Jacinto Lara, la dinastía

Omar Garmendia
Cronista y escritor

Juan Jac­in­to Lara Melén­dez nació en Caro­ra, esta­do Lara, pre­sum­i­ble­mente el 28 de mayo de 1778. Sus padres fueron Miguel de Lara y Buitra­go y Jua­na Paula Melén­dez y Urri­eta. Es el noveno de la dinastía y sex­to varón. Her­mano del coro­nel Miguel María Lara Melén­dez; José María de Lara Melén­dez; José Jac­in­to de Lara Melén­dez; Jua­na Paula de Lara Melén­dez; María Ros­alía de Lara y Melén­dez; Rosa María de la Luz de Lara y Melén­dez; Fran­cis­co Javier de Lara y Melén­dez; Ana María de Lara y Melén­dez; Mar­i­ano de la Luz de Lara y Melén­dez y Alon­so Mateo de Lara y Melén­dez (Geni, 2022).

Fal­l­e­ció en Bar­quisime­to el 25 de febrero de 1859 a los 81 años. En 1881 medi­ante decre­to es ele­va­do a la cat­e­goría de héroe epón­i­mo. Los restos de Jac­in­to Lara se encuen­tran en el Pan­teón Nacional des­de 1911.

De acuer­do con Cecilio Zubil­la­ga Per­era, “don Chío”, se desconoce con exac­ti­tud la fecha de nacimien­to del héroe, pues en el libro de bautismos de la par­ro­quia de Caro­ra aparece como fecha del acto sacra­men­tal el 5 de junio, mas no el del nata­l­i­cio. Se deter­minó la fecha 28 de mayo en base a la cos­tum­bre tradi­cional de pre­sen­tar a los párvu­los a los ocho días exac­tos luego del parto.

Don Chío, a su vez, refu­ta que fuera el año 78 el día del alum­bramien­to y el lugar de este, afir­man­do que Juan Jac­in­to Lara en real­i­dad había naci­do en el Depar­ta­men­to de la Boca, en las playas de la Otra Ban­da. Y pudiera ser cier­to que Lara haya sido traslada­do de Camay, “ya cre­cid­i­to” de cier­ta edad, tal como lo apun­ta Guiller­mo Morón ‑dice don Chío- para ser luego ser bau­ti­za­do (Zubil­la­ga, 1945).

Juan Jac­in­to Lara era uno de los hom­bres que des­de 1810 a 1824 ya goz­a­ba de pres­ti­gio y valen­tía por sus tri­un­fos en las batal­las por la inde­pen­den­cia en las que había par­tic­i­pa­do durante 14 años y que ya forma­ba parte de la gen­eración de próceres dis­puestos a servir en los tiem­pos ini­ciales de la Repúbli­ca. Como hom­bre de armas era admi­ra­do como el pro­totipo y par­a­dig­ma de quien habría de ejercer como caudil­lo y como gobernante.

Años antes de 1810, Jac­in­to Lara ya se había labra­do un camino lab­o­ral como com­er­ciante y cri­ador de gana­do. Y fueron los llanos de Bari­nas donde fruc­ti­ficó en sus emprend­e­durías y donde llegó a poseer un impor­tante hato ganadero y agrí­co­la en la Apari­ción de la Corteza, des­de donde, gra­cias a sus habil­i­dades de nego­ciante, incur­sionó en dis­tin­tos rubros que en lentas recuas de mulas importa­ba des­de la isla de Trinidad. A la vuelta de unos años, a fuerza de tales tra­jines andarie­gos por los dis­tantes y extremos caminos de la Cap­i­tanía Gen­er­al de Venezuela, logró amasar una con­sid­er­able for­tu­na, con lo que se con­vierte en uno de los hom­bres más acau­dal­a­dos de esas comarcas.

Amigo de Boves, 
el terrible asturiano

En esos avatares de la vida, tuvo como com­pañero de andan­zas y tratos com­er­ciales a José Tomás Rodríguez Boves, quien traía gana­do vac­uno y cabal­lar des­de Trinidad, sin saber que tiem­po después se encon­trarían en ban­dos con­trar­ios en las luchas inde­pen­den­tis­tas. Por esos años, el llano era el lle­gadero y abre­vadero de todo aquel que por algu­na cir­cun­stan­cia tenía que huir de la jus­ti­cia o escon­der­se de los ene­mi­gos en esas soledades incon­men­su­rables. Ban­doleros, asesinos, cua­treros y mal­he­chores hacían de las suyas asaltan­do caminos, matan­do gentes y famil­ias. Y he aquí que apare­ció el fora­ji­do y malan­drín cono­ci­do por el mote de “Guarda­ju­mo”, taima­do aso­lador de los caminos y cañadas.

Este ban­di­do y salteador tenía por nom­bre Juan Nicolás Ochoa, alias Guarda­ju­mo, naci­do en San Felipe esta­do Yaracuyt en 1767 (cir­ca) y muer­to ajus­ti­ci­a­do por ahor­camien­to en Cal­abo­zo, esta­do Guári­co, el 26 de mayo de 1802 a la edad de 22 años. Sin embar­go, en otra ver­sión, el filól­o­go Ángel Rosen­blat en la exposi­ción sobre la expre­sión Más malo que Guarda­ju­mo en el libro Bue­nas y malas pal­abras, indi­ca que era un indio guamo lla­ma­do Nicolás Chep­egüire, que había naci­do hacia 1780 en la mis­ión de Nues­tra Seño­ra de los Ánge­les, al sur de Cal­abo­zo (Lec­turas, yantares y otros plac­eres, 2012).

Cuen­tan que no hubo com­er­ciante que no asaltara en los caminos, por lo que estos fueron quedan­do solos. Estas ver­siones de his­to­ria pop­u­lar ase­gu­ran que un español, lla­ma­do José Tomás Rodríguez Boves y el caroreño Juan Jac­in­to Lara, deci­dieron enfrentar­lo y para ello con­trataron a var­ios peones de sobra­da valen­tía con el fin de trasladar unas mer­cancías con seguri­dad des­de los puer­tos de Güiria has­ta Calabozo.

Lara y Boves habían con­ce­bido una estrate­gia des­ti­na­da a pon­er­le fin a los des­man­es de tan per­ver­so y per­ju­di­cial per­son­aje. En la opor­tu­nidad en que fueron enfrenta­dos por Guarda­ju­mo y su ban­da de facinerosos, los dos com­er­ciantes se sos­tu­vieron en la resisten­cia por las armas y lograron matar a cua­tro de sus secuaces y herir a Guarda­ju­mo, quien logró huir y escon­der­se. Más tarde las autori­dades lo ubi­caron en su escon­dri­jo y fue sen­ten­ci­a­do a muerte, col­ga­do luego entre tres maderos y deja­do a merced de los zamuros (Gar­cía. R., I., 2018).

Este hecho, divul­ga­do de boca en boca por todos los pueb­los del llano y que even­tual­mente llegó a ser cono­ci­do en la cap­i­tal Cara­cas, le pro­por­cionó a Juan Jac­in­to Lara un pres­ti­gio, fama y renom­bre como hom­bre valiente y arro­ja­do, que con acciones, man­io­bras y astu­cias de tipo mil­i­tar y estratégi­co pudo vencer a las antipáti­cas pujas hos­tiles de “Guarda­ju­mo” y su ban­da de malhechores.

Cono­ce­dor del com­er­cio y los caminos, con clien­tela impor­tante entre hacen­da­dos cono­ci­dos y man­tu­anos caraque­ños, había tenido noti­cias de cier­tos movimien­tos de tipo políti­co que se desar­rol­la­ban frente a España. Estando en Cara­cas el día 19 de abril de 1810 fue tes­ti­go pres­en­cial de los suce­sos ini­ciales que luego girarían tiem­po más tarde en la Guer­ra de Inde­pen­den­cia de Venezuela, Colom­bia, Ecuador y Perú.

Miembro de la Junta Patriótica

Ese mis­mo año de 1810, gra­cias a sus cono­ci­das capaci­dades de orga­ni­zación y conocimien­to de con­duc­ción de peones y esclavos para la defen­sa de sus intere­ses com­er­ciales y en vir­tud de for­mar parte de la Jun­ta Patrióti­ca a la cual se había adheri­do, fue nom­bra­do coman­dante de las Mili­cias de Arau­re y Ospino, dan­do ini­cio así a la bril­lante car­rera castrense. 

Su primera inter­ven­ción mil­i­tar fue en 1811 cuan­do bajo las órdenes de Fran­cis­co de Miran­da coopera acti­va­mente en el tri­un­fo del Cer­ro del Mor­ro en la toma de Valen­cia. Bajo el man­do de Simón Bolí­var par­tic­i­pa en la Cam­paña Admirable en las batal­las de Cúcu­ta en 1812, Niq­ui­tao, Los Hor­cones y Taguanes en 1813.

Par­tic­i­pa en Bár­bu­la, Trincheras, Vigir­i­ma y el sitio de Puer­to Cabel­lo. En 1814 inter­viene en la primera batal­la de Carabobo y con José Anto­nio Páez par­ticipó en las con­tien­das béli­cas de El Yagual y Mucu­ri­tas. En La Hogaza en 1817, Cal­abo­zo en 1818; Casanare en 1819 y Junín y Ayacu­cho en 1824. Lara estu­vo pre­sente durante toda la lucha eman­ci­pado­ra ini­ci­a­da en Cara­cas en 1810 y que cul­minó en Perú en 1824.

Jun­ta Patrióti­ca de Caracas

Tam­bién tuvo sus con­tratiem­pos: el 7 de mayo de 1817 estu­vo involu­cra­do en los con­fu­sos inci­dentes de las Misiones del Caroní que cul­minó con la liq­uidaron por degol­li­na de 22 frailes capuchi­nos en San Ramón de Caru­achi, en la Guayana venezolana. 

Pos­te­ri­or­mente sufrió arresto el 26 de enero de 1827 en Lima, Perú, a causa de un movimien­to anti boli­var­i­ano ini­ci­a­do por el entonces vicepres­i­dente de la Gran Colom­bia, Fran­cis­co de Paula San­tander. Per­manece en la prisión de El Callao has­ta el 30 de enero y des­de allí es envi­a­do al puer­to de Bue­naven­tu­ra en Colom­bia, el 9 de febrero y el 20 del mis­mo mes regre­sa a Venezuela.

Vida civ­il del prócer 

Como héroe sin par de la gran aven­tu­ra lib­er­ta­do­ra al lado de Simón Bolí­var, vis­lum­bran­do el futuro neg­a­ti­vo que se venía con el pae­cis­mo y una vez dis­uel­to el sueño gran­colom­biano al sep­a­rarse Venezuela de la Gran Colom­bia, se retiró de la vida públi­ca y militar. 

El gen­er­al Lara, hun­di­do en sus des­en­can­tos y pesad­um­bres por causa de la ani­mad­ver­sión paecista hacia la obra de Bolí­var se regre­sa a su nidal natal de Caro­ra, jun­to a los pas­to­riles rebaños de gana­do en los viejos domin­ios parentales y familiares.

Con los pocos haberes dis­minui­dos y despo­ja­do de sus ahor­ros que le habían queda­do luego de la aven­tu­ra eman­ci­pado­ra, había que comen­zar de nue­vo a colo­carse el som­brero de pas­tor y recu­per­ar sus cau­dales, aunque no en los mis­mos nive­les de los años prósperos. 

Había adquiri­do tiem­po antes la pos­esión de “Cabra”, en los pre­dios de lo que hoy es Sicarigua y otra en Los Quedich­es, la cual perdió en un pleito judi­cial. Detenta­ba otra pos­esión denom­i­na­da La Cei­ba, local­iza­da cer­ca de Caro­ra, donde se estable­ció con su famil­ia y se dedicó a la cría y a sus nego­cios por cer­ca de doce años (Zubil­la­ga, 1934; Páez ‚1982).

La dinastía Lara

En 1829 el gen­er­al Lara se había casa­do con doña Neme­sia Urri­eta Per­aza y de ese mat­ri­mo­nio pro­cre­aron cin­co hijos: Neme­sia, quien con­traería nup­cias con Fran­cis­co Manuel Álvarez; Elo­dia, quien sería esposa de Manuel Fran­cis­co Samuel, abo­ga­do, hijo del gen­er­al caroreño Luciano Samuel, vicer­rec­tor del Cole­gio Nacional de Bar­quisime­to, diputa­do al Con­gre­so, jefe supe­ri­or políti­co del Depar­ta­men­to de Bar­quisime­to en 1876, Juez y pres­i­dente de la Corte Supre­ma del esta­do Lara, miem­bro del Par­tido Lib­er­al y par­tic­i­pante de la guer­ra fed­er­al. Dirigió el per­iódi­co El Cen­te­nario (Escalona, R., 1993).

Otro hijo fue Fran­cis­co Javier, quien sería mil­i­tar. Luego viene Ela­dio, grad­u­a­do en la Uni­ver­si­dad de Cara­cas de licen­ci­a­do en Cien­cias Médi­cas, gob­er­nador de la Sec­ción Táchi­ra y pres­i­dente del esta­do Lara; min­istro de Guer­ra y Mari­na; gob­er­nador del Dis­tri­to Fed­er­al y esposo de Luisa Cor­va­ia. Jac­in­to Fabri­cio, el últi­mo de los hijos, fue el más desta­ca­do, como ver­e­mos más adelante.

En políti­ca

Pero como dice don Chío, la políti­ca es ondu­lante y pron­to la acti­tud de resen­timien­to hacia la obra del Lib­er­ta­dor y sus seguidores patri­o­tas que había con­tin­u­a­do luego de doce años des­de la muerte de Bolí­var, toca a su fin por parte del mis­mo Páez. 

Para 1842 está ya en Bar­quisime­to y para 1843, luego del largo ostracis­mo al que fue someti­do una vez pasa­da la tor­men­ta, el gen­er­al Lara se da a la luz públi­ca. For­mó parte acti­va en la políti­ca y su nom­bre fue inclu­i­do en la ter­na de can­didatos para ser elegi­do como gob­er­nador de su natal esta­do Barquisimeto.

Los dos clási­cos par­tidos exis­tentes eran el Con­ser­vador y el Lib­er­al y en torno a ellos se for­maron agru­pa­ciones que respondían a sus respec­tivos ide­ales políti­cos: en Bar­quisime­to esta­ban los Vita­l­i­cios y los Unidos. Se denom­ina­ban de esa for­ma porque, en el caso de los Vita­l­i­cios, se les des­igna­ba así en vir­tud de que sus miem­bros se habían hecho del poder y creerse dueños del mis­mo, y por lo tan­to con­ser­var­lo por siempre. 

En cam­bio, el par­tido Lib­er­al tenía como prin­ci­pio la altern­abil­i­dad, la vari­abil­i­dad y ren­o­vación de los fun­cionar­ios en el ejer­ci­cio del poder. Lara está a favor de los últi­mos y sus seguidores eran, la may­oría, pertenecientes a la gen­eración de jóvenes de ese entonces, a quienes se les llam­a­ba lar­is­tas.

Para efec­tos elec­torales, es de hac­er notar que en real­i­dad tales acciones no cor­re­spondían tradi­cional­mente como se cono­cen los actuales nom­bramien­tos democráti­cos. Tales elec­ciones o “tor­neos cívi­cos”, como apunt­a­ba el cro­nista Eliseo Sotel­do, daban a enten­der que la elec­ción del gob­er­nador se daba en for­ma democráti­ca y que era la primera vez que se daba en nue­stro sue­lo elec­ciones de este tipo.

La real­i­dad era otra. Dicho fun­cionario (el gob­er­nador) era elegi­do en base a una ter­na pre­sen­ta­da por la Diputación Provin­cial, elegi­da en elec­ciones cen­si­tarias a la man­era oli­gar­ca, envi­a­da al pres­i­dente de la repúbli­ca para luego ele­gir el des­ig­na­do gob­er­nador de acuer­do con la Con­sti­tu­ción, por lo que tal decisión no rep­re­senta­ba una ver­dadera elec­ción may­ori­taria y popular.

Es el caso que el 3 de enero de 1843 muere en Bar­quisime­to el gob­er­nador don Bern­abé Planas y es des­ig­na­do, de acuer­do con los pre­cep­tos legales con­sti­tu­cionales imper­antes, como gob­er­nador pro­vi­so­rio, el doc­tor Miguel Anzo­la de ten­den­cia con­ser­vado­ra o Vital­i­cia, can­dida­to de un grupo oligárquico y quien a su vez habría de pre­sidir las elec­ciones, mien­tras se cumplía el lap­so legal para la des­i­gnación del nue­vo gobernador.

Tales comi­cios se lle­varon a cabo en noviem­bre del año 1844. La ter­na prop­ues­ta esta­ba com­pues­ta por el doc­tor Miguel Anzo­la, don Ilde­fon­so Tor­res y el gen­er­al Jac­in­to Lara. En esta con­tien­da elec­toral ganaron los lar­is­tas, con el héroe de la inde­pen­den­cia Juan Jac­in­to Lara a la cabeza para regen­tar el camino a seguir como gobernador.

Sor­prende que el gen­er­al Juan Jac­in­to Lara haya podi­do demostrar una admirable, dili­gente y acti­va admin­is­tración frente a la direc­ción de los asun­tos del Esta­do, a cuen­ta de sus antiguas ocu­pa­ciones pro­duc­to de los azares de las activi­dades béli­cas y su con­tac­to per­ma­nente con las toscas sol­dadescas en los fer­aces cuar­te­les y cam­pa­men­tos de la Inde­pen­den­cia. Ape­nas ten­dría como úni­ca ali­mentación int­elec­tu­al las escasas lec­turas de algún libro, además de los numerosos inter­cam­bios epis­to­lares con los próceres com­bat­ientes en los dis­tin­tos lugares de la exten­sa geografía de la Gran Colombia.

Lara no era un advenedi­zo apren­diz de fun­cionario y gob­er­nante apare­ci­do de impro­vi­so, sino, muy por el con­trario, ya había tenido una dilata­da expe­ri­en­cia en estos asun­tos. En 1819 fue jefe del Esta­do May­or Lib­er­ta­dor y fue des­ig­na­do en 1821 por el Lib­er­ta­dor Simón Bolí­var como gob­er­nador de San­ta Mar­ta y Carta­ge­na de Indias. En 1825 fue investi­do como coman­dante gen­er­al, así como inten­dente de Cuz­co, Are­quipa y Ayacu­cho. Además, fue coman­dante de la división colom­biana aux­il­iar del Perú y coman­dante gen­er­al del depar­ta­men­to del Zulia y en 1828 coman­dante gen­er­al del Depar­ta­men­to del Orinoco.

La admin­is­tración de Juan Jac­in­to Lara, al decir de Her­mann Gar­men­dia (1965), se con­sti­tuyó en la época de oro de la ciu­dad, tan­to en el aspec­to urbanís­ti­co, socioe­conómi­co y cul­tur­al. Con­struye una espa­ciosa Casa de Gob­ier­no donde fun­cio­nan la Sec­re­taría de Gob­ier­no, el Con­ce­jo Munic­i­pal, la Jefatu­ra Políti­ca, la Alcaldía Can­ton­al y los archivos.

En lo urbanís­ti­co, le da a la ciu­dad una nue­va ima­gen que procu­ra dis­tan­cia­rse de la pobre­t­ona apari­en­cia de la cap­i­tal de la provin­cia de ranchería de bahareque y paja. El ladrillo, la teja, el adobe, la tapia, jun­to con los ele­men­tos como maderas, cañas y, en algunos casos, el cuero, el hier­ro y com­po­nentes estruc­turales y dec­o­ra­tivos de las casas de las clases ele­vadas serán las señales del pro­gre­so de la urbe, con­stru­idas en espa­cios amplios y sen­cil­los, lumi­nosos y ventilados.

Durante su gestión se ini­ció des­de el 1º de enero de 1846 la edi­ción de la Gac­eta de Bar­quisime­to, que cir­culó has­ta 1854, como órgano encar­ga­do de divul­gar los asun­tos y obras del gob­ier­no de la provin­cia y de sus can­tones. En dicha Gac­eta se hace con­star la con­struc­ción de caminos, tal como lo señala la edi­ción del 1 de febrero de 1846: “…hac­er un camino de ruedas des­de la plaza de la par­ro­quia Cabu­dare has­ta el río Cojede (sic) donde debe estable­cerse la adu­a­na…” (Aris, op. cit).

Emprendió el arreg­lo y her­mosamien­to de los alrede­dores de la lagu­na de La Mora con la siem­bra árboles con el fin servir como paseo y lugar de esparcimien­to. Reparó y recon­struyó algu­nas calles de Bar­quisime­to, tal como los rel­lenos en las calles de los cruces de la Lagu­na de los Álamo en el cen­tro de la ciu­dad. Tam­bién acometió arreg­los en las calles de Cabu­dare, Yaritagua, Siquisique y Caro­ra según describe su informe a la Diputación Provin­cial de los años 44 y 45.

En el aspec­to de la salud aumen­tó la capaci­dad de aten­ción de los hos­pi­tales de Bar­quisime­to y El Tocuyo e incre­men­tó las rentas para la con­trat­ación de médi­cos y enfer­meras (Aris, Y., op.cit.). Igual­mente, en mate­ria san­i­taria abor­da la epi­demia del ‘mal de Lázaro’, instan­do a los leg­is­ladores “pre­v­er la dotación pre­supues­taria para la con­struc­ción de un lazare­to” u hos­pi­tal de lep­rosos. Asimis­mo, se pre­ocupó por la batal­la san­i­taria con­tra la viru­ela orde­nan­do “una cam­paña de vac­u­nación como úni­co preser­v­a­ti­vo de la hor­ro­rosa epi­demia” (Per­o­zo, L. 2015).

La edu­cación fue tam­bién una de sus pri­or­i­dades, pues durante su gob­ier­no se estable­cen las primeras siete escue­las pri­marias para niñas en la Provin­cia de Bar­quisime­to (Aris, Y. op.cit.).

En el estí­mu­lo e impul­so de la arte­sanía como modo de vida de la población, el gob­er­nador Lara incor­po­ra nuevas líneas de tra­ba­jo con la acogi­da de talleres de carpin­tería con her­ramien­tas inno­vado­ras y mod­er­nas. Bajo las enseñan­zas del eban­ista francés Julio Couput, venido a la ciu­dad bajo los aus­pi­cios del gen­er­al Lara, nuevos mue­bles y enseres, buta­cones, mesas, escaparates y has­ta lujosos ataúdes hacen su apari­ción en la ciu­dad de manos de carpin­teros y eban­istas criollos.

El gob­er­nador Lara obser­va, intran­quil­iza­do, que la ciu­dad no ten­ga “un solo cemente­rio en buen esta­do” (Per­o­zo, 2020: 277) y se ocupó que por primera vez en Bar­quisime­to pudier­an sepul­tarse los muer­tos en ataúdes hon­or­ables, dejan­do atrás la macabra ima­gen de los difun­tos lle­va­dos a los espe­sos mator­rales del cam­posan­to local para ser sepul­ta­dos en el sue­lo yermo.

Estat­ua ecuestre del gen­er­al Juan Jac­in­to Lara ubi­ca­da frente al Aerop­uer­to de Barquisimeto

Has­ta las gas­tadas ves­ti­men­tas y lev­i­tas des­en­ca­jadas de los ciu­dadanos, elab­o­radas por sas­tres de “tor­pe tijera y cin­ta métri­ca dudosa” son reem­plazadas por ropas mejor elab­o­radas. Don Fed­eri­co Ruper­ti, sas­tre de ori­gen alemán, enseña los secre­tos del ofi­cio a los cos­tureros y modis­tas de la ciu­dad. La gente puede aho­ra vestir ele­gante, gar­boso y a la últi­ma moda, gra­cias al gen­er­al Juan Jac­in­to Lara (Gar­men­dia, op. cit., p.155).

En lo cul­tur­al, sigu­ien­do la tradi­ción musi­cal que nos viene de antaño, toma un nue­vo impul­so el fomen­to de la enseñan­za de la músi­ca clási­ca, que ya lle­ga a for­mar parte de la for­ma­ción artís­ti­ca del indi­vid­uo. Igual­mente, el teatro y las artes escéni­cas hacen su apari­ción en la ciu­dad, que, aunque de vie­ja data, ya se cul­tiva­ba en for­ma de teatros andantes con nuevos autores y actores autóctonos y vernácu­los en la com­posi­ción de obras dramáti­cas y escritos críti­cos sobre teatro en los cin­co per­iódi­cos que cir­cu­la­ban en la ciu­dad, dán­dole ani­mación urbana a la adormi­la­da ciudad.

Has­ta las fies­tas nacionales y even­tos reli­giosos se ven engalana­dos con col­ori­dos acon­tec­imien­tos y pro­ce­siones, apresta­dos con fes­te­jos, ban­quetes pop­u­lares, asa­dos de reses, toros colea­d­os, peleas de gal­los, car­reras de cabal­los y cin­tas, paseos a cabal­lo y espec­tácu­los calle­jeros de títeres, con las notas pin­torescas de los bor­ra­chi­tos y bebedores de cocuy o el loco suel­to hacien­do carantoñas.

De modo pues que, den­tro de la cor­ri­ente políti­ca del pen­samien­to y del cuer­po de doc­tri­nas que seguían los hom­bres de men­tal­i­dad pro­gre­sista y lib­er­al, el gen­er­al Juan Jac­in­to Lara, en sus cua­tro años de admin­is­tración del poder como primer mag­istra­do region­al, hubo de dejar una estela de obras y acciones de arraiga­da evolu­ción urbanís­ti­ca y civilizadora.

Su per­son­al­i­dad 

En el plano per­son­al no hay dudas de que el gen­er­al Jac­in­to Lara fue un hom­bre de respetable figu­ra social y de intach­able pres­en­cia moral en todas sus actua­ciones. De con­duc­ta reposa­da y de voz grave, infundía respeto y con­vic­ción en sus pro­ced­eres, tan­to como ciu­dadano y como funcionario.

Una situación de carác­ter hos­til frente a la incólume fidel­i­dad hacia el Lib­er­ta­dor, no solo hacia la per­sona de Lara, sino a todos los próceres, ami­gos y seguidores de las ideas boli­var­i­anas, intenta­ban man­char con epíte­tos, dicte­rios y cal­i­fica­tivos den­i­grantes que, por causas políti­cas, con razón o sin ella, se le odi­ase, no solo en cuan­to a su car­rera mil­i­tar, sino en su supues­ta fal­ta de cul­tura y de lengua­je tosco, vul­gar y mal­h­abla­do (Zubil­la­ga, op.cit).

Es clási­ca la con­se­ja de cuan­do el gen­er­al Anto­nio José de Sucre nom­bra a Jac­in­to Lara jefe de la reta­guardia y cus­to­dio del par­que mil­i­tar. En Cor­pahuaico, com­pro­meti­do por el cer­co ene­mi­go, Sucre cree per­di­da la batal­la y el par­que. Pero Lara y su ejérci­to logran repel­er a los real­is­tas jun­to con el aux­ilio del coman­dante José Trinidad Morán. Cuan­do el gen­er­al Lara se pre­sen­ta ante Sucre este le pre­gun­ta por el par­que, a lo que Lara responde:

¡Cara­jo! ¿Me ve ust­ed vivo, gen­er­al, y me pre­gun­ta por el parque?

Don Chío Zubil­la­ga entre dubita­ciones y cav­i­la­ciones sobre si Lara fuese el hom­bre vul­gar que muchos pien­san, aren­gan­do a las tropas en for­ma soez y despóti­ca, esti­ma de men­daz a Ricar­do Pal­ma, el cro­nista limeño de las Tradi­ciones en sal­sa verde, que en sus nar­ra­ciones recoge el leg­en­dario y picante anec­do­tario de Lara y del pro­pio Bolí­var. A ellos se les ve espetan­do can­ti­dades de ordi­nar­ieces y tacos, aspec­tos estos que cir­cu­la­ban de boca en boca, con los cor­re­spon­di­entes adere­zos pro­pios de las tradi­ciones orales. 

Sabido es que las inter­jec­ciones de cuar­tel se usa­ban como mon­e­da cor­ri­ente entre el léx­i­co sol­dade­sco, por lo que no es de extrañar que has­ta el mis­mo Bolí­var las uti­lizara cuan­do esta­ba entre sus tropas en el fragor de las batal­las o en diver­tidas fran­cachelas de cam­pa­men­to, como una man­era de igualarse o iden­ti­fi­carse entre los incul­tos y fer­aces soldados.

Ricar­do Pal­ma, en la ya referi­da obra Tradi­ciones en sal­sa verde, pun­tu­al­iza la famosa procla­ma que el gen­er­al Lara dirigió a su división al sur­gir los fue­gos en el cam­po de Ayacucho:

“¡Zam­bos del cara­jo! Al frente con esos puñeteros españoles. El que aquí man­da la batal­la es Anto­nio José de Sucre, que como saben ust­edes, no es ningún pen­de­jo de jun­to al culo, con que así, frun­cir los cojones y a ellos”. (Pal­ma, R., 2007, p. 35)

Cier­to es que el gen­er­al Lara no poseía la cul­tura y el ver­bo de próceres de renom­bre como Sucre, Bolí­var, Miran­da, Bermúdez y otros. No llegó a escribir libros, memo­rias o auto­bi­ografías al esti­lo de José Anto­nio Páez, ni siquiera pro­nun­ciar dis­cur­sos o elocuentes exposi­ciones como Bolí­var. Se lim­ita­ba a con­ver­sa­ciones de tipo pri­va­do y famil­iar entre ami­gos y pari­entes. Su escrit­u­ra era imper­fec­ta en ortografía, como se ha podi­do ver en doc­u­men­tos escritos de su puño y letra.

El his­to­ri­ador alemán Víc­tor Wolf­gang von Hagen, de acuer­do con Núñez (1970), describe a Lara como un hom­bre alto y solemne, que, sin estri­den­cias ni rim­bom­ban­cias, acon­se­ja­ba a Bolí­var y era el úni­co a quien el Lib­er­ta­dor acept­a­ba críti­cas per­son­ales, lo que dice mucho de la relación madu­ra entre ellos. Muchas veces Lara inclu­so impon­dría a Bolí­var su vol­un­tad ante cier­tas con­duc­tas “inapropi­adas” en momen­tos com­pro­meti­dos, como era el caso de ale­jar­lo de Manuela Sáenz ante las habladurías que tan­to per­ju­di­ca­ban al Lib­er­ta­dor, logran­do estos propósi­tos en algu­nas oca­siones, lo que man­i­fi­es­ta el carác­ter moral y hon­or­able de Lara y de su catadu­ra de hom­bre rec­to y hon­ra­do. A pesar de ello Manuela Sáenz era su ami­ga y apre­cia­ba mucho a Jac­in­to Lara, pues veía en él al hom­bre fiel a Bolí­var y a la causa patriota.

Jac­in­to Fabri­cio Lara Urrieta

En 1881, durante la Asam­blea Con­sti­tuyente del Grande Esta­do Norte de Occi­dente, el 29 de agos­to se deter­minó que el esta­do lle­vara la epon­imia de Lara, por el prócer de la inde­pen­den­cia Juan Jac­in­to Lara, hecho cumpli­do el 7 de sep­tiem­bre. El Gen­er­al Jac­in­to Fabri­cio Lara, hijo del prócer, se con­vierte en el primer pres­i­dente del recién crea­do esta­do Lara, des­de enero de 1882 has­ta 1884.

Nació en Caro­ra el 4 de sep­tiem­bre de 1834 y murió en Bar­quisime­to el 14 de noviem­bre de 1915 a los 81 años. Ejer­ció difer­entes car­gos políti­cos como: can­ciller en Bolivia, Perú y Ecuador (1881), min­istro de Fomen­to (1885), min­istro de Guer­ra y Mari­na, y gob­er­nador del esta­do Bar­quisime­to de 1876 a 1879, encar­ga­do en 1880 y por ter­cera vez entre 1882–1884 y nue­va­mente entre 1889 y 1890. Su her­mano, el doc­tor y gen­er­al Ela­dio Lara fue tam­bién pres­i­dente del esta­do Lara en 1886 (Aris, Y. 2020).

Jac­in­to Fabri­cio con­tin­uó la era de pro­gre­so, crec­imien­to y mod­ern­ización de la ciu­dad que se había prop­uesto su padre el gen­er­al Juan Jac­in­to Lara. Como pres­i­dente del Gran Esta­do Bar­quisime­to (al fusion­arse los esta­dos Bar­quisime­to y Yaracuy), el gen­er­al Jac­in­to Fabri­cio Lara durante enero 1877 y mayo de 1879 adquir­ió una casa de dos pisos que ya tenía var­ios años en desu­so y casi en escom­bros, que una vez sirviera de teatro, gallera, jue­gos de dados y naipes, carpin­tería (donde se fab­ri­ca­ban urnas y catres), posa­da, pelu­quería, salón de bil­lar y can­ti­na. Esta casona esta­ba situ­a­da en la car­rera 19 con esquina de la calle 23, a una cuadra y media de la que había com­pra­do su padre, que fue des­ti­na­da a cuar­tel y hos­pi­tal mil­i­tar, mien­tras la de Cor­ral y May­or era refac­ciona­da para ser con­ver­ti­da en la Casa de Gob­ier­no por el año de 1882 (Gar­men­dia, O., 2018: 50).

El prin­ci­pal mer­ca­do de la ciu­dad, mejor cono­ci­do como el de las cien puer­tas, fue con­stru­i­do por Jac­in­to Fabri­cio Lara en 1883, demoli­do en 1950 para dar paso al actu­al Edi­fi­cio Nacional.

En el Men­saje a la Leg­is­latu­ra de 1883, el gen­er­al Jac­in­to Fabri­cio Lara expresaba:

“Yo no puedo dejar de recomen­dar a vues­tra benev­o­len­cia y patrióti­co interés esta obra, porque si bien es cier­to que ella es un mon­u­men­to de orna­to y util­i­dad para esta población, la solidez de su con­struc­ción y la ele­gan­cia de su mod­er­no esti­lo la hacen la primera obra de arte del estado”.Por hoy bas­tará que el esta­do quede bien en el Cen­te­nario; que se ter­mine la car­retera a San Felipe y que se con­cluya el Mer­ca­do Públi­co de esta ciu­dad para que el pre­sente año de 1883, autori­dades y ciu­dadanos teng­amos la sat­is­fac­ción de haber cumpli­do impor­tantes deberes y real­iza­dos nobles aspira­ciones” (Men­saje a la Leg­is­latu­ra, 1883).

La inau­gu­ración llegó a efec­tu­arse en 1886, tres años después del men­saje, cuan­do ocu­pa a pres­i­den­cia del esta­do su her­mano el doc­tor y gen­er­al Ela­dio Lara (Gar­men­dia, O., op.cit.: 50).

Jac­in­to Fabri­cio Lara

En el aspec­to educa­ti­vo, Jac­in­to Fabri­cio Lara restable­ció la Escuela Nor­mal de Insti­tu­tores, que ya había sido crea­da en 1876 para la for­ma­ción de mae­stros en Bar­quisime­to. Estando en fun­ciones como gob­er­nante, fue ele­va­do como Cole­gio Fed­er­al de Primera Cat­e­goría en 1884 el ante­ri­or Cole­gio Fed­er­al de Bar­quisime­to que había sido dec­re­ta­do en 1881. Fue este el ori­gen de los estu­dios uni­ver­si­tar­ios en Bar­quisime­to (Aris, Y. op.cit). Jun­to con su her­mano Ela­dio fueron alum­nos del Cole­gio Nacional de Bar­quisime­to en 1846.

El gen­er­al Jac­in­to Fabri­cio Lara es posee­dor de varias vivien­das en Bar­quisime­to y hacien­das en el valle del río Tur­bio. En mar­zo de 1882 adquiere una casa perteneciente a los herederos del padre Raldíriz y luego la dona a su her­mana Elo­dia Lara de Samuel y a sus hijas Elo­dia Samuel Lara y María de la Con­cep­ción (quien luego sería una de las primeras damas que se grad­uarían de bachiller en Bar­quisime­to en el cur­so de filosofía del Cole­gio Nacional de Niñas, fun­da­do por su tío el gen­er­al Jac­in­to Fabri­cio Lara (Escalona, R. 1993: 9).


Ref­er­en­cias: Aris, Yolan­da (2020). Jac­in­to Lara y su relación con Cabu­dare. En Correo de Lara, 20-05-2020 [Doc­u­men­to en línea] Disponible: https://correodelara.com/jacinto-lara-y-su-relacion-con-cabudare/ Con­sul­ta: 25-04-2022. 

Escalona, Romel (1993). Cróni­ca de una demoli­ción anun­ci­a­da. (Algu­nas pági­nas sobre la ciu­dad que se va). Bar­quisime­to: Con­ce­jo Munic­i­pal de Irib­ar­ren, Cen­tro de His­to­ria Larense y Asam­blea Leg­isla­ti­va del esta­do Lara. 

Gar­cía Rodríguez, Igor José (2018). Más malo que Guarda­ju­mo. Correo de Lara. [Doc­u­men­to en línea]. Disponible: https://correodelara.com/http-bit-ly-2zjpfpx/ Con­sul­ta: 11-04-2022. 

Gar­men­dia, Her­mann (1965). Bar­quisime­to has­ta el nove­cien­tos. Bar­quisime­to: Gran Motors de Bar­quisime­to. S.A.

Gar­men­dia, Omar (2018). Memo­ria aje­na. Bar­quisime­to, cotid­i­an­idad y cróni­ca. Bar­quisime­to: La Utopía Conc­retable Ediciones. 

Geni (2022). Gen­er­al de División Juan Jac­in­to de Lara y Melén­dez, Prócer de la Inde­pen­den­cia. [Doc­u­men­to en línea]. Disponible: https://www.geni.com/people/Juan-Jacinto-de-Lara-y-Mel%C3%A9ndez-Pr%C3%B3cer-de-la-Independencia/6000000013049262594 Con­sul­ta: 29-04-2022. Lec­turas, yantares y otros plac­eres (2012).

Más malo que Guarda­ju­mo [Doc­u­men­to en línea]. Disponible: http://lecturas-yantares-placeres.blogspot.com/2012/08/mas-malo-que-guardajumo.html Con­sul­ta: 11-04-2022. Núñez, Ángel M. (1970).

Dis­cur­so de orden. Sesión solemne del Cen­tro de His­to­ria Larense en hom­e­na­je al Héroe Epón­i­mo. En Jac­in­to Lara. Dimen­siones del héroe, 2008. Bar­quisime­to: Gob­er­nación del esta­do Lara, Direc­ción Gen­er­al Sec­to­r­i­al de Edu­cación y Fun­dación Buría. 

Páez, J. Juan (1982). Jac­in­to Lara, en Los héroes epón­i­mos. Cara­cas: Acad­e­mia Nacional de la His­to­ria. Uni­ver­si­dad Cen­troc­ci­den­tal Lisan­dro Alvara­do. Pal­ma, Ricar­do (2007). Tradi­ciones en sal­sa verde. Cara­cas: Fun­dación Bib­liote­ca Ayacucho. 

Per­o­zo P. Luis (2015). El gob­er­nador Jac­in­to Lara: su obra civ­il. En Correo de Lara, 27-05-2015. [Doc­u­men­to en línea] Disponible: https://correodelara.com/http-bit-ly-2li40im/ Con­sul­ta: 25-04-2022. 

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Jac­in­to Lara y la políti­ca region­al de hace un siglo, vista en doc­u­men­tos inédi­tos. Caro­ra: El Diario. Zubil­la­ga P. Cecilio (1945). Lara, descono­ci­do. Bar­quisime­to: Diario La Opinión.

Omar Garmendia

Escritor. Ensayista. Cronista de libre ejercicio. Profesor Titular UCLA, Doctor en Educación y Magister Scientiarum en Lingüística blogculturaomar.blogspot.com

Un comentario en «Jacinto Lara, la dinastía»

  • el 30 mayo, 2022 a las 7:33 pm
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    Bue­nas noches. Exce­lente escrito. Hay algu­na relación entre el gral. Jac­in­to Lara y el dr. Baudilio Lara Peraza?

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