Betancourt recibió de militares la jefatura del gobierno en 1945

 

Juan José Peralta
Periodista


La segunda vez que hablé con Rómulo Betancourt en 1968, en la residencia de Julio Pocaterra en Altamira, llamó “clásico” al golpe militar del 18 de octubre de 1945, hace 73 años. El médico Edmundo Fernández, quien había jugado fútbol con él fue el enlace con la Unión Patriótica Militar, formada por la mayoría de los oficiales subalternos de las fuerzas armadas.

Fernández también fue el anfitrión de la reunión conspirativa. “He escrito y hablado copiosamente sobre esta asonada, incluso desde mis artículos de prensa en el diario El País”, me dijo enfático.

Betancourt al centro, de izquierda a derecha Prieto Figueroa, Leoni, Delgado Chalbaud, Mario Vargas, Fernández y Gonzalo Barrios

Aseguró Betancourt que la conjura estaba lista, parecía irreversible y así lo entendió en una primera reunión a la que acudió con Raúl Leoni, en la casa de Fernández en La Castellana.

“Hemos llegado a la conclusión de que el civil que deberá presidir el gobierno provisional sea usted, señor Betancourt”. La voz cantante la llevó el mayor Marcos Pérez Jiménez quien llegó en compañía de los tenientes Martín Márquez Añez, Horacio López Conde y Carlos Morales. Este último más tarde sería gobernador de Lara.

Los adecos se miraron a la cara estupefactos. “Leoni y yo no nos pertenecemos a nosotros mismos. Somos dirigentes de Acción Democrática. Sólo después que informemos a la dirección del partido podremos traer una respuesta”, le respondió a los militares quienes explicaron su malestar: los cuarteles mantenían la estructura gomecista y los generales “chopo e´ piedra” de las montoneras del siglo XIX seguían mandando.

Primera página de El Nacional

Algo que molestaba más a los militares jóvenes era que los ascensos estaban a capricho del presidente Isaías Medina Angarita y su ministro de Defensa y la Ley de las Fuerzas Armadas estaba archivada en el Congreso. Los sueldos de los oficiales eran tan bajos que un subteniente ganaba menos que un chofer de autobús y la ración de la tropa y su dotación para uniformes y medicinas eran muy precarias.

Pérez Jiménez les aseguró que faltaba material militar actualizado y exigían su renovación comparados con los equipos de la recién finalizada guerra mundial.

Estaba convencido que el golpe lo iban a dar con o sin los adecos y les pareció a la media docena escasa de dirigentes en conocimiento de la conspiración la necesidad de participar, no quedarse por fuera.

Candidato demente
Betancourt contó que se hicieron todas las diligencias para evitar el golpe que ya estaba fraguado y sólo le faltaba hora y fecha. Por acuerdo con Medina Angarita se buscó la salida con Diógenes Escalante, el embajador en Washington. La inesperada demencia del candidato de consenso llevó al presidente –bajo la tesis de que debía gobernar un tachirense– a insistir con la opción de su ministro de Agricultura, Ángel Biaggini, persona “gris y anodina”, como lo calificó el líder de Acción Democrática.

Descubierta la conspiración, el golpe estalló a mediodía del 18 de octubre de 1945 en la Escuela Militar. “Para evitar derramamientos de sangre” Medina se rindió y lo trasladaron a la Escuela Militar, donde se consiguió con el ex presidente Eleazar López Contreras, detenido en Miraflores cuando fue a saber de la sublevación.

Betancourt contó que la noche siguiente se instaló la Junta Revolucionaria de Gobierno integrada por cinco civiles y dos militares: cuatro miembros de AD, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Gonzalo Barrios y Betancourt en la presidencia como se planteó al principio, el independiente Edmundo Fernández (anfitrión de la primera reunión), el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Vargas.

En mayo de 1952, Isaías Medina Angarita sufrió en Nueva York un ACV y le autorizaron regresar a Caracas en 1952, donde murió a los 56 años de edad

“Hice una gestión democrática, pese al origen de facto. Se castigó el peculado y convoqué la Constituyente de 1947 con diputados electos por votación universal, directa y secreta que aprobó la primera Constitución democrática que instauró la participación popular en la escogencia de las autoridades por el sufragio”.

Final de andinos en el poder

Ese día cayó la dinastía andina que gobernaba desde el 22 de octubre de 1899, cuando de golpe Cipriano Castro con su compadre Juan Vicente Gómez arribó con su Revolución Restauradora a Miraflores y puso fin al duelo entre Medina y López por el poder, quienes fueron expulsados del país.

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