¡Bendición! Dios te bendiga y te favorezca

 

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista


¡Bendición! Dios te bendiga y te favorezca… y te libre de todo mal y peligro! Así nos despedían nuestros familiares en una era no muy remota.

Con alegría y un dejo de nostalgia, nuestros abuelos nos ofrecían estas mágicas palabras para saludarnos al recibirnos o para despedirnos, en un verdadero acto de encomienda y protección a Dios.

El pedir la bendición ha sido siempre una hermosa costumbre venezolana. Es un acto de fe, amor y unión familiar por décadas y que ya en la Colonia, era practicada con asiduidad.

En la gráfica familiar se observan el historiador larense José Gil Fortoul, junto a su hijo Henrique Gil Fortoul y su esposa, doña Josefina Dagnino de Gil Fortoul. Les acompaña José Eduardo Gil Fortoul, hijo de la pareja. Años 40

Ha sido una costumbre tan arraigada en el venezolano que los niños, desde tierna edad, y aun sin saber siquiera hablar todavía, juntan sus palmas en señal de reverencia esperando la bendición, y ya de grandes, la piden repetidas veces al día en resguardo aquella tradición que dice: “mientras más la pides creces un poco más”.

Aun en la familia venezolana, la bendición se pide, principalmente a los mayores y personas de respeto: principalmente a los padres y madres, abuelos y tíos, y también a nuestros padrinos. Incluso al sacerdote de la comunidad.

Este hermoso ritual se efectúa al levantarse y al acostarse, al salir y al llegar a la casa, al partir o al regresar de un viaje, entre otros escenarios.

Pero en qué consiste esta hermosa tradición: es solicitar “bendígame padre o madre…”, y luego en “elevar” un ruego a Dios: “que Dios te bendiga hijo…”, para la felicidad, el cuidado, la protección de alguien, especialmente hijo, nieto, sobrino, ahijado, entre otros.

Esta costumbre también se practica sobre una acción, un examen, un viaje, un proyecto. Especialmente la bendición se desarrolla de padres hacia los hijos para llevar un buen noviazgo y luego para el matrimonio.

En muchos hogares venezolanos no se toman los alimentos antes de realizarse el ritual de la bendición en la mesa, sobre todo en ocasiones solemnes como Navidad o la Pascua.

El niño Andrés Santiago Perozo Barrios, bisnieto de don Daniel Yepes Gil, pide la bendición a Jesús en la Cruz en la capilla de la Posada Nena y Kaká, en Sanare, estado Lara. Año 2016

Para las familias tradicionales, el pedir y dar la bendición simbolizaba sólidos nexos. Es un acto con hondas raíces que reposa en las Escrituras: libro Número 6,24-26, en donde Dios le brinda a Moisés su bendición para el pueblo de Israel: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Aquí una primera versión de la bendición que asumidas como propias en Venezuela, fue adaptándose a nuestra idiosincrasia pero siempre conservando su esencia de protección ante cualquier situación.

Pero este cálido acto filial y fraterno se ha ido perdiendo quizás por negligencia, avasallante modernidad, o por lo que es peor: por la pérdida de conceptos como respeto, reverencia y comunicación.

Está en nosotros que esta importante costumbre sea rescatada de las fauces del olvido, y más cuando se tienen hijos pequeños que acogen con tanto entusiasmo la maravillosa experiencia de la gratitud y la reverencia. Nunca es tarde y hoy es un buen día para rescatar esta maravillosa tradición arraigada en Venezuela.

Foto de portada: El doctor y sacerdote Críspulo Benítez Fortourvel, arzobispo de Barquisimeto imparte la bendición a la niña Isabel Cristina «Titina» Sequera Yepes Gil en su bautizo, en 1951, en el templo de San Francisco de Asís, antigua Catedral de Barquisimeto. En la gráfica también destacan los padrinos doña Isabel de Sequera y don Daniel Yepes Gil, nuestro abuelo, con gafas y trajeado de corbata, con una media sonrisa, sinónimo de satisfacción.

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