Venezuela fue atacada por Alemania en 1903

Luis Alberto Perozo Padua
Periodista y escritor
luisalbertoperozopadua@gmail.com
IG/TW: @LuisPerozoPadua

El buque bombardeó sin tregua a la población de San Carlos, dejando más de 40 fallecido y un centenar de heridos


Al despun­tar el alba aque­l­la mañana del 17 de enero de 1903, durante el gob­ier­no del gen­er­al Cipri­ano Cas­tro, el obser­vador de guardia de la For­t­aleza de San Car­los, en el esta­do Zulia, dio avi­so de emer­gen­cia tras los movimien­tos de var­ios bar­cos con ban­dera extran­jera, que pro­tag­on­i­z­a­ban el blo­queo naval a las costas vene­zolanas, ya traspasa­ban “la bar­ra” y se aprox­ima­ban a la fortaleza.

San Car­los, un castil­lo que fue con­stru­i­do entre los años 1679 a 1683, fue emplaza­do jus­to en la entra­da de la Bar­ra de Mara­cai­bo, en la parte norte de la isla del mis­mo nom­bre con la final­i­dad pro­te­ger el paso conec­tor entre el Gol­fo de Venezuela y el Lago de Mara­cai­bo. El propósi­to era evi­tar el saqueo que con­stan­te­mente se esta­ba dan­do en Mara­cai­bo, por piratas ingle­ses, france­ses y holan­deses durante el siglo XVII.

El cañonero SMS Pan­ther, de la mari­na impe­r­i­al ale­m­ana, que fue repeli­do por las baterías del castil­lo San Car­los durante el bloqueo

Des­de el San Car­los se activó la alar­ma e inmedi­ata­mente “con ban­dera se hicieron las señales acos­tum­bradas para indicar la pro­hibi­ción de que los buques que entren por la bar­ra se acerquen a la fortaleza”.

Ya frente al pun­to denom­i­na­do Las Baterías, y en vista que dos buques de la temi­ble mari­na impe­r­i­al ale­ma, hacían caso omiso a las adver­ten­cias y órdenes de deten­ción comu­ni­cadas por ban­dera, des­de la for­t­aleza se dis­paró un tiro de cañón car­ga­do sólo con pólvo­ra, con el obje­to de lla­mar la aten­ción a los coman­dantes de aque­l­los barcos.

Según comu­ni­ca­do del gen­er­al M. Romay Añez, jefe del Esta­do May­or de la cita­da plaza al gen­er­al Cipri­ano Cas­tro, a través de cable­gra­ma de la Com­pag­nie Françoise des Cables Telegraphiques, el dis­paro de aten­ción fue inmedi­ata­mente respon­di­do por el buque cañonero denom­i­na­do el Pan­ther, apoy­a­do por el crucero ligero Falke, cuyo nutri­do fuego de artillería, intenta­ba romper los grue­sos muros de la for­t­aleza, que “al estrel­larse se frac­tura­ban en mil fragmentos”.

Por su parte, el gen­er­al Jorge Anto­nio Bel­lo, coman­dante en jefe de la for­t­aleza, dio la orden de cor­re­spon­der al “enér­gi­co” ataque que se pro­longó has­ta pasadas las 12:30 de la tarde.

Bom­bas explo­si­vas y per­forado­ras fueron lan­zadas des­de el buque alemán alcan­zan­do el pueblo de San Car­los, que pron­to fue incen­di­a­do, mien­tras el castil­lo era defen­di­do con dili­gente valor.

En medio de la escara­muza, una gole­ta mer­cante con ban­dera inter­na­cional inten­tó evadir el blo­queo naval traspasan­do la Bar­ra del Lago de Mara­cai­bo, lo que pro­du­jo que el Pan­ther ini­cia­ra la persecución.

El capitán del Pan­ther al no cono­cer la batimetría de aguas someras del sitio, encal­ló el buque cer­ca del Castil­lo de San Car­los, quedan­do a tiro de los cañones de la fortaleza.

Se reanudó entonces el due­lo de artillería entre los buques inva­sores y la for­t­aleza de San Car­los. Los artilleros vene­zolanos Manuel Queve­do y Car­los José Cár­de­nas con un cañón Krupp de 80 mm, (de fab­ri­cación ale­m­ana) lograron hac­er var­ios impactos en el Pan­ther, aver­ián­do­lo de consideración.

El martes 20 de enero de 1903, arribó des­de Puer­to Cabel­lo el crucero pesa­do SMS Vinet­ta para susti­tuir en la batal­la al Pan­ther. El buque bom­bardeó sin tregua a la población de San Car­los, dejan­do más de 40 fal­l­e­ci­do y un cen­te­nar de heridos

En la acción de la For­t­aleza de San Car­los resul­taron lesion­a­dos por las esquir­las de los proyec­tiles dis­para­dos por el Pan­ther los coro­ne­les Ismael Ontiveros y Manuel Queve­do; el coman­dante Pedro Uzca­ga; el cabo primero Deside­rio Mar­rero; el sol­da­do José Agustín López (que perdería un ojo) y el gen­er­al Romay, con heri­das de consideración.

El parte del comandante

Romay por su parte, redac­tó en el parte de batal­la, que después de una hora de vig­oroso fuego ene­mi­go “y sin haber podi­do doble­gar la altivez y valen­tía con que los defen­sores de la for­t­aleza se com­por­taron, el Pan­ther se vio oblig­a­do a reti­rarse a toda máquina, colocán­dose fuera del alcance de la artillería del San Carlos”.

Asien­ta más ade­lante que el ataque prosigu­ió el día 20 con inter­cam­bio de artillería; “y el día 21, a eso de las nueve y cuarenta y cin­co de la mañana, el Vinet­ta, lanzó bom­bas incen­di­arias sobre la población de San Car­los, mien­tras el Pan­ther man­io­bra­ba tratan­do de cruzar la barra”.

Ocho horas per­duró “el inclemente” bom­bardeo, y ni aun pro­te­gi­do por el Vinet­ta ‑apun­ta Romay- atre­vióse el Pan­ther a medir sus armas con las nues­tras, quedan­do así frustra­dos nue­stros deseos, los vivos anh­e­los que durante aque­l­las largas horas nos man­tu­vieron en excitación ter­ri­ble, ya que los buques ene­mi­gos no nos brindaron, ni por un instante siquiera, la sat­is­fac­ción de ten­er­los al alcance de nue­stros cañones”. 

Empero, frustradas las inten­ciones de la arma­da impe­r­i­al ger­máni­ca, sus buques se reple­garon a otras regiones de Venezuela, final­iza Romay.

 

Ima­gen ref­er­en­cial. Cañon Gun­ner Wil­son. Invasión norteam­er­i­cana a Veracruz

La escan­dalosa deuda 

A finales del siglo XIX, manda­to de Cipri­ano Cas­tro, Venezuela era una nación empo­bre­ci­da y atrasa­da, con una admin­is­tración públi­ca pre­caria y un pro­nun­ci­a­do desajuste fiscal.

A juicio del inves­ti­gador Car­los Hernán­dez Delfi­no, para ese entonces, 1898, los pre­cios del café habían dis­minui­do abrup­ta­mente, pro­ducien­do severos impactos inter­nos, dada la vul­ner­a­ble situación de Venezuela.

“La deu­da públi­ca total, a fines de 1898, sum­a­ba 197,5 mil­lones de bolí­vares (cin­co veces los ingre­sos públi­cos del año fis­cal 1898–99), 62% de la cual esta­ba for­ma­da por obliga­ciones exter­nas que resulta­ban de la acci­den­ta­da ruta de emprésti­tos, rene­go­cia­ciones, recla­ma­ciones e incumplim­ien­tos que se ini­ció con los finan­ciamien­tos recibidos a par­tir de la toma de Angos­tu­ra en 1817”, cita Hernán­dez Delfino.

Cas­tro habría de con­frontar más de un lev­an­tamien­to en su con­tra, pero fue la poderosa Rev­olu­ción Lib­er­ta­do­ra, bajo la direc­ción del ban­quero Manuel Anto­nio Matos, la que logró tambalearlo.

Cipri­ano Cas­tro-Library of Con­gress Prints and Pho­tographs Divi­sion Wash­ing­ton, D.C. 20540 USA

Pero pre­cisa­mente sería ese tumul­to bau­ti­za­do como Rev­olu­ción Lib­er­ta­do­ra, la que gener­ará el quiebre de la economía a la que se sumarían el malestar cau­sa­do en las grandes poten­cias mundi­ales por el incumplim­ien­to de los pagos de la deu­da exter­na –unido ello a la ambi­ción expan­sion­ista de Ale­ma­nia– para prop­i­ciar el blo­queo a las costas vene­zolanas, por parte de Inglater­ra, Ale­ma­nia e Italia, en diciem­bre de 1902.

Aque­l­la acción agravó la ya críti­ca situación económi­ca y fis­cal del país, pues la recau­dación cayó 52% ese año. Final­mente, Venezuela ter­minó pagan­do sumas ele­vadas con base en los pro­to­co­los suscritos para pon­er fin al bloqueo.

Para 1908, la deu­da públi­ca del país ascendió a 210,3 mil­lones de bolí­vares, can­ti­dad equiv­a­lente a ocho veces los ingre­sos del ejer­ci­cio fis­cal de aquel últi­mo año del siglo XIX.


Fuente: Tiempo de Compadres. De Cipriano Castro a Juan Vicente Gómez. Francisco Salazar Martínez. Librería Piñango. Caracas 1972
Castro, Gómez y la deuda pública. Carlos Hernández Delfino | Prodavinci. 12/6/2015
Fortaleza de San Carlos de la Barra. Maracaibo. Benedicto Cuervo Álvarez | Otro Mundo es Posible.  15/11/2014

CorreodeLara

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