La casa más antigua del casco histórico de Barquisimeto

Omar Garmendia
Cronista y escritor

Las viejas casonas de nuestro trasquilado y mal llamado casco histórico nos cuentan sus secretos en los documentos que reposan en los silenciosos y fríos estantes cronicales de las notarías y registros. Desde el terremoto de 1812, Barquisimeto se había desvanecido en su trama cuadricular con la caída de la gran mayoría de sus casas y templos y las ruinosas construcciones habrían de permanecer en ese estado por muchos años, como testigos mudos de una hecatombe


Las más antiguas casas de la ciudad se construyeron en torno a la Plaza Mayor y los viejos templos coloniales de entonces. Las iglesias de La Concepción y de San Francisco, serían los núcleos centrifugadores del incipiente crecimiento de la ciudad. Sin embargo, muy pocas construcciones de esos primitivos núcleos urbanos sobrevivieron al terremoto de 1812.

Eso es lo que tenemos ante la vista de los moradores y transeúntes de la ciudad: la desolación, las ruinas dejadas por el terremoto en montículos de tapias y muros de las antiguas casas. Diez años después, en 1822, el viajero norteamericano-irlandés William Duane (1760–1835) describe el aspecto de la urbe a su paso por Barquisimeto:

“A los pocos días tuve oportunidad para observar de cerca la ciudad de Barquisimeto, y para oír diversas noticias acerca de ella. (…). Nada queda en la actualidad de los antiguos muros de las casas, y lo único que sobresale a cierta altura son los montones de tierra formados por las ruinas de las tapias, con las cuales estaban construidas todas las residencias. Hoy solo eran verdaderas tumbas que había adquirido su actual posición inclinada a causa de la forma irregular en que se amontonaron los escombros de los edificios derrumbados, y entre los cuales quedaron sepultados no sólo los habitantes de la ciudad sino también un batallón de setecientos hombres. Aquel montón de ruinas aparecía intacto, a excepción de algunos sitios por los cuales se había tratado de penetrar a las sepulturas de las personas que tenían reputación de gente opulenta. Los únicos vestigios perceptibles de aquella ciudad (que contaba, según se dice, unos ocho mil habitantes), y que se advierten a simple vista, son las alturas de sus ruinas, a las que la lluvia ha venido dando una configuración redondeada. Solo escaparon quienes se encontraban ausentes en viajes de negocios o estaban en sus haciendas situadas hacia la parte del valle…”.

(William Duane: Viaje a la Gran Colombia en los años 1822-1823)

De manera que Barquisimeto ya no posee casas o monumentos auténticamente coloniales que nos puedan referir a un pasado de herencia española. Las casas que hoy permanecen en el denominado casco histórico de nuestra ciudad, en realidad corresponden a construcciones de mediados del siglo XIX con diseños de estructuras que se conservaron inclusive hasta muy introducido el siglo XX, por lo que difícilmente se puede determinar la edad de esas casonas en base a esos caracteres estilísticos (Molina, 2014; Gormsen, 1965).

El casco histórico de Barquisimeto se circunscribe en la actualidad a una sola área o manzana, donde se encuentran los más representativos caserones que la gente refiere como coloniales, situados en los predios de la Plaza Lara (antigua Bolívar), la calle 24 y las carreras 16 y 17 frente al Edificio Nacional y en algunos puntos específicos de la ciudad.

Todas esas grandes casas que estaban en esa manzana frente a la Plaza Lara poseían corralones y grandes solares, por lo general de más de 1.000 metros cuadrados.Viviendas construidas con esmero y con los mejores materiales y que tal vez albergaron largas familias tradicionales que iban desde los esposos, los hijos, extendida a los abuelos, tíos, arrimados, recogidos, esclavos, servidumbre y uno que otro huésped. Además, tenían huerto, animales de cría, caballos, caballerizas, gallinas, cerdos, vacas que le daban leche a la familia. Era otra clase de vida. Una de las más grandes casas era la de los descendientes de don Sabás Arráez, con 2.500 metros cuadrados de terreno (Molina, op. cit. p. 38).

 A pesar de que era la zona residencial de la clase dirigente y de grandes propietarios con haciendas, trapiches, potreros, casas y otras posesiones en Barquisimeto, los llanos y en diferentes lugares del estado Lara, la densidad de lo construido era muy baja (aunque las familias eran extensas y extendidas) y mantenía un aspecto semirrural. Utilizarían esas extensiones de terreno como depósito temporal de los productos del campo para el envío en recuas y su posterior venta. Estas propiedades pasaban de mano en mano en base a acciones de compra-venta, cesiones, negocios, hipotecas, remates, traspasos, permutas, partes de pago, testamentos y herencias, particiones, etc., que evidencian la gran movilidad social y económica de la población pudiente de esas épocas.

Casa de las Silveira. Foto colección Museo Bolivariano Casa de las Silveira

Casa de las Silveira la más antigua de Barquisimeto

 

La casa más antigua conocida en la ciudad es la llamada casa de las Silveira, denominada así por haber estado habitada desde 1860 por los descendientes maternos de doña Palmacia Barrios Yépez y las hermanas Blanca, María y la sin par y eximia pianista de fama internacional Emma Silveira, quienes marcaron pauta en la historia cultural de Barquisimeto. Está ubicada en el llamado casco histórico, calle 23 entre carreras 16 y 17, acera oeste.

Dicha venerable y vieja casona está referida en un antiguo documento testamentario del alcalde de 2da. elección del Cabildo de la ciudad don Francisco de Paula Escalona, que data de 1854. Aunque se dice que la casa de las Silveira había resistido el terremoto, el documento aludido expresa que otras propiedades que tenía el antiguo dueño se habían perdido durante el mismo en esa y otras zonas de la ciudad.

A pesar de ello, la tradición oral sugiere que permaneció en pie solamente la parte norte de la casa, que luego fue reconstruida y parcialmente transformada poco a poco, durante décadas, junto con las casas que hoy conocemos en los alrededores de la plaza Lara de Barquisimeto.

Esto ha sido corroborado in situ por excavaciones y trabajos realizados selectivamente, de acuerdo con las informaciones personales aportadas por el cronista de la parroquia civil de Catedral, profesor Ricardo Valecillos. Señala el cronista que, en el caso de la casa de las Silveira, algunas paredes exteriores e interiores se reconstruyeron con parte de los escombros y materiales dejados por el terremoto, así como el relleno de algunos pisos de las habitaciones, cuyas ventanas dan hacia el lado oeste del templo de San Francisco, calle 23 de por medio.

Excavación que muestra el relleno de las paredes con escombros del terremoto de 1812. (Foto personal del autor)

Foto: Luis Alberto Perozo Padua . Diario EL IMPULSO

Leyendas y tradiciones orales de la casa de las Silveira

Las historias orales circulan a la par de la historia documentada, con los consabidos aderezos y condimentos que las representaciones populares le van añadiendo. Historias, leyendas y tradiciones orales han circulado en torno a este inmueble, algunas de ellas no comprobadas con certeza. Desde antaño se decía que la casona fue hospital de sangre durante la guerra independentista. 

También se mencionaba que allí funcionó la oficina de rentas municipales en la Colonia y que además fue sede del seminario San Agustín, el noviciado del convento  de San Francisco y hasta de una logia masónica (Macías Mujica, 1995, p. 72), Igualmente se dice que existía un túnel que conectaba la casa con la iglesia y el convento de los franciscanos y fue cárcel real con un sótano donde se recluía a los presos por temor a los terremotos.

Habitación donde funcionó la Oficina de Rentas Municipales en 1810. (Foto colección Museo Bolivariano Casa de las Silveira)

Francisco de Paula Escalona. (Boceto a lápiz. Autor Julio Parra. Colección Museo Bolivariano Casa de las Silveira

La casa sirvió de vivienda y despacho del alcalde de 2da. elección del Cabildo de la ciudad don Francisco de Paula Escalona y su esposa doña Carmen Alvarado de Escalona, hija del Alférez Real don Juan José de Alvarado, en la época del pronunciamiento a favor de la independencia en 1810.

Se cuenta que el Libertador Simón Bolívar en su visita a Barquisimeto el 14 de agosto de 1821, en esa casa tuvo una reunión con vecinos prominentes para recoger fondos con el fin de favorecer el sostenimiento del ejército patriota que sitiaba Puerto Cabello, uno de las últimas trincheras realistas luego de la Batalla de Carabobo.

Entre los contribuyentes voluntarios se encontraba el propio Francisco de Paula Escalona, quien para 1825 ya era alcalde de primera elección, cargo que detentó hasta 1828. En dicha reunión se recibieron pertrechos, víveres, ropa, oro, alhajas, joyas, vajillas y cubiertos de plata que pudieran servir para la venta.

La casa de las Silveira evoca una de las últimas y viejas casonas de las que sobrevivieron al terremoto de 1812. Se trata de una edificación cuyo origen se presume que ha subsistido desde el siglo XVII.
 
Es una casa de construcción tradicional, con corredores y columnas que bordean un patio central a la usanza española, con paredes de ladrillo y mampostería, lo que podría explicar su resistencia estructural ante el embate del terremoto de 1812. El techo es de madera y cañas entretejidas, con tejas de arcilla cocida. La cocina, ubicada en la parte posterior de la casa posee un horno de cúpula y fogones de topias.
 
Un lugar singular de la casa consiste en una especie de recinto hábilmente oculto, también denominado “falso”, que servía como escondite en caso de necesidad.
 

En la parte conservada que correspondería a la ubicación de una antigua caballeriza se encuentra el guardafuego, una especie de abertura en una pared, donde se mantenía al abrigo del viento las velas y mechurrios durante la noche.

Naturalmente que esa zona de la ciudad estuvo edificada con inmuebles y otras edificaciones desde la época de la colonia y aun desde la fundación. El hecho de estar edificadas en los aledaños de uno de los principales templos indica que en ella se establecieron las principales familias y vecinos de las élites económicas, políticas y militares. La casa de las Silveira fue, desde entonces, un espacio de reunión de personajes importantes del ámbito social, político, religioso, intelectual y artístico y fue sede de instituciones municipales del poder colonial.

Una de las tradiciones más arraigadas de esa vivienda alude al agasajo conque fue obsequiado en honor al Libertador Simón Bolívar en su única visita a Barquisimeto probablemente la noche del 15 de agosto de 1821, pues la noche del 14 había sido objeto de otro baile en la casa de don Juan de Amaral, donde tuvo ocasión de entregarse a sus habilidades de danzarín en la casa de don Ramón Corral Mayor de acuerdo con las tradiciones orales al respecto.

Se dice que en el salón principal de la casa de las Silveira bailó un minué con Ana Juana Chequea, viuda de Guevara, dama de la sociedad de ese entonces, danzarina distinguida y profesora de bailes de salón de las damas de sociedad. Esta dama fue esposa de Rafael Guevara, teniendo descendencia en familias ampliamente conocidas en Barquisimeto, como los Guevara Partidas, entre las que se cuenta la famosa corredora de autos Carmen Guevara Partidas, ya fallecida, conocida a nivel nacional como “Doña Bárbara”. En esa casa  se conservan, de acuerdo con tradiciones orales, las cenefas tricolores de las cortinas que estuvieron en el salón principal donde se ofreció el baile al Libertador.

En ese sarao departió largamente en el patio de la casa entre perfumes de azahar y jazmín, con la niña María del Rosario Guzmán Briceño, según lo dice Raúl Azparren en Barquisimetaneidad, personajes y lugares (1974) o Rosario González Briceño, de acuerdo con Eligio Macías Mujica, en Sol en las bardas, 1995), doncella y bella quinceañera, quien vivía junto con sus padres cerca de allí, en la calle Catedral, donde ahora está el edificio del Consejo Legislativo.

Una historia de amor

Se cuenta la famosa historia de amor entre el Libertador y la agraciada María del Rosario. Bolívar, prendado por la belleza de la damisela, tomó una rosa del jardín y la depositó en sus manos con galantería. Después bailó con ella solamente. Al terminar el baile, la dama esperanzada en la creencia de que volvería a ver a Bolívar y casarse con ella, luego de un tiempo, hizo preparar su ajuar de matrimonio el cual atesoró con afectuosa devoción.

Al día siguiente, muy temprano, salió Bolívar de Barquisimeto con los cuerpos de infantería y sus edecanes para nunca más volver, pues murió nueve años después de aquel baile, cuando ella tenía 24 años de edad. Dicen que la señorita desde ese momento hasta su ancianidad le guardó luto cerrado, recluida, silenciosa, como en una lánguida sombra y conservó la rosa que le obsequiara Bolívar durante muchos años hasta su muerte y con la flor, ya marchita entre sus manos, fue sepultada (Azparren, Raúl, 1974).

La realidad documental

Veamos ahora lo que nos dicen los amarillentos legajos documentales que indican inequívocamente la realidad de los hechos. Partiendo del terremoto de 1812, tenemos que el más antiguo documento registrado en relación con la casa de las Silveira data del 10 de octubre de 1854 y corresponde al testamento de Francisco de Paula Escalona. En tales legajos se manifiesta que para el momento de redactar el testamento en 1854 la vivienda en cuestión era su casa de habitación:

 “= Ítem. Declaro como bienes de mi propiedad la casa en que vivo en esta Ciudad, otra pequeña contigua que está en la esquina, y la que llaman la Azotea.”

(Registro Subalterno de Barquisimeto. Libro de protocolos N° 4. Folios 3 al 5).

Esta casa, junto con otros bienes, fue legada por Francisco de Paula Escalona, casado con María del Carmen Alvarado, a sus hijos Manuel María, José Ildefonso, Juan Luis y María Rafaela Salomé y luego de la partición de los bienes heredados, de acuerdo con el documento de división y adjudicación del 21 de diciembre de 1858, queda asignada a Manuel María Escalona (Registro Subalterno de Barquisimeto. Libro de Protocolos N° 11, diciembre de 1858. Folios 3 al 4).

Más tarde, en 1860, esta casa sería vendida por la suma de 4.000 pesos a José Antonio Barrios. En el documento de venta aparece la ubicación:

“(…) hacia el poniente del antiguo templo de San Francisco, hoy en fábrica, lindando la casa y su solar por el Oriente por ese mismo templo, calle de por medio; por el Poniente con casas en fábrica y solares de Fernando Ávila y Manuel Otero; por el Norte con casa de Rafael María Guevara y por el sur con casas de Prajedes Piñero y María del Carmen Mogollón”.

(Registro Subalterno de Barquisimeto. Libro de Protocolos N° 7, 19 de junio de 1860. Folios 1 al 4).

José Antonio Barrios, nuevo dueño de la casa adquirida, era natural del pueblo de indios de Santa Rosa del Cerrito y pertenecía al estamento social de comerciantes locales en ascendencia. Poseía ciertas modestas propiedades urbanas, aunque no comparables en cuantía y extensión con las de los opulentos y prósperos propietarios de la élite barquisimetana anteriores y posteriores a la época colonial, como lo era el mismo Francisco de Paula Escalona y sus herederos (Molina, op.cit. p. p. 26-28), por lo que no es de extrañar que haya podido disponer de posibilidades pecuniarias para adquirir la casona de los herederos de Francisco de Paula Escalona, ubicada en una zona muy exclusiva de ciudad.

Por tradiciones orales llevadas por la familia Silveira indican que llevaba el apellido Barrios por ser descendiente de uno de los fundadores de Barquisimeto, don Damián del Barrio. Sin embargo, de acuerdo con Molina (op.cit, p. 32), muy probablemente sería descendiente de los indígenas gayones, que desde los orígenes del pueblo de Santa Rosa constituían el núcleo principal de los pobladores.

Manuel Silveira Huizi

Palmacia Barrios Yépez Melo

Al contraer matrimonio José Antonio Barrios con Palmacia Yépez Melo, barquisimetana de nacimiento, establecen su hogar en la citada vivienda a partir de julio de 1860, donde nacerían sus tres hijos, Ana, Palmacia y Juan Bautista. Para 1890 la hija Palmacia Barrios Yépez obtiene vínculo matrimonial con el doctor Manuel Silveira Huizi, nacido en Guanare y quien había realizado el bachillerato en el colegio San Agustín de Barquisimeto. Luego se traslada a Caracas a continuar estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, obteniendo el grado de abogado en 1883 y posteriormente se establece en Barquisimeto en el ejercicio de su profesión.

Es dable suponer que en la década de 1890 el matrimonio Silveira Barrios habría de comenzar la construcción de una casa independiente, al lado de la casa materna de Palmacia Barrios, en un terreno de más de 600 metros cuadrados, cedido por su suegra, doña Palmacia Yépez, viuda para ese entonces, que correspondía al solar y caballeriza de su casa de habitación. Para 1894 nacería la primogénita Emma y luego sus hermanas María, Blanca y los hermanos varones Manuel, Oswaldo y Rafael Silveira.

Otras realidades

En el testamento de Francisco de Paula Escalona de 1854, de acuerdo con lo afirmado por Querales (2010), no queda claro que su casa de habitación fuese anterior al terremoto de 1810, al declarar que “…cuando me casé aportamos al matrimonio diez mil pesos cada uno en dinero, casas, tierras y semovientes e inmuebles que todos o la mayor parte de ellos se perdieron por el terremoto y guerras acaecidas desde el año de mil ochocientos doce hasta la fecha”. 

Que la ciudad quedó devastada en sus construcciones, avala lo afirmado por William Duane en 1822. Querales (op. cit. p. 100) menciona un documento del 12 de noviembre de 1831 y se trata de una correspondencia del jefe político del cantón Barquisimeto dirigida al vicario capitular, en relación con la demarcación de un nuevo espacio para edificar una nueva iglesia parroquial (la Concepción), cuyos escombros permanecían desde hacía 19 años atrás desde la época del terremoto, ubicados en los cimientos del mismo y enmontado sitio.

En la carta se menciona el hecho de que la zona circundante a la Plaza Mayor de Barquisimeto era “un desierto que a distancia de tres cuadras por lo menos en circunferencia, solo hay dos casas pertenecientes la una al párroco José Antonio Meleán y la otra a Pbro. Mtro. Macario Yépez…”, lo que indica fehacientemente que toda la pequeña ciudad en ese momento (1835) permanecía en ruinas y no se menciona para nada la existencia en pie de la que mucho tiempo después sería la casa de las Silveira, siendo que sería una casa prominente en esa zona que abarcaba las tres cuadras mensuradas y que supuestamente habría resistido el terremoto total o parcialmente.

 De acuerdo con Molina (2014, op. cit. p. p. 26-27) y de Querales (2010, op. cit. p. 100) de la lectura del documento se objeta o se pone en tela de juicio la afirmación de Macías Mujica que en ese mismo año de 1860 se había establecido el primer seminario de la diócesis de Barquisimeto y que desde 1845 había funcionado una logia masónica. Tampoco hay forma de autenticar documentalmente si fue hospital de sangre durante la guerra independentista, si allí funcionó la oficina de rentas municipales en la Colonia o si fue cárcel real con sótano donde se recluía a los presos por temor a los terremotos o si existía un túnel que conectaba la casa con la iglesia y el convento de los franciscanos.

Otro detalle que se muestra en el momento de la venta de la casa que Manuel María Escalona vende a José Antonio Barrios en 1860, es que esta se encontraba en reparación o refacción, con el compromiso de arreglarla a su costa antes de entregarla efectivamente al comprador José Antonio Barrios. Asimismo, en ese documento se asienta que el “antiguo templo de San Francisco” estaba en fábrica, así como las casas vecinas de Fernando Ávila y Manuel Otero, lo que indica que esa zona en particular estaba todavía en un proceso de transformación, 48 años luego del terremoto de 1812.

 Es así que todo este asunto de las versiones orales sobre la casa de las Silveira, los bailes y agasajos a Bolívar, no están comprobados documentalmente, por el hecho de que las mismas, aunque coetáneas con los hechos descritos y que circulaban de boca en boca, fueron registradas mucho tiempo después. Y resulta significativo que acuciosos historiadores y cronistas como Gumersindo Giménez en 1877, Telasco A. MacPherson en 1883, Eliseo Soteldo en 1910, así como otros más cercanos a la actualidad como R. D. Silva Uzcátegui y Francisco Jiménez Uzcátegui, no mencionan los tales bailes ofrecidos a Bolívar en la casa de las Silveira y en la de don Juan de Amaral o de don Ramón Corral Mayor. El único que por vez primera los menciona es Azparren, sin ofrecer referencias documentales de dónde obtuvo tales informaciones en 1974 (Querales, 2010, Molina, 2014, op, cit), por lo que toca seguir investigando en los registros y notarías en búsqueda de datos que aporten luces sobre este interesante tema y el valor que tiene la tradición oral en la memoria barquisimetana.


Referencias
Azparren, Raúl (1974). Barquisimetaneidad, personajes y lugares. Barquisimeto: CANTV.
Duane, William (1968). Viaje a la Gran Colombia en los años 1822-1823.Tomo1. Caracas: Instituto Nacional de Hipódromos.
Gormsen, Erdmann (1965). Una ciudad mercantil en Venezuela. Caracas: Editorial Arte.
Macías Mujica, Eligio (1995) Sol en las bardas. Barquisimeto: Ejecutivo del estado Lara. FUNDACULTURA.
Molina, Juan Alonso (2014). Vida y milagros de una casa solariega. Barquisimeto: Editorial Horizonte C.A.
Querales, Ramón (2010). Reparaciones a la historiografía del estado Lara. Barquisimeto: CONCULTURA. Gobernación del estado Lara.
Valecillos, Ricardo (s/f). Comunicación personal.

Portada: Casa antigua del casco histórico de Barquisimeto. Foto. Arq. Cesar Rodriguez (2014).

 

Omar Garmendia

Escritor. Ensayista. Cronista de libre ejercicio. Profesor Titular UCLA, Doctor en Educación y Magister Scientiarum en Lingüística blogculturaomar.blogspot.com

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