Rómulo Betancourt: El hombre y su tiempo

         

Alexander Cambero
Periodista, poeta y escritor
alexandercambero@hotmail.com
En twitter @alecambero

Las aguas de Pacairigua se deslizan lentamente por las tímidas vertientes guatireñas, como bostezos, entre las leyendas que comentan los lugareños de hace siglos. Fantasmales apariciones en los matorrales de los cuentos populares. Sus reminiscencias evocan el encuentro de varias quebradas, que, al unísono, van consiguiendo la unidad de propósitos, de un destino que persigue la grandeza de mayores caudales, en donde proyectar una acción que irrigue los campos para las cosechas del pueblo. Rublos que alimentaron un destino en la Venezuela rural de principios del siglo XX


En este mági­co panora­ma vino al mun­do Rómu­lo Betan­court el 22 de febrero de 1908. Sus padres Luis Betan­court, de ori­gen canario, y Vir­ginia Bel­lo Milano, nati­va de Guatire. Le dieron un hog­ar lleno de amor que fue for­ján­do­lo con el tem­ple del hom­bre de prin­ci­p­ios. Quizás, el secre­to de su grandeza, esté en el río que lo acom­pañó des­de siem­pre. Los humedales lle­van­do vida a las raíces que sufrían las angus­tias del verano. 

El hom­bre pro­ducien­do ideas de esper­an­za en una nación palúdi­ca, la visión apoc­alíp­ti­ca de romper con las tiranías; los miedos arrastra­dos en la Venezuela de las injus­ti­cias, la con­ju­gación de un ide­al trans­for­mador; que elevó la voz para gri­tar­le a los tira­nos: aquí esta­mos los que impul­samos la lib­er­tad. Un líder com­pro­meti­do has­ta los hue­sos, por dar­le al pueblo la posi­bil­i­dad de lograr su reden­ción defin­i­ti­va, como cuan­do Pacairigua aparecía en los sur­cos felices de las cosechas.

VENEZUELA EN UN PUÑO

Des­de Mara­cay Juan Vicente Gómez, apreta­ba un puño donde esta­ba atra­pa­da la patria, la dureza per­son­al­iza­da en el hom­bre- nación. La lib­er­tad era la quiméri­ca ilusión de los ilustra­dos. Son los años de una dic­tadu­ra que parece un gigan­tesco roble naci­do en La Mulera esta­do Táchi­ra. Des­de su poltrona rodea­da del esplen­doroso valle aragüeño, una Repúbli­ca se inclin­a­ba cán­di­da­mente a los pies de la satrapía. 

La his­to­ria obsce­na de los regímenes del siglo XIX reen­car­nán­dose en quien ahogó con san­gre cualquier ves­ti­gio de rebe­lión, los alza­dos eran cadavéri­cos hom­bres de atolon­dra­do futuro y cortísi­ma opor­tu­nidad de resi­s­tir, los otros esta­ban en cualquier hue­co atrincher­a­dos en los ejérci­tos de los muer­tos, aque­l­los que ni dis­paran y que solo con­vo­can lágri­mas de famil­ias mutiladas. 

Sabía torcer los pes­cue­zos de los bravu­cones, meter­los en cin­tu­ra, aniquilar las rebe­liones con los méto­dos dis­ua­sivos apren­di­dos en los senderos andi­nos. Era astu­to como una ser­pi­ente entre la hojaras­ca del cafe­to, com­prendió tan­to la psi­cología del vene­zolano que lo indu­jo a creer­lo eter­no. Sin embar­go, el conocimien­to pro­fun­dizán­dose en la uni­ver­si­dad, comen­zó a com­bat­ir el miedo colec­ti­vo, con la for­t­aleza de una gen­eración lla­ma­da a hac­er his­to­ria. La insur­rec­ción pau­lati­na del movimien­to tiene su abre­vadero en la sem­ana del estu­di­ante en Caracas. 

Los dis­cur­sos de Jovi­to Vil­lal­ba como tri­buno excep­cional, Miguel Otero Sil­va, Gon­za­lo Carnevali, Jac­in­to Fom­bona Macha­do, Anto­nio Arráiz y Rómu­lo Betan­court en el teatro Riv­o­lí. Todo comen­zó tran­quil­a­mente el 6 de febrero de 1928, has­ta que el tocuyano José Pio Tamayo recitó un poe­ma ded­i­ca­do a la reina Beat­riz I (Beat­riz Peña Arreaza) desató la furia ofi­cial en la primera procla­ma antigomecista con gran proyec­ción popular. 

Lo que vino después fueron las per­se­cu­ciones y la cár­cel para muchos de ellos. Entre otros: Rómu­lo Betan­court, en el Cuar­tel El Cuño, pos­te­ri­or­mente traslada­do al Castil­lo Lib­er­ta­dor de Puer­to Cabel­lo. Fue el géne­sis de la futu­ra for­ma­ción de orga­ni­za­ciones políti­cas encabezadas por estos líderes, mucho de los cuales esta­ban inspi­ra­dos en el social­is­mo soviéti­co. Gómez sigu­ió un tiem­po más apre­tan­do un puño, que los años y el des­per­tar nacional, lo hicieron un tan­to débil. La lucha clan­des­ti­na de Rómu­lo Betan­court la pagó con destier­ro. Entre 1931 y 1935 fue miem­bro del Buró Políti­co del Par­tido Comu­nista Costar­ri­cense. Luego de la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciem­bre de 1935, regre­sa con la idea clara de con­stru­ir una platafor­ma políti­ca que trans­forme la real­i­dad nacional.

LA IZQUIERDA EN SU PENSAMIENTO

La influ­en­cia del pen­samien­to soviéti­co mar­có a gen­era­ciones de líderes lati­noamer­i­canos, la dic­tadu­ra del pro­le­tario lle­ga­ba al gob­ier­no de la mano del bolchevis­mo. La rev­olu­ción de octubre de 1917 era la can­ción de cuna para quienes bus­ca­ban una opor­tu­nidad dis­tin­ta al cap­i­tal­is­mo. Sus haz­a­ñas lle­gan­do a Moscú, en los diez días que con­movieron al mun­do, como bien lo escri­biera el peri­odista norteam­er­i­cano John Reed, en su libro pub­li­ca­do en 1919 (Ten Days that Shook the World, en el orig­i­nal inglés) donde narra­ba esos acon­tec­imien­tos. La magia de la epopeya, los dis­cur­sos de Lenin, tenien­do como alfom­bra la Plaza Roja, se trans­for­mó en la fuente inspi­rado­ra de los revolucionarios. 

Rómu­lo Betan­court, que era un bril­lante librepen­sador, comien­za a des­cubrir falen­cias en el proyec­to. Vladimir Ilyich Lenin y Joseph Stal­in, habían hecho una gestión con dieciséis años de resul­ta­dos tene­brosos en cuan­to a la lib­er­tad indi­vid­ual y colec­ti­va. El pro­lí­fi­co pen­sador ini­cia un cues­tion­amien­to de unas prác­ti­cas cor­ro­si­vas para el sosten­imien­to de un pro­ce­so de cam­bio con jus­ti­cia social. Su primer inter­ro­gante fue el dominio de una clase sobre las otras. Si bien la clase obr­era era el motor de cualquier sociedad, existían otros igual­mente impor­tantes. Sus ideas fueron acer­cán­dose a la socialdemoc­ra­cia mod­er­na, mien­tras muchos de sus ami­gos seguían hun­di­dos en la era de hielo. Sus posi­ciones fueron derivan­do en una visión lati­noamer­i­cana que com­partía inte­gral­mente con el peru­ano Víc­tor Raúl Haya de La Torre. 

Era fun­da­men­tal crear un instru­men­to que los pueb­los amer­i­canos entendier­an. El comu­nis­mo respondía a sus reglas de grave extrac­ción total­i­taria, lo que ellos pre­coniz­a­ban era admin­is­tra­ciones que lucha­ran por los dere­chos pop­u­lares, sin ten­er que aplas­tar a alguien bajo la égi­da de una dic­tadu­ra, un cam­bio extra­or­di­nario, pero con la lib­er­tad como equi­lib­rio per­fec­to de la sociedad. Su genio fue incor­po­ran­do adep­tos que com­prendían que una Venezuela dis­tin­ta era posi­ble. Sus ideas vola­ban como des­cubrién­dose en la telaraña nacional. Veníamos de una larga mar­cha de la opre­sión gomecista. 

Los gob­ier­nos sub­sigu­ientes abrieron las com­puer­tas un tan­to, pero falta­ban que los depau­per­a­dos tuvier­an la opor­tu­nidad de ser parte de la nación. Des­cubrir que tenían dere­cho a una vida digna, dejar atrás la mul­ti­forme agonía de ir murién­dose en la orfan­dad de no ten­er las luces del saber, con hijos raquíti­cos, como ofren­das de la insalu­bri­dad. Con dere­chos a decidir su pro­pio des­ti­no. Fue así como el pen­samien­to de Rómu­lo Betan­court, entre reflex­iones, en la soledad de sus mis­te­rios, logró encon­trar el cauce que dio ori­gen a su vig­oroso proyec­to de vida. Su visión com­pro­meti­da se encon­tró con el país huér­fano de oportunidades.

 ¡EUREKA ¡ACCIÓN DEMOCRÁTICA

En la ple­na ebul­li­ción de sus ideas nace Acción Democráti­ca. Un 13 de sep­tiem­bre de 1941, con su prue­ba de fuego en el nue­vo cir­co de Cara­cas. La gran con­struc­ción se ini­ció en la lucha con­tra Juan Vicente Gómez. Luego la Agru­pación Rev­olu­cionar­ia de Izquier­da (ARDI) for­ma­da en la atlán­ti­ca Bar­ran­quil­la, por Rómu­lo Betan­court y otros exil­i­a­dos vene­zolanos. Poco tiem­po después, el Movimien­to de Orga­ni­zación Vene­zolana (ORVE), dio paso al Par­tido Democráti­co Nacional (PDN).

En Acción Democráti­ca se con­ju­ga­ba toda la real­i­dad vene­zolana, expre­sa­da en los anh­e­los de una sociedad pre­sa de injus­ti­cias, ya no es el célibe amorío del primer sen­timien­to ide­ológi­co, la expe­ri­en­cia de tra­ji­nar por la tier­ra agri­eta­da de las caren­cias, tra­jo un proyec­to políti­co que defendía clási­cos pos­tu­la­dos de izquier­da con el defin­i­ti­vo com­pro­miso de actu­ar como garantes de los dere­chos del pueblo, prop­ug­nan una nación sober­ana, libre de dog­mas e impe­rios, que dicten sus pasos. Sus procla­mas fueron el gri­to emo­ciona­do de los sin voz. 

Una orga­ni­zación anti feu­dal, en una Repúbli­ca embaraza­da de desa­fueros. Poli- cla­sista, en donde ningu­na expre­sión de la sociedad tuviese suprema­cía sobre otras. Cada sen­ten­cia de ellas las encar­nó el pueblo enal­te­ci­do en los ver­sos de Andres Eloy Blan­co, la dig­nidad de Luis Bel­trán Pri­eto Figueroa, la bril­lantez de Gon­za­lo Bar­rios, el ejer­ci­cio prin­cip­ista de la políti­ca de Raúl Leoni, la lúci­da luciér­na­ga creado­ra del mae­stro Rómu­lo Gal­le­gos. Entre tan­tos otros que se hicieron líderes a los que Venezuela con­sagró con su adhe­sión, pero por, sobre todo: El lid­er­az­go arraiga­do en las pro­fun­di­dades de la nación de Rómu­lo Betan­court, su epopeya repub­li­cana hizo metás­ta­sis en el corazón de la gente. Fue sís­tole y diás­tole, de las expec­ta­ti­vas de cada his­to­ria humana, de pueb­los olvi­da­dos y ful­gu­rantes cen­tel­las; has­ta que su obra mon­u­men­tal se hizo imperecedera.

EL HOMBRE DE OCTUBRE

 

Se han habla­do tan­tas cosas del 18 de octubre que podemos caer en la repeti­ción históri­ca. Prefe­r­i­mos enfo­carnos en el resul­ta­do de esa Jun­ta Cívi­co Mil­i­tar que pre­sidió Rómu­lo Betan­court. En 1946 el gob­ier­no creó la Cor­po­ración Vene­zolana de Fomen­to (CVF) para finan­ciar abier­ta­mente a los gru­pos empre­sar­i­ales con el argu­men­to de indus­tri­alizar el país, impul­sar la elec­tri­fi­cación de los cen­tros pobla­dos, susti­tuir importa­ciones y romper la depen­den­cia del petróleo. Ese mecan­is­mo fue aprovecha­do por var­ios empre­sar­ios locales para el for­t­alec­imien­to y diver­si­fi­cación de sus nego­cios. Se eligió una Asam­blea Nacional Con­sti­tuyente que creó las bases de una nue­va constitución. 

Un aspec­to impor­tante, es que los miem­bros de la Jun­ta se auto inhab­il­i­taron para pos­tu­larse como diputa­dos con­sti­tuyentes o como Pres­i­dente, lo cual con­sti­tuía un hito históri­co, ya que has­ta entonces ningún man­datario vene­zolano había blo­quea­do su propia reelec­ción medi­ante ley de man­era vol­un­taria. Se real­izan las primeras elec­ciones direc­tas, uni­ver­sales y sec­re­tas. Ganán­dolas el eximio escritor Rómu­lo Gal­le­gos. Entre los aspec­tos más resaltantes fue garan­ti­zar el voto de la mujer. Reparar la afrenta de sig­los; sig­nificó traer­nos el pleno dere­cho de un ver­dadero sostén de la sociedad. Doce mer­i­to­rias damas ocu­paron curules de la dig­nidad. Fueron recibidas con aplau­sos de pie de un hemi­ci­clo que se abrazó con todas las ten­den­cias. Venezuela logra­ba entrar en la mod­ernidad ciu­dadana. Deja­ba atrás el oscu­ran­tismo del siglo XIX. 

El país se llenó de car­reteras, escue­las, dis­pen­sar­ios y can­chas deporti­vas. Las enfer­medades endémi­cas com­bat­i­vas por un plan elab­o­ra­do por el caroreño Pas­tor Oropeza.  Un desar­rol­lo sostenido en muchos órdenes. Quizás, uno de los lega­dos más grandes de esta coyun­tu­ra fue enseñar­le al mun­do cas­trense que podían ser dirigi­dos por un civ­il. Que el encuen­tro de los dos mun­dos era posi­ble. La gestión de Betan­court duró has­ta el 15 de febrero de 1948. Entregó el poder al mae­stro Rómu­lo Gal­le­gos, un hom­bre llenos lau­ros personales. 

Pero, la traición avan­z­a­ba como esos ruines per­son­ajes de sus nov­e­las. Más de un Cho­lo Pari­ma, and­a­ba suel­to, como cuan­do los machetes alum­braron en la noche del Vicha­da, en la espan­tosa masacre, que recreó el eximio nov­el­ista en Canaima. Rumores ponién­dole pre­cio a su gob­ier­no. Des­gra­ci­ada­mente el tradi­cional arreba­to mil­i­tar volvió por sus fueros der­ro­can­do a Rómu­lo Gal­le­gos el 24 de noviem­bre de 1948. En su lugar se instaló una jun­ta mil­i­tar pre­si­di­da por Car­los Del­ga­do Chal­baud, se ini­cia­ba la tene­brosa noche de la dic­tadu­ra. Vein­titrés meses después (13 de noviem­bre de 1950) es asesina­do, en el úni­co mag­ni­cidio pres­i­den­cial en la his­to­ria repub­li­cana vene­zolana. Las fauces que ali­men­tó para asirse del poder ter­mi­naron devorándolo.

EXILIO Y DICTADURA

Larga noche de oscuri­dades. La lib­er­tad volvió al abis­mo donde la querían las cade­nas del miedo. La muerte se pasea­ba por una nación sum­i­da en el ter­ror, los már­tires man­tenían la lla­ma encen­di­da con­tra vien­to y marea. La obscenidad en el poder arremetía per­sigu­ien­do cualquier aso­mo de resistencia. 

Las vie­jas cica­tri­ces del pasa­do se reabrían para traer­nos a eta­pas super­adas, volvieron las cárce­les, los muer­tos y el destier­ro. Rómu­lo Betan­court sale del país para reac­ti­var los apoyos a la causa des­de el exte­ri­or. Su lid­er­az­go sigue impreg­nan­do la lucha de cada ade­co en la clan­des­tinidad. Es el espíritu del líder en cada pueblo, ciu­dad y cuadra. 

Las balas asesinan a Leonar­do Ruiz Pine­da el 21 de octubre de 1952 en Cara­cas, el máx­i­mo líder en la clan­des­tinidad, era un man­jar muy apeteci­ble para la jau­ría. Se enjua­garon las lágri­mas, prosigu­ieron, con el dolor de haber per­di­do al leg­en­dario Ulis­es de su odis­ea. La dic­tadu­ra arremetió para defen­es­trar a muchos balu­artes que se mul­ti­plic­a­ban en acción. En Guasi­na la muerte se ensañó con sus víc­ti­mas. Sin embargó, no pude que­brar el deseo de ser libres. El tem­ple Betan­court seguía inspirán­do­lo como el supre­mo líder. Sus pal­abras en el imag­i­nario colec­ti­vo iban proyec­tán­dose has­ta que cayó el oprobio.

Proyec­to de Arte Fotográ­fi­co. Raúl Leoni en com­pañía de Rómu­lo Gal­le­gos y Rómu­lo Betan­court. 11.03.1964 (PEDRO GARRIDO / COLECCION ARCHIVO EL NACIONAL

 SU TIEMPO

Cuan­do Venezuela par­ió la lib­er­tad, el ADN democráti­co lo recono­ció como su padre. Una vida con­sagra­da a la defen­sa de los val­ores más excel­sos de la creación social. Sufrió destier­ros, aten­ta­dos y per­se­cu­ciones. Estu­vo lejos de su patria y cer­ca de ella en todo momen­to. En ple­na efer­ves­cen­cia total­i­taria del social­is­mo soviéti­co, supo enten­der de la invi­a­bil­i­dad de un sis­tema castrador de la lib­er­tad. Su inge­nio logró con el con­cur­so de muchos, con­stru­ir un par­tido, tan pare­ci­do al país, que se vis­tió de sus ropa­jes, bebió en sus dolores y enar­boló la trans­for­ma­ción nacional, con­fundién­dose con sus pasiones. 

Del man­do sal­ió con las manos limpias de quien no roba, con la for­t­aleza del deber cumpli­do, se supo ale­jar del poder inteligen­te­mente, para no ser un autócra­ta per­fuma­do en las ansias de la peren­nidad. Cuan­do tuvo que enfrentar situa­ciones difí­ciles no fal­taron los testícu­los. Hom­bre de una reciedum­bre abso­lu­ta, orador par­a­dig­máti­co, con un pueblo unido en cada frase. Escritor fecun­do en la con­struc­ción gra­mat­i­cal. Su tiem­po es el de los hom­bres de honor. 

Inca­paz de una per­fidia que des­en­ca­dene en la tradi­ción vene­zolana de la puñal­a­da trapera. Leal has­ta en el últi­mo cen­tímetro de su ser. Fue la máx­i­ma figu­ra, que tuvo el desprendimien­to de no restar­le opor­tu­nidad a los demás. Un vene­zolano que jamás perderá el bril­lo de sus haz­a­ñas. Un pen­sador con la dimen­sión del estadista impere­cedero. Las aguas de Pacairigua sigu­ieron llenan­do las ver­tientes, que bus­ca­ban las raíces secas en el doloroso ver­a­no. Rómu­lo Betan­court, tam­bién se hizo río para lle­var lib­er­tad has­ta el pecho de una nación oprimida.

CorreodeLara

Esᴛᴀ́ ᴜsᴛᴇᴅ, ᴅɪsᴛɪɴɢᴜɪᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ, ᴇɴ ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴏ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀ, ᴅᴇ ʜᴏᴍʙʀᴇs ᴄɪᴠɪʟɪsᴛᴀs, ʏ sᴏʙʀᴇ ᴛᴏᴅᴏ, ᴅᴇ ɢʀᴀɴᴅᴇs ᴀᴄᴏɴᴛᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏs ϙᴜᴇ ᴍᴀʀᴄᴀʀᴏɴ ᴜɴ ʜɪᴛo

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