Los pueblos cuatricentenarios del estado Lara

Yolanda Aris
Cronista oficial del Municipio Palavecino

En el año 2020, se cumplen cuatrocientos años de la fundación hispana de un grupo de pueblos a lo largo de lo que fue la provincia de Venezuela


La conquista y colonización de América fue un proceso lento, organizado por la Corona Española con el apoyo de la Iglesia Católica. Los nuevos territorios a los que llegaron los españoles en 1492 fueron denominados inicialmente como Nuevo Mundo, ya que era diferente a lo que conocían. Luego se llamaron Indias Occidentales, para diferenciarlas de las Indias que quedaban al oriente, las que buscaba Colón. Finalmente, se llamó América, por el expedicionario y navegante Américo Vespucio.

La monarquía española por derecho de primer ocupante, se adueñó de las tierras y fue progresivamente demarcando y conformando Virreinatos, Capitanías Generales y Provincias. Para justificar legalmente la posesión de las tierras descubiertas, el Papa Alejandro VI dictó tres bulas, donde les concedió el dominio sobre tierras descubiertas y por descubrir, en las islas y tierra firme del mar Océano, por ser tierras de infieles, ya  que él, como Vicario de Cristo en la tierra, tenía potestad para hacerlo; con la obligación de los reyes a evangelizar las tierras concedidas. Estas bulas, permitirán una empresa compartida entre la Corona Española y la Iglesia Católica, y constituyen un primer hito del derecho indiano, al establecer la catequización de los indígenas.

Francia, Holanda e Inglaterra ignoraron estas disposiciones por lo que ocuparon algunas territorios para sí. Portugal, negoció con los Reyes Católicos logrando el Tratado de Tordesillas en 1494, donde se establece que las tierras a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde serían de Portugal, lo que le permitió posesionarse de parte de las tierras del actual Brasil, que luego extendió.

 Las provincias fueron entregadas mediante las llamadas Capitulaciones, a expedicionarios con el cargo de Gobernador y Capitán General, es decir, con autoridad civil y militar; con la finalidad de explorar, conquistar, fundar poblaciones y explotar las riquezas; lo cual le garantizaba a la Corona ingresos a través de impuestos. Es con el Rey Carlos I de España, que también era, Carlos V de Alemania, cuando comenzaron a conformarse y entregarse las provincias del actual territorio venezolano en el siglo XVI.            

Carlos I de España, creó en 1525, la Provincia de Margarita que entregó a Marcelo Villalobos; la Provincia de Venezuela en 1528, cedida al grupo alemán Welser, en pago a deudas que había contraído con ellos, quienes la administraron durante 16 años, (1528–1544); y en 1529, creó la Provincia de Trinidad otorgada a Antonio Sedeño. Más tarde, El Rey Felipe II, en 1568, creó la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná entregada a Diego Fernández de Serpa, y la de Guayana a Gonzalo Jiménez de Quesada.

En el siglo XVII, Felipe IV creó en 1622, la Provincia de Mérida, La Grita o Maracaibo entregada a Francisco de Cáceres. En el siglo XVIII, Carlos III en 1786, creó la Provincia de Barinas separándola de la de Maracaibo.

Fundación de ciudades

El historiador Dr. Guillermo Morón, en su libro Historia de la Provincia de Venezuela, explica las fases del proceso de conquista y colonización, efectuado en Venezuela por la Corona Española, para consolidar y legitimar su dominio en estas tierras, señala que: “…el poblamiento de la Provincia de Venezuela se hizo de manera sistemática, primero con la fundación  de ciudades; se complementó con la creación de pueblos, especialmente los cincuenta que fundó el Gran Gobernador Francisco de la Hoz Berrío;  y por último los establecidos por los capuchinos, bien desde sus fundamentos o sólo para fortalecerlos como doctrinas.” (p. 388)

Las ciudades de blancos españoles fueron la base de sustentación de las provincias. Se ocupaba la tierra y se legalizaba la propiedad de la Corona en esos espacios. Morón dice: “…En cada uno de los territorios básicos fue fundada una, que a la vez servía como punto de partida para otra…las ciudades dieron forma y fuerza a la provincia…” (p. 309).

Morón, establece que las ciudades durante la colonia eran fundadas con el protocolo establecido entre la Monarquía y la Iglesia: se nombraban sus autoridades, es decir,  el cabildo, con sus alcaldes y regidores, y se hacía entrega de las tierras urbanas en la ciudad y el repartimiento de tierras rurales para las actividades agrícolas y de cría, se otorgaban encomiendas (grupos de indígenas como mano de obra) a los vecinos fundadores, se señalaba el lugar de la iglesia, la plaza y el cementerio, entre otros.

La fundación de ciudades inició en el siglo XVI por el oriente de Venezuela, ya que allí, fue donde arribó Cristóbal Colón y donde se produjo la primera actividad económica colonial;  la extracción de perlas. Macuro fue la primera tierra continental que pisó Colón. En la Provincia de Margarita, la primera ciudad fue Nueva Cádiz, en la isla de Cubagua, poblada en 1512,  pero, agotadas las perlas en la década de los treinta y a raíz  de un terremoto en 1541, fue despoblada. En 1524 se fundó La Asunción.

La Provincia de Trinidad anexada a la Capitanía General de Venezuela en 1777,  la perdió España, al ocuparla los ingleses en 1797. En la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná, Fray Antonio Montesino en 1568 fundó Nueva Córdoba o Cumaná; y en la Provincia de Guayana, Antonio Berrío fundó Santo Tomás de Guayana en 1592. La Provincia de Venezuela fue el espacio territorial con mayor número de ciudades fundadas en el siglo XVI, donde se consolidará la colonización en nuestro país, por la permanencia de esas ciudades, y más tarde con el apoyo logrado, con los pueblos de doctrina establecidos por Francisco de la Hoz Berrío en 1620.

La primera fase de colonización, la constituyeron las ciudades fundadas por vecinos españoles. Coro erigida por Juan de Ampíes en 1528 como una  ranchería y convertida en ciudad  por Ambrosio Alfinger en 1529 al designar el cabildo, fue la primera ciudad  en la Provincia de Venezuela y sede del Obispado en 1532.  Juan de Carvajal en 1545, fundó El Tocuyo, que se convirtió en sede de la gobernación, capital de la provincia durante 30 años (1546-1576), y en el centro de irradiación para la fundación  de varias ciudades, entre ellas, Borburata en 1549, que fue más tarde despoblada.

Las ciudades de blancos fundadas en el siglo XVI, en esta provincia fueron: Barquisimeto por Juan de Villegas en 1552 con 40 vecinos; Valencia (1553); Trujillo (1558); Mérida (1558); San Cristóbal (1561); Caraballeda (1567);  Caracas (1567); Maracaibo (1569), con el antecedente de Ambrosio Alfinger en 1529; Carora (1569);  La Grita (1576); Barinas (1577); La Guaira (1589); y Guanare (1591). Todas  conformadas con un bajo número de españoles

Bartolomé de las Casas es símbolo de denuncia y protección. Es así como uno de sus discursos más celebres dibujan el carácter de este fraile dominico: «No y mil veces no, ¡paz en todas partes y para todos los hombres, paz sin diferencia de raza!».

El Régimen de la Encomienda

En el proceso de fundación de una ciudad, ya se ha señalado, que se entregaban tierras (repartimientos) y  grupos de indígenas (Encomiendas), a los vecinos fundadores. El Dr. Reinaldo Rojas en su libro El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto Colonial, explica que la encomienda, o grupo de indígenas entregados como mano de obra gratuita, era un tributo que recibía el encomendero. Los indígenas obligados a trabajar para él, eran una contribución, un beneficio, que le era dado al fundarse la ciudad, los cuales estaban reunidos y controlados bajo su poder en su hacienda.

Cuando se creó el Régimen de la Encomienda, para que los vecinos utilizaran el trabajo del indígena, la Corona Española adquirió el compromiso con la Iglesia Católica, de cristianizarlos. Por lo que en la recopilación de las Leyes de Indias, la primera ley, establecía la obligación de los encomenderos de proveer de ministros, que instruyesen a los indígenas de la doctrina cristiana, les administraran los santos sacramentos y les enseñaran a vivir según la manera española.

Sin embargo,  la extensión y lejanía de los territorios, la cantidad de indígenas en las encomiendas, escasez de sacerdotes, la rebeldía indígena, dificultades de comunicación, y el predominio del interés económico, por aprovechar al máximo el trabajo indígena; impidieron el cumplimiento de estas disposiciones en la provincia de Venezuela por parte de los encomenderos. 

Morón menciona, que en 1562, después de 34 años de la creación de la Provincia de Venezuela, el Gobernador Pérez de Manzanedo, hizo un balance de la población de este territorio con estas palabras: “…en esta gobernación ay siete pueblos de españoles y en todos ellos hasta ciento y setenta vezinos…” (p. 378-379).  Las ciudades eran: Coro, El Tocuyo, Borburata, Barquisimeto, Valencia, Trujillo y Mérida.

Los sacerdotes visitaban las encomiendas trasladándose de un lugar a otro, por lo que se les denominó parroquias con sedes ambulantes. Modalidad organizada por este Obispo que se dedicó a fundar conventos y a hacer visitas pastorales para verificar el avance de la cristianización en su jurisdicción.      

En el siglo XVI, las únicas ciudades fundadas en el actual Estado Lara eran El Tocuyo (1545), Barquisimeto (1552) y Carora (1569). El sistema de encomiendas en la región Barquisimetana se inició en 1552, con el reparto que hizo Juan de Villegas en Nueva Segovia, en su primer asiento en Buría, de 51 encomiendas a 39 vecinos. El espacio o área de influencia formada por las encomiendas,  comprendía su jurisdicción.

Fundación de pueblos de doctrina

Los pueblos en la Provincia de Venezuela, surgirán a partir del siglo XVII, y tienen dos orígenes: por iniciativa de gobernadores, es decir,  sobre la base indígena a través de las encomiendas, formando pueblos de doctrina, y por la de los misioneros capuchinos, originando pueblos de misión.   

La primera disposición en relación a los pueblos como tales, como agrupaciones distintas a las ciudades, y que mantienen la estructura política de la provincia, señala Morón, que emanó del Gobernador Mazariegos; quien obedecía la Real Cédula de Madrid del 4 de agosto de 1574, donde se mandaba juntar a los indios en pueblos. (p. 379). Agrega, que otro intento de cumplir con la orden de reducir a los indios a pueblos, se hizo en 1609 durante el gobierno de Alquiza. (p. 381) Ninguna de ellas  se concretó.

El Padre Hermann González Oropeza en su trabajo sobre La Iglesia en la Venezuela Hispánica, señala: “Una doctrina…vino a ser el término con el que se designaba en otra forma a un poblado indígena; desde el punto de vista canónico, las doctrinas eran parroquias para indígenas…” (p. 62). En el siglo XVI y en las dos primeras décadas del XVII, las doctrinas establecidas no tuvieron población cabecera.

El Rey Felipe III, emitió unas Cédulas Reales el 16 de abril de 1618 en Madrid, y nuevamente el 4 de octubre de ese mismo año, donde se hacía la solicitud de reunir a los indios en pueblos, ordenando al Gobernador y al Obispo que tomaran aquellos que se encontraban dispersos en las encomiendas, y mandando a los encomenderos a prestar su apoyo para conformarlos. 

Francisco de la Hoz Berrío, conquistador español nacido en tierras americanas, Gobernador de la Provincia de Venezuela, desde el 15 de junio de 1616 hasta el 14 de julio de 1622, acordó con el Obispo Fray Gonzalo de Angulo, quien había tomado posesión de la Diócesis de Coro el 29 de junio de 1619; cumplir estas disposiciones, llevando a cabo el cometido, él mismo, y también despachando Jueces Pobladores, para reducir o aglutinar a los indígenas en los pueblos organizados por los españoles. (p. 381)

Los pueblos de doctrina como producto de la reducción o agrupación de los indígenas de las encomiendas debían ser sostenidas por los encomenderos, pero pocos cumplían con esta disposición. Debían construir la iglesia con su plaza al frente y dotarla con sus ornamentos, la sacristía, el cementerio y casa para los curas doctrineros y ceder los espacios señalados para ello; si no, serían sancionados con multas  en oro y con excomunión. Todo ello, conforme a la traza y pautas de una ciudad de españoles.

La fundación de los pueblos de doctrina, que eran exclusivamente para indígenas, no se diferenciaba mucho de la forma y procedimiento en que se fundaban las ciudades que eran para españoles. Ambrosio Perera en el tomo I de Historia de la Organización de los Pueblos Antiguos de Venezuela,  nos explica el rito que se efectuaba:

“…el Juez Poblador…Hincaba en el suelo el tradicional rollo y preguntaba por tres veces en alta voz si había quien contradijera la posesión y no habiéndola, daba con su espada desnuda tres golpes en el rollo en señal de posesión, tal como se practicaba en la fundación de ciudades.”(p. 62)

Destaca este autor, que Francisco de la Hoz Berrío recorrió el territorio de la Provincia de Venezuela entre 1619 a 1621, visitando las encomiendas, los sitios indígenas y fundando personalmente o mediante comisionados especiales, los pueblos de doctrina en las cercanías o jurisdicciones de las tres ciudades fundadas existentes en el actual estado Lara: El Tocuyo, Barquisimeto y Carora.  Contribuyó el Obispo Fray Gonzalo de Angulo para regular la parte eclesiástica, la doctrina. (p. 381).

Agrega que, en el siglo XVII, el rasgo fundamental fue el poblamiento y la catequización. Como se trataba de reducir los indígenas a pueblos para adoctrinarlos mejor, éstos se llamaban pueblos de doctrina.

Casco de bronce de un soldado español del siglo XVI, en el Museo de América de Madrid (España)

(Pueblos  de doctrina. Tomado de Reinaldo Rojas. El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto Colonial.1530-1810)

Reinaldo Rojas señala, que la encomienda será la institución que impulsará el poblamiento,  mediante la sujeción de los indígenas a los pueblos de doctrina y misión creados por el Estado Español y la Iglesia. Durante 70 años estuvieron agrupados bajo el poder de los encomenderos (1552-1620). 

La diferencia entre los pueblos de doctrina y los pueblos de misión, es que los primeros se conforman en base a las encomiendas, mientras los segundos requerían de las entradas o cacerías de indígenas en sus lugares de origen para llevarlos y fundar en otro lugar el pueblo de misión, atendido por misioneros.

En la jurisdicción de El Tocuyo, espacio comprendido por las encomiendas entregadas, Francisco de la Hoz Berrío fundó 7 pueblos de doctrina: San Antonio de los Naranjos de Humocaro Alto, Nuestra Señora del Rosario de Humocaro Bajo, San Felipe de la Montaña y Barbacoa, Santa Ana de Sanare, San Miguel de Cubiro, Santa Cruz de Guarico, y San Francisco de la Otra Banda, que pronto desapareció. En la jurisdicción de Carora fundó 4 pueblos de doctrina: San José de Siquisique, Santiago de Río Tocuyo, Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Aregue y San Miguel de los Ayamanes de corta duración.

En la jurisdicción de Barquisimeto, fundó 9 pueblos de doctrina que abarcaba los territorios de los actuales municipio Iribarren, Crespo, Palavecino y Simón Planas del estado Lara, y también espacios del estado Yaracuy y Portuguesa. Fueron ellos: San Miguel de Acarigua, San Juan Bautista de Duaca, San Juan Bautista de Urachiche, San Jerónimo de Cocorote, San José de Guama, Santa Catalina de Cuara, San Antonio de Berrío y Santo Tomás de la Calera. Estos tres últimos de corta duración.   Berrío fundó personalmente, la mayoría de los pueblos de la jurisdicción de Barquisimeto, entre ellos: Cocorote, Cuara, Urachiche, Acarigua, Quíbor y Sanare.

El Padre Renzo Begni, en su obra Iglesia-Barquisimeto, sobre los pueblos desaparecidos de San Francisco de la Otra Banda y Santo Tomás de la Calera, señala:

“San Francisco de la Otra Banda fue un pueblo de doctrina de indios fundado en orden del Gobernador don Francisco de la Hoz Berrío, en 1620 en la otra banda del río Tocuyo, cerca de la ciudad madre…de este pueblo se habla en varios documentos del tiempo; hubo algún intento de asiento del pueblo aunque muy efímero…a los pocos años desapareció completamente y de él no queda ningún recuerdo sólo el nombre en los documentos.” (p. 76)

Y agrega:

“Santo Tomás de la Calera era un pueblo de  doctrina de indios gayones, tenía su asiento muy variable en el territorio del actual valle de Sarare hacia el río Auro. Ya tenía cierta organización pues había un cura destinado a su cuidado espiritual. El estilo de vida muy andariego de los gayones nunca le permitió una vida estable. Ya en 1643 había desaparecido según consta en algún documento de la época. Sus habitantes en partes dispersaron en los montes y en los llanos, y en parte fueron a formar el pueblo de Santa Rosa del Cerrito, que nació exactamente en 1671 por obra de los misioneros capuchinos en ese cerrito cerca de Barquisimeto donde todavía tiene su asiento.” (p. 76-77)

Los pueblos de doctrina se fundaron en 1620, alrededor de las diez ciudades existentes en la Provincia de Venezuela para resguardar, mantener y afincar las ciudades, mediante la producción agrícola y ganadera, desarrollada por los indígenas, que permitiría abastecerlas de alimentos, y de esa manera, fortalecer la colonización y el poblamiento de esta provincia.

Facilitó y potenció la misión evangelizadora de la Iglesia sobre los indígenas, al tenerlos agrupados en pueblos y no dispersos en las encomiendas, y logró el sometimiento de los indígenas al modificar o sustituir, sus tradiciones, idioma, religión, forma de trabajo y cultura por la española.

Francisco de la Hoz Berrío junto al Obispo Fray Gonzalo de Angulo, fundó cincuenta pueblos con indígenas de las encomiendas, sin embargo, su gobierno es prácticamente desconocido en nuestra historia, ha sido marginado y poco se ha difundido su trabajo como conquistador, subyugador, repoblador y organizador del territorio nacional. Guillermo Morón, señala que el Obispo Angulo dice que para justificar la fundación de los pueblos  de doctrina se le hacía entender a los indígenas:

…que las poblaciones se hacen por su bien, para que tengan más conocimiento de la Santa Fe, vivan con más policía, (vigilancia), para que los encomenderos no los puedan tratar mal, ni castigar, ni hacer los trabajos más de los tres  días estipulados… (p. 64)

En 1620 al establecerse los pueblos de doctrina, en base a los indígenas encomendados, fiscalizados por la Iglesia y el Estado, se produjo la segunda fase de la colonización, y surgirán ordenanzas y los resguardos indígenas.  Francisco de la Hoz Berrío constituyó una Junta Redactora de treinta y cuatro  ordenanzas que regulaban la vida pública compuesta por representantes de las diez  ciudades más importantes de la Provincia de Venezuela.

Entre otras  disposiciones, establecidas en las ordenanzas estaba: la construcción de la iglesia y pago del cura de la doctrina por parte del encomendero; las niñas hasta los 10 años y los niños hasta los 12 oirán la doctrina y no podrán ser utilizados por los encomenderos; las mujeres  no trabajarán: los indígenas pagarán como tributo 3 días de trabajo para el encomendero y tendrán 3 días para  sus propias labranzas; trabajarán desde la salida del sol hasta que se oculte, con 3 horas de descanso a mediodía.

Este año 2020, arriban a 400 años de fundación hispana, 16 pueblos de doctrina que subsisten hasta hoy, fundados por Francisco de la Hoz Berrío, en el estado Lara, en base a las encomiendas entregadas al fundarse las ciudades de El Tocuyo, Barquisimeto y Carora. La mayoría de estas poblaciones, hoy son capitales de los municipios.


Fuentes Bibliográficas consultadas
Fray Pedro Simón. Noticias Historiales de Venezuela. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1992. 171 p.
González Oropeza, Hermann. La Iglesia en la Venezuela Hispánica. Curso de Formación Socio-Política. No. 32. Centro Gumilla. Caracas, 1993. 86 p.
Perera, Ambrosio. Historia de la Organización de los Pueblos Antiguos de Venezuela. Tomo I.  Edit. C. T. P. San Juan de los Morros, 1954. 323 p.
Renzo Begni. Iglesia-Barquisimeto. Barquisimeto, 1986. 115p
Rojas, Reinaldo. El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto Colonial. 1530-1810. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Caracas, 1992. 279 p.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *