucre eran vistos como raros y nada más. En la pintura el Circulo de Bellas Artes con la asunción de un nuevo paisajismo entre cuyos voceros se encuentra el larense Rafael Monasterios.

Otra cosa diferente son los más politizados, los estudiantes que se rebelan en febrero de 1928. La ocasión en que el tocuyano Pío Tamayo tiene el atrevimiento de recitar un libertario poema en homenaje al indio. Aquello fue como un balazo al corazón de la dictadura que responde furiosa con la brutal represión. Las secuelas son unos 200 presos y el cierre de la UCV.

Por debajo de cuerda lo que se gestaba era una contracultura de diversos signos promovida por los sectores (burgueses, medios y obreros) que luchaban por la democracia. Entre esas manifestaciones citamos las siguientes: la fundación del Ateneo de Caracas, el nacimiento en firme de la radiodifusión, la circulación de las revistas literarias Válvula, Élite y La Gaceta de América, empuje de la actividad musical y la aparición del Círculo de Bellas Artes.

REFERENCIAS:
Acosta Espinoza, Nelson y otros. La cultura política del venezolano. Equinoccio y UCAB. Caracas. 2005.
El lmpulso. Gómez. Suplemento especial. Martes 17 de diciembre de 1985.
Torrealba Z. Freddy. Gómez, los bríos del dictador por el tango y los gallos. En: El Informador. Miércoles 30 de diciembre de 2017.
Uslar Pietri, Arturo. Citado por Domingo Miliani en el prólogo de la novela Barrabas y otros relatos. Monte Ávila Editores. Caracas.1978.
Vilda, Carmelo. Proceso de la cultura en Venezuela III siglo XX. Centro Gumilla.Caracas 1997.

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