Lisandro Alvarado: ciencia y el afán por el gentilicio venezolano

 

Carlos Giménez Lizarzado
Historiador


El itinerario de Lisandro Alvarado, desde sus primeros años en El Tocuyo hasta su muerte en Valencia en 1929, va a significar el camino de la búsqueda del país, de la fundación de una escritura donde se hila una visión de la nación. Lo apasionante de la pluma de este tocuyano, tempranamente globalizado, es que nos conecta, a través de una praxis interdisciplinaria, a la compresión de una Venezuela cuyo nacimiento es largo y traumático.

Una lec­tura, libre de pre­juicios académi­cos, de obras como “Datos etno­grá­fi­cos de Venezuela”, “De la nat­u­raleza de las Cosas” (tra­duc­ción) de Tito Lucre­cia Caro, y “Mis­celánea de Letras e His­to­ria”, nos aprox­i­ma a un uni­ver­so de planteamien­to sobre cien­cia, políti­ca y cul­tura, cuyo eje cen­tral es colo­car al país, su gente, su nat­u­raleza y su geografía a vibrar en el sen­ti­do de la his­to­ria.  No es una apología al pro­gre­so, sino a la recon­struc­ción y, en per­spec­ti­va, lo que sig­nifi­ca edi­ficar la nación espiritualmente.

De sus mae­stros, Egidio Mon­tesinos en el Cole­gio La Con­cor­dia de El Tocuyo, Adol­fo Ernst y Rafael Villav­i­cen­cio en la Uni­ver­si­dad de Cara­cas, y de sus con­tac­tos con José Martí, fijará prin­ci­p­ios filosó­fi­cos y cien­tí­fi­cos y la éti­ca de colo­car la sabiduría en ben­efi­cio del pro­gre­so nacional.

Don Lisan­dro Alvara­do jun­to a José Gil For­toul y Luís López Mén­dez for­mó en 1882, la Sociedad Ami­gos del Saber

Grad­u­a­do de médi­co en 1884, lle­ga a cul­ti­var la his­to­ria, la antropología, la etnología y la lingüís­ti­ca, no como pren­das for­males que se exhiben en un títu­lo, sino como instru­men­tos de pen­samien­to y acción para mejo­rar la cal­i­dad de vida del hom­bre.  Y con esto, tam­bién nos pre­sen­ta un par­a­dig­ma del pro­fe­sion­al y su per­ti­nen­cia en la sociedad.  No es el espe­cial­ista de tal o cual parte de la cien­cia.  Es un hom­bre de cien­cia, en quien con­fluyen –sin trau­ma- la tradi­ción y la mod­ernidad, pues el cien­tí­fi­co ve con ojos uni­ver­sales los pro­ce­sos fron­ter­i­zos de lo que somos y los cam­bios de su contemporaneidad.

Lisan­dro Alvara­do, nutri­do del pen­samien­to pos­i­tivista como méto­do para aprox­i­marse a la real­i­dad social, logra echar las bases de la inves­ti­gación como úni­co camino para cono­cer y resolver.  Es el hom­bre vene­zolano el que le pre­ocu­pa, y en tal sen­ti­do lo obser­va des­de las dis­tin­tas dis­ci­plinas que cul­ti­va. En cier­to modo, se tra­ta de “Fun­dar la sociedad del conocimien­to” en un tiem­po históri­co donde la igno­ran­cia y los dog­mas esta­ban a la orden del día.  No es casu­al que jun­to a José Gil For­toul y Luís López Mén­dez con­sti­tuyan, en 1882, una sociedad Ami­gos del Saber. Era una labor colec­ti­va y angus­tiosa por bus­car caminos que le dier­an al país una base sól­i­da, y entendían que la cien­cia era ese camino.

Aunque no existía el correo elec­tróni­co, estos per­son­ajes crearon una red de comu­ni­cación epis­to­lar, den­tro del país y en el ámbito inter­na­cional, que les per­mitía conec­tarse con los debates de Europa y así ver el mun­do des­de la real­i­dad que les rode­a­ba sin negar las fron­teras uni­ver­sales.  De modo que la mod­ernidad no es una sim­ple sen­si­bil­i­dad tem­po­ral, ni una nue­va for­ma del ser, sino la pre­cisión de las coor­de­nadas exis­ten­ciales de una cul­tura. Y esto lo resuelve Lisan­dro Alvara­do por la vía de la cien­cia, lle­gan­do un poco más allá cuan­do plantea que la razón se ha edi­fi­ca­do en Occi­dente no es el úni­co parámetro para pen­sarnos como real­i­dad. Se ade­lan­ta de algu­na man­era a la que hoy hemos acuña­do como cri­sis del pen­samien­to mod­er­no. Leamos su apre­ciación emi­ti­da en 1923: “A causa de que la cien­cia mod­er­na ha tenido su cuna en Europa, y de que se ha propa­ga­do sin difi­cul­tad entre los pueb­los indoger­máni­cos para­le­la­mente con el cris­tian­is­mo, tié­nese como tipo de sociedad humana el que ha prevale­ci­do en los pueb­los occi­den­tales. Lo demás ha pare­ci­do bar­barie y gen­til­is­mo, como si fuera condi­ción inna­ta del hom­bre agru­parse para siem­pre bajo la razón social de Gre­cia y Roma” (“Obras Com­ple­tas” Vol. VII. 1958. P. 362.)

Esto no sig­nifi­ca negar la defini­ción uni­ver­sal que se desprende de las fuentes pri­marias de la cos­mo­visión occi­den­tal, sino estable­cer la plu­ral­i­dad de pro­ce­sos, y, con ellos, la diver­si­dad como condi­ción del desar­rol­lo históri­co de las dis­tin­tas cul­turas que tienen lugar en el mun­do. Impli­ca, además, ale­jarse de cualquier dog­ma que anule la cre­ativi­dad y niegue la lóg­i­ca de los cam­bios; es no atarse a sis­temas teóri­cos o ide­ológi­cos que no per­mi­tan obser­var cam­bios. Pos­tu­la una cien­cia no estática.

Lisan­dro Alvara­do graduó de médi­co en 1884. Cul­tivó la his­to­ria, la antropología, la etnología y la lingüís­ti­ca, como for­ma de vida

Lisan­dro Alvara­do com­prende que el prob­le­ma  de la con­struc­ción de una visión pasa por la per­cep­ción amplia de las cosas com­ple­jas y sen­cil­las; y así; sen­ten­cia que las ideas  no se quedan  en el tiem­po: “Evolu­ción y selec­ción no cesan de agi­tar el mar del pen­samien­to: sis­temas, escue­las, libros favoritos, todo va pasan­do a pro­por­ción que pasan ideas dom­i­nantes en los pueb­los; a la muerte de lo uno se sigue el nacimien­to  de lo otro,  y nada que­da,  en defin­i­ti­va, tri­un­fante del imper­cep­ti­ble trán­si­to de los sig­los”. (“Obras Com­ple­tas”.Vol. VII, 1958. P.325).

Des­de esta per­spec­ti­va, esta­mos en pres­en­cia de un pen­sador aten­to al tiem­po como condi­ción nece­saria para el pro­gre­so; no del pro­gre­so pre­tendi­do des­de el dis­cur­so ide­ológi­co lib­er­al del siglo XIX, sino de la búsque­da para la real­ización de la nación. Su com­pre­sión históri­ca del pro­ce­so políti­co vene­zolano se desprende, pre­cisa­mente, de esta agudeza que le car­ac­ter­i­za como obser­vador de su pre­sente, estable­cien­do fil­ia­ciones sociales, económi­cas y cul­tur­ales en el tran­scur­rir del tiem­po. Así, su apre­ciación sobre la con­tradic­ción Cen­tral­is­mo – Fed­er­al­is­mo no lo dis­trae, sino que nos recuer­da “Lo que fue hecho fácil en Suiza y esta­dos unidos, nosotros lo hemos queri­do realizar de una man­era extraña (…). La lucha fue en ver­dad por la Demo-cra­cia” (1909). Esta apre­ciación, de prin­ci­p­ios del siglo XX, sigue vigente a comien­zos del siglo XXI.

De modo pues que ten­emos los vene­zolanos un pat­ri­mo­nio en Lisan­dro Alvara­do para colo­car­lo a la luz del debate con­tem­porá­neo sig­na­do por muta­ciones ide­ológ­i­cas y nuevos man­tos ani­mis­tas lev­an­ta­dos sobre las “bon­dades del mer­ca­do”. La revuelta a los clási­cos nos da sen­ti­do de con­tinuidad; final­mente, el reto no está en lle­gar a la post­mod­ernidad, sino en hac­er ciencia.

Ciencias y humanidades

Con ante­ri­or­i­dad hemos resalta­do la vía hacia la mod­ernidad de la cien­cia por el hor­i­zonte que abre este pen­sador vene­zolano. En este sen­ti­do.  La entra­da tam­bién es una sal­i­da, en tan­to que los com­po­nentes lit­er­ar­ios, históri­cos y cien­tí­fi­cos de Alvara­do estable­cen fil­ia­ciones con prob­le­mas con­tem­porá­neos del país en el ámbito de la cien­cia y desar­rol­lo social.

En este orden de ideas, sug­e­r­i­mos que la “con­tradic­ción for­mal o buro­cráti­ca entre cien­cia y humanidades”  refle­ja­da en la estruc­tura tradi­cional  de las fac­ul­tades  en  la uni­ver­si­dad vene­zolana, podría ser abor­da­da  a par­tir  de la visión exis­tente  en fig­uras como Lisan­dro Alvara­do, quien  en su que­hac­er int­elec­tu­al, expre­sa  la inte­gración  de las dis­tin­tas  dis­ci­plinas del saber social y nat­ur­al en fun­ción del hombre.

Des­de luego que no se tra­ta de una inte­gración de dis­tin­tas dis­ci­plinas por el afán de acu­mu­lar infor­ma­ción o de cruzar cam­pos con­cep­tuales que ter­mi­nan en una mez­cla de saberes sin per­ti­nen­cia social. Refe­r­i­mos a la obra alvarad­i­na es hac­er ref­er­en­cia  al “pen­sador sín­te­sis”,  donde  se inte­gra,  en fun­ción del hom­bre,  el conocimien­to de la med­i­c­i­na,  de la botáni­ca,  de la biología y de la inge­niería, ori­en­tadas  por la filosofía y la his­to­ria como  parámet­ros  con­cep­tuales y tem­po­rales  de los prob­le­mas del hom­bre vene­zolano para la época.

En todo caso, el prob­le­ma quedaría plantea­do a par­tir de lo que nece­si­ta­mos en un con­tex­to educa­ti­vo car­ac­ter­i­za­do por su inco­mu­ni­cación con la real­i­dad social. Numerosos diag­nós­ti­cos arro­jan con­sid­era­ciones acer­ca de la inco­heren­cia entre la for­ma­ción pro­fe­sion­al y las deman­das del mun­do con­tem­porá­neo. En este sen­ti­do, es nece­sario aclarar que no debe­mos con­fundir la visión humanís­ti­ca de un espa­cio de for­ma­ción for­mal y la necesi­dad de preparación dis­ci­pli­naría en el cam­po de las humanidades. 

A par­tir de aquí, giramos en torno a una deman­da de una real­i­dad ráp­i­da en cam­bios y pro­ce­sos simultá­neos, donde la tec­nología va a la veloci­dad de la luz y los prob­le­mas del hom­bre a paso de tor­tu­ga.  Se tra­ta, en con­se­cuen­cia, no de ver lo humanís­ti­co como un com­po­nente for­mal, sino que aun dis­eñan­do áreas del saber -, avance­mos en la com­pre­sión de que las cien­cias comien­zan y ter­mi­nan en el hom­bre, cuyos ejes se per­fi­lan por la emi­nente búsque­da de la cal­i­dad de vida del individuo.

Esto supone desechar la absur­da idea a través de la cual se plantea el logro del desar­rol­lo como con­se­cuen­cia de la téc­ni­ca, es dis­eñar estrate­gias que inte­gren las inno­va­ciones per­ma­nentes con las real­i­dades deman­dantes, es obser­var que los debates de la ansi­a­da mod­ern­ización pasan por ver al colec­ti­vo en su con­jun­to, entre el pasa­do y el pre­sente, y des­de las dis­tin­tas per­spec­ti­vas con­cep­tuales de la ciencia.

La situación alcan­za dimen­siones de com­ple­ji­dad si enten­demos que la búsque­da ya no se basa en ref­er­en­cias tradi­cionales del siglo XX, sino en una real­i­dad que se mueve en un cur­so históri­co sig­na­do por cam­bios pro­fun­dos en la cien­cia y en los dis­tin­tos nive­les orga­ni­za­cionales de la sociedad, que exige nuevas racional­i­dades que no pier­dan de vista al hom­bre como cen­tro del uni­ver­so. Esto en apuro, sin com­par­ti­mos la reflex­ión de Ernesto Mayz Val­le­nil­la, quien define este pre­sente como la “Trans­mutación de la razón”.

De acuer­do  con este  cono­ci­do filoso­fo, “Los parámet­ros de este  ver­dadero cat­a­clis­mo históri­co se hal­lan rep­re­sen­ta­dos por la abol­i­ción del antro- pocen­tris­mo, el antropo­mor­fis­mo y el geo­cen­tris­mo, en  tan­to que bases sus­ten­tadas de un esti­lo de racional­i­dad en trance de desa­pare­cer… con el con­sigu­iente hundimien­to de todos los instru­men­tos y sen­so­rios int­elec­tuales (cat­e­gorías, nociones, intu­iciones, con­cep­tos, etc) medi­ante las cuales el hom­bre proyecta­ba y con­struía sus insti­tu­ciones , pens­a­ba  y orden­a­ba  sus exis­ten­cia…”( Mayz Val­le­nil­la, Ernesto. La Trans­mutación de la razón. Suple­men­to Cul­tur­al No. 1444. Ulti­mas Noti­cias. Cara­cas. 21-01-1996. P.1).

Este pro­ce­so se ve agiliza­do por el alcance inimag­i­na­do de la “meta-téc­ni­ca”, que apun­ta hacia una for­ma de pen­samien­to que des-bor­da lo humano para pre­sen­tarnos una prox­im­i­dad vir­tu­al entre los hom­bres con aspira­ciones plan­e­tarias y homo­geneizantes, donde el con­sumo inte­gra toda la faz de la tier­ra.  Esto nos colo­ca frente a una acel­er­a­da dinámi­ca de inter­na­cional­ización de los mer­ca­dos y, con ello, del “dis­eño” de un tipo de indi­vid­uo a merced de una órbi­ta que gravi­ta sin conex­ión colectiva.

En este con­tex­to de incer­tidum­bre y de un futuro cuyo ros­tro no imag­i­namos, ¿Cuál es el reto que tienen las escue­las y las uni­ver­si­dades? Ha sido pre­cisa­mente el teóri­co de la lla­ma­da sociedad “poscap­i­tal­ista”, Meter Druck­er, quien ha señal­a­do que el reto no es la tec­nología   sino cómo pon­er­la al ser­vi­cio de las necesi­dades humanas. Igual­mente sub­raya la necesi­dad de una per­sona edu­ca­da capaz de apren­der a apren­der. Veamos el planteamien­to de Druck­er en relación con ese ide­al de ciu­dadano edu­ca­do: El acce­so a la gran heren­cia del pasa­do ten­drá que ser ele­men­to esen­cial.  En efec­to, el pasa­do ten­drá que abar­car mucho más de lo que defien­den los human­istas. El ide­al de éstos sigue sien­do prin­ci­pal­mente la civ­i­lización occi­den­tal y la tradi­ción judeocris­tiana. Nece­si­ta tan­to per­cep­ción capac­i­ta­da como análi­sis” (Peter Druck­er. “La sociedad poscap­i­tal­ista”. Colom­bia. Edi­to­r­i­al Nor­ma. 1994. P.232.)

Así pues, nues­tra mira­da no debe con­cen­trarse en la asim­i­lación de la tec­nología impor­ta­da, sino en inte­grar­la  como medio para un fin más racional que, si se atiende al lla­ma­do de Druck­er, apun­taría hacia una for­ma­ción human­ista que mire la total­i­dad y sus com­po­nentes diver­sos como la real­i­dad donde nos move­mos y for­mamos ciu­dadanos, es aquí donde figu­ra  con vocación uni­ver­sal como Lisan­dro Alvara­do des­de su aldea,  nos resumen el par­a­dig­ma del pro­fe­sion­al que nece­si­ta­mos para una sociedad alta­mente exi­gente, excluyente, y com­ple­ja – por las trans­for­ma­ciones sociales en cur­so agilizadas  por las nuevas tec­nologías de infor­ma­ción y comunicación-.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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