Juan Guillermo Iribarren: epónimo de la venezolanidad

 

Carlos Giménez Lizarzado
Historiador y editor


El gentilicio venezolano como esencia que ha cohesionado nuestra nación desde finales del siglo XVIII y puesto en alto relieve con el mismo inicio de la independencia política, se forjó en un largo tiempo histórico-social fraguado a lo interno del régimen imperial español en especial en el dominio de Carlos III. 

En aquel pro­ce­so de con­fig­u­ración del ser mes­ti­zo his­panoamer­i­cano y por ende del vene­zolano, había juga­do un rol deter­mi­nante la acción poblado­ra y educa­ti­va cris­tiana de los fran­cis­canos, agusti­nos, capuchi­nos, domini­cos, jesuitas y mer­cedar­ios; con ellos y a pesar de sus dis­putas doc­tri­nar­ias se fue dan­do la inte­gración ter­ri­to­r­i­al de las antiguas provin­cias colo­niales orga­ni­zadas y delim­i­tadas por la metrópoli española.

 La cri­sis de la monar­quía a par­tir de 1808 con las abdi­ca­ciones de Bay­ona, debil­itó el sis­tema colo­nial y puso en evi­den­cia los intere­ses autonómi­cos de las provin­cias his­panoamer­i­canas integradas a la metrópoli, que se sola­pa­ban en nom­bre de la sober­anía de Fer­nan­do VII. 

Juan Guiller­mo Irib­ar­ren. Óleo del Artista Fred­dy González, obra, que se develó el 24 de Mar­zo de 2006. En la sede de la Alcaldía de Arau­re en la Con­mem­o­ración de los 209 Aniver­sario del epónimo

En 1781, el Inten­dente José de Aba­los, había expuesto en una memo­ria envi­a­da a Car­los III, las ten­den­cias sep­a­ratis­tas de las colo­nias españo­las lo que colo­ca­ba en ciernes el der­rumbe del impe­rio. El “lib­er­al­is­mos español” se abre paso entre el caribe y el atlán­ti­co, cua­ja en las mis­mas insti­tu­ciones del sis­tema colo­nial como la Inten­den­cia de Ejerci­to y Real Hacien­da, Real Audi­en­cia y Real Con­sula­do de Caracas. 

Ale­jan­dro de Hum­boldt en sus obser­va­ciones por el ter­ri­to­rio vene­zolano y al car­ac­teri­zar la atmos­fera cul­tur­al e int­elec­tu­al de la Cara­cas de 1799–1800, visu­al­iza tam­bién la inevitable vocación de las elites criol­las por la autonomía. (Un estu­dio de rig­or doc­u­men­tal e inter­pre­ta­ti­vo puede verse en Reinal­do Rojas, El 19 de abril de 1810 y otros estu­dios sobre la inde­pen­den­cia. Bar­quisime­to, Quin­ta edi­ción, Fun­dación Buría, 2010)

Si bien es cier­to, que el ide­al eman­ci­pador desar­rol­la­do en las colo­nias españo­las se expli­ca por un con­jun­to de fac­tores exter­nos, fun­da­men­tal­mente geopolíti­cos, del Siglo de la ilus­tración y de la expan­sión del util­i­taris­mo inglés, cuya enseñan­zas en la igual­dad nat­ur­al de los hom­bres y el espíritu democráti­co rep­re­sen­ta­ti­vo serán con­frontadas por hom­bres como Fran­cis­co de Miran­da, Juan Ger­man Roscio, Fran­cis­co Iznar­di, Miguel José Sanz, Andrés Bel­lo, Simón Rodríguez y Simón Bolí­var quienes elab­o­raron sus pro­pios proyec­tos de sober­anía en el men­ciona­do con­tex­to de la Ilus­tración, no es menos cier­to, que el ide­al lib­er­tario en nue­stros ter­ri­to­rios adquir­ió una sin­gu­lar­i­dad dada por el com­ple­jo mes­ti­za­je que tuvo lugar en Venezuela tan­to en el siglo XVIII como en el mis­mo pro­ce­so de la inde­pen­den­cia. Esta sin­gu­lar­i­dad es adquiri­da al calor de las luchas escenifi­cadas por las huestes españo­las, las rebe­liones de los negros esclavos y el imberbe ejérci­to for­ma­do a lo largo y ancho del ter­ri­to­rio que hoy lla­mamos Venezuela.

De los ejérci­tos que enfrentan los inten­tos mil­itares de España por man­ten­er bajo dominio a sus antiguas colo­nias, jugaron un papel pro­tagóni­co los for­ma­dos en los llanos vene­zolanos. Cono­ci­das son las hero­icas acciones de los sol­da­dos que com­bat­ieron en Las Que­seras del Medio, Boy­acá, Carabobo, Bom­boná, Junín y Ayacu­cho, para citar las más estratég­i­cas batal­las, pues, un numeroso de pequeños com­bat­es expli­can la for­ma­ción de los ejérci­tos que bajo la direc­ción de Bolí­var, Páez, Sucre, Urdane­ta, Piar y Mar­iño, hicieron posi­ble la inde­pen­den­cia políti­ca de las colo­nias que estu­vieron bajo el dominio de la metrópoli españo­la; a par­tir de 1818, es sig­ni­fica­ti­va la influ­en­cia mil­i­tar y orga­ni­za­ti­va de la Legión Británi­ca, pre­vista en 1817 como acuer­do entre el ex ofi­cial del ejérci­to británi­co H.C. Wil­son y Luis López Mén­dez, res­i­dente en Lon­dres como rep­re­sen­tante del supre­mo gob­ier­no de las provin­cias unidas de Venezuela, sería un cuer­po o regimien­to de caballería com­puesto de sei­scien­tos hom­bres, “que han de lla­marse Húsares rojos de Venezuela”.

El Ejército Libertador del Llano 

Como lo ha denom­i­na­do Miguel Acos­ta Saignes, el Ejérci­to Lib­er­ta­dor del Llano desem­peñó un papel fun­da­men­tal en ese pro­ce­so que fraguó la vene­zolanidad, esen­cia que surge en la com­ple­ja con­frontación mil­i­tar, políti­ca e int­elec­tu­al de la inde­pen­den­cia. El llanero ven­dría a expre­sar el sen­timien­to de iden­ti­dad, ‑sin­te­ti­za­do en Patria y Lla­nu­ra-, con­sti­tuyen­do una ver­dadera escuela para la preparación y for­ma­ción de los coman­dos mil­itares pro­tag­o­nistas de las dis­tin­tas batal­las ocur­ri­das en His­panoaméri­ca, que en con­jun­to impulsa­ban la eman­ci­pación. Nue­stro ide­al lib­er­tario se catal­izó por la relación hom­bre mes­ti­zo y medio nat­ur­al. Mes­ti­za­je que se ini­cia des­de que el hijo del español naci­do en Améri­ca asim­iló el entorno geográ­fi­co y la atmós­fera socio­cul­tur­al de la tier­ra en que vive. Los “blan­quea­d­os jurídica­mente” no dejarán de ser criol­los. Esto expli­caría en parte la acción de muchos blan­cos criol­los en la ges­ta de la independencia.

Con razón ha señal­a­do Lau­re­ano Val­le­nil­la Lanz, que en “Venezuela aun los que nace­mos en las cordilleras y las costas ten­emos algo de llanero”. De man­era que la alusión no sería a una real­i­dad geográ­fi­ca bien delim­i­ta­da por la nat­u­raleza como lo es el Llano, sino a la sín­te­sis históri­ca que engen­dró el sen­timien­to de inde­pen­den­cia e igual­dad que car­ac­ter­i­za al ser de la venezolanidad. 

Gen­er­al Juan Guiller­mo Irib­ar­ren. La ima­gen reposa en un lien­zo que fue don­a­do por sus nietas al Museo Boli­var­i­ano de Cara­cas el 9 de Octubre de 1963

De allí que el Ejérci­to Lib­er­ta­dor del Llano encar­nó la espir­i­tu­al­i­dad de una nación que esta­ba en géne­sis, ya que sin la resisten­cia y auda­cia de este ejérci­to hubiese sido imposi­ble la cristal­ización de la eman­ci­pación políti­ca de las naciones que con­for­man una gran parte del con­ti­nente latinoamericano.

En este sen­ti­do, hay que recor­dar como ras­go nat­ur­al del hom­bre naci­do en el llano la obser­vación hecha por Agustín Codazzi en 1841, cuan­do señaló: “Acos­tum­bra­dos des­de su juven­tud a domar el potro, a luchar con el toro, a pasar a nado los ríos cau­dalosos y a vencer en sin­gu­lar com­bate al caimán y al tigre, los llaneros se acos­tum­bran a des­pre­ciar los peli­gros”. Este es el primer carác­ter psi­cológi­co que expli­ca el amor nat­ur­al a la lib­er­tad y a vencer los obstácu­los del medio como condi­ción para la vida. 

El Lib­er­ta­dor Simón Bolí­var sin­te­tizó la sim­bio­sis entre el carác­ter lib­er­tario de los hom­bres de nues­tras tier­ras y el medio. En el con­gre­so de Bolivia señaló: “La nat­u­raleza sal­va­je de este con­ti­nente expele por sí sola el orden monárquico: Los desier­tos con­vi­dan a la independencia”.

Así lo entendieron los mes­ti­zos naci­dos y cri­a­dos en los Llanos. Se podía ser hijo de español o blan­co criol­lo, pero al encen­der­se el ide­al inde­pen­den­tista en otras lat­i­tudes del mun­do, aquí en Venezuela encon­tró fer­til­i­dad y maduró ráp­i­da­mente pues la lib­er­tad se fragua­ba en los lar­gos tre­scien­tos años de dom­i­nación colo­nial. De man­era que la vene­zolanidad es la esen­cia que surge en el pro­ce­so de eman­ci­pación con impor­tantes hitos entre 1810 y 1821. Por eso quienes realizaron acciones int­elec­tuales y mil­itares en este com­ple­jo pro­ce­so expre­san en dis­tin­tas dimen­siones la venezolanidad.

Del men­ciona­do Ejérci­to Lib­er­ta­dor del Llano for­mó parte tran­scen­den­tal la figu­ra de Juan Guiller­mo Irib­ar­ren;  naci­do en Arau­re el 25 de mar­zo de 1797, es recono­ci­do por los bar­quisimetanos como su epón­i­mo, hecho que se vin­cu­la a las rela­ciones geo­históri­c­as y cul­tur­ales entre los dis­tin­tos espa­cios geoe­conómi­cos que surge des­de la colo­nia y que for­man la total­i­dad del ter­ri­to­rio vene­zolano,  pues la lib­er­tad no tiene fron­teras, y este prin­ci­pio her­manó a los dis­tin­tos hom­bres que acom­pañaron a Sucre, Mar­iño, Urdane­ta, Páez y Bolí­var a la cru­en­ta con­tien­da por la inde­pen­den­cia hispanoamericana.

Irib­ar­ren hijo de español y perteneciente los blan­cos criol­los, “blan­quea­do jurídica­mente” como lo demues­tra Fran­cis­co Cañiza­les Verde en su obra: “Vida y haz­a­ña de Irib­ar­ren”, 1994, tem­prana­mente y por con­vic­ción habrá de sumarse y enal­te­cer al Ejérci­to del Llano. Aunque for­ma­do por la rig­urosi­dad de la famil­ia y en el encer­ramien­to del Sem­i­nario Tri­denti­no, este joven vene­zolano a los 18 años inter­nal­izó el sig­nifi­ca­do de la Inde­pen­den­cia. Res­olu­ción que no era pro­duc­to de cod­i­cia o capri­cho sino que se con­ju­gan en el héroe el carác­ter del llanero y su condi­ción de blan­co por dis­posi­ción jurídi­cas. Su res­olu­ción lo hará acree­dor ráp­i­da­mente de tri­un­fos y reconocimien­tos en los cam­pos de pelea. 

La llamarada de libertad

“En los llanos surgía una inten­sa lla­ma­ra­da de lib­er­tad y hacia allá dirigió su empeci­na­do propósi­to eman­ci­pador. Se pone en con­tac­to con la nat­u­raleza indómi­ta, asim­i­la con pron­ti­tud los más fuertes tra­ba­jos y ago­b­iantes tar­eas de aque­l­la geografía sub­yu­gado­ra y bár­bara: Los usos y habil­i­dades de sin­gu­lar esfuer­zo físi­co lo hacen denom­i­nador de hor­i­zontes y, de esta man­era vital­iza en ímpetu y destreza con los más osa­dos cen­tau­ros llaneros”, apun­ta el his­to­ri­ador Fran­cis­co Cañiza­les Verde.

No es sólo una sim­u­lación, hay que recor­dar como nat­u­raleza de los jóvenes de entonces naci­dos en el llano, que el primer reto de domar es la nat­u­raleza, hecho que cul­ti­va tem­prana­mente en el carác­ter del hom­bre ser audaz, osa­do y emprendedor.

El joven Irib­ar­ren buscó el espíritu de la lib­er­tad que des­de los movimien­tos pre-inde­pen­den­tis­tas esta­ba echan­do raíces en nues­tra patria, pero además de su carác­ter ya tenía el ide­al lib­er­tario. En la car­rera mil­i­tar del epón­i­mo es digna de acción que lo tem­plará como extra­or­di­nario “eman­ci­pador”.

Iribarren: hombre resuelto, osado, intrépido

Su actuación en Ban­co Largo en 1817, garan­ti­zará esta posi­ción estratég­i­ca para el desar­rol­lo de las otras acciones mil­itares que orga­ni­z­a­ban Bolí­var y Páez para la inde­pen­den­cia de Venezuela. Aquí el gen­er­al Páez le obse­quió un escu­do de oro con el lema “Arro­jo Asom­bro”. No sólo el Cen­tau­ro llanero reconocía y estim­u­la­ba al joven mil­i­tar, sino que en denom­i­nación Arro­jo, se expre­sa el carác­ter psi­cológi­co y nat­ur­al del llanero. Hom­bre resuel­to, osa­do, intrépi­do, val­or en el peli­gro y con­ven­ci­do de la causa lib­er­taria a la que se había sumado.

Juan Guiller­mo Irib­ar­ren, héroe epón­i­mo del munici­pio cap­i­tal del esta­do Lara

El héroe de las Que­seras del Medio, José Anto­nio Páez, ha sub­raya­do en su “Auto­bi­ografía” que sin los tri­un­fos obtenidos por su ofi­ciales, cap­i­tanes y coro­ne­les en Pal­mar­i­to, Mata de la Miel, Man­te­cal, Yagual y Mucu­ri­tas, no hubiese sido posi­ble ocu­par las zonas estratég­i­cas del Apure, cam­po fun­da­men­tal tan­to para los patri­o­tas como para el ejérci­to español, ya que este espa­cio garan­ti­z­a­ba ali­men­tos para las tropas. 

Igual­mente recuer­da Páez que sin los éxi­tos obtenidos en los com­bat­es señal­a­dos, hubiese sido imposi­ble la lib­eración de la Nue­va Grana­da que se logró con la Batal­la de Boy­acá el 7 de agos­to de 1819, com­bate donde tam­bién tuvo pro­tagóni­ca acción Juan Guiller­mo Irib­ar­ren. Un año antes ya el Lib­er­ta­dor lo había con­dec­o­ra­do con la “Orden de los Lib­er­ta­dores de Venezuela”, reconocimien­to que Bolí­var daba a quienes mostra­ban una con­duc­ta hero­ica, leal y deci­di­da a favor de la patria, con­duc­ta que ha estre­na­do el guer­rero en Ospino, Yagual, Mucu­ri­tas y Ban­co Largo.

El tri­un­fo de Irib­ar­ren en Ban­co Largo será fun­da­men­tal para la creación de los Bravos de Páez, luego vence­dores de Boy­acá. Es decir, deter­minó la for­ma­ción del Ejérci­to Lib­er­ta­dor del Llano, que sin­te­tizó el ser de la vene­zolanidad: arro­jo, inde­pen­den­cia e igualdad.

En la estrate­gia de la Batal­la de Carabobo donde se lograra una der­ro­ta casi defin­i­ti­va del ejérci­to español, se con­jugó la dis­ci­plina y for­ma­ción del Ejérci­to Lib­er­ta­dor del Llano con la capaci­dad coor­di­na­da y orga­ni­za­da por Bolí­var. Los dis­tin­tos héroes vene­zolanos que aquí par­tic­i­paron, entre ellos Juan Guiller­mo Irib­ar­ren, con­sti­tuyeron eslabones fun­da­men­tales para el tri­un­fo defin­i­ti­vo de la causa patrióti­ca. Una vez más se demostró que la guer­ra no era guia­da por instin­tos sal­va­jes, sino por el espíritu lib­er­tario que car­ac­ter­izó el ejérci­to llanero, cuyos inte­grantes adquirieron y for­jaron dis­ci­plina en la fun­dación de la nación.

Hom­bres que por haz­a­ñas hemos definido como excep­cionales, defini­ción impre­cisa, pues lo que nos demues­tra con la acción del arro­jo es el carác­ter del deber, respon­s­abil­i­dad y val­or en la con­struc­ción de una repúbli­ca asen­ta­da en val­ores y prin­ci­p­ios cívi­cos.  En un mun­do vir­tual­mente homogé­neo y una sociedad que estim­u­la el con­sumo desme­di­do en nom­bre de la pre­tendi­da mundi­al­ización, es nece­sario rat­i­ficar esa vene­zolanidad que for­jaron los ejérci­tos llaneros, que es decir los valientes vene­zolanos e his­panoamer­i­canos. Esa esen­cia que se fraguó con el ejem­p­lo y arro­jo de cada uno de los que acom­pañaron a Bolí­var, Sucre, Sou­blette, Urdane­ta, Mar­iño, Páez y Juan Guiller­mo Irib­ar­ren, quienes a pesar de su condi­ción mil­i­tar no dejaron de dar­le rel­e­van­cia al poder civ­il como garan­tía del proyec­to repub­li­cano, los es muy váli­do para repen­sar nue­stro país y la ciu­dad que en medio de la anar­quía se jue­ga a la destruc­ción y pér­di­da de la Repúbli­ca Cívica-Democrática.

La imposi­ción del deber en nue­stro tiem­po exige el arro­jo de un epón­i­mo como Juan Guiller­mo Irib­ar­ren, que expre­sa tan­to la epón­i­ma de Bar­quisime­to como la vene­zolanidad. Sólo podemos “com­pe­tir” si ten­emos con­cien­cia de la iden­ti­dad y cono­ce­mos el enorme pat­ri­mo­nio espir­i­tu­al que nos han lega­do jóvenes como Irib­ar­ren. El arro­jo del tiem­po pre­sente es el de orga­ni­zar y for­mar ciu­dadanos cohe­sion­a­dos por teji­dos insti­tu­cionales y sociales en los prin­ci­p­ios democráti­cos y una cul­tura cívi­ca   para con­stru­ir y hac­er un país con sen­ti­do de futuro.  Miguel de Una­muno nos recuer­da: “… sólo quer­e­mos saber de dónde ven­i­mos para mejor poder averiguar adónde vamos”.

CorreodeLara

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