Ramón Lizardi, la calma defensa de la flora a todo trance

 

Freddy Torrealba Z.
Escritor e investigador
@freddytorreal11

EN UNA COMUNIDAD atravesada por los preceptos de la pintura tradicional con el peso inevitable del paisajismo, sorprende la obra de un pintor extraordinario como el maracayero Ramón Lizardi. Es un hecho que no ocurre todos los días en este competido mundo de las artes visuales. Ello aunque éste no se encuentran en estas latitudes de los mortales


Un creador plás­ti­co en cuyas obras los pro­tag­o­nistas son el col­or y la com­posi­ción que acomete orde­na­da, cuida­dosa y cal­cu­lada­mente pro­pio de quien obra con el más esmer­a­do detallis­mo. Nada lo hace al azar o casual­mente sino ple­na­mente con­sciente sin ras­gos de pun­tos o man­chas que a veces despier­tan conjeturas.

A nue­stro enten­der esta­mos ante un con­suma­do cul­ti­vador del paisajis­mo que asume des­de las per­spec­ti­vas de lo het­ero­dox­ia, vis­to que nie­ga su car­ga con­fe­sion­al, pero logra equi­li­brar cert­era­mente sus nuevas manifestaciones.

Si se quiere se tra­ta de un ecléc­ti­co en mate­ria de pin­tu­ra que trav­es­ea con los con­cep­tos con­fe­sion­ales del paisaje jun­to a los nuevos que alcan­za nive­les de exce­len­cia y seduc­ción del espectador.

Par­tic­u­lar­mente nos lla­ma poderosa­mente la aten­ción la man­era como Lizar­di abor­da el paisaje de for­ma ele­men­tal. Ello nos recuer­da a los pin­tores min­i­mal­is­tas a quienes poco les pre­ocu­pa adornar con motivos la obra.

De expro­fe­so este artista, naci­do en 1953, nos ofrece unos paisajes casi soli­tar­ios sin adornos bar­ro­cos con una belleza y encan­to permanentes.

En Lizar­di el col­or tiene el rol inte­gro de sus crea­ciones que dom­i­na ampliamente

Los paisajes de Ramón Lizar­di no son los con­ven­cionales a que esta­mos acos­tum­bra­dos a obser­var. Éste los con­struye con unas fran­jas o sur­cos, algunos en tres planos en los cuales despar­ra­ma toda la fuerza de su rico cromatismo.

Algu­nas veces lo hace con un azul mati­za­do, blan­co, verde y un lla­ma­ti­vo roji­zo. Eso y nada más. Estos tienen un tono casi expre­sion­ista por lo orig­i­nal y atre­v­i­da inven­ti­va de unas nubes de for­ma rec­tilínea que estim­u­la obser­vación de izquier­da a derecha o viceversa.

Lizar­di es un ardoroso col­orista y mae­stro de la mejor com­posi­ción. Esos son los ele­men­tos medi­ante los cuales plantea, desar­rol­la y resuelve sus rep­re­senta­ciones plás­ti­cas sin may­ores complejidades.

Valle del Tur­bio del mae­stro Ramón Lizardi

El Valle del Turbio entre colores

Col­ores a lo pre­cio­sista ilu­mi­na­dos por el Valle del Tur­bio con un men­saje de espir­i­tu­al­i­dad, med­itación, serenidad, grandeza y opor­tuno defen­sa del mal­trata­do cli­ma en este plan­e­ta Tier­ra. Un pro­ce­so con esas claves en que salta a la vista la anu­lación del entorno con pre­do­minio de col­ores fríos y aso­mo de los cálidos.

De esa for­ma el col­or tiene el rol inte­gro de sus crea­ciones que dom­i­na ampli­a­mente. Un hecho que demues­tra en las 19 obras de su autoría que expone el Ate­neo del Oeste Vicente Furiati. Se tra­ta de la mues­tra “Lizar­di In Memo­ri­am”, una ini­cia­ti­va de sus famil­iares, la dis­tin­gui­da pin­to­ra San­dra Gar­cía y la Galería de Arte Villalón.

En Lizar­di, con estu­dios en la Escuela de Artes Plás­ti­cas Cristóbal Rojas, se com­bi­nan cert­era­mente el con­tenido o fon­do con la for­ma para dejarnos la evi­den­cia de un arte muy sin­gu­lar por su belleza en la cor­ri­ente del nue­vo paisajismo.

Una mues­tra rota­ti­va que será traslada­da a par­tir del 14 de noviem­bre a los espa­cios del Club Ita­lo Vene­zolano. Están invi­ta­dos a dis­fru­tar­la en ese seg­men­to de las 8 horas libres de que disponemos todavía en este valle de lágrimas.

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