Jacinto Lara, la dinastía

Omar Garmendia
Cronista y escritor

Juan Jacinto Lara Meléndez nació en Carora, estado Lara, presumiblemente el 28 de mayo de 1778. Sus padres fueron Miguel de Lara y Buitrago y Juana Paula Meléndez y Urrieta. Es el noveno de la dinastía y sexto varón. Hermano del coronel Miguel María Lara Meléndez; José María de Lara Meléndez; José Jacinto de Lara Meléndez; Juana Paula de Lara Meléndez; María Rosalía de Lara y Meléndez; Rosa María de la Luz de Lara y Meléndez; Francisco Javier de Lara y Meléndez; Ana María de Lara y Meléndez; Mariano de la Luz de Lara y Meléndez y Alonso Mateo de Lara y Meléndez (Geni, 2022).

Falleció en Barquisimeto el 25 de febrero de 1859 a los 81 años. En 1881 mediante decreto es elevado a la categoría de héroe epónimo. Los restos de Jacinto Lara se encuentran en el Panteón Nacional desde 1911.

De acuerdo con Cecilio Zubillaga Perera, “don Chío”, se desconoce con exactitud la fecha de nacimiento del héroe, pues en el libro de bautismos de la parroquia de Carora aparece como fecha del acto sacramental el 5 de junio, mas no el del natalicio. Se determinó la fecha 28 de mayo en base a la costumbre tradicional de presentar a los párvulos a los ocho días exactos luego del parto.

Don Chío, a su vez, refuta que fuera el año 78 el día del alumbramiento y el lugar de este, afirmando que Juan Jacinto Lara en realidad había nacido en el Departamento de la Boca, en las playas de la Otra Banda. Y pudiera ser cierto que Lara haya sido trasladado de Camay, “ya crecidito” de cierta edad, tal como lo apunta Guillermo Morón -dice don Chío- para ser luego ser bautizado (Zubillaga, 1945).

Juan Jacinto Lara era uno de los hombres que desde 1810 a 1824 ya gozaba de prestigio y valentía por sus triunfos en las batallas por la independencia en las que había participado durante 14 años y que ya formaba parte de la generación de próceres dispuestos a servir en los tiempos iniciales de la República. Como hombre de armas era admirado como el prototipo y paradigma de quien habría de ejercer como caudillo y como gobernante.

Años antes de 1810, Jacinto Lara ya se había labrado un camino laboral como comerciante y criador de ganado. Y fueron los llanos de Barinas donde fructificó en sus emprendedurías y donde llegó a poseer un importante hato ganadero y agrícola en la Aparición de la Corteza, desde donde, gracias a sus habilidades de negociante, incursionó en distintos rubros que en lentas recuas de mulas importaba desde la isla de Trinidad. A la vuelta de unos años, a fuerza de tales trajines andariegos por los distantes y extremos caminos de la Capitanía General de Venezuela, logró amasar una considerable fortuna, con lo que se convierte en uno de los hombres más acaudalados de esas comarcas.

Amigo de Boves,
el terrible asturiano

En esos avatares de la vida, tuvo como compañero de andanzas y tratos comerciales a José Tomás Rodríguez Boves, quien traía ganado vacuno y caballar desde Trinidad, sin saber que tiempo después se encontrarían en bandos contrarios en las luchas independentistas. Por esos años, el llano era el llegadero y abrevadero de todo aquel que por alguna circunstancia tenía que huir de la justicia o esconderse de los enemigos en esas soledades inconmensurables. Bandoleros, asesinos, cuatreros y malhechores hacían de las suyas asaltando caminos, matando gentes y familias. Y he aquí que apareció el forajido y malandrín conocido por el mote de “Guardajumo”, taimado asolador de los caminos y cañadas.

Este bandido y salteador tenía por nombre Juan Nicolás Ochoa, alias Guardajumo, nacido en San Felipe estado Yaracuyt en 1767 (circa) y muerto ajusticiado por ahorcamiento en Calabozo, estado Guárico, el 26 de mayo de 1802 a la edad de 22 años. Sin embargo, en otra versión, el filólogo Ángel Rosenblat en la exposición sobre la expresión Más malo que Guardajumo en el libro Buenas y malas palabras, indica que era un indio guamo llamado Nicolás Chepegüire, que había nacido hacia 1780 en la misión de Nuestra Señora de los Ángeles, al sur de Calabozo (Lecturas, yantares y otros placeres, 2012).

Cuentan que no hubo comerciante que no asaltara en los caminos, por lo que estos fueron quedando solos. Estas versiones de historia popular aseguran que un español, llamado José Tomás Rodríguez Boves y el caroreño Juan Jacinto Lara, decidieron enfrentarlo y para ello contrataron a varios peones de sobrada valentía con el fin de trasladar unas mercancías con seguridad desde los puertos de Güiria hasta Calabozo.

Lara y Boves habían concebido una estrategia destinada a ponerle fin a los desmanes de tan perverso y perjudicial personaje. En la oportunidad en que fueron enfrentados por Guardajumo y su banda de facinerosos, los dos comerciantes se sostuvieron en la resistencia por las armas y lograron matar a cuatro de sus secuaces y herir a Guardajumo, quien logró huir y esconderse. Más tarde las autoridades lo ubicaron en su escondrijo y fue sentenciado a muerte, colgado luego entre tres maderos y dejado a merced de los zamuros (García. R., I., 2018).

Este hecho, divulgado de boca en boca por todos los pueblos del llano y que eventualmente llegó a ser conocido en la capital Caracas, le proporcionó a Juan Jacinto Lara un prestigio, fama y renombre como hombre valiente y arrojado, que con acciones, maniobras y astucias de tipo militar y estratégico pudo vencer a las antipáticas pujas hostiles de “Guardajumo” y su banda de malhechores.

Conocedor del comercio y los caminos, con clientela importante entre hacendados conocidos y mantuanos caraqueños, había tenido noticias de ciertos movimientos de tipo político que se desarrollaban frente a España. Estando en Caracas el día 19 de abril de 1810 fue testigo presencial de los sucesos iniciales que luego girarían tiempo más tarde en la Guerra de Independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú.

Miembro de la Junta Patriótica

Ese mismo año de 1810, gracias a sus conocidas capacidades de organización y conocimiento de conducción de peones y esclavos para la defensa de sus intereses comerciales y en virtud de formar parte de la Junta Patriótica a la cual se había adherido, fue nombrado comandante de las Milicias de Araure y Ospino, dando inicio así a la brillante carrera castrense.

Su primera intervención militar fue en 1811 cuando bajo las órdenes de Francisco de Miranda coopera activamente en el triunfo del Cerro del Morro en la toma de Valencia. Bajo el mando de Simón Bolívar participa en la Campaña Admirable en las batallas de Cúcuta en 1812, Niquitao, Los Horcones y Taguanes en 1813.

Participa en Bárbula, Trincheras, Vigirima y el sitio de Puerto Cabello. En 1814 interviene en la primera batalla de Carabobo y con José Antonio Páez participó en las contiendas bélicas de El Yagual y Mucuritas. En La Hogaza en 1817, Calabozo en 1818; Casanare en 1819 y Junín y Ayacucho en 1824. Lara estuvo presente durante toda la lucha emancipadora iniciada en Caracas en 1810 y que culminó en Perú en 1824.

Junta Patriótica de Caracas

También tuvo sus contratiempos: el 7 de mayo de 1817 estuvo involucrado en los confusos incidentes de las Misiones del Caroní que culminó con la liquidaron por degollina de 22 frailes capuchinos en San Ramón de Caruachi, en la Guayana venezolana.

Posteriormente sufrió arresto el 26 de enero de 1827 en Lima, Perú, a causa de un movimiento anti bolivariano iniciado por el entonces vicepresidente de la Gran Colombia, Francisco de Paula Santander. Permanece en la prisión de El Callao hasta el 30 de enero y desde allí es enviado al puerto de Buenaventura en Colombia, el 9 de febrero y el 20 del mismo mes regresa a Venezuela.

Vida civil del prócer

Como héroe sin par de la gran aventura libertadora al lado de Simón Bolívar, vislumbrando el futuro negativo que se venía con el paecismo y una vez disuelto el sueño grancolombiano al separarse Venezuela de la Gran Colombia, se retiró de la vida pública y militar.

El general Lara, hundido en sus desencantos y pesadumbres por causa de la animadversión paecista hacia la obra de Bolívar se regresa a su nidal natal de Carora, junto a los pastoriles rebaños de ganado en los viejos dominios parentales y familiares.

Con los pocos haberes disminuidos y despojado de sus ahorros que le habían quedado luego de la aventura emancipadora, había que comenzar de nuevo a colocarse el sombrero de pastor y recuperar sus caudales, aunque no en los mismos niveles de los años prósperos.

Había adquirido tiempo antes la posesión de “Cabra”, en los predios de lo que hoy es Sicarigua y otra en Los Quediches, la cual perdió en un pleito judicial. Detentaba otra posesión denominada La Ceiba, localizada cerca de Carora, donde se estableció con su familia y se dedicó a la cría y a sus negocios por cerca de doce años (Zubillaga, 1934; Páez ,1982).

La dinastía Lara

En 1829 el general Lara se había casado con doña Nemesia Urrieta Peraza y de ese matrimonio procrearon cinco hijos: Nemesia, quien contraería nupcias con Francisco Manuel Álvarez; Elodia, quien sería esposa de Manuel Francisco Samuel, abogado, hijo del general caroreño Luciano Samuel, vicerrector del Colegio Nacional de Barquisimeto, diputado al Congreso, jefe superior político del Departamento de Barquisimeto en 1876, Juez y presidente de la Corte Suprema del estado Lara, miembro del Partido Liberal y participante de la guerra federal. Dirigió el periódico El Centenario (Escalona, R., 1993).

Otro hijo fue Francisco Javier, quien sería militar. Luego viene Eladio, graduado en la Universidad de Caracas de licenciado en Ciencias Médicas, gobernador de la Sección Táchira y presidente del estado Lara; ministro de Guerra y Marina; gobernador del Distrito Federal y esposo de Luisa Corvaia. Jacinto Fabricio, el último de los hijos, fue el más destacado, como veremos más adelante.

En política

Pero como dice don Chío, la política es ondulante y pronto la actitud de resentimiento hacia la obra del Libertador y sus seguidores patriotas que había continuado luego de doce años desde la muerte de Bolívar, toca a su fin por parte del mismo Páez.

Para 1842 está ya en Barquisimeto y para 1843, luego del largo ostracismo al que fue sometido una vez pasada la tormenta, el general Lara se da a la luz pública. Formó parte activa en la política y su nombre fue incluido en la terna de candidatos para ser elegido como gobernador de su natal estado Barquisimeto.

Los dos clásicos partidos existentes eran el Conservador y el Liberal y en torno a ellos se formaron agrupaciones que respondían a sus respectivos ideales políticos: en Barquisimeto estaban los Vitalicios y los Unidos. Se denominaban de esa forma porque, en el caso de los Vitalicios, se les designaba así en virtud de que sus miembros se habían hecho del poder y creerse dueños del mismo, y por lo tanto conservarlo por siempre.

En cambio, el partido Liberal tenía como principio la alternabilidad, la variabilidad y renovación de los funcionarios en el ejercicio del poder. Lara está a favor de los últimos y sus seguidores eran, la mayoría, pertenecientes a la generación de jóvenes de ese entonces, a quienes se les llamaba laristas.

Para efectos electorales, es de hacer notar que en realidad tales acciones no correspondían tradicionalmente como se conocen los actuales nombramientos democráticos. Tales elecciones o “torneos cívicos”, como apuntaba el cronista Eliseo Soteldo, daban a entender que la elección del gobernador se daba en forma democrática y que era la primera vez que se daba en nuestro suelo elecciones de este tipo.

La realidad era otra. Dicho funcionario (el gobernador) era elegido en base a una terna presentada por la Diputación Provincial, elegida en elecciones censitarias a la manera oligarca, enviada al presidente de la república para luego elegir el designado gobernador de acuerdo con la Constitución, por lo que tal decisión no representaba una verdadera elección mayoritaria y popular.

Es el caso que el 3 de enero de 1843 muere en Barquisimeto el gobernador don Bernabé Planas y es designado, de acuerdo con los preceptos legales constitucionales imperantes, como gobernador provisorio, el doctor Miguel Anzola de tendencia conservadora o Vitalicia, candidato de un grupo oligárquico y quien a su vez habría de presidir las elecciones, mientras se cumplía el lapso legal para la designación del nuevo gobernador.

Tales comicios se llevaron a cabo en noviembre del año 1844. La terna propuesta estaba compuesta por el doctor Miguel Anzola, don Ildefonso Torres y el general Jacinto Lara. En esta contienda electoral ganaron los laristas, con el héroe de la independencia Juan Jacinto Lara a la cabeza para regentar el camino a seguir como gobernador.

Sorprende que el general Juan Jacinto Lara haya podido demostrar una admirable, diligente y activa administración frente a la dirección de los asuntos del Estado, a cuenta de sus antiguas ocupaciones producto de los azares de las actividades bélicas y su contacto permanente con las toscas soldadescas en los feraces cuarteles y campamentos de la Independencia. Apenas tendría como única alimentación intelectual las escasas lecturas de algún libro, además de los numerosos intercambios epistolares con los próceres combatientes en los distintos lugares de la extensa geografía de la Gran Colombia.

Lara no era un advenedizo aprendiz de funcionario y gobernante aparecido de improviso, sino, muy por el contrario, ya había tenido una dilatada experiencia en estos asuntos. En 1819 fue jefe del Estado Mayor Libertador y fue designado en 1821 por el Libertador Simón Bolívar como gobernador de Santa Marta y Cartagena de Indias. En 1825 fue investido como comandante general, así como intendente de Cuzco, Arequipa y Ayacucho. Además, fue comandante de la división colombiana auxiliar del Perú y comandante general del departamento del Zulia y en 1828 comandante general del Departamento del Orinoco.

La administración de Juan Jacinto Lara, al decir de Hermann Garmendia (1965), se constituyó en la época de oro de la ciudad, tanto en el aspecto urbanístico, socioeconómico y cultural. Construye una espaciosa Casa de Gobierno donde funcionan la Secretaría de Gobierno, el Concejo Municipal, la Jefatura Política, la Alcaldía Cantonal y los archivos.

En lo urbanístico, le da a la ciudad una nueva imagen que procura distanciarse de la pobretona apariencia de la capital de la provincia de ranchería de bahareque y paja. El ladrillo, la teja, el adobe, la tapia, junto con los elementos como maderas, cañas y, en algunos casos, el cuero, el hierro y componentes estructurales y decorativos de las casas de las clases elevadas serán las señales del progreso de la urbe, construidas en espacios amplios y sencillos, luminosos y ventilados.

Durante su gestión se inició desde el 1º de enero de 1846 la edición de la Gaceta de Barquisimeto, que circuló hasta 1854, como órgano encargado de divulgar los asuntos y obras del gobierno de la provincia y de sus cantones. En dicha Gaceta se hace constar la construcción de caminos, tal como lo señala la edición del 1 de febrero de 1846: “…hacer un camino de ruedas desde la plaza de la parroquia Cabudare hasta el río Cojede (sic) donde debe establecerse la aduana…” (Aris, op. cit).

Emprendió el arreglo y hermosamiento de los alrededores de la laguna de La Mora con la siembra árboles con el fin servir como paseo y lugar de esparcimiento. Reparó y reconstruyó algunas calles de Barquisimeto, tal como los rellenos en las calles de los cruces de la Laguna de los Álamo en el centro de la ciudad. También acometió arreglos en las calles de Cabudare, Yaritagua, Siquisique y Carora según describe su informe a la Diputación Provincial de los años 44 y 45.

En el aspecto de la salud aumentó la capacidad de atención de los hospitales de Barquisimeto y El Tocuyo e incrementó las rentas para la contratación de médicos y enfermeras (Aris, Y., op.cit.). Igualmente, en materia sanitaria aborda la epidemia del ‘mal de Lázaro’, instando a los legisladores “prever la dotación presupuestaria para la construcción de un lazareto” u hospital de leprosos. Asimismo, se preocupó por la batalla sanitaria contra la viruela ordenando “una campaña de vacunación como único preservativo de la horrorosa epidemia” (Perozo, L. 2015).

La educación fue también una de sus prioridades, pues durante su gobierno se establecen las primeras siete escuelas primarias para niñas en la Provincia de Barquisimeto (Aris, Y. op.cit.).

En el estímulo e impulso de la artesanía como modo de vida de la población, el gobernador Lara incorpora nuevas líneas de trabajo con la acogida de talleres de carpintería con herramientas innovadoras y modernas. Bajo las enseñanzas del ebanista francés Julio Couput, venido a la ciudad bajo los auspicios del general Lara, nuevos muebles y enseres, butacones, mesas, escaparates y hasta lujosos ataúdes hacen su aparición en la ciudad de manos de carpinteros y ebanistas criollos.

El gobernador Lara observa, intranquilizado, que la ciudad no tenga “un solo cementerio en buen estado” (Perozo, 2020: 277) y se ocupó que por primera vez en Barquisimeto pudieran sepultarse los muertos en ataúdes honorables, dejando atrás la macabra imagen de los difuntos llevados a los espesos matorrales del camposanto local para ser sepultados en el suelo yermo.

Estatua ecuestre del general Juan Jacinto Lara ubicada frente al Aeropuerto de Barquisimeto

Hasta las gastadas vestimentas y levitas desencajadas de los ciudadanos, elaboradas por sastres de “torpe tijera y cinta métrica dudosa” son reemplazadas por ropas mejor elaboradas. Don Federico Ruperti, sastre de origen alemán, enseña los secretos del oficio a los costureros y modistas de la ciudad. La gente puede ahora vestir elegante, garboso y a la última moda, gracias al general Juan Jacinto Lara (Garmendia, op. cit., p.155).

En lo cultural, siguiendo la tradición musical que nos viene de antaño, toma un nuevo impulso el fomento de la enseñanza de la música clásica, que ya llega a formar parte de la formación artística del individuo. Igualmente, el teatro y las artes escénicas hacen su aparición en la ciudad, que, aunque de vieja data, ya se cultivaba en forma de teatros andantes con nuevos autores y actores autóctonos y vernáculos en la composición de obras dramáticas y escritos críticos sobre teatro en los cinco periódicos que circulaban en la ciudad, dándole animación urbana a la adormilada ciudad.

Hasta las fiestas nacionales y eventos religiosos se ven engalanados con coloridos acontecimientos y procesiones, aprestados con festejos, banquetes populares, asados de reses, toros coleados, peleas de gallos, carreras de caballos y cintas, paseos a caballo y espectáculos callejeros de títeres, con las notas pintorescas de los borrachitos y bebedores de cocuy o el loco suelto haciendo carantoñas.

De modo pues que, dentro de la corriente política del pensamiento y del cuerpo de doctrinas que seguían los hombres de mentalidad progresista y liberal, el general Juan Jacinto Lara, en sus cuatro años de administración del poder como primer magistrado regional, hubo de dejar una estela de obras y acciones de arraigada evolución urbanística y civilizadora.

Su personalidad 

En el plano personal no hay dudas de que el general Jacinto Lara fue un hombre de respetable figura social y de intachable presencia moral en todas sus actuaciones. De conducta reposada y de voz grave, infundía respeto y convicción en sus procederes, tanto como ciudadano y como funcionario.

Una situación de carácter hostil frente a la incólume fidelidad hacia el Libertador, no solo hacia la persona de Lara, sino a todos los próceres, amigos y seguidores de las ideas bolivarianas, intentaban manchar con epítetos, dicterios y calificativos denigrantes que, por causas políticas, con razón o sin ella, se le odiase, no solo en cuanto a su carrera militar, sino en su supuesta falta de cultura y de lenguaje tosco, vulgar y malhablado (Zubillaga, op.cit).

Es clásica la conseja de cuando el general Antonio José de Sucre nombra a Jacinto Lara jefe de la retaguardia y custodio del parque militar. En Corpahuaico, comprometido por el cerco enemigo, Sucre cree perdida la batalla y el parque. Pero Lara y su ejército logran repeler a los realistas junto con el auxilio del comandante José Trinidad Morán. Cuando el general Lara se presenta ante Sucre este le pregunta por el parque, a lo que Lara responde:

¡Carajo! ¿Me ve usted vivo, general, y me pregunta por el parque?

Don Chío Zubillaga entre dubitaciones y cavilaciones sobre si Lara fuese el hombre vulgar que muchos piensan, arengando a las tropas en forma soez y despótica, estima de mendaz a Ricardo Palma, el cronista limeño de las Tradiciones en salsa verde, que en sus narraciones recoge el legendario y picante anecdotario de Lara y del propio Bolívar. A ellos se les ve espetando cantidades de ordinarieces y tacos, aspectos estos que circulaban de boca en boca, con los correspondientes aderezos propios de las tradiciones orales.  

Sabido es que las interjecciones de cuartel se usaban como moneda corriente entre el léxico soldadesco, por lo que no es de extrañar que hasta el mismo Bolívar las utilizara cuando estaba entre sus tropas en el fragor de las batallas o en divertidas francachelas de campamento, como una manera de igualarse o identificarse entre los incultos y feraces soldados.

Ricardo Palma, en la ya referida obra Tradiciones en salsa verde, puntualiza la famosa proclama que el general Lara dirigió a su división al surgir los fuegos en el campo de Ayacucho:

“¡Zambos del carajo! Al frente con esos puñeteros españoles. El que aquí manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como saben ustedes, no es ningún pendejo de junto al culo, con que así, fruncir los cojones y a ellos”. (Palma, R., 2007, p. 35)

Cierto es que el general Lara no poseía la cultura y el verbo de próceres de renombre como Sucre, Bolívar, Miranda, Bermúdez y otros. No llegó a escribir libros, memorias o autobiografías al estilo de José Antonio Páez, ni siquiera pronunciar discursos o elocuentes exposiciones como Bolívar. Se limitaba a conversaciones de tipo privado y familiar entre amigos y parientes. Su escritura era imperfecta en ortografía, como se ha podido ver en documentos escritos de su puño y letra.

El historiador alemán Víctor Wolfgang von Hagen, de acuerdo con Núñez (1970), describe a Lara como un hombre alto y solemne, que, sin estridencias ni rimbombancias, aconsejaba a Bolívar y era el único a quien el Libertador aceptaba críticas personales, lo que dice mucho de la relación madura entre ellos. Muchas veces Lara incluso impondría a Bolívar su voluntad ante ciertas conductas “inapropiadas” en momentos comprometidos, como era el caso de alejarlo de Manuela Sáenz ante las habladurías que tanto perjudicaban al Libertador, logrando estos propósitos en algunas ocasiones, lo que manifiesta el carácter moral y honorable de Lara y de su catadura de hombre recto y honrado. A pesar de ello Manuela Sáenz era su amiga y apreciaba mucho a Jacinto Lara, pues veía en él al hombre fiel a Bolívar y a la causa patriota.

Jacinto Fabricio Lara Urrieta

En 1881, durante la Asamblea Constituyente del Grande Estado Norte de Occidente, el 29 de agosto se determinó que el estado llevara la eponimia de Lara, por el prócer de la independencia Juan Jacinto Lara, hecho cumplido el 7 de septiembre. El General Jacinto Fabricio Lara, hijo del prócer, se convierte en el primer presidente del recién creado estado Lara, desde enero de 1882 hasta 1884.

Nació en Carora el 4 de septiembre de 1834 y murió en Barquisimeto el 14 de noviembre de 1915 a los 81 años. Ejerció diferentes cargos políticos como: canciller en Bolivia, Perú y Ecuador (1881), ministro de Fomento (1885), ministro de Guerra y Marina, y gobernador del estado Barquisimeto de 1876 a 1879, encargado en 1880 y por tercera vez entre 1882-1884 y nuevamente entre 1889 y 1890. Su hermano, el doctor y general Eladio Lara fue también presidente del estado Lara en 1886 (Aris, Y. 2020).

Jacinto Fabricio continuó la era de progreso, crecimiento y modernización de la ciudad que se había propuesto su padre el general Juan Jacinto Lara. Como presidente del Gran Estado Barquisimeto (al fusionarse los estados Barquisimeto y Yaracuy), el general Jacinto Fabricio Lara durante enero 1877 y mayo de 1879 adquirió una casa de dos pisos que ya tenía varios años en desuso y casi en escombros, que una vez sirviera de teatro, gallera, juegos de dados y naipes, carpintería (donde se fabricaban urnas y catres), posada, peluquería, salón de billar y cantina. Esta casona estaba situada en la carrera 19 con esquina de la calle 23, a una cuadra y media de la que había comprado su padre, que fue destinada a cuartel y hospital militar, mientras la de Corral y Mayor era refaccionada para ser convertida en la Casa de Gobierno por el año de 1882 (Garmendia, O., 2018: 50).

El principal mercado de la ciudad, mejor conocido como el de las cien puertas, fue construido por Jacinto Fabricio Lara en 1883, demolido en 1950 para dar paso al actual Edificio Nacional.

En el Mensaje a la Legislatura de 1883, el general Jacinto Fabricio Lara expresaba:

«Yo no puedo dejar de recomendar a vuestra benevolencia y patriótico interés esta obra, porque si bien es cierto que ella es un monumento de ornato y utilidad para esta población, la solidez de su construcción y la elegancia de su moderno estilo la hacen la primera obra de arte del estado».Por hoy bastará que el estado quede bien en el Centenario; que se termine la carretera a San Felipe y que se concluya el Mercado Público de esta ciudad para que el presente año de 1883, autoridades y ciudadanos tengamos la satisfacción de haber cumplido importantes deberes y realizados nobles aspiraciones» (Mensaje a la Legislatura, 1883).

La inauguración llegó a efectuarse en 1886, tres años después del mensaje, cuando ocupa a presidencia del estado su hermano el doctor y general Eladio Lara (Garmendia, O., op.cit.: 50).

Jacinto Fabricio Lara

En el aspecto educativo, Jacinto Fabricio Lara restableció la Escuela Normal de Institutores, que ya había sido creada en 1876 para la formación de maestros en Barquisimeto. Estando en funciones como gobernante, fue elevado como Colegio Federal de Primera Categoría en 1884 el anterior Colegio Federal de Barquisimeto que había sido decretado en 1881. Fue este el origen de los estudios universitarios en Barquisimeto (Aris, Y. op.cit). Junto con su hermano Eladio fueron alumnos del Colegio Nacional de Barquisimeto en 1846.

El general Jacinto Fabricio Lara es poseedor de varias viviendas en Barquisimeto y haciendas en el valle del río Turbio. En marzo de 1882 adquiere una casa perteneciente a los herederos del padre Raldíriz y luego la dona a su hermana Elodia Lara de Samuel y a sus hijas Elodia Samuel Lara y María de la Concepción (quien luego sería una de las primeras damas que se graduarían de bachiller en Barquisimeto en el curso de filosofía del Colegio Nacional de Niñas, fundado por su tío el general Jacinto Fabricio Lara (Escalona, R. 1993: 9).


Referencias: Aris, Yolanda (2020). Jacinto Lara y su relación con Cabudare. En Correo de Lara, 20-05-2020 [Documento en línea] Disponible: https://correodelara.com/jacinto-lara-y-su-relacion-con-cabudare/ Consulta: 25-04-2022.

Escalona, Romel (1993). Crónica de una demolición anunciada. (Algunas páginas sobre la ciudad que se va). Barquisimeto: Concejo Municipal de Iribarren, Centro de Historia Larense y Asamblea Legislativa del estado Lara.

García Rodríguez, Igor José (2018). Más malo que Guardajumo. Correo de Lara. [Documento en línea]. Disponible: https://correodelara.com/http-bit-ly-2zjpfpx/ Consulta: 11-04-2022.

Garmendia, Hermann (1965). Barquisimeto hasta el novecientos. Barquisimeto: Gran Motors de Barquisimeto. S.A.

Garmendia, Omar (2018). Memoria ajena. Barquisimeto, cotidianidad y crónica. Barquisimeto: La Utopía Concretable Ediciones.

Geni (2022). General de División Juan Jacinto de Lara y Meléndez, Prócer de la Independencia. [Documento en línea]. Disponible: https://www.geni.com/people/Juan-Jacinto-de-Lara-y-Mel%C3%A9ndez-Pr%C3%B3cer-de-la-Independencia/6000000013049262594 Consulta: 29-04-2022. Lecturas, yantares y otros placeres (2012).

Más malo que Guardajumo [Documento en línea]. Disponible: http://lecturas-yantares-placeres.blogspot.com/2012/08/mas-malo-que-guardajumo.html Consulta: 11-04-2022. Núñez, Ángel M. (1970).

Discurso de orden. Sesión solemne del Centro de Historia Larense en homenaje al Héroe Epónimo. En Jacinto Lara. Dimensiones del héroe, 2008. Barquisimeto: Gobernación del estado Lara, Dirección General Sectorial de Educación y Fundación Buría.

Páez, J. Juan (1982). Jacinto Lara, en Los héroes epónimos. Caracas: Academia Nacional de la Historia. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Palma, Ricardo (2007). Tradiciones en salsa verde. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.

Perozo P. Luis (2015). El gobernador Jacinto Lara: su obra civil. En Correo de Lara, 27-05-2015. [Documento en línea] Disponible: https://correodelara.com/http-bit-ly-2li40im/ Consulta: 25-04-2022.

Perozo P. Luis (2020). Entre crónicas. Viaje a la Venezuela histórica. Bloomington (USA): Editorial Palibro.

Rosenblat, Ángel (1982). Buenas y malas palabras. Vol II. Madrid: Edime, Zubillaga P. Cecilio (1934).

Jacinto Lara y la política regional de hace un siglo, vista en documentos inéditos. Carora: El Diario. Zubillaga P. Cecilio (1945). Lara, desconocido. Barquisimeto: Diario La Opinión.

Omar Garmendia

Escritor. Ensayista. Cronista de libre ejercicio. Profesor Titular UCLA, Doctor en Educación y Magister Scientiarum en Lingüística blogculturaomar.blogspot.com

Un comentario en «Jacinto Lara, la dinastía»

  • el 30 mayo, 2022 a las 7:33 pm
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    Buenas noches. Excelente escrito. Hay alguna relación entre el gral. Jacinto Lara y el dr. Baudilio Lara Peraza?

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