La cautivadora lente de Lübeck en Puerto Cabello (+FOTOS)

José Alfredo Sabatino Pizzolante
Abogado — Historiador
Vicepresidente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

Las imágenes del fotógrafo alemán Oswald Lübeck captaron al Puerto Cabello y su gente que inicia el siglo pasado, de manera cautivadora y sugerente. Aquí explicamos el porqué


Un recuer­do de los vis­i­tantes con los vende­dores locales, en la calle Bolívar cruce con El Mercado

De las numerosas fotografías del Puer­to Cabel­lo de antaño, desta­can por su par­tic­u­lar belleza las del alemán Oswald Lübeck. Con­ser­vadas en la Deutsche Fotothek (Dres­de), el pat­ri­mo­nio fotográ­fi­co de este desta­ca­do artista suma 6.000 neg­a­tivos en pla­cas de vidrio, imá­genes estéreo, dia­pos­i­ti­vas de vidrio col­ore­adas a mano e impre­siones en papel que reg­is­tran con min­u­ciosos detalles las cul­turas de la India, Chi­na, el sureste asiáti­co, Améri­ca y el Caribe.

Tem­p­lo Nue­vo, más tarde igle­sia de San José, hoy Cat­e­dral de Puer­to Cabello

Lübeck nació en Kospa, el 11 de julio de 1883. Huér­fano a tem­prana edad, fue cri­a­do por su her­mano may­or, de quien aprendió los ofi­cios de la fotografía y encuader­nador de libros. Poco se conoce de su for­ma­ción, pero ya a los 20 años y por espa­cio de una déca­da y algo más lo encon­traremos tra­ba­jan­do como fotó­grafo a bor­do de los buques de pasaje de la Ham­burg-Amer­i­can Line (actu­al Hapag-Lloyd), entre ellos, el Ameri­ka, el Cleve­land, el Imper­a­tor, el Kaiserin Auguste Vic­to­ria, el Kro­n­prinzessin Cecilie, el Moltke, el Oceana, el Vater­land y el Vic­to­ria Luise.

Un ángulo de la Plaza Bolí­var en el cruce con calle Com­er­cio, en el que se apre­cia uno de sus impo­nentes edi­fi­cios, hoy desaparecido

Para la época la Ham­burg-Amer­i­can orga­ni­z­a­ba trav­es­ías de recreo en rutas largas y cor­tas, de gran deman­da por tur­is­tas y aven­tureros. El crucero a las Indias Occi­den­tales, ist­mo de Panamá y Venezuela partía de Nue­va York con paradas en La Habana, San Juan, Kingston, Colón, La Guaira, Puer­to Cabel­lo, Port of Spain, Bridgetown, St. Pierre, St. Thomas, Hamil­ton y de regre­so a la Gran Man­zana. En la pri­mav­era, otro cor­to crucero partía des­de Nue­va York en ruta a La Habana, San Juan y Hamil­ton. Lübeck, a quien se le reconoce hoy como uno de los pio­neros de la lla­ma­da fotografía a bor­do –un sub­género de la fotografía de via­jes– tuvo la opor­tu­nidad no solo de retratar la vida de lujo y diver­sión de los pasajeros en estos grandes trasatlán­ti­cos, sino tam­bién de via­jar alrede­dor del mun­do cap­tan­do pin­torescos paisajes, al tiem­po que esce­nas menos osten­tosas, cer­canas al humilde lugareño y su entorno. Entre 1911 y 1914 via­ja en cua­tro cruceros alrede­dor del mun­do, brindán­dole la opor­tu­nidad de encon­trar esce­nar­ios de gran belleza y atrac­tivos para su trabajo.

Calle Anzoátegui, al final el almacén de Bass­ch & Römer

Será en uno de estos via­jes, a bor­do del Moltke, embar­cación que vis­ita­ba reg­u­lar­mente a Puer­to Cabel­lo, que cap­ta las fotografías a las que hace­mos alusión, fechadas según los reg­istros del museo en 1910, y disponibles para los intere­sa­dos en la pági­na de la insti­tu­ción: www.deutschefotothek.de.

Otro aspec­to del Mon­u­men­to a los Amer­i­canos, y el con­cur­ri­do Hotel Venezuela

La visi­ta de los tur­is­tas al país debió ser una aven­tu­ra, pues el Moltke atra­ca­ba primero en La Guaira y dos días más tarde hacía lo pro­pio en Puer­to Cabel­lo. La excur­sión en tier­ra brind­a­ba la opor­tu­nidad a los vis­i­tantes de hac­er el trayec­to des­de la cap­i­tal a Valen­cia en uno de los vagones del fer­ro­car­ril alemán que conecta­ba con el fer­ro­car­ril inglés, el cual oper­a­ba entre Valen­cia y Puer­to Cabel­lo, embar­cán­dose nue­va­mente en el Moltke que los esper­a­ba allí para con­tin­uar su ruta a Port Spain. El Tourist Guide abun­dan­te­mente infor­ma­ti­vo que prepara­ba la línea trans­portista –cuya edi­ción de 1909 hemos con­sul­ta­do– abun­da en detalles sobre las excur­siones en tier­ra. Los tur­is­tas via­ja­ban en tren de La Guaira a Cara­cas, vis­i­tan­do durante el primer día la Cat­e­dral, el Pan­teón Nacional, Miraflo­res, El Cal­vario, la Acad­e­mia Mil­i­tar, la uni­ver­si­dad, el Capi­to­lio, el Pala­cio Fed­er­al y otros edi­fi­cios públi­cos, recor­ri­do que ter­mina­ba con una retre­ta a car­go de  la Ban­da Pres­i­den­cial en la Plaza Bolí­var y algu­na pre­sentación en el teatro. Al segun­do día partían a las 7:30 am en el Gran Fer­ro­car­ril con des­ti­no a Puer­to Cabel­lo para lle­gar a las 6:00 pm, en donde les esper­a­ba el barco.

La entonces Igle­sia de San José, hoy del Rosario

Los buques de la Ham­burg-Amer­i­can Line eran agen­ci­a­dos en el puer­to por Car­los H. Gram­cko, encar­ga­do de cuidar todos los detalles de la visi­ta a la ciu­dad. Los tur­is­tas podían obten­er un pase de cortesía para vis­i­tar el famoso Club Recreo y el Club Unión de la comu­nidad ale­m­ana, merodear por los alrede­dores de los muelles para dis­fru­tar una comi­da o de una zam­bul­l­i­da de mar en el Hotel de los Baños; o com­prar sou­venirs en las tien­das de M.B. González & Co. y el Museo de Guiller­mo Roo; quizá vis­i­tar algún restau­rante como el Ren­dez Vous de los Baños, el Botiquín del Teatro o el Beer-Hall, o sim­ple­mente adquirir unas postales en los com­er­cios de L. González & Co., P. González Arnao y G. Valen­tin­er & Co., tien­da esta últi­ma en la que tam­bién podían adquirir mate­r­i­al fotográ­fi­co. Los más aven­tureros toma­ban un vehícu­lo para vis­i­tar las afueras de la ciu­dad, por 6 bolí­vares la hora o, si esta­ban dis­puestos a pagar 5 dólares por el paseo, hac­er una excusión al bucóli­co y céle­bre valle de San Este­ban. Otros vis­i­tantes, sen­cil­la­mente, opt­a­ban por cam­i­nar a lo largo de las calles Com­er­cio y Bolí­var, y así ten­er una ráp­i­da vista de la ciu­dad y su gente.

Mon­u­men­to a los Amer­i­canos, también lla­ma­da Plaza del Águila, al fon­do la Casa Guipuzcoana

De las casi 50 imá­genes tomadas por Oswald Lübeck con ocasión de su visi­ta a Venezuela, solo 8 cor­re­spon­den a Puer­to Cabel­lo y pueden ser apre­ci­adas en el pre­sente artícu­lo.  No es, sin embar­go, por el número de las fotografías que debe val­o­rarse su tra­ba­jo, sino por las cau­ti­vado­ras tomas que del puer­to dejara, en la que se entremez­clan vis­i­tantes con lugareños de humilde pero nat­ur­al aspec­to, que como detenidas en el tiem­po invi­tan a vivir aquel momen­to. El lla­ma­do Mon­u­men­to a los Amer­i­canos, la Igle­sia de San José, el Tem­p­lo Nue­vo, las seño­ri­ales casonas del cas­co viejo y dos extra­or­di­nar­ias vis­tas de la muchedum­bre posan­do en la calle Bolí­var con el Teatro Munic­i­pal a su espal­da, y otra en el cruce con la calle del Mer­ca­do, son todas esce­nas cap­tadas por la inqui­eta lente del fotó­grafo, doc­u­men­tos grá­fi­cos que hay que recor­rer con lenta mira­da para des­cubrir nuevos detalles en cada lec­tura. Al menos una de estas fotografías, la del Tem­p­lo Nue­vo, servirá para ilus­trar tar­je­tas postales de ven­ta a bor­do del crucero.

Lugareños y tur­is­tas en la calle Bolívar, detrás el Teatro Municipal

El estal­li­do de la Primera Guer­ra Mundi­al ter­mi­na con los tiem­pos de esplen­dor de los grandes trasatlán­ti­cos y via­jes de recreo, y Lübeck deberá prestar ser­vi­cio mil­i­tar. Nun­ca aban­donaría la fotografía, pues ter­mi­na­do el con­flic­to abrió en com­pañía de su esposa Anne un nego­cio ded­i­ca­do al ramo en Greif­swald y, más tarde, un kiosco de playa para fotografía en Thiessow/Rügen, donde murió en 1935 a con­se­cuen­cia de la malaria.

Luis Medina Canelón

Abogado, escritor e historiador Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

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