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La Francia, testigo añejo de la historia barquisimetana [+FOTOS]

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista y escritor
luisalbertoperozopadua@gmail.com
TW / IG @LuisPerozoPadua

En La Francia también se destapó la primera botella de cerveza que saborearon los barquisimetanos


Frente al Teatro Munic­i­pal exis­tió una mág­i­ca casona de estruc­tura colo­nial que con­sti­tuía una ver­dadera joya de arte para orgul­lo de Bar­quisime­to y sus habi­tantes. La Fran­cia se llamó el edi­fi­cio de dos plan­tas que exis­tió has­ta 1944 en la car­rera 19 esquina de la calle 25. 

Cuen­ta Raúl Azpar­ren en sus cróni­cas de la ciu­dad que La Fran­cia fue asien­to de un cole­gio y tam­bién de la agen­cia del Ban­co Nacional, cuya geren­cia ejer­ció don Joaquín Pérez has­ta que cer­ró en 1844 por quiebra.

En La Fran­cia tam­bién se destapó la primera botel­la de cerveza que sabore­aron los bar­quisimetanos, con la pres­en­cia de invi­ta­dos espe­ciales y quienes pro­nun­cia­ron sendos y elocuentes discursos

Edi­fi­cio La Fran­cia al fon­do. A la izquier­da el Teatro Juares y a la derecha Pala­cio de Gobierno

Pero La Fran­cia igual­mente fue esce­nario de pena, pues uno de sus tan­tos propi­etar­ios se quitó la vida de man­era mis­te­riosa den­tro de una de las habita­ciones. Un caraque­ño de nom­bre Rafael Valdéz, murió de tuber­cu­lo­sis cuyos despo­jos fueron hal­la­dos en la habitación que había renta­do algu­nas sem­anas antes. El dueño del hotel lla­ma­do Louis Ler­oux, estable­ció en el sitio una fábri­ca de char­cuterías. Lo describen como un hom­bre dadi­voso, de sin­ceras amis­tades, pero a la vez taciturno.

El botiquín insta­l­a­do en La Fran­cia tuvo var­ios dueños de renom­bre en Bar­quisime­to, como lo fueron Lisan­dro Castil­lo Gue­vara y Jesús Briceño Ayestarán, padres de los doc­tores Raúl Castil­lo Fer­nán­dez y Jesús María Briceño Eck­er; tam­bién fue dueño del lugar Víc­tor Oliv­eros, artista del pen­ta­gra­ma y autor de numerosas piezas que enriquecieron el acer­vo musi­cal larense. 

La facha­da de la casona era en las noches pan­talla para las proyec­ciones cin­e­matográ­fi­cas con un proyec­tor que colo­ca­ban en la azotea del Teatro Juares para entreten­er al públi­co con­gre­ga­do en la calle antes de ini­ciar la fun­ción teatral, en un espec­tácu­lo denom­i­na­do pan grande. 

En La Fran­cia se juga­ba fuerte, su primer piso prác­ti­ca­mente era un casi­no, con mesas de bil­lar, mesones para el juego de car­tas, dados y rule­ta, además de lotería, según tes­ti­mo­nio del escritor y cro­nista Alber­to Castil­lo Arráez, quien de niño vis­itó sus insta­la­ciones en varias opor­tu­nidades. Rela­ta que en la plan­ta baja esta­ban insta­l­a­dos var­ios nego­cios como bar­bería, restau­rante, una agen­cia de pom­pas fúne­bres y otra de acce­so­rios para automóviles. 

“La voz de quienes canta­ban la lotería se oía en la calle”, con sus curiosos apel­a­tivos: si salía el 44 decía “el cuarás cuás”; si el 55 era el que asoma­ba voce­a­ba: “sin cuero nacen los sapos”, el 22 “los dos pati­cos”, entre otros nom­bres curiosos de los guar­is­mos, apun­ta el cro­nista Omar Gar­men­dia, en su artícu­lo: El hotel La Fran­cia y el cuarascuascuás.

La Fran­cia y la car­rera 19 des­de la azotea del Pala­cio de Gobierno

Un lugar de encuentros

En 1859, se alo­jó en la amplia y con­fort­able casona el gen­er­al Eze­quiel Zamo­ra y su comi­ti­va. La tropa dur­mió en el Valle del Tur­bio, a oril­las del río. Esto se debió a que Zamo­ra había des­cu­bier­to en una casona situ­a­da en la esquina de (Fran­cis­co) Romero Montes (calle del Com­er­cio con calle 26), un gran depósi­to de pólvo­ra escon­di­do allí por las tropas cen­tral­is­tas, mate­r­i­al que le sirvió al caudil­lo para tri­un­far en San­ta Inés.

Con el tran­scur­rir del tiem­po, se estable­ció en el edi­fi­cio de La Fran­cia, la Casa Munic­i­pal y el Juz­ga­do de Primera instan­cia. Más tarde fue sede de hotel, así como de la más con­cur­ri­da y famosa botillería de la ciu­dad; tam­bién fun­cionó un casi­no. Todos estos durante el siglo XIX. 

En el hotel se hosped­a­ban los inte­grantes de las grandes com­pañías teatrales que reg­u­lar­mente vis­ita­ban Bar­quisime­to, proce­dentes de Esta­dos Unidos y España. Azpar­ren apun­ta que las activi­dades del Teatro Munic­i­pal esta­ban muy lig­adas con el de La Fran­cia al reunirse en este hotel, los asis­tentes a las pre­senta­ciones artís­ti­cas. En la botillería se encon­tra­ban los amores mancebos.

El más moderno

Pero no fue La Fran­cia el hotel más antiguo de Bar­quisime­to, sino uno estable­ci­do en la famosa Casa de la Azotea, propiedad de don Pacheco Gar­cía. Este lo regenta­ban Ser­gio Márquez y un cubano de apel­li­do Efrece, que según el his­to­ri­ador Sil­va Uzcátegui, era el hotel más mod­er­no que existía en la ciu­dad para 1875.

En 1976 el diario EL IMPULSO, en primera plana pub­licó: “Ha sido demoli­do el edi­fi­cio de con­cre­to La Fran­cia, al inter­rum­pir la ampliación de la car­rera 19, en la búsque­da de mejo­rar nues­tra vial­i­dad”. Fue el epíl­o­go triste de la her­mosísi­ma casona tes­ti­go de la his­to­ria bar­quisimetana, desa­pare­ci­da por la pica del pro­gre­so o el retro­ce­so urbano.

La Fran­cia en 1935

Fotos: Archi­vo Fran­cis­co Chávez Chávez / Raúl Azparren


Fuente: Bar­quisimetanei­dad, per­son­ajes y lugares. Raúl Azpar­ren. Bajo el patrocinio de CANTV. Bar­quisime­to 1974.
Bar­quisime­to. His­to­ria Pri­va­da. Alma y Fisonomía del Bar­quisime­to de ayer. Rafael Domin­go Sil­va Uzcátegui. Cara­cas 1959.
Del Bar­quisime­to que se va y deviene y otras cróni­cas. Alber­to Castil­lo Arráez. Alcaldía de Irib­ar­ren. Fon­do Edi­to­r­i­al Río Ceni­zo. Bar­quisime­to, 2000

CorreodeLara

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