José Manuel “El mocho Hernández”, un activo conspirador

José Manuel “El Mocho” Hernández, nació en Caracas en el año de 1853. Considerado uno de los más consecuentes caudillos de la Venezuela de finales del siglo XIX.

Como militar y político, participó en las revoluciones Legalista y de Queipa, en ésta última para derrocar al gobierno de Ignacio Andrade en 1898 y donde muere el General Joaquín Crespo en defensa del gobierno de Andrade.

Desde los 17 años daría inicio a sus actos de conspiración, cuando en 1870 se alzó en armas contra Antonio Guzmán Blanco, donde es herido de bala. 

Posteriormente parte al exilio, y para 1892 se une a Joaquín Crespo en la Revolución Legalista para derrocar al Raimundo Andueza Palaciones, y que paradójicamente enfrentaría en 1898 durante la Revolución de Queipa.

Fue candidato Presidencial en 1897 por el Partido Liberal Nacionalista, donde pierde con Ignacio Andrade por un supuesto fraude que impuso el General Crespo, lo que ocasionó que el mocho Hernández se levantara en armas para defender su postura.

Le encendían velas 

El historiador Gustavo Machado, en su obra Historia gráfica de la Guerra Federal en Venezuela (2002), ofrece clara información acerca del comienzo de la Revolución de Queipa:

El General Hernández logró escaparse de Caracas y marchó a Valencia el 24 de

     EL DATO   

El apodo de El Mocho se debe a la amputación de dos dedos por las heridas recibidas durante el alzamiento en armas contra Guzmán Blanco en 1870

febrero de 1898 y refugiarse en la finca Queipa en la montaña del Socorro, limítrofe con la Sierra Occidental de Carabobo, propiedad de su amigo Don Evaristo Lima. Allí preparó los detalles del alzamiento y a los pocos días de haber asumido la Presidencia el General Ignacio Andrade, publicó una proclama fechada el 2 de marzo de 1898, dándole el nombre de Revolución de Queipa al levantamiento armado. (Machado, 2002: 341-342)

Y allí comenzó la travesía. Dice la conseja que al general Hernández lo alumbraban en los altares y le ponían flores en las ventanas de las casas al pasar por los pueblos, pues era el representante de una obsesión de triunfo y cambio en el alma nacional. De pueblo en pueblo, de caserío en caserío, arrebañando tropa, voluntaria toda, deslumbrada por el discurso del Mocho y, aunque no tenían suficientes armas, los hombres entusiasmados y las mujeres prodigadas lo seguían con devoción.

En el camino, se iban armando con escopetas, tercerolas, antiguos trabucos aparecidos como por encanto, y hasta lanzas de la Independencia, herrumbrosas y afiladas de improviso.

El Dr. Ramón J. Velásquez, en su obra La caída del liberalismo amarillo (1973), hace mención a los movimientos y guerreros que progresivamente se van incorporando a las fuerzas del Mocho:

“…empiezan a brotar guerrillas en la llanura y en la Sierra: Pedro Conde, en Bejuma; Eustaquio Rodríguez en Sedeño; Antonio Quintero en Cerro Azul; el italiano Antonio Vita, en Santa Rosa; Francisco Lucena en Nirgua. Peones y amigos los siguen y aumentan las filas de la Revolución. El ejército nacionalista se compone de 700 hombres de los cuales 400 son infantes y 300 jinetes.”(Velásquez, 1973: 178)

Fue encarcelado luego de su alzamiento pero a raíz de los sucesos del triunfo de la Revolución Liberal Restauradora en 1899, es liberado por Cipriano Castro, y a quien enfrentaría luego por diferencias en su gestión de gobierno.

Se mantuvo en exilio nuevamente y luego de que Juan Vicente Gómez asumiera la Presidencia de Venezuela regresa y es incorporado como miembro del Consejo de Gobierno entre 1909 y 1911, pero entra en diferencias con Gómez y parte nuevamente al exilio hacia los Estados Unidos, donde muere en la ciudad de New York, el 25 de agosto de 1921.

Presidentes de Venezuela/LAPP 

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