Cuando Cristóbal Colón “descubrió” América ya las arepas existían

 

Para la ami­ga Haydee Padua, 
que sin cono­cer­nos siem­pre sigue cada una de mis crónicas

En el mito maya del Popol Vuh, creen­cia míti­ca de la creación del hom­bre for­ma­do de maíz por los dios­es, el escritor guatemal­te­co Miguel Ángel Asturias se inspiró para escribir su com­pli­ca­da nov­ela “Hom­bres de Maíz” donde el pre­mio Nobel de Lit­er­atu­ra 1967 exaltó el val­or de esta plan­ta amer­i­cana, sagra­da para los indí­ge­nas, y cuan­do el almi­rante Cristóbal Colón llegó a este lado del Nue­vo Mun­do ya la arepa era “pan comido”.

Somos hom­bres de maíz y la arepa rep­re­sen­ta la con­cre­ción diaria del mito y todos los días rendi­mos trib­u­to a esta creen­cia rela­ciona­da por Asturias en prosa expre­sion­ista de esti­lo bar­ro­co y poéti­co pub­li­ca­da en 1949, nov­ela de real­is­mo mági­co y sen­ti­do indi­genista con­sid­er­a­da entre las cien mejores nov­e­las en español del siglo XX.

Los más esforza­dos antropól­o­gos e inves­ti­gadores no han encon­tra­do el ori­gen de la arepa y varias tesis esti­man que entre Colom­bia y Venezuela nació nues­tra redon­da com­pañera del autóctono maíz, asum­i­da por los con­quis­ta­dores muy pron­to cuan­do se les acabaron sus panes y el tri­go que tra­jeron en la trav­es­ía y así lo han contado.

Fray Pedro Simón, en sus “Noti­cias His­to­ri­ales de las con­quis­tas de Tier­ra Firme en las Indias Occi­den­tales” y Bern­abé Cobo en “His­to­ria del Nue­vo Mun­do”, escri­bieron que preparadas con masa de maíz “en Améri­ca los aborí­genes hacían unas tor­tas tan grue­sas como un dedo, que se lla­man arepas”.

La raíz indí­ge­na del voca­blo no tiene dis­cusión y en su “Via­je y descrip­ción de las Indias” (1539–1553) el ital­iano Gale­ot­to Cei escribió la más antigua ref­er­en­cia de esta pal­abra: “Hacen otra suerte de pan con el maíz a modo de tor­tillas, de un dedo de grue­so, redondas y grandes como un pla­to a la france­sa, o poco más o menos, y las ponen a cocer en una tortera sobre el fuego, untán­dola con grasa para que no se peguen, volteán­dolas has­ta que estén coci­das por ambos lados y a esta clase lla­man arepas y algunos fecteguas”.

En tiem­pos remo­tos los indí­ge­nas mas­ti­ca­ban el maíz y lo colo­ca­ban en un recip­i­ente has­ta for­mar una masa que cocin­a­ban en un budare de bar­ro en for­ma de panes redon­dos para acom­pañar ali­men­tos de caza y pesca y por supuesto maíz en bebidas y guar­ni­ciones, has­ta encon­trar un méto­do nue­vo para proce­sar­lo al des­gra­narlo y mol­er­lo en una piedra con otra enci­ma has­ta obten­er una mez­cla más “amasable”.

El largo y tedioso pro­ce­so de pilar el maíz y mol­er­lo luego de san­cocha­do para hac­er la masa tra­jo una nue­va inven­ción y para agilizarla nació el pilón: El tron­co de un árbol hue­co por den­tro donde con un mazo de madera “pil­a­ban” el maíz para quitar­le las cás­caras antes de hervir­lo para ablandar­lo y amasarlo. 

Micro de Morella Muñoz Cantos de Pilón

 

Así fue por sig­los has­ta que el inge­nio pro­du­jo la máquina man­u­al a la que oblig­a­ban los mucha­chos “mol­er” el maíz antes de salir a jugar. 

El pilón quedó atrás

Y tam­bién era un cas­ti­go, has­ta apare­cer el inge­niero mecáni­co y edu­cador Luis Caballero Mejías, caballero al fin para ayu­dar a las mujeres en la ruda tarea de hac­er las arepas, en 1954 reg­istró en la Direc­ción de Com­er­cio de la Propiedad Indus­tri­al y Com­er­cial del Min­is­te­rio de Fomen­to de la Repúbli­ca sus exper­i­men­tos para indus­tri­alizar la pro­duc­ción de la masa para hac­er arepas con la inven­ción de una “Hari­na de Masa de Maíz” o “Masa de Maíz Deshidratada”.

Inge­niero mecáni­co y edu­cador Luis Caballero Mejías

Con la patente de exclu­sivi­dad 5176 Caballero reg­istró “La Arepera Com­pañía Anón­i­ma”, para la fab­ri­cación y mer­cadeo de la hari­na pre­co­ci­da pero fac­tores adver­sos le impi­dieron alcan­zar las metas.

Aque­ja­do de salud, pidió a su esposa Patri­cia Pereira Álvarez ofre­cer la patente al empre­sario vene­zolano Loren­zo Men­doza Fleury, propi­etario jun­to a su famil­ia de Cerve­cería Polar y la refi­nado­ra de maíz Remaven­ca y la nego­cia­ron por 275 mil bolí­vares, mucho dinero entonces. Ese si era un bolí­var fuerte.

Polar no reconoce el invento

La fór­mu­la de Caballero fue mejo­ra­da por el mae­stro cerve­cero checoslo­va­co emplea­do de la cerve­cería Car­los Roubicek y Juan Loren­zo Men­doza, hijo de Men­doza Fleury a quienes ​las ideas del inge­niero les lle­garon en el momen­to más oportuno. 

Polar bus­ca­ba un susti­tu­to a la cos­tosa ceba­da impor­ta­da y pens­a­ban en el maíz cuan­do apare­ció el pro­fe­sor con su inven­to y aprovecharon la plan­ta de Remaven­ca y las hojue­las de maíz usadas para la cerveza para mejo­rar la fór­mu­la de Caballero, a quien le ocur­rió como a Johannes Guten­berg con la inven­ción de la imprenta: Johannes Fust se aso­ció con él y llevó a su yer­no Peter Schöf­fer de apren­diz y se quedaron con el nego­cio dejan­do al ver­dadero inven­tor por fuera. Fust y Schöf­fer imprim­ieron la primera bib­lia y se ganaron todos los reales.

Empre­sas Polar no reconoce la idea de Caballero Mejías y la hizo suya. Tam­poco Caballero –creador para la his­to­ria de la hari­na pre­co­ci­da de maíz– pudo ver el éxi­to de su inven­to pues murió muy joven, de 57 años, el 12 de octubre de 1959.

En 1960 Empre­sas Polar amplió la plan­ta de Remaven­ca en Turmero y el 10 de diciem­bre pre­sen­tó el primer empaque de la hari­na que bau­ti­zaron Pro­duc­tos Ali­men­ti­cios Nacionales con las siglas P.A.N con la que se conoce hoy en todo el mun­do y la figu­ra de una mujer con un trapo amar­ra­do en la cabeza inspi­ra­da en la can­tante por­tugue­sa Car­men Miran­da, crea­da por el dis­eñador búl­garo Marko Markoff. El éxi­to de la hari­na P.A.N merece cróni­ca aparte pero es cono­ci­do que des­de entonces las arepas tienen nom­bre y apel­li­do y así se la conoce en el orbe.

Mien­tras toda esta his­to­ria tran­scur­ría, des­de tiem­pos muy remo­tos la arepa se había con­ver­tido en acom­pañante de las comi­das de vene­zolanos y colom­bianos, además de des­cubrirse que podía rel­lenarse de las más vari­adas com­posi­ciones, des­de solo man­te­qui­l­la para los niños antes de ir a la escuela a sofisti­cadas com­bi­na­ciones servi­das en restau­rantes espe­cial­iza­dos al esti­lo norteam­er­i­cano de fast food lla­madas areperas.

De las com­bi­na­ciones podríamos hac­er una larga lista des­de las pop­u­lares con los difer­entes que­sos del país, llanero, de mano, de cabra o res, has­ta las muy apeteci­bles de carne mecha­da, pol­lo mecha­do, cochi­no, jamón y que­so, peri­co, carao­tas o carao­tas con que­so lla­madas dom­inó, de cazón y es tan amplia la var­iedad que pudiera hac­er un menú de más de doscien­tas com­bi­na­ciones, según la región y recor­dar que se pueden com­er a toda hora, como acom­pañamien­to o rel­lenas, en una ver­dadera sin­fonía de sabores. 

Dicen que las más famosas con las lla­madas “reina pepi­a­da” así bau­ti­zadas en hon­or a Susana Dui­jm, nues­tra primera Miss Mun­do. http://correodelara.com/http-bit-ly-2pffxp9/

La arepa nos hace los Hom­bres de Maíz de Asturias, reforza­dos con las cacha­pas tam­bién indí­ge­nas preparadas con el mis­mo fru­to tier­no así como las hal­laquitas envueltas en hojas del jojo­to, otra voz indí­ge­na con las que el idioma español trip­licó el número de pal­abras de su dic­cionario con el des­cubrim­ien­to de América.

Las más extrav­a­gantes las conocí en un pobla­do de pescadores de la cos­ta Caribe colom­biana, San José de Luru­a­co: Sus famosas arepas de hue­vo y según espe­cial­is­tas en tur­is­mo es su cuna cono­ci­da en toda Colom­bia como parte de la gas­tronomía nacional.

Es una arepa del­ga­da fri­ta en un caldero con aceite hirviente que al espon­jarse es saca­da por las dies­tras cocin­eras y de inmedi­a­to la abren por un costa­do, le intro­ducen un hue­vo de gal­li­na crudo y la lan­zan de nue­vo al caldero donde ter­mi­nan de freír­la y se con­vierte en deli­cioso platil­lo para los comen­sales jun­to a un jugo de naran­ja, piña, melón, guaya­ba, patil­la y has­ta cerveza.

Masa de maíz La Arepera, paten­ta­da por el inge­niero y edu­cador Luis Caballero Mejías

A mitad de año cel­e­bran el Fes­ti­val de la Arepa de Hue­vo y está en la ban­dera munic­i­pal como riqueza gas­tronómi­ca y con­sid­er­an imper­don­able pasar por Luru­a­co y no degus­tar una “arepe­hue­vo”.

La arepa es internacional

De var­iedades y gus­tos conoce el mun­do entero, porque des­de la inven­ción de la hari­na pre­co­ci­da por el inge­niero y edu­cador Luis Caballero Mejías la nue­va for­ma de hac­er las vene­zolanísi­mas arepas se regó por todos los país­es y la diás­po­ra de vene­zolanos por el mun­do huyen­do de la trage­dia nacional logró su máx­i­ma expre­sión cuan­do el chef vene­zolano Este­ban Gre­go­ri­adis, en Argenti­na des­de hace dos años, fue invi­ta­do por el pres­i­dente Mauri­cio Macri a preparar arepas y otros platos criol­los en el pala­cio de gob­ier­no, la Casa Rosa­da y el man­datario por primera vez probó la comi­da vene­zolana, se sor­prendió con las arepas y degustó los tequeños en hom­e­na­je a los hom­bres de maíz de nue­stro continente.

Esta cróni­ca se suma a la cel­e­bración el próx­i­mo domin­go 9 de sep­tiem­bre –por sex­to año con­sec­u­ti­vo– del Día Mundi­al de la Arepa fes­te­ja­do des­de 2012 en más de 80 país­es para recor­dar­le al plan­e­ta que los vene­zolanos andan por el mun­do con sus mejores crea­ciones, entre ellas la arepa, nues­tra deli­ciosa acom­pañante en la mesa nacional.

POR Juan José Peralta
Periodista

CorreodeLara

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