Realmente conoces quién era José Antonio Páez

 

Pocas personas saben de la vida civil del general José Antonio Páez, y es que resulta que para 1873, cuando murió a la edad de 82 años en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, era escritor, políglota y músico talentoso.


Su verdadera hazaña personal, además de haber sido Libertador y Presidente de Venezuela, fue la de cultivarse como individuo.

Se convirtió en ávido lector y fue enriqueciendo el léxico y sus conocimientos sobre Historia Universal; escribió una autobiografía que es testimonio histórico único de los primeros 50 años de la historia de la República independiente; aprendió a hablar y escribir Inglés y Francés. 

Fue alumno del célebre geógrafo y procer de la Independencia de Venezuela, el italiano Agustín Codazzi, de quien aprendió lo suficiente de botánica para crear un tipo de rosal cuya flor hoy lleva el nombre de “Rosa Páez”; y decidió cambiar las maracas que tocaba en sus mocedades llaneras por los finos sonidos del piano y el violín hasta el punto de interpretar y componer piezas de música clásica.

Su casa fue un teatro

Páez fundó en su casa de Valencia, lo que fue quizás el primer grupo de teatro de la ciudad, inaugurándolo con una función de la tragedia “Otelo” escrita por William Shakespeare y siendo el mismo uno de los actores principales en compañía de Miguel Peña y Carlos Soublette, entre otros participantes.

Durante los años de su madurez como político, pudo dedicarse a su verdadera pasión:  aprendió teoría y solfeo, armonía, formas y estilos musicales, venció el miedo a cantar y aprendió a tocar el piano y el violín 

Compuso varias piezas y en el Museo Histórico Nacional de Argentina se puede ver un cancionero de obras inéditas de su autoría en el cual figuran algunos fandangos, o joropos con múltiples voces y más de dos arpas.

El general Páez debería ser recordado, más que por sus logros en tiempos de guerra y enredos de la política nacional, por el espíritu del hombre que no celebró su ignorancia sino que se avergonzó de ella y logró superarla con esfuerzo y estudio.

Tal vez la mejor virtud del “Centauro de los llanos”, muy por encima de su valentía como guerrero y sus méritos como Libertador o Presidente de Venezuela, fue su empeño por mejorarse como individuo y caballero al profundizar su cultura.

LAPP

 

José Antonio Páez, en una fotografía de Federico Lessman. 1859-1863. Colección Museo Bolivariano Caracas

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