Toros coleados, su historia y origen

Emilio Acosta
Historiador

Los toros colea­d­os con­sti­tuyen una man­i­festación pop­u­lar arraiga­da en la tradi­ción de los vene­zolanos. Se prac­ti­ca en los ter­ri­to­rios de la actu­al Colom­bia y Venezuela, des­de medi­a­dos del siglo XVI.

Los toros colea­d­os tienen un ori­gen ances­tral, diver­sos his­to­ri­adores aso­cian al coleo con una prác­ti­ca españo­la en la que se der­ri­ba a la res en ple­na car­rera apoyan­do el jinete una vara en el cuadril.

Esta prac­ti­ca españo­la, es lla­ma­da “suerte del der­ri­bo”, la tradi­ción con­sistía en la per­se­cu­ción del cabal­lo al toro, y su der­ri­bo en ple­na car­rera en una cara, apoyán­dola en el cuadril de la bes­tia con la fuerza sufi­ciente para tum­bar­le al lado contrario.

Entre los años de 1529 y 1530, la famil­ia de los Welser fueron los primeros que tra­jeron grandes can­ti­dades de gana­do a la provin­cia de Venezuela. Des­de su cen­tro admin­is­tra­ti­vo en San­ta Ana de Coro, se fue exten­di­en­do hacia otros pun­tos del ter­ri­to­rio venezolano.

Para el año de 1530, el con­quis­ta­dor Cristóbal de Men­doza Rodríguez fundó el primer hato en los llanos cen­trales, exac­ta­mente en el Sitio de Uber­i­to, zona próx­i­ma a la ciu­dad de Cal­abo­zo, actu­al esta­do Guárico.

Las primeras ganaderías en los llanos del Meta se establecieron hacia 1540, en las misiones Jesuitas, donde los indí­ge­nas evan­ge­liza­dos aprendieron el mane­jo del cabal­lo y del gana­do. Las hacien­das más antiguas son Carib­abare, La Yeguera, Tocaría, Cravo.

De toda esta cul­tura ganadera traí­da des­de España, sur­gen los toros colea­d­os, los llaneros que entre el tra­ba­jo y la diver­sión medi­an sus capaci­dades cole­an­do y der­riban­do los toros en las fae­nas y con habil­i­dad tam­bién uti­liz­a­ban lan­zas para mane­jar el ganado.

Muchas veces los dueños de las hacien­das orga­ni­z­a­ban com­pe­ten­cias para demostrar las destrezas de los llaneros que tra­ba­ja­ban en el hato, y ofrecían grandes can­ti­dades de reales de pla­ta, a quien fuese el primero en der­rib­ar al animal.

Estas com­pe­ten­cias se mantienen durante los sig­los XVII y XVIII, extendién­dose a las cel­e­bra­ciones y fies­tas patronales; sobre todo en la zona de los llanos que, jun­to al joropo, y la carne en vara, estable­cen la iden­ti­dad de la Venezuela rur­al en la época hispánica.

CorreodeLara

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